Profesores universitarios indignos.


Una de los elementos más interesantes del legado de la fenecida democracia venezolana lo tenemos en la Ley de Universidades del año 1970. Aquella ley era sin duda imperfecta, por ejemplo, extendiendo la autonomía de su recinto al tema de la seguridad personal, puesto que allí dentro se podían cometer crímenes y delitos de diversa naturaleza y gravedad, sin que ninguna policía pudiera intervenir, algo absurdo pero posible, por el concepto errado de autonomía muy de aquella izquierda que desde siempre ocupó los cargos más importantes de gestión en las universidades públicas. Por cierto, la misma intelectualidad chavista que redactó la chapuza de la actual ley universitaria.

Pero por otra parte, aquella ley de la democracia tenía ciertos filtros muy importantes, como aquel que preveía la remoción de profesores una vez probado que hubieran cometido ciertos delitos o actos. De esto último hablaba el Artículo 110:

Los Profesores Titulares, Asociados, Agregados y Asistentes, sólo podrán ser removidos de sus cargos docentes o de investigación en los casos siguientes: 1.- Cuando individual o colectivamente participen en actividades o manifestaciones que lesionen los principios consagrados por la Organización de las Naciones Unidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos…

Realmente, lo  que se pretendió con aquel artículo es combatir lo que en la actualidad se denomina como delitos de odio; recordemos que aún debían transcurrir varios años para que el tema de los derechos humanos fuera considerado más en detalle en las agendas públicas, algo que tuvo un gran empujón durante la presidencia de Carter en EEUU.

Falta por supuesto detallar en qué consiste un delito de odio a la luz de la Declaración Universal de los Derechos Humanos –http://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/-; pues bien, si se repasa el articulado sobre los principios que deben regular la seguridad personal, familiar, religiosa, jurídica, cultural, entonces cualquier acción individual, colectiva o institucional –venga del sector privado o del Estado- que restrinja e infrinja los postulados de la Declaración, constituyen un delito de odio, puesto que esa represión se basa en lo que la persona es, o piensa, con lo cual se pone en evidencia de que en la actualidad no existe un país que cumpla a cabalidad con la Declaración –ejemplos sobran sobre la persecusión religiosa en China, la sexual en África y Rusia, la personal en Venezuela, unido a la xenofobia y racismo trumpiano y de la Europa católica más fundamentalista.

Ahora bien, manteniéndonos en el plano universitario, en un medio digital español, caracterizado por su apoyo irrestricto al chavismo, y siendo sus comunicadores unos permanente difusores del Partido Podemos, nos topamos con la más reciente columna del profesor universitario Juan Carlos Monedero -la cual puede leerse en: http://blogs.publico.es/juan-carlos-monedero/2017/07/01/gente-que-odia-tambien-en-venezuela/-, en la que se habla de la oposición de Venezuela, presentando falsedades, medias verdades y ocultando hechos conocidos y comprobados.

El desprecio y las falsedades que Monedero riega en su escrito, más la saña con que aborda la acción opositora venezolana, lo hacen merecedor de un delito de odio, el cual –incluso sin ir a los extremos de interpretación que de su propia constitución chavista hace el TSJ venezolano- perfectamente es imputable de acuerdo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y por tanto causal de remoción de este profesor. Claro, se supone que en España debería haber una Ley de Universidades más o menos seria –que no la hay, al punto que las tropelías y plagios de rectores y profesores pasan por debajo de la mesa-, debería haber universidades públicas serias –que tampoco las hay, y así se evidencia por su ausencia en la lista de universidades más prestigiosas del planeta.

Lo lamentable del caso es que en la mezcla de elementos históricos e ideológicos con el que Monedero intenta evidenciar la injusticia y desigualdad social contemporánea, hay verdades innegables; sin embargo, utilizar esos elementos como relleno para colar el odio hacia una oposición legítima, llamando golpistas a sus protagonistas que en otra realidad serían sus propios alumnos, es una bajeza intelectual indigna de un profesor universitario.

Lo cual trae al debate el tema de la libertad de cátedra, entendiendo como tal el infinito margen que tenemos los profesores universitarios para buscar la verdad, manteniendo la racionalidad sobre las creencias personales, respetando la evolución del pensamiento filosófico para combatir nuestros propios prejuicios, actuando de manera cónsona con un método científico que ya tiene medio milenio de vigencia y del cual solo podemos concluir que toda verdad es falsificable, y por tanto mejorable, cuando es sustituida por otra extraída con el mismo método y rigurosidad.

Porque la libertad de cátedra no acepta el activismo político –al menos cuando se ejerce la docencia-, mucho menos la manipulación ideológica, y en el caso de Monedero, la distorsión informativa sobre hechos conocidos y realidades sociales comprobadas con métodos universalmente estandarizados, incluso  por instituciones afines -cuando no idénticas- a su ideología.

Podemos y Monedero pueden apoyar al chavismo, cobrar por servicios de asesoría realizados o no –allá ellos con los impuestos de su país, allá Chávez o Maduro que regalan el dinero de todos los venezolanosm y allá los votantes chavistas que se lo calan-; Podemos y su líder, Iglesias, incluso pueden mirar hacia otro lado cuando se encarcela a Leopoldo López y a los alcaldes Ledezma y Ceballos, en un gesto indigno de un partido y gentes que se autodefinen como demócratas, pero un gesto que al fin y al cabo representa un posicionamiento político dentro de la cloaca de la política española en la cual el mismo Podemos está inmerso.

Allá ellos entonces, junto a sus votantes, y los millones de jóvenes analfabetos funcionales e ignorantes incluso de su propia historia contemporánea -analfabetos e ignorantes por obra y gracia de un sistema educativo español poco acorde con estos tiempos.

Lo que en cambio no se puede tolerar, es que siendo profesores universitarios callen o difundan falsedades como las de Monedero, cuando se asocia la rebelión de estudiantes venezolanos con el golpismo, y cuando se apresan estudiantes que manifestaban para ahora someterlos y juzgarlos por tribunales militares, siendo esto último algo que por lo que ningún profesor universitario que se precie de demócrata debería callarse, especialmente Iglesias y Monedero, junto al otro profesor universitario Errejón, para quienes parece que los estudiantes universitarios venezolanos son carne de segunda, sin derecho a disentir, al contrario de lo que ellos sí promueven dentro de su grey universitaria.

Como la Historia es un cuero seco, que si se pisa por un lado se levanta por el otro, probablemente cuando en Venezuela vuelva a la democracia y la libertad, en España esté Podemos gobernando, o siendo parte importante del gobierno, para hacer de ese país, ya moralmente disecado por el Partido Popular, otra sucursal del infierno similar a la que el chavismo hizo de Venezuela.

Entonces podrán comprobar cómo los profesores demócratas venezolanos apoyarán a los estudiantes españoles, aunque sigan ignorantones y confundidos como han estado los nuestros durante décadas, por causa de esos profesores universitarios de izquierda indignos de ese noble oficio.

Hermann Alvino

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