Diez retazos sobre la unión opositora.


1- Las calles de la protesta están ya vacías, al menos en esa intensidad necesaria para inquietar al régimen; porque al igual que en cualquier dictadura y gobierno autoritario, protestas hay todos los días, en los mercados, en las camionetas del transporte urbano, en los teminales de autobuses, aeropuertos, consultorios médicos, etc. Así sucede, también, en China, Cuba, Turquía, Rusia y en Birmania –rebautizada Myanmar por militares asesinos disfrazados de nacionalistas, como rebautizó Chávez a los topónimos de media Venezuela…-, y al igual que en esos países, los esbirros chavistas se encargan rápidamente de silenciar todo reclamo que potencialmente pueda extenderse por la ciudad o el país entero. Es más, ahora previenen disturbios allanando hogares de supuestos o potenciales agitadores. Aprenden rápido.

2- Para captar la atención de cualquier europeo interesado en la política, basta con contarle que en Venezuela hay una Asamblea Nacional Constituyente que asume labores legislativas diferentes a las de redactar un nuevo texto magno, y más aún, allana inmunidades parlamentarias y prácticamente asume atributos del Poder Ejecutivo. El ceño fruncido del interlocutor evoluciona en mueca cuando se le informa que el TSJ venezolano está presidido por un criminal con sentencia firme por homicidio, y que, además de asumir funciones del mencionado Poder Ejecutivo a través de ese tribunal, junto a la Contraloría, el régimen va inhabilitando políticamente, y a conveniencia, a los dirigentes opositores presuntamente capaces de levantar un movimiento que eventualmente se transforme en la ola que barra tanta iniquidad. Más interesante se pone la cara del incauto interlocutor cuando se le dice que esas mismas instituciones, si le conviene al régimen, pues dejan sin efecto dicha inhabilitación, como ha sido el caso de Manuel Rosales, para así consolidar la división opositora -una rehabilitación que casualmente coindidió con su lanzamiento como candidato en su estado natal Zulia…

3- El europeo de a pie concluirá entonces, y con razón, que el chavismo es una dictadura… aunque eso mismo es justamente lo que, desde hace años, le hemos estado diciendo a su propio gobierno, a ver si junto a otros gobiernos europeos impecablemente democráticos, se dejan de tanta burocracia y protocolo para que, en los foros donde participan, comenzando por las instituciones de la Unión Europea, cataloguen sin medias tintas al régimen venezolano como lo que realmente es.

4- Por otra parte, cuando a un latinoamericano de a pie se le cuentan estas cosas, pues no se sorprende en absoluto, puesto que después de todo, en algún momento de su vida él también ha tenido la ocasión de presenciarlas y sufrirlas personalmente dentro de su propio país -actualmente ello ocurre en Cuba y Nicaragua, y algo menos en Bolivia-, porque así es la Historia de esta región, cual cuero seco que va del ladrón o no ladrón, queremos a Perón en Argentina, pasando por el presidente boliviano que alerta a los varones sobre el no comer pollo porque le saldrán senos debido a las hormonas con que alimentan a esos animales,  por un presidente nicaragüense alcoholizado y violador, más los militares asesinos que en varias ocaciones han tenido el poder en todos nuestros terruños, hasta llegar al actual Brasil, donde el mismo presidente es un conocido corrupto, al tiempo que la alternativa que hoy ganaría las presidenciales –Lula, Dilma y afines-, también lo es. Para un latinoamericano entonces, alternar democracia con dictadura o autoritarismo es parte de la rutina.

5- Pero ambos interlocutores, desde su óptica e Historia tan diferente, concuerdan que si no hay unidad jamás podrá cambiarse el curso de las cosas. En el caso de una democracia, por ejemplo como la italiana, tenemos una izquierda que gobierna , que de izquierda no tiene nada, y que es más o menos indecente, pero más tragable que la derecha xenófoba y autoritaria que irrumpe explotando los temores de los más ignorantes frente a la invasión africana que se deriva del hambre y la represión, y también algo más decente que la otra derecha, liderada por el exjefe de gobierno Berlusconi, autoritario también, y putero conocido por explotador de escorts latinoamericanas y marroquíes, además de corruptor de políticos, por lo cual tiene sentencia firme que por ley lo inhabilita para ser primer ministro.

Pues bien, esa izquierda italiana está profundamente dividida, y podría perder las elecciones generales, algo que, vista la poca cultura y naturaleza democrática de los potenciales ganadores, perjudicaría no solo a la democracia italiana, sino a la europea en general, un daño que ya sufre con el autoritarismo polaco, húngaro y ahora checo. Y un daño que, de no tomar nota del asunto, también vendrá de Alemania, cuyas fuerzas nacionalistas y xenófobas avanzan sin recato ni límite alguno. Y de Austria y Holanda.

En síntesis, las fuerzas democráticas, divididas, podrían perder la democracia en Europa.

6- Saliendo de los entornos democráticos para ocuparnos de las dictaduras latinoamericanas, la Historia nos enseña que en ningún caso la oposición democrática ha logrado defenestrar a su respectivo régimen sin estar realmente unida, aunque esa unión, siendo una condición necesaria, no siempre ha sido suficiente, puesto que hay dictaduras como la cubana que han logrado superar el punto de la autosustentabilidad.

7- La oposición venezolana, entonces, sin unión real, ni siquiera ha podido alcanzar esa condición necesaria, y al igual que en los entornos democráticos y de dictadura donde se ha cometido el error de no saber unirse, dentro de cada organización opositora venezolana se piensa que apartar o minimizar a sus rivales implica ganancia propia, cuando la realidad es que pierden todos.

8- El Presidente Luis Herrera Campins afirmó una vez –más sottovoce que en una tarima-, que si ya era difícil ganar unidos, podíamos imaginar entonces lo complicado que sería hacerlo divididos. Si lo habrá sabido él, cuando COPEI perdió las elecciones con Lorenzo Fernández, o si lo habrá sabido Oswaldo Álvares Paz, cuando las perdió frente a un Caldera II, quien dividió al partido cual sal a la herida que causó parte del mismo frente interno copeyano, muy hostil frente al propio Oswaldo, o lo recordará Henry Ramos, algo más muchacho –aunque nadie se imaginaría que él también fue joven…-, cuando el maestro Luis Beltrán Prieto se llevó 700 mil votos para que el adeco Gonzalo Barrios perdiera en 1968  frente a Caldera I.

Si como decía el Presidente Herrera, ya era difícil ganar unidos en democracia, imaginemos lo imposible que es ganarle al chavismo, en las mesas, en las calles, y en la mente de cada venezolano, estando divididos. Algo trivial que la dirigencia opositora no desea comprender.

9- En una reciente entrevista en un programa de la tv italiana, Romano Prodi, quien en su momento estuvo al frente de la Unión Europea, afirmó que su aspiración para cerrar su –brillante- carrera política habría sido concretar alguna acción de paz… algo que no ha podido cumplir ni siquiera dentro de su propio partido; esta aspiración de paz debería ser el objetivo final de todo dirigente político, esto es, dejarle al mundo algo más de serenidad de la que había antes de su mandato, algo que, con todos los defectos que tuvieron nuestros presidentes democráticos, ellos también desearon para todos los venezolanos, muy al contrario del presidente Chávez, para quien la paz no era lo suyo, cuyos mandatos sembraron la división social y el resentimiento.

10- Pues bien, a veces esa acción de paz no siempre implica un trabajo activo y protagónico, sino que también puede lograrse mediante la sabia y oportuna retirada, o por ceder espacios que se consideran vitales, pero cuyo interés empequeñece frente a una misión de mayor nivel e importancia histórica. Y mientras el chavismo termina de cepillar las calles de disidencia, cazando graneaíto a dirigente por dirigente -como Guevara-, tanto Ramos, como Borges, Capriles, María Corina, López, o un dirigente de la vieja democracia como el que ahora se ha convertido Velázquez –junto con el mismo Ramos, obviamente-, deberían pensar más en el país y menos en su agenda personal, y recordar que ganarse la partida entre ellos no es ganancia neta opositora, sino pérdida neta… porque para un país que ya lo ha perdido todo, riqueza, territorio, salud, vidas, refinerías, infraestructura, esperanza –aunque en justicia, no toda…-, institucionalidad, y hasta el gentilicio por esa traicionera fusión con Cuba. Que alguno o todos estos dirigentes, a cuenta fomentar y lograr una unión opositora verdadera, pierdan el chance de ser presidentes es un detalle tan insignificante y surrealista que ni siquiera debería comentarse.

Hermann Alvino

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