Chavismo y revolución (5): el legado material de Chávez


Desde la muerte de Chávez los compinches del barinés que se quedaron con el poder se llenan la boca con eso del “legado” del Comandante, prometiendo a cada momento entregarlo todo para mantener dicho “legado”.

Tal vez ésto sea lo único en que esta gentuza ha cumplido. Veamos.

De acuerdo a la Real Academia Española, además de referirse al legado como término para definir ciertas personalidades y autoridades públicas, militares o eclesiásticas, dicha palabra se utiliza  como:

  1. m. Disposición legalmente formalizada que de un bien o de una parte del conjunto de sus bienes hace el testador a favor de alguien y que debe ser respetada por el heredero o herederos.
  2. m. Aquello que se deja o transmite a los sucesores, sea cosa material o inmaterial.

De acuerdo al segundo punto, salta a la vista que Maduro es legado de Chávez, puesto que fue a él quien designó sucesor, ya drogado por medicamentos cubanos e hipnotizado por Fidel. Maduro entonces es esa suerte de cosa inmaterial de la que habla la RAE, aunque las consecuencias hayan sido materialmente nefastas para todos, lo cual es coherente además con el primer punto, que establece que los herederos deben respetar el legado, cosa que han hecho a rajatabla, manteniendo la arbitrariedad y el abuso, el nivel de corrupción y la ineptitud para gobernar en los mismos niveles en que los dejó su jefe, siendo la única diferencia de tipo cuantitativo, como ha sido la renta petrolera mermada.

Chávez, con todo y su obsesión por ser encarnación de Bolívar, al contrario del Libertador, a la hora de la chiquita sí designó sucesor. Bien podía haber hecho como Alejandro Magno, que en plena agonía, cuando le preguntaron a quién se iba a traspasar el mando respondió… al mejor. De haber sido así habríamos visto una suerte de canibalismo político y sicariato extremo que bien habría debilitado mucho al chavismo. Lástima entonces que Chávez ni leyó bien lo que no hizo Bolívar durante sus últimas horas, ni mucho menos habrá leído al emperador macedonio.

Pero aún designando a alguien menos burro y vulgar como Nicolás, ni a algún chavista que mirara al castrismo como gallina que mira sal, infortunadamente para millones de venezolanos, es el miserable legado material de Chávez lo que nos ha destruido como país y nación soberada, un legado con el cual, como se ha dicho al inicio, sus compinches han sido constantes en mantenerlo a plenitud, y por tanto, sean analfabetas funcionales como Maduro, o anticubanos como Cabello, incapaces de superarlo.

Ese legado es una Venezuela colonizada por Cuba y convertida en un estado fallido.

Un Estado por tanto territorialmente fallido, por haber perdido el control de las fronteras, por la presencia de guerrillas foráneas, porque países vecinos nos van invadiendo, y porque el territorio es coto de secuestro, base logística de carteles de droga, de contrabando y minería ilegal, y de entrenamiento de grupos de terroristas, siendo entonces también un fallido al contener un Estado alterno hostil dentro del Estado mismo.

Un Estado militarmente fallido, por la presencia de bandas armadas, equivalentes a las que en otros países combaten a la orden de señores de la guerra, y que en nuestro caso las denominamos «colectivos».

Un Estado fallido por deslegitimación, por el fraude y el ventajismo electoral, por saltarse las normas de convivencia interna e internacional en materia de derechos humanos e interferencia directa e indirecta en otros países y foros internacionales, lo que lo convierte además en un Estado fallido por colapso institucional, como se desprende de la gestión del TSE, CNE, Fiscalía, Contraloría, y por supuesto, la Asamblea Nacional. Por tanto, nada de andar olvidando las tropelías de la hoy candidata a Juana de Arco, Ortega Díaz.

El país es un Estado fallido en lo financiero, por la enorme deuda creada por el régimen, quien además, al destruir la industria nacional privada, la minero metalúrgica, la petrolera, y la infraestructura física y asistencial, impide crear riqueza para revertir el proceso.

Venezuela es un Estado fallido por el secuestro que conlleva la presencia cubana en todos los niveles de consulta y decisión, cual poder político real que controla el país.

Con base a esta visión de Estado fallido se pueden enumerar todas y cada una de las opciones que Chávez escogió para configurar ese legado material: el clientelismo masivo, el discurso divisionista, el Estado y los jerarcas del chavismo como propietarios o interventores permanentes de toda actividad económica, la exclusión de cualquier tipo de disidencia organizada de todas las instituciones con la eliminación del pluralismo político y mediático, la destrucción de la infraestructura física del país, incluyendo a PDVSA y a las empresas básicas de Guayana, y la disolución de las líneas que separan a los poderes públicos, y la utilización de las instituciones del Estado para utilizar todas las variantes de represión frente a los disidentes, sean éstas argucias legales o simple violencia física.

Todo este poder discrecional, en manos de ineptos y de resentidos sociales, basado en la violencia y el abuso, y en la impunidad con que sus jerarcas civiles y militares han saqueado las riquezas del país, ha terminado por consolidar una criminalidad del Estado mismo, unida a la de sus colectivos y fuerzas de seguridad, y una escasez de bienes y servicios de la cual no se podrá salir sin un cambio real de paradigma.

El legado material de Chávez entonces, no solamente consiste en que una banda de ladrones haya tomado el poder para saquear a todo un país y arrinconar a sus atribulados habitantes bajo la amenaza política de la cárcel, o la posibilidad real de ser asesinados por el desbocado crimen callejero, sino en que aún quienes puedan a estas alturas llegar a creer sinceramente en un modelo de estas características que sirva de alternativa al capitalismo, han probado ser ineptos y poco preparados para comprender la complejidad de gobernar una sociedad.

Hay otro legado material de Hugo, como es el de las riquezas con que se rodeó en vida, y que ahora disfrutan sus hermanos, o sus hijitas. Por las prendas que cargaba encima tenemos una idea de esa lujuria barinesa hija del resentimiento. Pero ese legado solo interesa a la Ley, ya imposible de aplicar, y a la integridad moral de un país, que en el caso venezolano ya andaba algo laxa desde hace varias décadas.

Pocas han sido en tiempos modernos las revoluciones elitescas o populares, que luego de llevarse todo por delante, no han realizado ningún progreso material durante su ciclo de poder. La de Chávez, para desgracia de Venezuela, ha sido una de ellas.

Hermann Alvino

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