(Otros) diez pecios más sobre la deuda venezolana (2)


Como todos sabemos, hay muchas formas de abordar un problema de deuda. Por ejemplo:

1- Buscarse la vida para poder seguir pagando los intereses, y así aquietar a los acreedores  -se supone que ellos creerán que si el deudor los paga puntualmente es porque su economía está sometida a una reestructuración orientada hacia el crecimiento y productividad, una creencia que les abre también la esperanza para que eventualmente también recuperen el capital propiamente dicho…aunque reestructurar la economía también puede ser sinónimo de hambrear a la población para que el país mantenga su crédito y relativa credibilidad, como ocurrió en Rumania con Ceaușescu.

2- Otra posibilidad, suponiendo que el gobierno de turno efectivamente esté saneando la economía de su país, es recomprar la deuda si ésta llegara a caer por debajo de cierto umbral…si es que hay dinero para ello…o si alguien se lo presta para dicho objetivo.

3- Por supuesto, siempre estará el camino de la privatización, o sea la venta, de empresas estatales deficitarias o quebradas; un proceso que puede concretarse por un precio simbólico con tal y desprenderse de esa sangría financiera, o mediante todo un protocolo de competencia, si es que la empresa produce y está en condiciones de hacerlo mejor, de acuerdo a quienes aspiren a adquirirla. Sindicatos, desempleo y agitación social aparte, la privatización ha sido durante el último medio siglo de globalización la gran baza con las que las democracias liberales han presumido de tener economías más o menos sanas, y con las que los gobiernos irresponsables han vendido las joyas de la abuela…

4- Como estos asuntos son muy complejos, y por tanto requieren de gente preparada, tanto para la gestión de la economía de un país, como para lidiar con los baches que inevitablemente se presentarán –entre otros, la deuda-, el chavismo, dada su manifiesta incompetencia para gobernar –incluyendo a Chávez con su combo cívico militar inicial, hasta llegar a los patéticos que ahora gobiernan-, aunque parezca increíble, optó por no hacer nada, apostando así a dos escenarios:

5- El primero es que en algún momento el precio del crudo volvería a subir sobre ese umbral que les permitirá mantener el grosero y humillante clientelismo, seguir enriqueciéndose a manos llenas, y pagar lo que se debe a los acreedores internacionales y nacionales -Chávez decía que hasta con 30 dólares por barril podía seguir mandando de la misma forma como acostumbraba…

6- A su vez, la otra apuesta chavista ha sido que aún si lo anterior no llegara a ocurrir, pues los tiempos no estarían como para que se repita la toma de nuestros puertos por parte de flotas de países acreedores, como ocurrió en tiempos de Cipriano Castro. En otras palabras, que nada ocurrirá si no se paga lo que se debe.

6- Es evidente que la primera apuesta no les ha funcionado, ni lo hará durante los próximos años, porque por otra parte, de nada serviría un notable aumento del precio del barril si PDVSA no es capaz siquiera de extraer y refinar los volúmenes que acostumbraba durante la democracia prechavista.

7- Así mismo, en estos tiempos no hace falta ir por las malas a tomar o cercar puertos, para que el chavismo repita aquella la frase de Don Cipriano “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”, porque hay muchas maneras de meterle mano a las propiedades del deudor, incautando barcos, aviones –aunque sean ya chatarra-, y redirigiendo todo pago destinado a las arcas del deudor, hacia las de los acreedores. Peor aún, esa planta insolente no solo podrá apoderarse de manera consensuada con el chavismo –a cuenta de que rusos y chinos son sus aliados contra el Occidente libre-, de empresas estratégicas del Estado venezolano, sino también de yacimientos minerales y así como de amplias porciones de territorio para dedicarlas a la agricultura cuyos productos, obviamente cultivados y cosechados con mano de obra china importada al efecto, irían directamente a China sin pasar por nuestros mercados, como ya ocurre en varios países africanos.

8- Es bien sabido que cuando alguien le debe unos reales a un banco, por ejemplo una hipoteca, si no llegara a pagar las cuotas pues se meterá en un problema con esa institución, que procederá de diversas maneras para recuperar lo prestado, hasta arrinconar al moroso, porque la gente normal que debe su hipoteca, no tiene dinero en paraísos fiscales, ni goza del secreto bancario, de manera que no tiene escapatoria.

9- Pero si en vez de tener un solo moroso, el banco tuviera un millón de maulas, entonces sería el mismo banco quien tendría un problema muy gordo entre manos, que repercutiría en todo el sistema financiero, una realidad que fue capaz de activar la crisis global del 2008 en todo Occidente.

Pues bien, éste sería el caso de los acreedores de la deuda venezolana siempre que haya países en situación similar, porque la situación se les haría incontrolable. Pero mientras el resto del mundo se siga desempeñando en materia de crecimiento económico dentro de parámetros más o menos aceptables, y el flujo financiero entre deudores y acreedores se mantenga estable, entonces el problema solo afectará a Venezuela y a sus habitantes de a pie; y aunque en el papel ello no debería afectar a los vagabundos que la gobiernan para que sigan esquilmando al país, es indudable que a estos civiles y militares desnaturalizados, junto a sus amos cubanos, la cosa comienza a inquietarles, y de allí se explica que ahora el enemigo de la actual camarilla sea Rafael Ramírez, quien junto a Alí Rodríguez y quienes ocuparon la presidencia de PDVSA desde el inicio del ciclo chavista -Roberto Mandini, Héctor Ciavaldini, Guaicaipuro Lameda, Gastón Parra Luzardo, Rafael Ramírez Carreño, Eulogio Del Pino, Nelson Martínez, Manuel Quevedo-, arruinaron a la industria petrolera venezolana. Y sin petróleo, o mejor dicho, sin mucho petróleo, ni hay divisas suficientes para pagar la deuda, ni para seguirse endeudando, ni para mantener el clientelismo, ni para seguir embuchándose con dinero mal habido.

Lo peor de todo –para Venezuela, y por carambola para el régimen- es que esa preocupación chavista de no poder seguir acumulando riquezas, por una parte se ha expresado con la defenestración de Ramírez, pero por otra con el nombramiento de un general de la Guardia Nacional como presidente de PDVSA, que ya de partida estaba cuestionado sobre la transparencia y la honorabilidad de sus gestiones anteriores como funcionario del Estado chavista, y lo que es peor, que de petróleo, ni de empresas petroleras, no tiene ni idea –Maduro recicla y recicla, porque ya no hay nadie más en quien confiar fuera de su círculo de poder, y además, como todo el resto del régimen, él piensa que vender aspiradoras puerta a puerta, o vender mangos –como dijo una vez Chávez refiriéndose a su background como empresario-, es lo mismo que dirigir una corporación como PDVSA.

10- Hay deudas y deudas: por un lado están las que asumen los países que constantemente generan riquezas para siempre ir cubriendo los intereses que acarrean sus compromisos con los diversos acreedores, como es el caso de Italia, Japón, y EEUU, cuyos bonos siguen siendo atractivos, porque los inversionistas saben que allí se produce, se manufactura, se innova, y se exporta –aunque podríamos decir que la prosperidad de esos tres países, entre muchos otros que no citamos, existe a pesar de la deuda contraída durante décadas de gobiernos más o menos irresponsables.

Pero por otra parte están las deudas de países que se sabe jamás saldrán a flote, puesto que no tienen esa masa crítica suficiente para producir y exportar. Venezuela siempre ha estado en este grupo, lo que pasa es que con su monoproducto, en un mundo que durante un siglo ha sido ávido de petróleo como fuente indispensable de energía, la tragedia se iba disimulando, en un correr de arrugas que fue posible además porque durante medio siglo las realidades geopolíticas permitían la flexibilidad y la benevolencia de los acreedores.

Ese mundo ha cambiado, y ahora no está como para permitir contemplaciones con los morosos. Y sobre ello se hablará en el próximo post.

Hermann Alvino

 

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