Diez apuntes sobre la realidad venezolana (III/III).


9- ¿Por qué el chavismo las ha ganado todas? La pregunta es relevante, independientemente de la torpeza objetiva de la dirigencia opositora y de los intereses concretos que parte de ella tiene invertidos en el mismo régimen, e incluso al margen de que gran parte de unos y otros tengan un alto grado de inexperiencia por razones de edad y vivencias.

Para abordar la respuesta se puede recurrir a tres reflexiones:

– La primera es la carencia de ideas y de coraje, delatada con la primera reelección de Chávez, con Manuel Rosales de candidato opositor; ese lance fue un reflejo del temor opositor a ir contra esa masa popular que garantizaba la reelección del Comandante –quien aún gozaba de esa inercia adquirida desde 1999 y de la regadera petrolera-. La oposición no se atrevió a proponer un plan de país serio, sino que basó gran parte de su oferta electoral en aquella “Negra”, que era la tarjeta de dádivas prometida por el incompetente Rosales, un buen político de barrio, cuya incapacidad para aprehender fenómenos algo más complejos reflejó la ceguera opositora al escogerlo como abanderado presidencial.

A partir de allí, el chavismo comprobó que la oposición, con su temor a plantear soluciones serias y valientes –algo que es muy diferente a limitarse a denunciar las locuras del régimen-, siempre presentaría propuestas parecidas a las del régimen, para que el votante chavista optara por el original en vez de una mala copia.

El problema es que ese votante del oficialismo, cuya captación es indispensable, puesto que sin su voto o voluntad de cambio será imposible defenestrar al chavismo, desde entonces percibió que si no había coraje para presentar una alternativa de país, aún a costa de sus propios intereses, pues simplemente tampoco había coraje para enfrentarse al régimen. Y ese razonamiento, dada la histórica cultura política del país, basada en machos alfa que cuando no ganan arrebatan, pues hundió a la oposición. Apartando las ideas locas y su ineptitud para gobernar, por algo Chávez y Carlos Andrés Pérez lograban conectar con los peores instintos ciudadanos, independientemente de su clase social.

– La segunda es la cultura partidista dentro de las organizaciones opositoras, herederas de la vida fácil de la democracia prechavista, cuando aún sin estar en el gobierno, había prebendas para toda la dirigencia política sin importar en cuál de los dos grandes partidos militaba, para que ésta pudiera cobrar cómodamente a finales de mes, y seguir ejerciendo ese oficio. En el fondo, la oposición sigue creyendo que a su rival chavista es posible derrotarlo con aquellas reglas de convivencia que había para entonces. En este sentido, los términos pacífico, convivencia, o perdón, al no tener ningún sentido para el chavismo, tampoco tienen sentido para combatirlos, dejando muy claro que su descarte no degrada moralmente a la oposición, ni la coloca al mismo nivel ético del chavismo, sino todo lo contrario, puesto que extirpar este cáncer por la vía más expedita y efectiva, de por sí es el deber ético al cual todo opositor debería ceñirse.

– La tercera es la falta de unión real entre la dirigencia que lidera la oposición. Ello es en parte producto del punto anterior, puesto que si se aferran a las reglas democráticas de antaño es lógico que cada uno labre su propia agenda para ganar su espacio propio, sea buscando la presidencia, una gobernación, alcaldía o lo que sea a nivel local.

Sin embargo, lo que realmente impide no estar unidos es que, aún dentro del rentismo petrolero que inspira a todos los líderes opositores, ellos conciben al país de manera diferente, un efecto que cuando AD y COPEI dominaban la política del país era relativamente benéfico, pero que trasladado a la actualidad es nefasto, ya que aquella desconfianza entre AD y COPEI lo peor que podía traer era sabotear los planes de gobierno en el Congreso para que el partido oficialista perdiera las siguientes elecciones, mientras que la desconfianza personal actual impide arrear unidos.

Esa desconfianza explica además por qué no se ha podido designar dirigentes de primera línea luego de que Aveledo se separara de la coordinación opositora…no vaya a ser que un buen gallo, con ideas claras y coraje para hablarle claro al país, coja impulso y les conquiste tanto las bases opositoras como una buena parte de las chavistas. El caso de la designación como coordinador de otro incompetente como Torrealba, reflejó toda la mezquindad que allí predomina.

Lo contradictorio de todo esto es que sí había, y hay, personas capaces de asumir el reto con cierta probabilidad de éxito, pero darle cierta ventaja mediática y política a alguien, aún en estas circunstancias terribles que vive el país, no está en la concepción que tienen de la política Ramos, Borges, Capriles, etc…

10- El control que el chavismo civil y militar tiene sobre el país puede parecer sólido, aunque la realidad es que éste se basa en la represión oficial y la extraoficial de los colectivos, unida al desorden opositor. La lista de argumentos que justifican dicho dominio es larguísima. Por ejemplo: cualquier polémica sobre intervención extranjera sirve para que el actual escuálido apoyo al chavismo se recupere unos puntos; el patio trasero de EEUU –Latinoamérica- ya no es de ese país, porque en esta globalización y debilidad de liderazgo norteamericano y europeo –un proceso que ya lleva dos décadas de decadencia-, no es concebible que EEUU actúe como lo hizo en Grenada, Nicaragua o Panamá; si la tiranía cubana aún está allí luego de casi 60 años, no hay razón para pensar que la venezolana no pueda durar varios años más; la Historia contemporánea prueba que aislar o sancionar a tiranías no da resultado alguno, léase Irán, Corea del Norte, Cuba, y si vamos al detalle incluso el apartheid surafricano duró muchos años con sanciones -si acaso mucho más contundente sería un bloqueo terrestre, naval y aéreo real de la actividad comercial y petrolera venezolana, pero ello equivaldría a una guerra con los aliados del chavismo, o sea China o Rusia, que no son poca cosa…- ; la actual duración del dominio chavista, unida a los regímenes previos a la democracia 1958-1998 muestra que ésta última, al menos para Venezuela, fue una anomalía afortunada para tres generaciones, pero que lo normal es que el país esté en las manos de criminales…etc.

De manera que partiendo de que salir del chavismo será solo a través de lo que los venezolanos podamos hacer, o sea una salida interna, solo quedan dos caminos nada pacíficos, admitiendo que en ningún caso se hará Justica completa, pues con el largo trayecto chavista muchos de esos criminales se han muerto buchones y sin castigo, como lo harán otros.

El primer camino es la rebelión generalizada, que puede cobrar muchas formas, activas, pasivas, no necesariamente homogéneas en las diversas regiones del país. Faltaría por ver cuál es el verdadero carácter del venezolano de a pie para abordar este enorme sacrificio, asumirlo por largo tiempo, y poderlo hacer en unas condiciones ya presentes de hambre y debilidad física generalizada.

La segunda salida es la obvia, o sea la militar, algo impensable dentro de unas fuerzas armadas que son el brazo armado de los civiles esquilmadores, al tiempo que los mismos uniformados depredan todo lo que consiguen a su paso: minería, petróleo, alimentos, ganado, transacciones financieras, inmuebles, comercio exterior, etc.

En este sentido es difícil imaginar que exista una porción de las fuerzas armadas que asuma el papel de libertador de la Venezuela del siglo XXI. Sin embargo, tampoco nadie pensaba en la posibilidad de que apareciera un ejército libertador en el siglo XIX para expulsar al colonizador español, pero ocurrió. Los libertadores y próceres no eran ningunos santos, y su agenda estaba muy cruzada con sus intereses personales, pero con todo se logró el objetivo mayor de una Venezuela libre de dominación extranjera.

Probablemente la Historia repita este capítulo, acuerpando montoneras y militares hartas del chavismo. Y probablemente también se repita el baño de sangre.

Mientras tanto la Asamblea Nacional Constituyente ha dado el salto de lo inoportuno e ilegítimo a lo ilegal, y de la habladera de paja hasta convertirse en un órgano muy peligroso para cualquier ciudadano.

En efecto, lo inoportuno estaba a la vista, porque los problemas del país no se resuelven con una nueva constitución chavista, y lo ilegítimo se delató tanto por los más de siete millones que votaron en contra de esa convocatoria en la consulta popular organizada por la oposición, como por el obvio fraude en la votación propiamente dicha de la Constituyente –este último punto no hacía ilegal la convocatoria, puesto que la misma Constitución chavista actual no menciona porcentaje alguno de participación electoral para validar dicha votación popular –una chapuza más de Escarrá et all

Sin embargo, la ilegalidad de todo el cuerpo constituyente emergió en el mismo momento en que comenzó a decidir sobre asunto ajenos a la misión para la que fueron electos sus integrantes -asuntos como la remoción del Fiscal y nombramiento de un sustituto, inertización de la actual Asamblea Nacional, etc.-, puesto que aun siendo cierto que hayan votado varios millones de chavistas para validar la elección de los diputados constituyentes, ese voto solo fue un mandato para que redactaran ese nuevo texto constitucional, y no para legislar sobre la marcha sobre los otros asuntos nacionales. Lo supranacional que la actual constitución le atribuye a una ANC –y que se autoatribuyen sus integrantes-, es solo con relación a que sus decisiones en materia de contenidos de un nuevo texto no pueden ser contrastadas por ninguna institución. Pero solo para eso.

Este paso sin retorno hacia la ilegalidad, que debería llamar la atención del entorno internacional para no reconocerla, ha transformado la ANC de un cuerpo redactor a una suerte de tribunal revolucionario –aunque no popular, puesto que fue electo con evidente minoría. Un tribunal capaz de perseguir, juzgar y condenar a conveniencia.

En este sentido, en Venezuela ha comenzado el ciclo de terror con el cual los chavistas inevitablemente comenzarán a comerse entre ellos, lo cual no implica necesariamente que el régimen mismo perderá el poder, puesto que los ajustes de cuentas entre los entornos que pululan alrededor de cualquier tiranía son parte de la realidad diaria. La dictadura chavista ha llegado al nivel de autosustentabilidad, y su desmoronamiento solo será posible por la alineación de muchas de las  circunstancias comentadas en diversas oportunidades.

A estas alturas, por tanto, saber cómo y cuándo terminaría la pesadilla venezolana es imposible.

Hermann Alvino

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