Un mal deportista, un buen bailarín, y dos ignorantes y malas personas como gobernantes.


1- Cuando a un(a) joven preadolescente se le descubre un talento especial, o un simple deseo para jugar al béisbol, lo primero que debe preocupar es lo relativo a su correcto entrenamiento con prácticas adecuadas para el grado de desarrollo corporal; ello es así fundamentalmente por dos razones: la primera es para evitar lesiones -por ejemplo, antes de completar el desarrollo físico un lanzador no debe utilizar curvas para no dañar el codo del brazo de lanzar-, y la segunda es para que no se adquieran malas prácticas ergonómicas que luego será muy difícil erradicar, prácticas éstas que disminuirán el rendimiento deportivo.

2- Este simple ejemplo beisbolero vale para cualquier disciplina, como levantar pesas, esquiar, o incluso jugar al ajedrez. Pero lo de entrenarse adecuadamente desde muy joven para efectos de una práctica deportiva, también vale para el desarrollo educativo, esto es, que los contenidos de las materias que se van cursando durante el período de escolaridad deben estar diseñados para informar ordenadamente al estudiante, de manera que dicho orden sea determinante para aprender a pensar a partir de métodos básicos que con los años cada uno irá adaptando a su conveniencia.

3- Por supuesto que en materia educativa, cumplir con esos objetivos  dependerá  del diseño de los contenidos y de la calidad de los maestros y profesores. Es muy raro conseguir la perfecta combinación de ambos elementos, y es a partir de estas imperfecciones o desbalances que uno se decide a proseguir estudios en determinada disciplina, o al revés, a descartar el ir más allá en ciertas áreas del conocimiento a partir del rechazo inoculado durante los años de primaria o secundaria…en este sentido las Matemáticas y la Historia están entre estas últimas.

4- Pero prescindiendo de lo anterior, existe una clara diferencia sobre como abordar la vida por parte de quienes han tenido una educación formal y sistemática, y aquellos que sea por circunstancias personales o familiares, o por decision propia, se formaron como autodidactas. En el primer caso es donde justamente se aplica l  analogía deportiva, mientras que en el segundo caso nos encontraríamos con quienes solo han podido sobresalir, sea en el deporte como en las artes y los estudios, porque poseían un inmenso talento, capaz no tanto para compensar las lagunas en materia de información, sino para adquirir una perspectiva completa y precisa de esa disciplina que escogieron como modo de vida.

5- La educación sistemática de alguna forma asegura que se tendrá una base mínima para enfrentarse a los retos de vida, mediante conocimientos y técnicas de razonamiento, mientras que el autodidactismo solo podrá triunfar si hubo una combinación fortuita, que dentro de ese proceso formativo desordenado, logró aportar información relevante y capacidad de raciocinio. No es de extrañar pues, que los primeros lleguen al éxito por una via sobradamente transitada y probada, y los segundos a través de atajos, al punto que muchas veces dichos atajos constituyen rupturas de paradigmas que solo los genios son capaces de concebir.

Por tanto, y aunque todos sabemos que en estos asuntos no hay una receta estándar que permita generalizar lo anteriormente afirmado, no es de extrañar que los gerentes del mayor nivel provengan de la educación formal, pero que la creación de la empresa para la que trabajan, a partir de una idea novedosa, haya estado a cargo de un autodidacta.

6- Trasladando esto al proceso de gobernanza, tampoco debe extrañarnos que el político con mayor visión y habilidad que ha tenido Venezuela durante su historia contemporánea haya sido Rómnulo Betancourt, un autodidacta cuya inteligencia y talento nato le permitió adquirir la información y los procesos mentales para el logro de unos objetivos casi imposibles de antemano, como fueron la unificación de la oposición frente a la dictadura de Pérez Jiménez, ganar las elecciones presidenciales, y mantenerse en el cargo dentro de la guerra interna desatada por el castrismo.

Pero por otra parte, tal vez el político que que le puso el toque de calidad a las instituciones del Estado venezolano fue Rafael Caldera durante su primera presidencia, un académico dotado de una inmensa cultura formal…en contraste con quien a su vez inició la destrucción del país, como fue Carlos Andrés Pérez, un autodidacta que supo explotar su astucia y enorme capacidad de trabajo para llegar a la presidencia, pero que en última instancia era un ignorante, incapaz de adquirir conocimientos de forma organizada, ni de pensar sistemáticamente, algo que se delató terriblemente durante su primera presidencia.

7- Otra manera de ver estos asuntos es a través del salto interdiscplinario: a nadie se le ocurriría ponerse en manos de un ingeniero para una cirugía, como tampoco se le ocurriría poner en manos de un médico el diseño y la construcción de una vivienda. Sin embargo, esta decisión no está del todo clara cuando se trata de la gobernanza, porque a cuenta de que se piensa de que ésta es un asunto de opinión personal de cada uno, unido a las correlaciones de fuerzas más impensables, pues las fronteras desaparecen. Así por ejemplo, hubo un período legislativo a finales del siglo pasado donde en el extinto Congreso Nacional, un ingeniero presidía los trabajos de reforma constitucional -nunca concretados, por cierto-, un abogado estaba a cargo de los asuntos económicos, un economista a cargo de los asuntos internacionales…y un médico fue Presidente de Venezuela -que lo hayan hecho bien o mal es un asunto de estadísticas objetivas, pero el hecho es que ello confirmó que la profesión no interesa a la hora de asignar responsabilidades de gobernanza. Es más, ni siquiera se requiere profesión alguna.

8- Todo esto nos indica el lado débil de la democracia, cual es que si la base popular que constituye la esencia del sistema, no sabe elegir, pues cualquier incompetente puede asumir responsabilidades que estarán muy por encima de sus capacidades, causando así la ruina nacional, algo obvio a partir de la elección de Chávez como Presidente, cuyo proceso educativo como militar ni siquiera llegó a completarse, y cuyo autodidactismo le fue llevando por los senderos del desorden conceptual más extremo. En este sentido, Chávez no difirió en nada de su natural enemigo autodidacta como fué Carlos Andrés Pérez. Y los efectos estuvieron a la vista desde los mismos inicios de sus mandatos.

9- Para remate de las tribulaciones nacionales, la base popular a la que muchos gobernantes, con intención o sin ella, mantuvieron en la ignorancia, en el 2013 y con el empujoncito del fraude y el ventajismo oficialista, optó por elegir como Presidente a Nicolás Maduro, cual tapa del frasco de este pedacito de Historia de Venezuela, puesto que Nicolás ni siquiera es autodidacta, y obviamente, aunque quisiera, tampoco sería capaz de comprender las complejidades de un Estado y de una sociedad, como para gobernarlas con cierta posibilidad de éxito. Pero ello no es relevante, puesto que era obvio que como representante y ficha de los Castro, su agenda personal era otra.

El caso de Maduro además es nefasto por una razón adicional, porque a lo largo de la Historia ha habido dos tipos de dictadores -sean cultos y preparados o cerebralmente bastos-: los que buscaron el poder porque creían sinceramente que su pueblo debía superar la pobreza y sufrimiento -aunque por el camino no realizaran nada de eso, sino todo lo contrario, convirtiéndose en una plaga más-, y los que de antemano sabían a lo que iban, o sea a esquilmar a costa de lo que sea, utilizando la fuerza y la represión sin contemplaciones. Y éste es el caso de Chávez, y de Maduro, y de todos esos jerarcas civiles y militares que hemos visto desfilar por las instituciones venezolanas -y los bancos en paraísos fiscales-. Estamos en muy malas manos, pues.

10- Visto así, y recordando por una lado que por ley de vida los mejores se van muriendo, y por otro que veinte años de sistema educativo chavista han arruinado toda educación y formación de calidad en el país, probablemente quien gobierne este país cuando el chavismo se acabe no será precisamente ni el émulo autodidacta de Betancourt, ni el equivalente culto de Caldera, por tanto no habrá que tener grandes expectativas. Solo queda esperar que iguale a esos dos personajes en materia de probidad, que no será poco.

Y visto así, si Chávez se hubiese dedicado a su amado deporte beisbolero, a partir de su desorden mental innato, es de suponer que tampoco se habría dedicado con la discilpina necesaria, y por tanto tampoco habría triunfado como deportista, al igual que fue nefasto como gobernante…y quién sabe, a lo mejor Maduro habría sido una excelente comparsa en los espectáculos de baile de salsa brava.

O sea que nuestra historia reciente se puede resumir en un mal deportista, un buen bailarín, y dos ignorantes y malas personas como gobernantes.

Hermann Alvino

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