Dabucurí


A finales de la Segunda Guerra Mundial, mientras se desplazaba en su zona de guerra sentado en el asiento del copiloto, el Jeep del General Patton sufrió un banal accidente que le partió el cuello al militar. Su muerte le fue bastante oportuna a Eisenhower, comandante supremo de. las fuerzas aliadas, con quien Patton mantuvo una fuerte discrepancia sobre la necesidad de seguir avanzando triunfalmente hasta Berlín, algo que para Eisenhower no era aceptable para no solviantar más de la cuenta a los rusos, sus aliados temporales, quienes sí llegaron a esa ciudad y a media Europa antes de los norteamericanos por el armamento suministrado por estos últimos, para facilitarles su papel de aliados en aplastar al nazismo por los cuatro costados. Tal vez, de haber prevalecido el criterio de Patton, se le habría ahorrado medio siglo de sufrimiento a esos millones de europeos que quedaron dentro del territorio abordado por la URSS, gobernado por los ancestros del chavismo. Pero eso es otra historia.

Patton, al igual que Eisenhower, durante aquella guerra tuvo una amante, un asunto complicado en aquel mundo de mojigatería hipócrita, más aún dentro unas fuerzas armadas que cuidaban mucho su imagen –algo diferente a lo que harían durante su guerra en Vietnam. Sin embargo, el desenlace de sus respectivos triángulos amorosos fue algo diferente: con Eisenhower una simple ruptura le hizo retornar a la normalidad conyugal –un requisito fundamental para proteger esa imagen de héroe y hombre de familia que años después le permitiría ser electo presidente de EEUU-; en el caso de Patton, una vez fallecido, su viuda, luego de concretar una reunión con su rival de amores, apenas iniciado ese encuentro le lanzó una maldición hawaiana que había aprendido en su vivencia en esas islas, producto de los tantos viajes de la actividad militar de su esposo.

Las palabras de la maldición fueron: Que el Gran Gusano te roa las entrañas, y que tus huesos se pudran poco a poco…su resultado fue casi inmediato, puesto que a los pocos días la maldecida examante del general se suicidó –la historia puede leerse en https://www.washingtonpost.com/news/retropolis/wp/2017/04/24/gen-george-pattons-wife-put-a-hawaiian-curse-on-his-ex-mistress-she-was-dead-within-days/

Aquel episodio viene al caso si tomamos en cuenta que hace pocas semanas, al gobernador del Estado Amazonas Liborio Guarulla lo inhabilitaron por 15 años para ejercer cargos públicos -Guarulla fue electo gobernador en tres elecciones consecutivas, contra toda la maquinaria del chavismo que desde el año 2000 siempre ha intentado ganarle las elecciones.

Pues bien, a partir de esa inhabilitación, que fue la culminación de un acoso chavista de 17 años impregnado permanentemente de mala fe, Liborio también lanzó una maldición -en este caso a Maduro y esa gente, como él mismo detalló en entrevista radial-, la cual, y al igual que la hawaiana de la Sra. Patton, tampoco se basó en ningún elemento judeocristiano, algo que, al menos en el caso de ésta, podía esperarse por ser una norteamericana muy creyente y practicante dominical, pero que en el caso de Guarulla no, pues él proviene de la etnia Baniva, que tiene unos dioses, cultura y cosmovisión que no se fundieron en el conocido sincretismo derivado de la imposición a sangre y fuego a la cual la Iglesia sometió a Latinoamérica a partir de la llegada de Colón.

Allá abajo pues, muy lejos de las tierras que protagonizaron la conocida historia de la colonia, durante casi 450 años solo han llegado unos pocos frailes, más motivados por una innata vocación social que por una misión religiosa fundamentalista, y es por ello que la gente que habita el verdadero Sur del país tiene una intimidad especial con la naturaleza.

Liborio, como egresado de la Escuela de Artes de la UCV, como conocedor de las técnicas modernas de acción política con las cuales proyecta su liderazgo en la región, o con su cuenta Twitter -@LiborioGuarulla-, representa una suerte de sincretismo que no responde a la clásica fusión de elementos religiosos relativamente etéreos, sino a algo mucho más concreto, como es el asimilar parte de los elementos de vida occidental sin darle la espalda a su ancestral visión de la vida.

La maldición del dabucurí, según explicó el mismo Liborio, no pretende que nadie muera, sino que al caer sobre esa gente –cita exacta de sus palabras-… ellos no morirán sin tormento, comenzarán a sufrir y su alma vagará por los sitios oscuros y pestilentes antes de cerrar los ojos.

La explicación resumida de Liborio sobre la maldición del dabucurí puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=ibpmWeYtp_k,  y el rito y parafernalia propiamente dichos, con Liborio mismo en la tarima dispensando cenizas sagradas a una multitud presa de  creciente paroxismo al grito de dabucurí, dabucurí, al tiempo que los asistentes de este chamán limpian el aire con el sonido puro de sus maracas, puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=2HRBgjfHGyk

Dabucurí no es una maldición en sí, sino un rito indígena cual fiesta ceremonial con el que se integran diversas etnias amazónicas, en una celebración de alimentos y bebidas –chicha, cachire- ofrendados a los dioses para que dispensen prosperidad. Que de allí nazca una maldición más bien es una excepción inevitable cuando por algún motivo a estos pueblos se les acaba la paciencia, algo que el chavismo logró con creces.

A partir de la conquista española, Venezuela siempre ha sido un crisol de sincretismo entre la más ortodoxa y fundamentalista doctrina católica y los elementos animistas y mitológicos africanos e indígenas. Cuando se ven las imágenes de la Virgen y de José Gregorio Hernández acompañadas con la de Guaicaipuro, al tiempo que se les rodea de velas, botellas con ron, tabacos, cuando San Juan en Curiepe para a ser un santo negro guaricongo, cuando se aprehende lo que sucede en Sorte, o incluso cuando uno logra pasearse por las tumbas de los malandros contemporáneos en el Cementerio General del Sur, se comprende que esos elementos siempre han estado allí, relativa y temporalmente callados -aunque latentes- por la occidentalización derivada de la efímera riqueza petrolera, pero dispuestos a cobrar nuevos bríos si se les solviantan, algo que hizo Chávez con su innata maldad para dividir a su propio pueblo, recurriendo al fantasma de Bolívar (!), y entregándose a los Orishas cubanos, herederos de sus tatarabuelos africanos que trajeron la religión Yoruba a nuestras plantaciones -una religión cuyo panteón no tiene nada que envidiarle al de los dioses de la antigua Grecia, pero que al deformarse inevitablemete al cruzar el mar, y ser asumida por ignorantones como Chávez, tuvo el campo abierto para degenerar en vulgar santería.

No es éste el caso de Liborio, puesto que por sus predios las creencias amazónicas aún mantienen intactos casi todos sus elementos milenarios, y a muchos de quienes le hemos dedicado décadas a recorrer todos los rincones del país en misión política y cívica, nos han donado collares y amuletos al compás de los conjuros benévolos de gentes como las del estado Amazonas, Bolívar, o Delta Amacuro.

Y es que con estas cosas nunca se sabe qué puede ocurrir, porque si les damos credibilidad a esas bendiciones, que hasta los momentos, y durante muchos, han hecho que la vida nos trate relativamente bien -al menos en salud y afectos, más no en las finanzas…-, también podríamos darle credibilidad a esas sus maldiciones, que ellos utilizan como defensa frente al invasor –en este caso un chavismo que hasta ha permitido que iraníes o rusos metan sus narices en nuestras riquezas minerales amazónicas, y profanen el suelo sagrado indígena.

Bien por Liborio pues, quien con una pulida voz de locutor del más alto nivel, al afirmar que si ellos tienen poder, nosotros también tenemos poder, y voy a convocar a mis ancestros, a mis chamanes, para que la maldición del dabucurí caiga sobre esta gente, nos recuerda que Venezuela es mucho más variada y compleja de lo que ese chavismo ignorante y malandro jamás podría sospechar.

Maduro y esa gente –Liborio dixit– entonces, harán bien en tenerlo presente, porque lugares oscuros y pestilentes para sus almas sobran…aunque uno se conformaría con que esa oscuridad y pestilencia sea solo material, y representada en las cárceles donde podremos encerrarlos algún día.

Hermann Alvino

 

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