Es que a esta oposición no hay por donde justificarla.


Para los dictadores comunistas siempre debe haber un enemigo externo al cual referirse para endilgarle todas las desgracias que ellos mismos le han cargado a sus pueblos. Solo dos ejemplos para tener en cuenta cuando se escuche a Maduro y a todos sus sicofantes hablar de la guerra del imperio y de la guerra económica de la derecha:

– El primer ejemplo es el castrismo cubano, quien luego de chulearle a la Unión Soviética más de 6 mil millones de dólares anuales durante varias décadas, al disolverse la URSS y caer esa ayudita a un nivel mínimo, pues el pueblo cubano lo pasó muy mal, al menos hasta que Castro consiguió otro a quien chulear, como Chávez.

Aquel período de privaciones, cercano a la década, fue llamado por el castrismo como período especial, cuya causa, la propaganda castrista  la identificó de inmediato con el embargo comercial de EEUU.

Por supuesto que el castrocomunismo deja de lado el responder a la pregunta sobre qué destino tuvieron aquellos reales que los soviéticos le regalaron durante más de treinta años, puesto que en un país como Cuba, con una población que en los años 60 rondaba los 7 millones, y que en la actualidad anda por los 12 millones, ese dinero, más la riqueza propia que la sociedad podía haber generado con buenos gobiernos, habría colocado a la isla a la cabeza de los países más prósperos, en vez de hundirla en la miseria al tiempo que los jerarcas de ese régimen se volvían millonarios.

Dicho sea de paso, aquella montaña de dinero soviético era un peaje que a la URSS le parecía relativamente barato para disponer de un régimen sujeto a pocos kilómetros de su enemigo EEUU. Fue una decisión que también conllevó privaciones a los pueblos soviéticos, pero que al menos tenía un objetivo político, cual era tener amarrado ese aliado caribeño, lo cual contrasta con la decisión de Chávez de haberle regalado al castrocomunismo centenares de miles de barriles de petróleo, más el haberle entregado las llaves de la administración pública venezolana, con toda la riqueza que sus peajes generan. La decisión del barinés de traer acá los cubanos, y llevar para allá el petróleo no tuvo ningún sentido político, sino que fue por la lavada de cerebro que le aplicó Fidel al adularlo como un nuevo libertador, para hacerle bombo a su infinito ego. Una decisión por tanto, egoista en lo personal, pero que en lo histórico se traduce en una traición a Venezuela.

– El segundo ejemplo es el de Zimbabwe y quien fuera su dictador dutante 37 años, o sea Mugabe, un caso que es lejano a Venezuela, por más que en su oportunidad el mismo Chávez se haya aliado con aquel personaje. El ahora defenestrado Mugabe se declaró comunista-leninista bastante antes de tomar el poder de su país, para matizarse luego como socialista, mientras arruinaba a su país al igual que ha hecho con Venezuela el trío Chávez-Maduro-Castro, al tiempo que expropiaba tierras productivas a cuenta de que sus propietarios eran blancos, para dársela a los negros, para luego vender la idea de que la ruina económica que toda esa licura generó se debía a Occidente y a la minoría blanca que ya estando contra las cuerdas, supuestamente controlaba el comercio y la industria de Zimbabwe.

Ambos discursos, el caribeño y el africano son exactos, como lo es el chavista, que proclama que los males de Venezuela se deben a una guerra económica de unos empresarios de la derecha, quienes entre la imposible burocracia, la corrupción, el superintendente de precios, las diversas inspecciones de hacienda, y la ley del trabajo, también están contra las cuerdas.

Un discurso por lo demás que seguirá en la medida en que el petróleo siga a la baja y que PDVSA termine de desmoronarse, porque lo que siempre ha estado claro en Venezuela es que el país depende de la renta petrolera, y que ésta, en un mundo que seguirá ávido de crudo por más que se disuelvan los casquetes polares, a su vez depende de que PDVSA extraiga, refine, distribuya y se alíe con eficacia. Y en esto, la derecha y el imperio tienen poco que ver, al contrario, más bien quisieran que nuestra industria petrolera fuera la mejor del mundo, por simple interés egoísta, porque siempre es mejor tener un suministro de petróleo en la región que irlo a buscar a Arabia Saudita, con la que allá está cayendo.

De manera que ya prevenidos sobre la naturaleza de las mentiras del régimen, lo menos que podría hacer la oposición es desmontar el argumento. Pero nada… ellos, con Vicente Díaz a la cabeza (!), se van a República Dominicana…

Hermann Alvino.

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