Chavismo y revolución (1): exitosa, pero horrible.


– Revoluciones ha habido muchas, pero revoluciones populares bastante menos.

– Entendemos por revolución cuando un evento o secuencia de acontecimientos ponen patas arriba al vigente sistema social, político y económico, para sustituirlo por otro.

-Hasta la Revolución Francesa, esto era un asunto de las élites de una sociedad –la élite política, económica, militar, los nobles, la casta religiosa, etc.

-Es a partir de la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII cuando el pueblo llano propiamente dicho se involucró en los asuntos públicos; luego vendrían muchas otras revoluciones –en la misma Francia del siglo XIX un fenómeno similar, pero más comedido, fue la Comuna de París-; por su parte, el paradigma más conocido del siglo XX fue la Revolución Rusa –iniciada el 23 Febrero del calendario ruso, que equivale al 8 Marzo occidental…-, con una huelga de las tejedoras del telar Krasnaja Nit –traducido como Hilo Rojo-, un evento a partir del cual se encadenaron esos acontecimientos que terminaron cambiando la vida de millones de personas durante 75 años. En este siglo XXI, las revueltas populares más conocidas –algunas exitosas y otras fallidas- han sido las de la Primavera Árabe en el Norte africano.

– En Venezuela, salvo la actividad de Boves y de algunos líderes de base de aquellos tiempos, todos marginados por las élites, prácticamente no ha habido ni revoluciones ni intentos revolucionarios populares propiamente dichos -porque hasta Zamora era militar, o sea miembro de una élite-; de manera que, salvo el Caracazo, al igual que una que otra revuelta de desarrapados del siglo XIX -descalzos, y armados si acaso con machetes-, ni siquiera el 23 de Enero de 1958 fue una revuelta popular, sino un asunto entre militares.

– Lo cual nos lleva a recordar que el chavismo tampoco fue una revolución popular, sino una toma de poder de un miembro de la élite militar –Chávez, para entendernos- a partir de la laxitud de la entonces élite gobernante que conllevó a la pérdida de la república. Eso sí, puso el país patas arriba, siendo por ello una revolución, pero elitista.

– La Historia enseña que a la revuelta, casi siempre le sigue una transición anárquica más o menos larga como preludio a eventos que definirán el asunto como una revolución exitosa, o una revuelta fallida.

– La anarquía que conllevó la Revolución Francesa fue el sustrato del subsiguiente imperio napoleónico; por su parte, los desórdenes de la Revolución Rusa desembocaron en el asalto al poder de los bolcheviques. El fruto de la Primavera Árabe en Túnez fue un cambio de sistema que abrió espacios de libertad, mientras que en Libia provocó la desintegración material del país –Libia está dividida en tres territorios en continua disputa-; en Egipto la apertura electoral liderada por los Hermanos Musulmanes fracasó por su sectarismo, provocando la vuelta a una dictadura similar a la anterior, y en Siria ha provocado una guerra con profundas consecuencias en todo el Medio Oriente, Rusia, Turquía, Irán, y EEUU, con el territorio dividido entre la porción que controla el régimen de quien según Chávez era su hermano Assad, y las porciones en manos de grupos rebeldes disímiles, en un combate de todos contra todos.

– Esa anarquía entonces, de imponerse la revuelta y convertirse en revolución capaz de controlar población y territorio, a la postre implicará una lucha por el poder de las nuevas élites, las cuales a su vez pueden derivar de las anteriores a las que desplazaron, o que surgen repentinamente de ese pueblo que se adueñó de la calle.

– Instaladas así las nuevas élites en el poder, el ciclo se repetirá, lo que recuerda a El Gatopardo de Lampedusa –todo cambia para que nada cambie-, a menos que ese cambio implique gobernar con la honestidad y efectividad suficientes para que el nuevo orden dure un plazo más largo que corto.

– Por supuesto, las nuevas élites también surgen inevitablemente a partir de las revoluciones no populares: los bolichicos son el producto maligno del chavismo, al igual que los grupos de poder que por dinero y nepotismo giran alrededor de Cabello, Cilia, Ortega Díaz, o de El Aissami, Adán Chávez, et all.

– Sin embargo, lo más triste –si cabe el término- es percatarse de que parte de aquellas élites de la democracia, ahora en manos de sus herederos políticos, mantienen su vigencia sobre un terreno en cuyo subsuelo abundan vasos comunicantes con el chavismo por donde han estado fluyendo durante 17 años las complicidades que han hecho posible negocios con el cambio de divisas, empresas de apuestas ilegales, chequecitos cada mes para una que otra fundación, contratos millonarios de suministro de bienes a las empresas del Estado, etc. Todo un entramado que le resta credibilidad a parte de la oposición formal.

– Queda entonces por definir si lo que tumbará al chavismo será una revuelta popular o una elitista, revuelta que al cumplir su objetivo podría entonces definirse como revolución.

– La eventual revuelta popular para defenestrar al chavismo obviamente no surgirá de las mismas bases chavistas, sino del pueblo que actualmente toma la calle, siempre que en algún momento éste pueda disponer del suficiente poder de movilización y paralización de la estructura productiva petrolera.

– Es evidente que ese pueblo opositor no dispone de un liderazgo único ni de la organicidad necesaria para una acción más eficaz -la MUD, por diveras razones, carece de la capacidad para asumir el mando-; por tanto si esa toma de calle llegara a transformarse en revuelta generalizada, el escenario nacional evolucionaría rápidamente para convertirse en anarquía.

– Para que no haya esa anarquía, solo quedaría esperar que el golpe de mano lo protagonice alguna élite, algo que no sería nada edificante para la democracia, pero al menos podría traer algo de orden dentro del caos nacional. Ello podría provenir de diversas fuentes: de algún grupo de la jerarquía chavista y militar –por ejemplo gente como Cabello-, de ciertos sectores económicos civiles y chavistas, que aseguren mantener los privilegios fundamentales de la casta militar, o de una alianza entre una porción de las fuerzas armadas y empresariado civil no chavista -–una posibilidad que a partir de aquel golpe fallido del empresario Carmona mantiene su vigencia.

– Infortunadamente, dado el escenario actual nacional, la salida democrática no es factible, porque todo indica que la dictadura será capaz de imponer la constituyente madurista, y con ello reformular todos los tiempos y reglas de juego con los cuales la MUD ha contado, tanto para las elecciones locales y estatales como para las presidenciales del 2018. En este sentido aquello que afirmó Capriles de que “el tiempo de Dios es perfecto” reflejó no solamente su profunda confusión teológica al pretender que Dios se ocupe de estos asuntos terrenales, sino un inquietante sentido de la evasión al lanzar la pelota al tejado divino.

– Ninguno de estos escenarios es bueno para la paz social y la prosperidad material que urgentemente requiere el país antes de convertirse irreversiblemente en un estado fallido, porque ni las élites chavistas ni las no chavistas potencialmente capaces de tomar el poder, se parecen a las que emergieron de las revoluciones exitosas –Napoleón, por ejemplo, desarrolló una labor civilizatoria que aún perdura en los códigos y leyes en todo el planeta y la revolución rusa, con toda su carnicería humana y la crueldad comunista, llevó a ese país a un desarrollo material impensable bajo el zarismo –algo que se dice fácil, tanto si lo comparamos con dicho zarismo, como si lo medimos con el desarrollo material de Occidente.

– Sin embargo, dentro de esas dos realidades tan distintas en el tiempo, había algo en común como era provilegiar un sistema educativo serio y eficaz para formar esas élites que, con toda la corrupción que nace de los poderes absolutos, fueron  capaces de concretar aunque sea un mínimo de ese desarrollo material requerido por la gente.

– La degradación genealizada del sistema educativo provocada por el chavismo hace impensable disponer de camadas masivas de profesionales capaces de levantar a Venezuela, una hazaña que se complica en el tiempo por la devastación chavista de la industria petrolera nacional, provocando una letal sinergia entre baja internacional de precios petroleros y disminución de la extracción y refinación de crudo. El país está en ruina espiritual por la diabólica división social sembrada por Chávez, y en la ruina material, en lo petrolero, en lo minerosiderúrgico, en lo agropecuario, y en lo industrial, en un  mundo donde abundan lugares más atractivos para la inversión internacional como para que eventualmente vengan a poner sus reales en un territorio que estará mal administrado, y poroso legalmente hablando debido a que en pocos años no habrá una generación de relevo debidamente formada.

– Ciertamente entonces, lo de Chávez fue una revolución elitesca exitosa, pero socialmente desastrosa, por lo que la Historia no la recordará con estima. ¿Revolución bonita, como él la definía?, pues nada de eso, sino horrible y oscura, como los rincones de las almas resentidas y acomplejadas de todos ellos.

Hermann Alvino

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