El tercer golpe democrático


En el año 1378 la Iglesia vivió un cisma que duraría casi cuarenta años, un trauma que más que religioso fue papal, en virtud de la imposibilidad de ponerse de acuerdo en elegir al sucesor de Gregorio XI. Hay que recordar que aquel cónclave fue el primero en reunirse en Roma desde 1303, ya que debido a la inestabilidad política, el Papa residía en Avignon y no en Roma.

En aquel cónclave romano salió electo Urbano VI, más que todo por la presión de los nativos, quienes luego de muchas décadas sin tenerlo, exigían un papa romano que viviese en Roma. A los pocos dias muchos de los cardenales de aquel cónclave se reunieron en las cercanías para elegir a otro Papa, esta vez a Clemente VII, generando así el cisma. Los detalles de este proceso son enredadísimos, dado lo enrevesado de la misma historia europea, en este caso relativa a la interacción entre Francia y el estado papal, y la intención de los cardenales franceses –que eran mayoría- de seguir viviendo en Avignon, un lugar mucho más confortable que aquella Roma decadente, pestilente y peligrosa. Para ellos, la excusa de que la primera elección no fue libre, sino condicionada por las amenazas del pueblo romano, era más que suficiente para proceder a elegir a Chemente, e irse de Roma.

Con aquel Cisma de Occidente se tuvieron entonces dos Papa, o dos antipapas, puesto que para ambos, el otro era el antipapa, procediendo así a un partido de acusaciones de herejías acompañadas de excomuniones, que más bien recuerdan a los lances mágicos que con su respectiva varita se intercambiaban los buenos y los malos de las películas de Harry Potter.

Bromas aparte, la cristiandad estaba muy confundida y traumatizada, porque después de todo, el no saber quién es el representante de su Dios en la Tierra no era como para vivir tranquilo, en una época donde el más allá, con su premio o condena eterna era considerado como algo muy tangible.

Los papas o antipapas murieron, y fueron sucedidos por otros de parte y parte, quienes procedieron de la misma forma con sus anatemas -Bonifacio, Inocencio, Gregorio, Benedicto, Alejandro, Juan-, al tiempo que en ese río revuelto metían la mano otros reyes y teólogos quienes, al igual que el TSJ chavista, interpretaban a conveniencia las Escrituras y las mismas leyes de la Iglesia para favorecer a sus candidatos, y presentarlos como los verdaderos representantes terrestres del Creador.

Como en la actual Venezuela, aquel no era precisamente un entorno llamado a practicar la verdad o la misericordia, sino un entramado corrupto para defender territorios y riquezas arrebatadas, a cuenta de la fe de los creyentes. Y como en esta Venezuela, estar en un bando o en el otro era muy peligroso para mantenerse con vida, especialmente si uno estaba en territorio hostil, donde el bando contrario tenía licencia para ejercer el poder temporal. Si lo dirá así el magistrado Angel Zerpa, apresado por el Sebin por ser un antimagistrado, de acuergo a los magistrados del TSJ chavista.

Nótese que ya no se puede hablar de TSJ oficialista, puesto que habiendo ya dos TSJ, uno impuesto a la fuerza e ilegalmente por aquella AN chavista, y otro designado por la actual AN, a la cual aquel TSJ considera en desacato, siendo por tanto nulos todas sus decisiones, pues el venezolano incauto y de buena voluntad ya no se sabe cuál es el TSJ  verdadero, ni cuál es el impostor.

Al igual que hicieron hace siglos los cardenales, ambas AN tomaron a la Constitución chavista como referencia para sus decisiones –el chavismo además se apoya en su TSJ para reinterpretarla-, y con todo ese enredo, el pobre cristiano opositor de a pie lógicamente está tan confundido como aquellos creyentes de hace siete siglos.

Ahora tenemos dos TSJ en Venezuela, aunque por los momentos estamos algo mejor que la cristiandad de entonces, donde no solo hubo dos papas –o antipapas…-, sino que en un esfuerzo para superar el Cisma hubo un grupo que eligió a otro Papa, el cual obviamente no fue reconocido por los otros dos, y por tanto la cristiandad se dio el lujo de tener tres papas –o tres antipapas…-, con lo cual Dios debió sentirme más que satisfecho al tener tantos voceros oficiales terrenales.

Afortunadamente, al menos, parece que ningún otro grupo alterno al chavismo oficial, ni a la oposición oficial, tenga fuerza suficiente como para tener un tercer TSJ. Algo es algo, pues.

Una vez consumado el cisma judicial venezolano, de inmediato se pasó a la represión por parte de quien tiene el poder temporal, y Angel Zerpa, magistrado –o antimagistrado, repetimos-, quien tiene la mala suerte de vivir en territorio de caza del TSJ chavista, pues está preso, acusado tanto de ser un impostor –penado por el Código Penal-, como por traidor a la patria, que es la acusación que los cubanos le han enseñado al chavismo para que la use y así poder someter a sus víctimas a la justicia militar.

Como tanto las coronas, con sus conflictos internos, y el mismo papado, dependían de los apoyos entrecruzados entre unos y otros, con el tiempo las cosas fueron evolucionando hasta crear las condiciones para superar la división, lo que ocurrió en el Concilio de Constanza con la elección de Martín V. Lo interesante fue el sustrato teórico que permitió salir del atolladero, cual fue que que la autoridad de la Iglesia no reposaba ni sobre el Papa ni sobre los cardenales, sino sobre la llamada agregatio fidelium, que deberían ser los creyentes, pero que en realidad la constituían los poderes fácticos, esto es, reyes y emperadores.

Aquel llamado teórico a la soberanía popular de los creyentes, soberanía inexistente al estar aplastada por los diversos absolutismos de la época, es justamente el espejo roto de la actual Venezuela, un espejo que se quebró con el referendo fallido de 2016, al apartar la soberanía popular en favor del poder chavista dominante, y con la inminente imposición de la Constituyente madurista, al ignorar el rechazo que esta genera en la mayoría de los venezolanos, un rechazo expresado el pasado 16 de Julio. En síntesis, que estas cosas no las resuelve el pueblo, sino quien tiene el poder para imponerse.

El cisma venezolano está cantado ya. La actual profundización de la división espiritual e institucional habría hecho saltar de felicidad a su iniciador Chávez, aunque a la legítima Asamblea Nacional –elegida libremente por votación directa y universal-, no se le contraponga otra asamblea nacional, sino el TSJ chavista, que no solo interpreta leyes y constitución, sino que legisla y ordena al Poder Ejecutivo, en una suerte de cisma legislativo algo híbrido, pero igualmente letal para el país.

Por su parte, el cisma judicial se ha expresado cuando al TSJ chavista se la ha contrapuesto el TSJ de la Asamblea Nacional, aunque injustificadamente juramentado hace un par de días en la sede más irrespetuosa que la MUD y los mismos diputados de la AN hubieran podido escoger para ese acto tan trascendental, o sea en una plaza, en vez de hacerlo como debió ser, dentro de la sede de la misma AN.

Para completar el cisma, ahora solo falta contrastar al Poder Ejecutivo chavista un Poder Ejecutivo alterno. Ese sería el tercer golpe democrático para luego comenzar a actuar sobre bases más firmes.

En las dictaduras, este gobierno se concreta estando en el exterior -para evitar ir presos-, como primer paso para ser reconocidos internacionalmente e iniciar con paso firme el aislamiento de la dictadura chavista.

Ese gobierno alterno difícilmente ocurrirá puesto que todo indica que la MUD no piensa transitar ese camino, aunque tal vez las circunstancias la obliguen a ello luego de que la Constituyente madurista y cubana cobre cuerpo.

Por tanto, ya va siendo hora que se pongan de acuerdo en ese tema tan sensible y que tantos errores les ha hecho cometer en el pasado. La unidad mostrada en la consulta popular del 16 de Julio fue un síntoma muy esperanzador, pero si las circunstancias así lo imponen, es bueno ir pensando en ponerle nombre y apellido a dicha unidad.

Al igual que aquellos papas insensatos, quienes con su avidez de poder retrasaron la unidad cristiana casi 40 años, para superarla además con una buena parte de soberanía papal perdida, nuestra dirigencia opositora ha perdido al menos 15 años, con su respectiva pérdida de credibilidad.

Ahora que el momento de los sacrificios personales está cada vez más cerca, se presenta una oportunidad para recuperar todo el terreno perdido en el ánimo de los venezolanos.

Y si se ponen de acuerdo, no olviden presentarles a sus compatriotas un plan de país serio.

Hermann Alvino

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