La implosión de la MUD


– Es muy fácil que luego de haberse sacado tantos trapos sucios al Sol, ahora se critique la solidez moral y la fortaleza política de la MUD. Más incómodo fue hacerlo hace algunos años, cuando los analistas y sus coros de aduladores y difusores por las redes sociales, se llenaban la boca con las bondades de esa unión, y desdeñaban como poco patriotas, o divisionistas, a quienes apuntaban que en materia de unidad, de afecto e incluso de respeto elemental, la cosa olía muy mal. En cualquier caso, antes o después, a pesar de querer tapar ese Sol con un dedo, la realidad siempre termina imponiéndose. Y la realidad es que, por ahora, no hay ni oposición ni unidad.

– El comportamiento reiteradamente errático de las fuerzas fundamentales de la MUD hace difícil no sospechar sobre la existencia de vasos comunicantes subterráneos con el régimen, por los que circulaban, y circulan, los intereses más variados. Por otra parte, el país político conoce muy bien algunos de los detalles de esos intereses cruzados, que para hacer oposición se convierten en intereses conflictivos, especialmente para esos dirigentes opositores que han vivido una edad de oro económica durante el ciclo de poder del chavismo, algo que no es ilegal de antemano, pero que les lamina su credibilidad como protagonistas de la alternativa al régimen.

– Tampoco es sencillo erradicar la sospecha de que por esa desunión, desconfianza, y hasta ojeriza personal entre los integrantes de la cúpula, siempre se ha escogido a los peores timoneles para darle rumbo a su misión, con la secreta esperanza de que en caso de victoria, influirían sobre él de manera más marcada que el resto. El primer candidato presidencial opositor fue un inepto en toda regla, por otra parte, apenas tuvieron la oportunidad, se libraron de Aveledo para poner a un dirigente del cual solo emanaban banalidades, prometiendo movilizaciones multitudinarias que solo existían en su imaginación; luego se la jugaron con un Capriles incapaz de comprender contra qué y contra quién se enfrentaba, para terminar siendo un aprendiz de pastor evangélico, con aquello de que el tiempo de Dios es perfecto, al tiempo que a cuenta de sumar (?) y promover la unión entre los venezolanos, acogían a bahorrina exchavista como Henry Falcón o Ismael García, quienes en su momento saltaron el tranquero no por convencimiento, sino por haber perdido el favor del comandante barinés, hallando refugio en ese saco de gatos que desde sus inicios fue la extinta Coordinadora, rebautizada luego como MUD.

– Mientras seguía ese baile de cachos quemados, el chavismo turnaba sus poderes para irlos inertizando uno por uno, mediante la Contraloría, la Fiscalía de la bienamada Ortega Díaz, el CNE de las emuladoras de las shakesperianas Brujas de Macbeth, y por supuesto con la guinda del pastel encarnada por el TSJ. Los dirigentes opositores partidarios del diálogo y de las conversaciones en la mesa del trasnocho en Miraflores, terminaron por vaciar las calles de protestas, haciendo vanas las decenas de muertes y encarcelamientos con tortura de tanto joven incauto, que no sabía ni en lo que se metía ni a quién servía, mientras esa dirigencia comía completo y no quebraba un plato, hipnotizada además por las delicias del talante de Rodríguez Zapatero –a quien le importa un rábano la suerte del país, siempre que algunas empresas españolas con las que él y sus exministros tienen relación, puedan seguir operando en Venezuela, o por lo menos repatriar algún dinerito.

– Por supuesto, tampoco es sencillo descartar la sospecha de que cada uno de esos protagonistas en la primera línea opositora, tenga un proyecto presidencial propio, el cual, aún valorándolo como de ciencia ficción, tuvo y sigue teniendo efectos muy tangibles para terminar de resquebrajar esa fachada de vidrio con la que se presentaba una falsa unidad. Si lo dirá Henry Ramos, quien al final terminó sacudiendo cualquier duda de quienes aún dudaban de que él siempre hará lo que le venga en gana y conveniencia, puesto que para los adecos, Venezuela siempre debería girar en torno a ellos. Si lo dirá Capriles, que a pesar de haber montado desde la gobernación de Miranda un culto a la personalidad orientado a presentarlo como una persona buena, amplia y  receptiva, sus actuaciones políticas hacia el resto de la oposición, siendo benévolos, solo pueden ser catalogadas como sectareas. Si lo dirá Borges, que pacientemente ha esperado su momento, y aprovechando la inhabilitación política de Capriles también ha comenzado a actuar como le viene en gana. O el mismo Manuel Rosales, siempre al acecho de una candidatura, no importa cuál sea, porque hay que asegurarse el poder cobrar a finales de mes. Lo mismo vale para Andrés Velázquez, un exsindicalista reconvertido en político profesional de quien, al igual que los mencionados, en todos estos años de chavismo, no se le ha escuchado una sola idea relacionada con algún proyecto de país que toda esta gente debería tener, y no tiene, porque ni quieren tenerlo, ni podrían concebirlo, estando tan ocupados en los dimes y diretes de su MUD, y en otras cosas.

– Demasiados intereses, contradicciones, confusión o cacao mental, sectarismo, rivalidades estériles, y sobre todo, carencia de una gran estrategia política para defenestrar al chavismo, no digamos ya de una común a toda la oposición organizada, sino al menos de una dentro de cada organización, aunque difiera de la que el resto pueda concebir

– En otras palabras, van y vienen con el viento, creyéndose más listos que el régimen, que sí tiene una estrategia de poder y de actuación para mantenerlo, además de la fuerza para que ello sea posible. El proceso de decisión sobre si participar o no en las recientes elecciones regionales mostró la ausencia de esa gran estrategia, al tiempo que delató las profundas contradicciones de quienes desde hace más de una década tenían la misión de actuar unidos; unas contradicciones que terminaron de implosionar a la MUD con la decisión de los gobernadores adecos -con o sin razón- de ir a calarse el yugo ante la ANC, aunque ahora no se sabe bien si siguen siendo adecos, puesto que Ramos Allup guabinea, sabiendo por una parte que ellos –y ella-, se cargaron los estatutos de AD y por tanto están excluidos del partido, pero por otra, que ellos –y ella- son la única fuente de eventual ayuda para que AD pueda sobrevivir económicamente durante los años venideros.

Y por supuesto, a partir de la hostilidad del resto de los partidos opositores, de esas gobernaciones no saldrá ni agua. Y sin el poder en Miranda, la perspectiva económica de esas organizaciones es más bien deprimente.

– Entonces, con la oportunidad perdida luego de conquistar la mayoría en la Asamblea Legislativa, y luego de  vaciar la calle con un diálogo inexistente, con el ir o no a elecciones regionales, y con la enorme división producida por los opositores electos -que se profundizará más, si cabe, si AD decide participar en las elecciones municipales-, se confirmó una vez más que si al frente de la MUD no había torpes que inmerecidamente habían accedido a esa responsabilidad, entonces lo que había era una banda de vivarachos cuya agenda personal solo ha destilado mezquindad.

Una banda de políticos, que como sus predecesores que protagonizaron la democracia prechavista, piensan que llegaron para quedarse, haciendo innecesaria –dada su presunta sabiduría y visión política- la oxigenación y renovación de sus partidos…y todos sabemos lo que le sucedió a COPEI y a AD, cuando los integrantes de sus cúpulas se anclaron durante veinte y hasta treinta años a sus cargos internos: terminaron desbaratados, dándole entrada al chavismo. En este caso, ya con el chavismo atado al poder, lo mejor que les podría pasar a estos partidos sería disolverse, o retirar oficiosamnete a sus cúpulas, para no seguir causándole más daño a las esperanzas de la gente buena de nuestro país. Y no hay que dudar ni un segundo sobre que ese vacío sería ocupado de inmediato, aunque esperemos que por gente de más valía humana, conceptual, y política.

– Pero como ello no va a ocurrir ya que la generosidad y la capacidad de sacrificio de esta gente dista mucho de la que tenían Betancourt, Caldera y Jóvito, pues lamentablemente en algún momento aprenderán la lección por las malas. Y se quedarán sin nada, o sea, sin siquiera el aprecio nacional por haber sabido dar un paso atrás cuando les tocaba.

Mientras tanto, el país sigue cuesta abajo, que se dice fácil.

Hermann Alvino.

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