Diez trozos de un espejo roto.


1- El chavismo es duro de pelar, con todo y que son unos mediocres, aunque probablemente tanta astucia les venga del mentor cubano que se ha apoderado del país. Ahora ya se comienza a hablar de las elecciones del 2018, como si en Venezuela no hubiera pasado, ni estuviera pasando nada, como si estos 18 años de chavismo se asociaran a una república con plenas libertades políticas y económicas, dentro de una democracia con elecciones libres y transparentes.

2- En efecto, hace pocos días el chavismo, como si no fuera con él, deslizó la candidatura de Maduro para la (re-re)-elección –recordemos lo de sobrevenido de Escarrá, y el resto del cuento chino que les permitió saltarse plazos constitucionales para que el colombovenezolano pudiera aspirar a la candidatura presidencial-, y lo hizo como poniendo las manitas por delante, no vaya a ser que a alguien de la banda se le ocurra lanzarse con la excusa de que en el fondo lo que se quiere es de “promover un debate” dentro del oficialismo, ocultando la verdad que todos saben, incluso en Miraflores, cual es que a Maduro no lo quiere nadie.

Por si acaso, entonces, de los laboratorios de marketing político dirigidos por cubanos, ya salió un Maduro como candidato virtual, como para que Cabello, Aissami, y a quien se le ocurra soñar con el coroto, se vayan acostumbrando a ser segundones de por vida.

3- Por supuesto, Maduro tendrá vida en la medida en que sea la ficha cubana para representar al castrismo en Venezuela, porque si por alguna circunstancia esa relación sufriera un desperfecto, Nicolás caería al suelo como una mano de cambur, y dentro del chavismo se armaría la pelotera. Pero eso no va a ocurrir, o al menos no ocurrirá antes de las próximas elecciones presidenciales.

4- Pero como todos sabemos que a Nicolás no lo quiere nadie, y como el chavismo ya está prácticamente amarrado a su candidatura, es obligatorio que comiencen a macerar esta realidad dentro de la opinión pública, y al efecto obviamente hay tres vías para tener chance en el 2018: la primera es la del CNE, cuya actividad fraudulenta a favor del régimen es harto conocida, y que abarca como siempre desde el registro electoral y los cambios de domicilio, hasta la totalización a cargo de una caja negra paralela a los equipos que muestran al público, con los que engañan a los incautos opositores que se la dan de técnicos electorales, más el típico palo a la lámpara y los abusos de la guardia para expulsar testigos y afines de los recintos electorales al momento de totalizar.

La segunda vía consistirá en exaltar las virtudes de Nicolás (?), su pedigree como sucesor designado del barinés fenecido, y algún invento mediático sobre los avances sociales y económicos del país, dentro de las dificultades causadas por la guerra económica de la derecha -ya habrá tiempo para analizar el cómo y cuándo se pondrá en marcha esa maquinaria mediática del chavismo para hacer de Maduro un candidato tragable por los propios chavistas.

Y el tercer pincho de este tridente chavista será el debilitar y dividir a la oposición, más aún de lo que ya está. Para ello los mismos dirigentes opositores se encargarán de hacer la mitad del trabajo, con sus agendas ocultas y personalistas, y con sus torpezas mediáticas. Pero por si acaso éstos se vuelven más sensatos y les entrara un airecito de hombres de Estado, el chavismo siempre estará alerta para aupar sus egos, inventar rumores y calumnias para difundirlas con un acertado sentido de la oportunidad.

5- Parece que el 2018 queda muy lejos, pero solo queda menos de un mes; igual de lejanas parecieran las elecciones presidenciales del 2018, pero no hay que descartar que el régimen le ordene al CNE que las convoque anticipadamente, como para descolocar lo que queda de oposición para esos momentos. Y la confirmación de que esta lejanía es más aparente que real la vemos en una reciente reseña sobre la intención de voto presentada por el picarón de Oscar Schemel, presidente de Hinterlaces –ver http://elestimulo.com/blog/hinterlaces-maduro-el-gran-favorito-y-mendoza-figura-en-las-encuestas/

6- Este vivaracho de Schemel, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente a cuenta de representar al Sector Empresarial (?), ya asoma esa estrategia para dividir a la oposición, y lo hace de una forma más descarada que discreta, seguro de que al venezolano de a pie, lo que le cuenten se lo creerá –algo tan cierto como que el chavismo lleva 18 años en el poder.

7- Schemel nos cuenta entonces que quien tiene la mayor intención de voto es Lorenzo Mendoza, con 23%, poniendo con esto una granada dentro de la dirigencia opositora, porque ciertamente Mendoza tiene sus simpatizantes, más nunca del orden de casi la cuarta parte del voto de los venezolanos opositores.

Pero lo más interesante del cuento de Schemel, que es el mismo del chavismo, es que pone a Henry Falcón en segundo lugar con un 14% de intención de voto, y para disimular el adicional hundimiento partidista y dirigencial que Schemel intenta vender, con un Ramos Allup en el 7%, y un Capriles en el 5%, pues ubica de tercero a Leopoldo López un 13% de intención de voto.

Y eso no se lo cree nadie, porque con todo y su credibilidad laminada, solo con los votos de AD Henry Ramos superaría ese 7%, y solo con los votos de Miranda, Capriles obtendría más que ese escuálido 5%. En síntesis, Schemel pone a un empresario por encima de los políticos, dividiendo así a la oposición en general; y para dividir a la misma dirigencia opositora, él pone a continuación a un exmilitar y exchavista de primera línea como Henry Falcón por encima del resto.

Puede que el venezolano pensante descarte este cuento porque sabe que Schemel y su Hinterenlaces no tienen ninguna credibilidad, pero de lo que no se puede dudar es que siendo estos números producto de la cocina chavista, éstos están insertados en esa comentada tercera componente electoral.

8- El chavismo por otra parte sabe que aún siendo cierto ese escenario candidatural opositor, Mendoza nunca le ganaría una elección, ni siquiera a Maduro, porque en política los outsiders-empresarios ya han sembrado una desconfianza muy bien ganada como para que la militancia de los partidos opositores trabaje para ellos. Bastaría con preguntarle a quienes se fajaron por Berlusconi en Italia, para luego descubrir que lo que quería –y logró- era reforzar sus negocios e imponer leyes que le protegieran de delitos de corrupción, y descubrir cómo se rodeaba de putitas latinas y marroquíes en noches de francachelas. También podríamos preguntarle a los panameños que apoyaron a Martinelli, quienes luego se enteraron de todas las marramucias de ese señor, o a los incautos que trabajaron por Trump –quien ahora no pasa del 37% en las encuestas- a quienes cada día se les confirma lo incompetente que es para ejercer de Presidente de EEUU, o a los chilenos que confiaban que Piñera iba a ser mejor administrador que los socialistas, para luego sufrir el desengaño de una red de seguridad social deshilachada.

O podríamos preguntarle a aquellos entusiastas de la outsider Irene Sáez cómo les sentó su incompetencia, siquiera para ser una buena candidata.

9- Porque el chavismo sabe que los empresarios metidos a políticos, o los outsiders de otra naturaleza diferente a la vivencia partidista, en primer lugar tienen una visión unidimensional de los asuntos públicos –que casi siempre se escora hacia el conflicto de intereses, cuando no hacia la adicional ignorancia geopolítica de Trump o Berlusconi-, y en segundo lugar carecen de la habilidad para consensuar, porque dirigir una empresa privada con libertad para decidir y hasta para despedir, es muy diferente a hacerlo en la administración pública, donde el consenso que enseña la vivencia política es una componente indispensable para la gobernanza.

10- El chavismo entonces sabe que Mendoza emana esa aureola de efectividad y eficiencia empresarial, que al migrarla al entorno político y electoral se difuminará en pocas semanas, y por tanto está seguro que el ciudadano incauto pensará que si Mendoza es un magnífico empresario, pues también podrá ser un exitoso candidato presidencial, y un excelente presidente. Y lo esperarán en la bajadita, porque los casos de empresarios que han llegado a ser presidentes sin pasar por la maceración partidista son muy contados, y los que ya electos han sido buenos presidentes son prácticamente inexistentes. Es el Principio de Peter en su expresión más real.

Asomados ya estos cuentos de intención de voto, pues la oposición que sueña con desbancar al chavismo ya puede darse por enterada de cómo la dividirán, y de repende de cómo la obligarán a apoyar una candidatura que tal vez ni el mismo Mendoza quiera, hasta que lo empujen a este barranco, como empujaron a Irene Sáez.

Lo mejor que puede hacer entonces Mendoza es verse en ese espejo roto de 1998, para salir huyendo de esos cantos de sirena y seguir, en la medida en que el chavismo le deje, produciendo esa prosperidad y alimentos que Venezuela necesita desesperadamente.

Herman Alvino

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