20 píldoras sobre el odio chavista.


6363306842293683651- Entre varios otros que son más bien evidentes, uno de los pilares para la estabilidad de cualquier dictadura que se respete a sí misma –perdonen la frase…- es mantener llenos tanto el estómago como los bolsillos de los esbirros que se encargan de prevenir y/o reprimir los brotes de disidencia, sean de alcance limitado, como los que responden a un período más bien largo de incubación que representen una potencial amenaza a la supervivencia del régimen.

2- En este sentido, en toda dictadura seria, salta a la vista todo el entramado de privilegios destinado a los integrantes de las fuerzas armadas, tanto a la oficialidad, como a la soldadesca. Almacenes con bienes de consumo variados y a precios rebajados, instalaciones y armamento en el mejor estado posible, privilegios sociales y económicos diversos, como el acceso a clubes, a espectáculos con precios de descuento, créditos casi a fondo perdido para viviendas y vehículos, destinos especiales para el ocio junto a la familia, etc. Y como todo ello supone un andamiaje empresarial para el suministro de todos esos bienes y servicios, pues la alta oficialidad se beneficia adicionalmente con comisiones y sobreprecios, al estar en esa posición estratégica en la jerarquía que le permite pagar y darse el vuelto.

3- Lo único que esa gente no debe hacer es disentir del dictador… siempre que sean unos pocos, porque en ese caso, los militares y esbirros que consideran que deben seguir apoyándolo –para seguir enriqueciéndose-, los apresarán, los juzgarán con sus mismos tribunales militares, y los meterán tras las rejas por muchos años -los militares disidentes de la dictadura cubana son solo un ejemplo de ello.

4- Por supuesto, si por alguna circunstancia los militares disidentes pasan a ser una mayoría, no solo como individuos, sino por tropa bajo su mando, y llegaran a considerar que tanto económica como socialmente les convendría cambiar de dictador, o abrir el compás de la democracia, pues procederán sin pestañear. En este sentido las fuerzas políticas civiles –clandestinas, en el exilio, y las permitidas por la dictadura- son solo un apéndice de esta opción militar, y eventualmente la cara formal de la eventual nueva democracia…siempre y cuando esas fuerzas armadas y policiales sigan manteniendo un mínimo de privilegios que les satisfaga. Así fue el período de la democracia venezolana entre Betancourt y Caldera II.

5- En el fondo, lo que la dictadura logra –con el beneplácito de militares que deshoran su uniforme y el espíritu mismo que debe animar a un defensor de su territorio y población-, es convertir a militares, policías y esbirros varios en cómplices de un gigantesco latrocinio, pero eso sí, con cada uno a su nivel: con los oficiales dirigiendo empresas del Estado y con mano libre en su administración –perdonen nuevamente el término- y con el resto parasitando con sueldos adicionales a su labor de represión, licencias de comercio en general, licorerías, taxis, becas para sus hijos, etc.

6- Sin embargo, no todas las dictaduras ni todas las democracias pueden darse el lujo de disponer de una renta petrolera o mineral para mantener contentos a esa fuerza fáctica que le permite a unas mantenerse en el poder, y a otras que no se venga abajo la democracia. En el caso de las democracias, ello se resuelve con una profunda labor cívica y educativa que abarque a toda la sociedad, incluyendo a la fuerza armada y policial activa y a quienes aspiren a integrarlas, puesto que solo así puede intentarse ese equilibrio entre privilegios relativamente limitados y la satisfacción personal por vestir un uniforme que socialmente es reconocido por su noble misión. Esa educación debe inculcar un profundo respeto por las instituciones republicanas y las militares, un respeto que nuestra democracia fue perdiendo paulatinamente, al punto de permitir que Chávez conspirara dentro de ellas con total impunidad varios años antes de su fallido golpe de Estado.

7- El caso de las dictaduras, sin embargo, es diferente, porque como allí no se requiere formación cívica alguna para la gente autorizada para cargar armamento, sino que el requisito único es la lealtad al régimen, la cual a su vez solo se mantendrá en la medida de que haya dinero y privilegios disponibles, pues cuando éstos no existen, el único desahogo posible para sofocar cualquier inconformidad es permitir que los armados le arrebaten sus bienes a los inermes civiles.

8- Así fue durante la dictadura de la familia Duvalier en Haití, como lo es en la pseudodemocracia de Zimbabwe. Siendo Haití un país extremadamente pobre y esquilmado por tantos años de abuso dictatorial, a Papá Doc no le quedó más remedio que permitir que sus esbirros –los temidos Tonton Macoute, milicianos vountarios para la seguridad nacional, un término que a los venezolanos nos suena muy actual…- redondearan sus ingresos saqueando los hogares que iban allanando cada día. Como nuestros fiscales de tránsito pues, pero con un machete en una mano y, eventualmente, una pistola en la otra. Así se llevaban lo que les gustaba, incluyendo las hijas de los infortunados civiles visitados.

9- Es más que sabido que en la dictadura venezolana, dentro del triángulo Castro-Maduro-Cabello se integra la oficialidad que ha invadido toda la administración pública para saquearla, junto a empresas del Estado y empresas estratégicas como PDVSA y la CVG. Es obvio que han quebrado al país tanto por ineptos como por corruptos, y que hasta que el petróleo mantuvo ciertos niveles de producción y precios de venta, pues había dinero y privilegios para todos, oficiales y rasos, policías y SEBIN.

10- Pero con la ruina de PDVSA que derivó en una alarmante baja de extracción y refinación del petróleo, y con los precios internacionales estables a la baja desde hace ya tres años, los privilegios han sufrido un notable recorte, no tanto para los jerarcas chavistas y militares, pero sí al resto de toda la burocracia del régimen; un recorte que abarca desde los sueldos atrasados o chucutos a los funcionarios del servicio exterior, hasta los mismos créditos y dádivas varias a los suboficiales y soldados.

11- Y como Maduro además no es Fidel, ni ningún personaje con el debido carisma capaz de imponer respeto y lealtad –su ignorancia bovina tampoco le ayuda…-, pues ¿qué mejor solución para mantener esa lealtad que permitirle mano suelta para que atraquen a la población civil mientras la reprimen? La saña con que los malandros con uniforme de la GNB actuaron en Los Verdes, o en Los Teques, en Maracaibo, en San Cristóbal, Mérida, Puerto Ordaz, etc., delata esa política; o sea que bajo la excusa de la represión, pues que redondeen sus ingresos robándole a venezolanos trabajadores de buena voluntad.

12- Por otra parte, la ruina material de centenares de familias, por la destrucción de las instalaciones de sus edificios, de sus puertas o de sus vehículos, no es más que un plus para la dictadura, que con todo esto mata dos pájaros de un solo tiro: mantiene la gente a raya consolidando el terror dentro de sus hogares, y mantiene contentos a sus esbirros lambucios. Ciertamente que estas cosas ocurren en muy pocas dictaduras, y para mayor desgracia de Venezuela, pues acá le ha tocado.

13- Por supuesto que ello es un riesgo para la dictadura de Maduro y de sus tutores cubanos, porque ya los malandros motorizados -esos colectivos que tanto amó Chávez y ama Bernal-, se les han ido de las manos –los malandros son justamente eso, no son ni chavistas ni opositores, y pueden actuar como unos u otros, siempre que puedan atracar y desahogar su crueldad-, y ahora una parte importante de las fuerzas policiales y de la GNB está ya fuera de control, especialmente si recordamos que a nuestra oficialidad, por su estridente corrupción, incluso su tropa le ha perdido el respeto.

14- La combinación de malandraje no uniformado -milicias armadas motorizadas- con uniformados paramilitares -milicianos de a pie-, más los uniformados propiamente dichos -la GNB, SEBIN, y soldadesca varia-, que antes se limitaban –de nuevo perdonen el verno utilizado- a reprimir y asesinar a la disidencia en la calle, ahora está a la deriva, escalando a otro nivel, invadiendo directamente las viviendas de la gente.

15- La anarquía toca así a las puertas de Venezuela, y una guerra asimétrica de todos contra todos ya es realidad. En este sentido es poco lo que puede esperarse de la oficialidad, porque ella sabe que no infunde respeto alguno dentro de sus rangos, y sabe que éstos deben seguir contentos.

16- Por su parte, es poco lo que puede esperarse de Maduro, y más bien cabría averiguar cuáles son los motivos por los que los cubanos permiten estos desmanes, porque ellos saben perfectamente que en una dictadura que se respeta, el terror puro debe ir acompañado por la paz… de los cementerios, dentro de los hogares, y por supuesto en la calle.

17- Tal vez la revuelta opositora sea más sólida de lo que aparenta, el problema también es que es probable que el odio sembrado por Chávez en millones de venezolanos y miles de esbirros sea más profundo de lo que sospechamos.

18- Por ello, sin oficiales de rango e integridad capaces de contener estas hordas, comenzando por un Ministro de la Defensa que tiene el puterío armado dentro de su propio hogar, pues esto pinta muy mal, pues –perdonen la ironía- ni siquiera queda la esperanza de tener un dictador serio que acabe con la criminalidad desbocada y el saqueo de hogares de sus tropas.

19- Venezuela comienza a parecerse demasiado a Siria, por lo del desorden, por lo del Estado fallido, y por lo del odio –allá religioso-, y acá inyectado por un maldito militarejo.

20- Ese odio solo se podrá diluir haciendo Justicia, esto es, que cuando toque habrá que juzgar a quienes han dirigido esta barbarie, y condenarlos severamente, por delitos contra la humanidad, además de toda la corrupción y destrucción material de la propiedad estatal y privada. Pero esa será la tarea más fácil -siempre que no se nos escapen a esos países donde se compra la residencia y la nacionalidad…-, junto al enviar a la cárcel por mucho tiempo a los cabecillas y cómplices de los colectivos; porque la tarea más difícil será reinsertar cívica y humanamente a toda esa tropa y juventud de las barriadas que solo ha visto odio y destrucción desde su nacimiento. Hacerlo con un plan de educación y de empleo será un reto formidable. Falta ver si quienes aspiran a dirigir este país democráticamente serán capaces de esta hazaña.

Hermann Alvino

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