Un chavismo de veinte dígitos.


1- Los programas informáticos se desarrollan de acuerdo a las necesidades que el mercado sugiere, especialmente los software corporativos que se utilizan para optimizar todos los procesos de una empresa, como la cadena de suministros de materias primas, los inventarios, el proceso mismo de producción, las actividades de preventa, marketing, ventas, despacho y distribución, la gestión de recursos humanos, así como la gestión financiera -que es la que interesa para efectos de este escrito.

Hay muchos más programas que los anteriormente mencionados que se aplican a todo tipo de industrias, desde la automotriz hasta las de telecomunicaciones, pasando por el segmento industrial farmacéutico, petrolero, químico, minerometalúrgico, etc., siendo el reto principal de los desarrolladores el integrar todos estos software que cubren procesos disímiles de una misma corporación en un producto único y acoplado, y si se quiere, lo que se denomina como transparente para el usuario final, sea un directivo, empleado, un cliente, las empresas asociadas, los suministradores, y toda entidad que participe en ese negocio específico.

2- Estas plataformas, en su intento por cubrir cada etapa del proceso de las industrias más disímiles han adquirido una enorme complejidad, lo cual a su vez ha obligado al mercado informático a irse consolidando en grandes corporaciones globales, como Microsoft, Oracle, y SAP, entre muchas otras, que cubren prácticamente todos los mercados corporativos más importantes, siendo también contratados por los respectivos gobiernos para encargarse de la gestión de datos de casi todos los países del planeta, de manera que no hay que sorprenderse si dentro de un país determinado, la empresa seleccionada como plataforma para regular los procesos una sus mayores industrias sea la misma contratada por el gobierno de dicho país.

3- Estos programas tienen una gran ventaja respecto de los software que cubren parcialmente un proceso industrial, y es que estando integrados para abarcar a toda la vida operativa de una empresa, se puede consolidar una cultura corporativa homogénea alrededor de dicho programa, lo cual potencia más aún su uso y facilita el intercambio de datos e información entre las diversas unidades empresariales.

Pero la desventaja es que cuando una corporación tiene necesidades algo diversas que las más comunes que contempla la plataforma informática estándar, ésta se debe adaptar, lo que conlleva un enorme costo en materia de servicios de consultoría, el cual es considerado como una inversión que a mediano plazo traería muchos beneficios a dicha industria.

4- Hay que resaltar que a estas alturas del desarrollo tecnológico, y de la estandarización aceptada globalmente relativa a materias primas, productos semiacabados, productos acabados, y a los mismos procesos de manufactura dentro de un segmento industrial específico, las variantes en materia de necesidades de gestión de datos que tienen las grandes empresas, palidecen con relación a las variantes que pueda presentar un Estado que desea adoptar una de estas grandes plataformas para gestionar sus variadísimos procesos administrativos. Ello es así en virtud de las muchas culturas que imperan dentro de una misma administración pública, así como las diferencias entre países, además de la enorme diversidad en materia de estructuración burocrática de cada país, y los cambios que ésta sufre, sea por capricho de un gobierno determinado, o por las necesidades que van surgiendo dentro de cada sociedad.

5- Por otra parte, debe recordarse que el Estado se compone de varios niveles, como el central, el regional y el local, complicando más aún la adopción de plataformas informáticas que sean compatibles entre sí, algo que no siempre es posible, dada la autonomía política y administrativa que existe en dichos niveles, con el consiguiente enredo técnico generalizado, malos entendidos entre diversas unidades administrativas, incremento de costos de gestión y por supuesto, trabas en el proceso de gobernanza.

6- Sin embargo, estos problemas palidecen al lado del desmadre administrativo que el chavismo ha impuesto a todos los niveles del Estado venezolano, incluyendo las empresas descentralizadas que posee; unos problemas que en gran parte se han debido, al menos hasta ahora, a los continuos cambios de rumbo de la administración -con los consiguientes cambios de algoritmos informáticos, por ejemplo, en materia de compensaciones salariales, lo que ha sido una constante pesadilla para todas las empresas de software que prestan servicio, no solo al Estado mismo, sino a todas las empresas privadas del país, puesto que éstas deben adaptarse a los caprichitos reglamentarios del gobierno chavista.

7- Pero a partir del caos económico y financiero chavista, que primero le abrió la puerta a una alta inflación, y luego a la hiperinflación misma, los programas informáticos relacionados con todo lo que implique cantidades monetarias han llegado a un límite físico y de programación el cual no pueden superar.

En efecto, recordemos que en cada software que tiene que ver con variables numéricas -o sea casi todos los programas informáticos-, dedica un espacio de la memoria física del equipo donde se ejecuta a guardar dichas variables, así como los diversos valores que van adquiriendo durante la gestión administrativa con las que éstas se relacionan.

Pero dicha memoria física, por ser material, no es infinita, sino limitada, y si bien ciertamente para los valores contemplados para esas variables dicho espacio es enorme, cuando se trata de valores monetarios derivados de una hiperinflación, dicha memoria no es suficiente para guardar debidamente la información.

8- Un ejemplo, para visualizar el problema, sería el tanque de combustible de un vehículo de turismo, el cual puede ser de 50, 60, o 70 litros, obligando a reponer combustible luego del trecho recorrido que ha sido posible con alguna de esas cantidades. Pero si por alguna razón debemos recorrer el doble o el triple de la distancia, en un entorno donde escasean las estaciones de servicio, la solución teórica de ampliar el tanque del vehículo a 150 o 200 litros de capacidad simplemente no es factible, esto es, o se cambia de medio de transporte -un avión, por ejemplo-, o se construyen más estaciones a lo largo del camino.

Con la hiperinflación chavista sucede más o menos lo mismo: no hay plataforma informática capaz de procesar variables numéricas de veinte dígitos, que es la cantidad que actualmente hay que gestionar dentro de las cuentas públicas, esto es, que aún convenciendo a la empresa alemana desarrolladora del software que gestiona las cuentas públicas del Estado venezolano para abordar la modificación de los programas para que el software no rechace a una variable con veinte dígitos como una absurdidad, el costo físico de ampliación de memorias de los servidores de dicho software sería otra absurdidad.

9- En otras palabras, los software financieros no están diseñados para las hiperinflaciones, o dicho de otra manera, las hiperinflaciones no deben existir, dado el daño que durante muchos años le causan a una sociedad. Algo que el chavismo no está en capacidad de comprender.

10- La trampa financiera con la que actualmente el chavismo ha encadenado a Venezuela, entonces, es múltiple: por un lado la hiperinflación impide a todas las empresas y al mismo Estado que se gestione adecuadamente la información -en el caso del Estado, si bien el asunto es gravísimo, para el chavismo eso no es problema en absoluto, puesto que desde el mismo año 1999 el gobierno, comenzando por el BCV o el Ministerio de Sanidad, ha abandonado la gestión de datos e información -y por supuesto su publicación-.

Esta componente de la trampa obligaría a reconfigurar todo el software, algo que como se ha mencionado, es impensable.

Pero por otro lado, para salir de esta trampa de gestión -¡aunque no de la hiperinflación!, habría que quitarle muchos ceros a nuestra moneda actual, con la consiguiente puesta en circulación de nuevas monedas y billetes…que no las hay, ni las habrá por ahora…pero además muchas las magnitudes caerían en el rango de los números decimales.

Otro camino para convivir con hiperinflación sin cambiar físicamente de monedas ni billetes, sería enseñar a la gente a calcular los precios con menos ceros, algo que otros gobiernos han hecho mientras entran los nuevos billetes, y si éstos no llegan, pues a enseñar de nuevo a recalcular con otra cantidad de ceros dispuesta por el régimen…un caos, especialmente en una sociedad analfabeta funcional como la venezolana.

En resumen, si el régimen realiza la conversión monetaria, la contabilidad se volvería casi absurda porque muchas de las cifras resultantes estarían muy cercanas al cero, representando además deudas materialmente incobrables…y si no se realiza la conversión el caos contable seguiría aumentando.

Por supuesto que la solución sería acabar con la hiperinflación, esto es, defenestrar al chavismo.

Hermann Alvino

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