Los tres enemigos de la democracia: 3- La degradación de la educación ciudadana.


3- El tercer factor que actualmente impide un desarrollo integral de la democracia es la mala educación para la ciudadanía, que es intrínseca a aquellos sistemas educativos que han descuidado la formación cívica a cuenta de diversos motivos, que van desde el escorar la formación escolar hacia temas científicos, apartando los contenidos humanísticos, hasta los múltiples recortes que han sufrido por las políticas de austeridad neoliberal. Esto dentro de las democracias, porque dentro de regímenes autoritarios el asunto es algo distinto, y se comentará más adelante.

– Este factor, por tanto, está en gran parte asociado al contraste ideológico entre quienes creen que el Estado -y por tanto el sistema público de educación- es un lastre que debe mantenerse en minimos, y aquellos que estiman que el Estado es el ente aglutinador de una sociedad, y por tanto con derecho propio para intervenir en la vida de las personas, una intervención que obviamente incluye enviarlas a sus escuelas.

– Cuando el ciudadano y votante se vuelve incapaz para discernir estas concepciones, permite que éstas sean llevadas por los respectivos candidatos hacia extremos que conllevan la ruptura del orden social, debilitando así a la democracia. Esta irresponsabilidad cívica se traduce así en un voto que otorga el poder a demagogos y a extremistas, y Venezuela es un ejemplo de libro, primero con la elección y reelección de Carlos Andrés Pérez, y luego con la de Chávez.

– Por otro lado, esta deficiente o nula formación cívica, es el motivo por el cual vastos sectores sociales  terminan siendo sujetos de temores y prejuicios, oportuna y astutamente presentados por quienes no tienen en su agenda el Bien Común, sino un proyecto de poder puro y simple. La xenofobia y los nacionalismos, que vuelven a tener poder formal en las instituciones europeas, son justamente consecuencia de la ignorancia de la gente –destaca por ejemplo el caso italiano, un país entre los diez más poderosos del planeta, donde según el  Programme for the International Assessment of Adult Competencies, se estima que un 70% de personas son analfabetas funcionales, esto es, incapaces de comprender un texto con cierto grado de complejidad, cuando no también ineptos para simplemente leerlo con fluidez. Ver enlace https://goo.gl/mhREXU

– Realidades similares las tenemos también en España y en toda Latinoamérica, como evidencia suficiente para explicar lo errático que ha sido la democracia en estas regiones, luego de que sus gentes hayan optado por votar por ineptos y corruptos, cuya única virtud ha sido consolidar los suficientes recursos para financiar esas campañas mediáticas que explotan inteligentemente dicha ignorancia. El caso norteamericano con la elección de Trump es la tapa del frasco de esta realidad, al ser notorio que sus votos provienen en su mayoría de millones de personas que ni siquiera saben reconocer su propia ciudad en un mapa, votos que hace dos décadas también eligieron a Dan Quayle, aquel vicepresidente que lamentaba no haber estudiado el idioma Latín para así poder comunicarse con los latinoamericanos.

– Quienes consideran que el Estado es una carga innecesaria –actualmente representados por el neoliberalismo que poco a poco se fue imponiendo a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, hasta impregnar toda la política europea y parte de la latinoamericana en las democracias que allí existen-, desearían que no hubiese impuesto alguno, y que toda la vida pública fuera gestionada mediante empresas privadas. Para ellos lo que mueve una sociedad es únicamente la iniciativa privada, independientemente del contexto de oportunidades a las que cada uno pueda tener acceso. Un ejemplo de este abordaje social lo constituyen los hermanos Koch -esos billonarios industriales que tienen al Vicepresidente de EEUU como su representante político de turno-, y que creen que el Estado, ni siquiera debería invertir en infraestructura. Mucho menos en educación pública.

– Llama la atención que la inmediata desigualdad que esto causa, por la inexistencia de un ente que reparta las cargas –o sea, el Estado-, y que actualmente está a la vista en todo el planeta, en virtud de que no todos salimos del mismo punto en la carrera de la prosperidad, es abordada por los enemigos de lo público a partir de un voluntariado –es un decir, dado lo rentable del mismo…-, cuya eventual piedad solo se sostiene a partir de preceptos religiosos, más no por consenso social alguno expresado en la Ley. La educación y formación deficiente del ciudadano tiene su origen en esta concepción, que por un lado arrincona al sistema educativo público con groseros recortes, y por otro potencia la educación privada con valores alejados de la solidaridad y el Bien Común, orientándose más bien a formar a los herederos de quienes han impuesto este estado de cosas, para que lo perpetúen.

– La democracia como sistema político de convivencia es una anomalía histórica, no tanto porque su versión contemporánea tiene solo un par de siglos dentro de los milenios de Historia documentada de la humanidad, sino porque a lo largo de ese tiempo  solo ha aparecido un par de veces -en la excluyente versión ateniense, y en la algo menos excluyente versión moderna-; esta ausencia no se ha debido por la inexistencia del Estado como entidad integradora de sociedades, puesto que éste ya estaba incubándose desde el mismo inicio de las aldeas que en pocos decenios se convertirían –precisamente- en Ciudades-Estado, con un poder central capaz de organizar y regular la vida comunitaria, recoger impuestos, edificar la infraestructura y disponer de fuerzas armadas.

– Es sabido que en aquellas Ciudades-Estado y en los Estados modernos no democráticos, la prosperidad y la capacidad para competir con las potencias rivales, solo era posible si la élite gobernante –aún con una alto grado de corrupción- era capaz de abordar los asuntos públicos con eficacia y cierta eficiencia, puesto que una potencia no puede sustentarse cuando la gobiernan los ineptos. De allí el cuidado que siempre se tuvo en la educación de las élites destinadas al relevo político –un relevo que cuando se consideraba que el individuo que ya estaba preparado, no era optativo sino obligatorio-, y de allí también destaca la indiferencia de la democracia actual en preparar a la juventud para gobernar a partir de ser ciudadanos con un sólido fundamento cívico.

– En el caso venezolano, hay que destacar que durante la democracia prechavista, frente a la progresiva degradación de la educación cívica que se activó durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, fueron los dos partidos más importantes, a través de diversas fundaciones, quienes intentaron compensar ese vacío, en una labor de cierto éxito durante un par de décadas, hasta que éstos también fueron tragados por la vorágine de la irresponsabilidad cívica generalizada.

– Es obvio que una sociedad sin educación es mucho más sencilla de controlar, tanto en una democracia coja o incompleta, -configurada, justamente, por la ignoracia ciudadana- como en una dictadura. Toda sociedad democrática que sistemáticamente ha abandonado la formación básica de la gente y la de quienes están destinados a gobernar en el futuro, más pronto que tarde comenzará a recorrer una espiral de degradación institucional que a la postre implicará su finiquito, puesto que el desorden y la poca calidad de vida harán que el ciudadano irresponsable –o sea, no responsable por unos actos a partir de la ausencia de una educación  que de poseerla no habría cometido-, termine otorgándole el poder al salvador de turno. Y por la vía electoral, además, o sea democrática; y no es casualidad que esos salvadores,  quienes se creen llamados por la Historia hacia una misión especial, y más bien radical, sean casi todos temerarios, y tanto o más ignorantones que quienes  los eligieron, para que inevitablemente terminen por arruinar a su país, en lo material y en lo espiritual.

– En ningún régimen autoritario se fomenta el pensamiento crítico, o sea la educación cívica para la democracia, pero al menos en China su régimen fomenta una sólida educación técnica, algo indispensable para enfrentarse al mundo con posibilidades de dominar la competencia económica y militar. El caso venezolano, con el chavismo autoritario gobernando casi por dos décadas, ni siquiera se ha ocupado de esto, dejando al relevo sin chivo y sin mecate, esto es, sin formación cívica, ni técnica, para que el país de mañana, y el de hoy, sea sujeto de esclavitud económica, militar, y quién sabe si humana también, por parte de cualquier otro país capaz de controlarlo.

– Por su parte las democracias tampoco están por la labor de fomentar ese pensamiento crítico, descuidando además lo técnico, y así se refleja en el informa PISA sobre el nivel educativo de la población -Programme for International Student Assesment, http://www.oecd.org/pisa/-; allí aparecen países como España e Italia, que no solo han descuidado la formación cívica. sino que están en franco proceso de degradación de áreas técnicas en las cuales su juventud ni siquiera se acerca al nivel de países como Corea del Sur, Japón, y el Norte de Europa, sociedades éstas que de alguna manera mantienen cierta preocupación por la educación para la ciudadanía, y ello está a la vista en la calidad de las democracias de estos países, donde un ministro alemán debe renunciar porque plagió una tesis de doctorado al tiempo, que un ministro español o italiano se le ancla al cargo a pesar de estar salpicado de corrupción. En este sentido, con el chavismo el caso venezolano pasa a otra dimensión, la cual en materia de corrupción impide cualquier comparación razonable con otro entorno, y no pasa nada.

– Tal vez entonces, el problema más trascendente al cual se enfrenta la democracia desde hace décadas es el descuido crónico del nivel educativo y cívico de sus ciudadanos. Si en EEUU, Italia, España, o la misma Francia, el sistema educativo hubiese mantenido estándares de calidad e intensidad en la formación de sus jóvenes, ni Trump, ni Berlusconi, ni Rajoy, ni Sarkozy, entre otros, habrían tenido la menor oportunidad de ser electos para dirigir a su país…y no hablemos de la reelección de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, la misma elección de Lusinchi, y por supuesto, la de Chávez, adobada por una ignorancia generalizada que hasta le permitió reelegirse 2 veces más.

– La degradación educativa que comenzó a afectar seriamente a aquella generación de quienes hoy ya son abuelos, es ahora cuando muestra su verdadero impacto, con el auge de partidos de ultraderecha o ultraizquierda, de partidos racistas, xenófobos y ultrarreligiosos, los cuales adquieren peso político en los parlamentos y en los gobiernos, enrareciendo la gobernanza, amparados en que en democracia todos deben estar representados –algo indiscutible-, al tiempo que se aparta la prioridad de la estabilidad de los gobiernos.

– En este sentido, el mejor ejemplo actual es la realidad que vive EEUU, con un ignorante y matón de barrio como presidente, más un parlamento dividido entre ricachones y ricachones ultrarreligiosos, cuyo nivel cultural y formación para gobernar está muy lejos del que se requiere para esta misión, y más lejos aún del que indudablemente tienen las élites intelectuales de ese país, espantadas por la degradación de la política como arte, oficio y necesidad de una sociedad, y por ello alejadas de ésta, dejando al país relativamente huérfano de talento.

– La misma situación vive España, Italia, y probablemente también ocurrirá en Alemania, luego del cuadro electoral nacido a partir de sus recientes elecciones generales, como equipos de gobierno mediocres, desconocedores en parte de los fundamentos más elementales de gobernanza y ética. Es una tendencia autosostenible dentro de cuyo desenlace, y dentro de los tiros largos de la Historia, quien termina pagando los platos rotos será la democracia. En Venezuela ya ha ocurrido, y no vale el argumento de que en otras partes hay instituciones sólidas, puesto que combinando algo de crisis económica con ignorancia ciudadana para elegir buenos timoneles, todo se viene abajo en cuestión de meses.

A bailar entonces, que lo que viene es joropo.

Hermann Alvino

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