La tragedia que viene: decálogo.


Para aclararle las cosas a los críticos más radicales de la convocatoria de Maduro a elegir diputados que redactarán una nueva constitución:

1- El producto final de este proceso será una constitución, pero el proceso mismo que conllevará a dicho documento es lo que se llama constituyente, que se encarna justamente en la Asamblea Nacional Constituyente, o sea en ciudadanos electos para concretar ese documento.

Censurar este proceso responde fundamentalmente a dos razones; la primera es que parte del país piense que no es oportuno, un argumento válido sin duda, pero que debe resolverse en votación, esto es, si la mayoría que vota rechaza la convocatoria, pues nos olvidamos del asunto, o al contrario, si hay una mayoría a favor del cambio de reglas de sistema, pues se procede. Hasta aquí ningún problema., aunque se supone que en un país gobernado por gente sensata que busca el Bien Común, el poner patas arriba a un sistema político mediante una nueva constitución, debe responder a circunstancias muy especiales y no por capricho del poder de turno, como es el caso del chavismo, cuyo objetivo es darle una vuelta de tuerca adicional al dominio institucional que han impuesto durante 18 años.

2- El segundo argumento en contra de una nueva constitución es de quienes deslegitiman a Maduro para iniciar este proceso. Este argumento no es válido de por sí, puesto que en el artículo 348 de la misma constitución chavista y vigente se establece que “La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros”.

De manera que con Maduro legitimado como Presidente para este asunto, se agota este segundo argumento. Si acaso, esa desligitimación debería enlazarse remontándola al mismo fraude presidencial que permitió su elección como presidente, apuntando entonces a que Maduro ciertamente lo es, pero de facto, más no de acuerdo a los resultados reales de la elección del 2013; pero ese argumento ni siquiera es citado por quien fue el doliente directo de aquella trampa, léase Capriles, quien en aquel entonces quiso ser un teólogo de ocasión con aquello de que el tiempo de Dios es perfecto.

Si acaso Maduro no estuviera legitimado para su iniciativa de constituyente, no sería por no ocupar la Presidencia, sino porque a ésta accedió mediante trampa. Pero esto es ciencia ficción, ya que la realidad es la que es.

3- De manera que solo quedaría el primer argumento. Al respecto, los ciudadanos que no aprueban este camino madurista se expresaron hace dos semanas en aquella consulta popular que arrojó más de siete millones de votos contra la iniciativa…el detalle es que dicha consulta, cuya claridad y contundencia política, en términos cuantitativos y cualitativos, fue capaz incluso de enviarle un mensaje al entorno internacional, no tiene ninguna validez, obviamente porque allí votaron solo los opositores, más no los chavistas, y obviamente porque el CNE, cual institución llamada a realizar y controlar el proceso, simplemente se negó. Se sabe, el CNE es chavista, su presidenta es una tramposa que ya ha sido puesta en la mira por EEUU, y el resto de las rectoras –que no el otro rector Rondón-, son unas malandras institucionales, por tanto, como nada podía esperarse de ese organismo, la oposición organizada concretó la consulta. Pero todos sabemos que legalmente ello no significa nada.

4- Sin embargo, al margen de esos dos puntos que sustentan la oposición a la constituyente, existe un tercer asunto del cual el régimen se asirá para legitimar la iniciativa y así inevitablemente imponer su voluntad. Para verlo en su contexto hay que transcribir el Artículo 347 y el mismo 348:

Artículo 347. El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar a una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución.

Artículo 348. La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de la dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildos, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; y el quince por ciento de los electores inscritos y electoras en el registro electoral.

5- Vemos que en el Artículo 347 se habla del pueblo como depositario de la voluntad nacional, algo etéreo si no se le ponen números para validar dicha voluntad. Así mismo, en el Artículo 348 se habla de que para la convocatoria constituyente se requiere un 15% de electores (olvidemos lo de electoras, redacción ridícula de género que caracteriza todo el texto chavista). Pero en la actual Constitución, en ninguna otra parte de su articulado aparece nada más con relación a la iniciativa, esto es, no se sabe cuántos electores deben votar para legitimar el proceso –sea o no aceptado por los votantes-, ni tampoco se sabe con qué porcentaje a favor se validaría. Solo queda sospechar entonces que esa voluntad popular será calculada por el TSJ chavista.

Ello es así justamente por lo comentado en muchas oportunidades anteriores: la constitución chavista es una chapuza, conceptualmente coja, redaccionalmente defectuosa, como producto de la ineptitud del ñangaraje que la redactó, espejo del cacao mental del mismo Chávez, y ello siempre jugará a favor de la dictadura -recordemos el “sobrevenido” constitucional de Escarrá, con relación a la sucesión presidencial…

6- En última instancia por tanto, diría un chavista muy claro en lo que quiere, esos detalles aritméticos son inútiles, puesto que para esto tenemos el TSJ, intérprete y mandante de la constitución. Será entonces el TSJ quien valide la votación del domingo venidero, y seguramente se basará en dicho 15%, jalando un poco el texto para afirmar, que si se requiere ese porcentaje para convocarla, pues casualmente el próximo domingo habrán votado más electores que ese mínimo. Y asunto resuelto, una vez más la dictadura se habrá salido con la suya, dejando así al descubierto a quienes aún creen en el diálogo, al mismo Rodríguez Zapatero que viene a meter la narices en Venezuela para cuidar las inversiones de sus amigotes, al Vaticano, a los expresidentes latinoamericanos, y a la misma OEA que acaba de hacer un ridículo monumental con la fallida votación en contra de la iniciativa.

7- En última instancia, un verdadero argumento para rechazar la constituyente es la conformación de la lista de los candidatos, porque allí se trata de representantes de esas sociedades intermedias que son legítimas y fundamentales en cualquier país, pero no para representar sus intereses específicos en una constituyente, o en un parlamento, sino para defender su oficio como las reivindicaciones laborales y su ética de acción, pero en su ámbito concreto. En otras palabras, la suma de estos representantes para redactar una constitución no es igual al conjunto, y por ello, la próxima constitución también será una chapuza.

8- Nótese que en este punto ni siquiera insistimos en el algoritmo de candidaturas, que dará a Mérida 24 diputados y a Miranda 22, a sabiendas de la enorme diferencia poblacional entre ambos estados, o que la representación indígena doblará a la de la capital del país. Tampoco vale la pena resaltar los encargados de gestionar el proceso como Comisión Presidencial: Jaua, Cilia, Isaías Rodríguez (!) ¿lo recuerdan?-, Aristóbulo, Escarrá, Iris, Delcy, Ameliach, Earle Herrera, Adán Chávez…gentuza, pues.

9- El otro argumento contundente para que cualquier demócrata rechace lo que viene, es que con ello se conformará un nuevo Estado que será una copia continental de Cuba, algo de por sí muy grave, pero muchos más nefasto a largo plazo, cuando la dictadura caiga, puesto que la reconstrucción tendrá doble tarea: primero desmantelar el estado y la cultura que ese nuevo orden de cosas impondrá, y luego pensar en reconstruirlo todo sobre las bases de una democracia liberal. Los chavistas que controlan el poder lo saben, al igual que los cubanos.

10- La tragedia que viene entonces es legalmente inevitable. La voluntad del régimen y de los cubanos para consolidar su dominio está a la vista. Las fuerzas armadas se escudan en esa legalidad para eludir su compromiso con los millones de venezolanos que sufren, confirmando así que ellos no son la solución, sino que forman parte del régimen mismo, al cual defenderán para mantener sus bosillos buchones. No vale entonces el diálogo, ni vale la huelga a medias. Tal vez valdría un paro petrolero, adobado con sabotaje del bueno; total, si ya el país de a pie pasa hambre, al menos que lo pasen también sus verdugos, quienes al salir para comer completo serían apresados…si es que los países democráticos realmente creen en lo que predican. Algo que a estas alturas de la Historia ya es legítimo dudarlo. No nos engañemos ni engañemos a la gente de buena voluntad, puesto que estos son tiempos de pesimismo y de lucha cuyo desenlace puede presentarse dentro de varios años.

Ojalá nos equivoquemos.

Hermann Alvino

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