Diez apuntes sobre la realidad venezolana (II/III).


…continuación de https://vivalapolitica.wordpress.com/2017/08/17/diez-apuntes-sobre-la-realidad-venezolana-iii/

6- Cuando los analistas acertadamente encuentran tanta similitud entre el régimen chavista y el castrismo cubano, parten de la idea de que ello se conformó así luego del encuentro de Chávez con Fidel, lo cual es cierto, pero no hay que olvidar que el instinto antidemocrático y la resolución del barinés eran previos al colonizaje mental que le aplicó Castro. El intento de golpe es la prueba de ello. Es probable que la misma cubanización de la izquierda venezolana a partir de los años 60 del pasado siglo haya influenciado en Chávez, sin embargo, no hay que olvidar que él era militar y que, por su formación como tal, dicha influencia de alguna manera era compensada con aquellos valores democráticos que se le enseñaban a la oficialidad.

Partiendo de la idea de que con o sin la influencia de Fidel el barinés habría actuado de la misma manera, entonces para comprenderlo mejor habría que remontarse a Stalin, de quien hay que resaltar cuatro caracaterísticas:

– Su extrema resolución, esto es, echao’ p’alante, sin temor a las consecuencias, convencido de lo que hacía, y si por casualidad llegaba a percatarse de su error, jamás reconocerlo, sino perseverar en el curso por el cual optó jugársela. A Chávez nadie le puede negar que era resuelto, y que él nunca reconoció error alguno. Chávez, al igual que Stalin, tapaba la realidad con verborrea. La contradicción, sin embargo, aparece cuando las cosas salen mal, y nunca sabremos si Stalin habría sido tan cobarde como Chávez luego del golpe de Carmona.

– Su extrema crueldad, esto es, sin cargos de conciencia para eliminar rivales internos por el poder y disidentes –reales e inventados-. Chávez no mandó a fusilar a nadie simplemente porque el país y su realidad eran distintas de la rusa, pero si Fidel lo hizo en Cuba, pues en otras circunstancias, y dado el carácter del barinés, seguramente él también habría actuado así. Su complicidad con la guerrilla colombiana, que sí fusila sin contemplaciones, lo confirma.

– Stalin leía mucho, y repasaba constantemente los escritos de Lenin. Chávez también leía mucho, más que sus rivales opositores de entonces. Lo que pasa es que una cosa es leer, otra es lo que se lee, y otra más es comprender los contenidos. El cacao mental de Chávez, aferrado al control estatal de la economía, era tan similar al de Stalin que hace inevitable la comparación, y la ruina nacional.

– Stalin era un trabajador incansable, con una vida a deshoras que desquiciaba a sus colaboradores. El barinés era igual, saltándose normas y protocolos para controlarlo todo, algo que con su desorden –e ineptitud como gobernante- provocó una enorme y permanente incertidumbre. Como en aquella Rusia.

De estos elementos, para comprender la actual realidad nacional, hay que quedarse con dos de ellos: la resolución chavista que se traducía en temeridad, y la crueldad indispensable para mantenerse en el poder a costa de lo que sea.

Con esos dos elementos en la mesa, es que habría que comenzar a concebir una estrategia opositora.

7- Con el cambio cualitativo de la realidad nacional a partir de la imposición de la ANC, mencionado en el post anterior, y que se hará más tangible luego de que se concrete el nuevo texto magno -con sus loqueras comunales y control político para que nada se desvíe de los intereses del régimen-, Venezuela ya no se parecerá en nada, ya no tanto al país previo a 1998, sino incluso a éste del 2017, porque con el sistema político-administrativo que se impondrá, cambiarán los conceptos de Estado y sus instituciones.

Ya no se trata así de que Chávez y Maduro hayan puesto al país patas arriba en materia de técnicas, normas, procedimientos, recursos humanos, inversión y preservación de la infraestructura, etc., todo ello como consecuencia directa de la ineptitud y la corrupción cívico militar generalizada, sino que lo que cambiará será la concepción misma del Estado, así como la esencia de las relaciones sociales entre las personas, y entre éstas y las instituciones, como pasó en Cuba, Corea del Norte, China, y los países europeos de la extinta URSS.

De manera que para efectos de la oposición, a la cual ya se les advirtió demasiadas veces que sin un plan de país serio nunca convencerán ni a su propios seguidores, ésta deberá tener en cuenta que si la estrategia opositora puesta en práctica hasta los momentos no ha servido, pues tampoco serviría un plan de país concebido para esta Venezuela, y no para la que viene. Para ello necesariamente habrá que recurrir a fijarse en los pasos dados por los países de Europa del Este –y no todos- para desmontar el comunismo y sus reglas sociales y políticas, para reponer una democracia y economía liberales.

8- En este 2017 se cumplen 18 años de chavismo, o sea que quienes nacieron en 1999 y que ahora pasan a ser ciudadanos con plenos derechos políticos, nunca han conocido nada que no fuera la Venezuela chavista, siendo más o menos adoctrinados en la escuela, con las cartitas de amor a Chávez, y con la simbología y estéticas chavocubanas.

Venezuela es ahora un país con la estética caribeña de regaetón decadente, y la hipócrita informalidad socialista cubana, con esos millones de jóvenes que no conocen la Historia, ni los fundamentos de educación cívica, modales, ni vocabulario variado; ellos además viven secuestrados entre el mensaje chavista que les ha querido convencer que todo lo que tienen es gracias a Chávez, y una realidad de calle que que les hace sentir justo lo contrario, o sea que el chavismo no les ha dado más que infelicidad.

Este asunto solo lo pueden comprender los viejos opositores, quienes por ley de vida están ya muertos, o han sido superados por el inexorable relevo, al cual, habiendo también vivido parte importante de su vida dentro del chavismo, habrá que recordarle que si aspiran al poder, deberán hacerlo mediante un proyecto revolucionario, entendiendo por revolucionario el sacar al país del chiquero estético chavista, para reinsertarlo en ese entorno humano civilizado. Un proyecto revolucionario, más no reformista, puesto que esto último solo se limitaría a lo económico, dejando intacto el veneno y la irresponsabilidad social sembradas por el chavismo, y por tanto condenado a fracasar… aunque un proyecto revolucionario de este calibre, claro está, para cualquier chavista, incluyendo la gentuza de disidencia de última hora, sería reaccionario.

…continuará

Hermann Alvino

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