Máquinas para robar


1- El legado que dejará el chavismo se compondrá de miles de fragmentos que se integrarán en un cuadro de desolación que el país difícilmente superará durante las próximas décadas; ello es así no solamente por la destrucción material, económica, institucional y espiritual, sino porque a partir de la sinergia de todas ellas, será imposible disponer de los elementos educativos para formar generaciones capaces de reconstruir un pais que compita en el mundo futuro, sean elementos técnicos, dentro de una ciencia y tecnología que eleva cada vez vez más su nivel de complejidad, como humanísticos, para superar la deformación del relato histórico nacional y global a las que han sido sometidos por casi dos décadas, al menos hasta ahora.

2- Detallar cada fragmento de latrocinio e ineptitud del ciclo de poder chavista, será una monumental obra periodística a la que le tocará desenmarañar esa tupida relación entre hechos y personas que comenzó en 1999. La Historia en perspectiva solo podrá alimentarse en parte de esos contenidos para describir a plenitud la magnitud de la destrucción y del sufrimiento de millones de venezolanos; pero quien realmente desee saber lo que ha pasado, y sigue pasando en Venezuela, necesariamente deberá abordar esos miles de trozos delictivos. Es como enterarse del sufrimiento de la gente durante el cerco nazi a Stalingrado o a Leningrado solo a través de una historia general, sin entrar a conocer los contenidos de las cartas que se escribían, los videos que captaron el frío, los trineos con los cadáveres, los episodios de canibalismo, etc., o del holocausto judío, sin entrar a conocer las historias personales que reflejaron los episodios diarios de crueldad hacia aquellos atribulados.

3- Los componentes de ese inmenso mosaico de desolación venezolana son comunes a muchos países africanos, sin embargo, hay que recordar que la pobreza de esos países siempre ha estado allí, tanto por su incapacidad para dar el salto desde el tribalismo al Estado moderno, como por el pillaje colonial que nunca consideró necesario promover ese salto, ni desarrollar in situ una infraestructura industrial a partir de la enorme riqueza de materias primas que aún poseen.

4- Lo triste del caso Venezuela es que sí logró superar el escollo de las hordas del siglo XIX, para que a partir de la renta petrolera del siglo XX se consolidara un Estado capaz de gobernar a todo un país, desarrollar una enorme riqueza material e industrial, así como formar durante sesenta años a venezolanos competentes para abordar la complejidad de la gobernanza, perfeccionar los instrumentos para concretar el Bien Común, e intentar insertar al país en ese mundo inmisericordemente competitivo y evidenciado a partir de la mitad del siglo pasado.

5- Apartando los imperdonables errores de la democracia prechavista para atender con menos laxitud las vagabunderías de muchos de sus legisladores y gobernantes, el hecho es que Venezuela fue un país boyante dentro de aquel Occidente no tan neoliberal y más humano que el actual. La diferencia entonces entre los estados fallidos y paupérrimos del planeta es que en casi todos ellos esa realidad de pobreza imperaba desde siempre, mientras que en Venezuela, una vez superados esos elementos, había un país capaz de prosperar, y que el chavismo destruyó, retrocediéndolo a un insólito nivel político, institucional y material de primitivismo, dada la rapidez e intensidad con que se aplicaron en dicha labor. Ésta es la diferencia que para efectos de la Historia, debería servir para valorar la magnitud del crimen chavista.

6- Por otra parte, e igualmente desde esa perspectiva alejada de los detalles, el crimen chavista tiene dos vertientes muy claras, como son la ineptitud para gobernar y la corrupción, dos elementos que son obvios y comunes en cualquier estado fallido, pero que cobran especial dimensión si recordamos que en este país todos podían formarse adecuadamente, tanto técnica como cívicamente, porque así lo impuso esa democracia rentista, que con todos sus defectos, supo asignar recursos para formar maestros capaces y regar en cada rincón de la república instituciones educativas para todos.

7- Lo que destaca entonces en materia de ineptitud generalizada de los chavistas, es que con todo y haber tenido la posibilidad de formarse adecuadamente para gobernar, voluntariamente la desaprovecharon. En efecto, visto en retrospectiva, eran muy pocos aquellos militantes y dirigentes de la izquierda de liceos y universidades que estudiaban para aprender, ya que su vida giraba alrededor de un activismo de contenidos estalinistas, castristas, maoistas, y hasta troskistas, con los cuales construían sociedades de papel y de cafetín, al tiempo que disfrutaban de las becas endógenas y del financiamiento soviético, sin pensar que en un país, liberal o comunista, democrático o autoritario, si no se desea mantenerse en el poder solo por la pura fuerza bruta, las cosas deben funcionar al menos a partir de cierto nivel de mínimos, porque cuando por alguna circunstancia esa fuerza bruta no es posible aplicarla, todo se viene abajo, como pasó en la URSS y Europa del Este, con la salvedad de Cuba, o Corea del Norte, o Birmania –Mianmar-, donde aún es posible someter físicamente a lo disidentes.

8- Cada venezolano más o menos de cierta edad conoce desde siempre a alguno de estos jerarcas chavistas que en sus tiempos de estudiantes se destacaban por su mediocridad, adobada por esos libros de la editorial MIR de la URSS, y de los panfletos cubanos que les intoxicaron con unos conceptos revolucionarios que hasta eran mal traducidos y redactados, para terminar de empaparlos en un cacao mental del cual nunca fueron capaces de escapar –el ejemplo de la ensalada mental de Chávez era patético-; y a partir de esa mediocridad, entonces, inicialmente fue lógico pensar que a partir de 1999 el colapso nacional se debió a dicha ineptitud para aprehender el arte de gobernar. Sin embargo, la acumulación de episodios de latrocinio protagonizados por ellos mismos, se encargó rápidamente de disipar ese pensamiento; así, cuando era más que evidente que a PDVSA la estaban esquilmando, que a la renta petrolera la estaban transformando en un comercio negro de dólares, o cuando apareció la comida podrida de los contenedores, los desfalcos varios de las empresas del Estado, etc., el país pensante se percató de que la ineptitud chavista era más bien algo colateral a una innata corrupción, nacida quién sabe de donde, más no generada a partir del poder mismo que alcanzaron –a partir del cual obviamente se magnificó hasta niveles groseros-.

Ese espíritu ingrato, por un país que hizo lo posible para convertirlos en ciudadanos formados y cabales, por diversas vivencias que les fueron inyectando un enorme resentimiento, se convirtió en un alma corrupta hasta la médula, y sus poseedores en máquinas para robar.  Comenzando por el mismo Chávez.

9- Conociendo aquellas preferencias de de Chávez -y de quienes a partir de 1999 se autodefinieron como chavistas- por los regímenes comunistas del siglo pasado -y del castrismo que está a caballo entre los dos siglos-, donde de lo que se trataba era de una élites asesinas y corruptas que imponían terror y pobreza a sus congéneres, es inmediato entonces explicar la corrupción del régimen, confirmada por ese descarado comportamiento de los militares, bolichicos, primeras damas y fiscal(as), magistrados(as), etc. desde todas las instituciones que han ocupado.

10- Como efecto final de su corrupción e ineptitud subyacente, nace el terror a perder el poder, puesto que con todo lo laxo que será el país mismo a la hora de juzgarlos seguramente alguno quedará prensado –al menos los que queden vivos, puesto que por ley de vida, muchos chavistas ladrones, civiles y militares, ya fallecieron, buchones y luego de gozar completo tanto dinero mal habido-; por otra parte, ellos saben que por más que hayan acumulado riquezas, su tren de vida sin un permanente ingreso mal habido se les acabaría muy pronto, obligándolos a trabajar, y no saben hacer nada. De allí que no aflojarán el poder por las buenas, menos aún cuando luego de casi veinte años de impunidad, es inevitable que se crean el cuento de que el poder les pertenece, casi por derecho divino… lo mismo, luego de algunos años y generaciones, pensaban reyes y zares, cuyos últimos vástagos terminaron decapitados o fusilados y tirados sus cadáveres en una cuneta.

Visto así, participar en la elecciones regionales para arañar espacio político es razonable, pero seguir dialogando con esta gentuza, pues no tiene mayor sentido.

Hermann Alvino

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