Chavismo y revolución (6): qué hacer para forzar su final.


– Para que una revolución sea exitosa se requieren tres condiciones: un sustrato social preparado que acepte el cambio, un catalizador que lo active, y las armas que la respalden. Las tres son condiciones necesarias, más no siempre suficientes, puesto que el azar les juega a favor y en contra.

– El sustrato siempre es la inconformidad extrema de la mayoría de la población, porque cuando ésta, aún a costa de grandes sacrificios, logra de alguna manera resolver su día para alimentar a su familia, solo sueña con estar mejor sin pensar en un cambio radical, mucho menos involucrarse en él.

– El catalizador en cambio tiene muchas variantes, siendo cualquiera de ellas suficiente para activar el proceso. Pero por más potente que sea dicho catalizador, si no aparece en el momento y lugar adecuado, aún con el sustrato social dispuesto arrasar con todo el sistema, no logrará su objetivo.

– Por ejemplo, el catalizador de la Revolución Rusa que culminó en Octubre de 1917 fue la manifestación  de Febrero de dicho año de las obreras de la textilería Hilo Rojo de San Petersburgo. El sustrato de inconformidad se podía intuir de los informes policiales que afirmaban “las mujeres, agotadas por el hambre de sus hijos y de las interminables esperas frente a las tiendas de abastecimiento, en la actualidad tal vez estén más prestas a la revolución que sus hombres”.

– El catalizador de la Primavera Árabe fue un simple vendedor de frutas y hortalizas de un puesto ambulante en Túnez, quien harto de los abusos policiales, se inmoló; un gesto que pudo haber pasado desapercibido e inútil, pero la gente estaba lista, y lo tomó como el impulso para la rebelión general.

– El catalizador que poco después conllevó al derrumbe de la Unión Soviética, fue el permitir paso libre a través del Muro de Berlín por un error de declaración del vocero del gobierno de Alemania Oriental. Ese asunto pudo haber sido solo un episodio menor si Gorbachov, para entonces líder de la URSS, no hubiese aceptado que el sustrato estaba preparado para un cambio inmenso.

– El catalizador para la revolución frustrada que suponía El Caracazo fue el aumento de la gasolina impuesto por CAP II, un activador perfecto dentro de una sociedad que había roto con la clase política y empresarial. Sin embargo, ni el azar ni las FFAA jugaron a favor de ese caos que se habría producido.

– El catalizador para el triunfo chavista no fue el golpe frustrado de Chávez, sino el error histórico de mostrarlo en televisión recién capturado, a cuenta de que le ordenara a los rebeldes deponer las armas, puesto que “por ahora” no se habían cumplido los “objetivos”. Fue ese momento, cuando en gran parte de la población, cuajó el sentimiento de que allí estaba el demiurgo que la iba a rescatar y reivindicar.

– El mismo catalizador a veces se genera por puro azar. Por ejemplo, si unos cuantos miles de votantes de las planicies de EEUU no se hubieran movilizado para darle el triunfo a Trump en unos pocos estados, éste no habría podido obtener los delegados para ser electo Presidente. Aún con tres millones de votos menos que su rival Clinton, el azar dispuso que triunfos relativamente menores se potenciaran dentro de un sistema electoral anómalo. Y el triunfo de Trump es una revolución, para mal del planeta.

– Pero la revolución no solamente es sinónimo de barrida con una democracia para instalar una dictadura o régimen autocrático, sino que también es lo contrario, cuando se tumba a un régimen en favor de una democracia. Por tanto, si consideramos que el chavismo fue una revolución, salir de éste para que Venezuela vuelva a ser una democracia también será una revolución.

– El problema de las revoluciones, especialmente si consideramos el factor fuerzas armadas, y las pobladas con horcones, no es tanto el no saber muy bien cómo empezó todo, sino que tampoco se sabe como terminará. El río revuelto dará para todo, tanto para la libertad como para un relevo de dictadores, tanto para extirpar un cáncer social como para iniciar una guerra civil. La unidad o la división de las fuerzas armadas complica cualquier predicción, y lo único que se sabe es que una vez resueltas sus contradicciones internas, por donde se decanten los militares lo hará la revolución.

– El catalizador perfecto para tumbar al chavismo apareció una noche de Abril del 2013 cuando centenares de miles de venezolanos estaban dispuestos a cobrar el triunfo electoral de Capriles frente al descarado fraude chavista y cubano para darle más votos a Maduro. El vuelvan caras de Capriles para que la gente se fuera a casa, es uno de los pocos ejemplos de la Historia donde quien tiene el liderazgo desprecia el gesto a favor que el destino le otorgó. El precio que el país ha pagado por ese desdén, en vidas asesinadas, muertas por hambre y por enfermedades, deterioro material, institucional y espiritual generalizado, ha sido mucho mayor que la sangre que se habría derramado aquella noche para retomar la democracia. Ahora solo falta que Capriles lo pague con una muy larga sequía de éxitos en su trayectoria política.

– Luego de aquella noche la dictadura chavista se fortaleció, no solamente por la tutoría cubana, sino porque confirmó que la oposición carecía de la voluntad para jugársela completa, algo que pudo ratificar con el fallido referendo, y las sesiones de diálogo dirigido por el mismo régimen.

– El liderazgo opositor, dividido por las aspiraciones personales de sus líderes, tampoco supo aprovechar el impulso de los primeros días posteriores al arrase electoral en las elecciones a la Asamblea Nacional, lo que indica que no terminan de comprender que una revolución, o un cambio de ciclo, no llega por generación espontánea, sino por saber aprovechar el catalizador que el azar y las circunstancias nos va poniendo al alcance de la mano. Solo cuando se percataron que la población también les estaba dando la espalda a ellos mismos, fue se decidieron a actuar, y aún así, lo han estado haciendo por ráfagas, dentro de un mar de contradicciones, hasta llegar a la toma de las calles, sin aún optar por la paralización total del país como vía alterna a una insensata e irrealista, a la vez que contradictoria, rebelión civil armada.

– La Venezuela decente y demócrata está sola, puesto que no puede contar a plenitud con las organizaciones internacionales, y ni siquiera con las nacionas amigas más poderosas, puesto que éstas juegan al cuide interno, y a la salvaguarda de los negocios actuales con el régimen. El catalizador por tanto, no vendrá desde el exterior, sino que volverá a presentarse por alguna circunstancia interna.

– Por su parte, la opción de la Asamblea Constituyente de la dictadura chavista es un intento serio de reagrupar todas las fuerzas afines al régimen, incluyendo la disidencia al madurismo, para darle un definitivo palo a la lámpara al poco margen de libertades políticas y económicas que aún queda en Venezuela.

– Cuando Arias Cárdenas reta a los opositores por la vía de las armas, se confirma que ese individuo, al igual que lo fue su jefe Chávez, siempre ha sido mala gente, pero con un apariencia más benévola del barinés. Arias se dirige al chavismo extremo, a los militares chavistas, pero fundamentalmente a Maduro y los cubanos, para que lo tengan en cuenta a la hora del nuevo reparto que tienen en mente.

– Tanto la Constituyente, como gestos al estilo Cárdenas, adobados con frases que suponen que Chávez dejó un legado que hay que conservar y potenciar, son los activadores con los que el chavismo busca reactivar una corriente de apoyo a su revolución.

-Puede que le resulte, o puede que no, y eso lo saben algunos miitares y jerarcas del chavismo, excepticos con la Constituyente, con su plan B, en el que han gastando millones de dólares en inversiones y propiedades para obtener pasaportes y residencias legalizadas de otro país. Sin embargo el grueso de la dirigencia chavista no esta dispuesto a dejar el poder.

– Por ello, suponiendo que la consulta de base opositora, a la cual seguramente concurrirán más de 11 millones de venezolanos, sea un oportuno catalizador que active la rebelión o huelga general de un país cuyo 80 % le ha dado la espalda al chavismo, lo que falta por resolver es cómo podría concretarse el cambio.

– No es realista esperar ese cambio sería por vías de negociación entre civiles, y que las fuerzas armadas, ya manchadas de chavismo y deshonra, no la tuerzan a su favor, ni suponer que se inclinen sin condiciones al cambio, puesto que ellos constituyen parte fundamental del poder chavista y una enorme aspiradora de riquezas malhabidas, a las cuales difílmente renunciarán.

– Así mismo, una negociación como la que está en el ambiente, como la que insinúan mediadores como Rodríguez Zapatero o el Vaticano, que inevitablemente supondrá jerarcas y familiares chavistas protegidos en el exterior, militares con garantías en la gestión de empresas del Estado, aún con altas probabilidades de éxito sería la definitiva debable moral de cualquier alternativa democrática.

– Lo que habría que hacer con esa multitud que votará este Domingo 16 de Junio, es tomar ese impulso para acordar un gobierno de transición, de ser necesario en el exilio, solicitar su reconocimiento de los países democráticos, y una vez logrado dicho objetivo, solicitar sin dilación órdenes de captura a la Interpol -basadas en los soportes sólidos que ya se tienen a la mano- por delitos de prevaricación –para miembros del CNE, Fiscalía, Contraloría, Poder Moral y TSJ-, por delitos de corrupción –casi todo el tren ministerial del chavismo desde sus inicios, y una parte importante de la oficialidad armada-, y por delitos contra la humanidad –oficiales y policias del régimen-, así como el secuestro de cuentas y propiedades, para que en su momento se solicite la extradición de esos delincuentes para someterlos a juicio junto con los endógenos que hayan permanecido dentro de nuestras fronteras.

– No es con las armas que tumbaremos al chavismo, pero tampoco con las votaciones que organizará el CNE, sino con hechos cumplidos, como un gobierno de transición de facto respaldado por muchos millones de compatriotas, que sea debidamente reconocido en el exterior -precedentes ha habido de sobra-, y que sea creíble en sus intenciones de hacer justicia frente a estos 18 años de criminalidad continuada. Solo así los militares estarán obligados a retratarse, y optar por plegarse o reventarlo todo.

– Por supuesto, asumimos que la oposición tiene un plan de país…de lo contrario no solo sería moralmente degradante negociar con estos malandros chavistas, sino que haría un ridículo monumental frente quienes, en el resto del mundo, ven con cierta simpatía un cambio para bien de la democracia. O sea una revolución.

Hermann Alvino

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