Refranes falsos.


“Llueve, pero escampa”, o “llueve y escampa”, una frase de la cual la Historia no presenta referencias unívocas sobre lo que dijo Carlos Andrés Pérez, cuando comenzaba a recibir las críticas más feroces durante su primera presidencia, luego de poner al país patas arriba, a tal punto que Venezuela nunca pudo recuperar del todo la moralidad y sobriedad requerida para compararse con los países más decentes y prósperos del planeta.

Y escampó, el país perdonó, olvidó, y lo reeligió diez años más tarde. Y ya sabemos cómo terminó la historia.

CAP no era el único político que confiaba en que los azares de las cosas en algún momento le volverían a ser favorables; sin embargo, lo que lo colocaba entre los líderes natos era su olfato para aprovechar esas circunstancias… bastaba entonces con quedarse quieto, como el general Takeda Shingen en el film “Kagemusha” del japonés Kurosawa, esperando que el enemigo cometiera algún error, para saltar sobre él y aniquilarlo.

Muchos políticos contemporáneos actúan de la misma manera, siendo el español Rajoy el mejor ejemplo, quedándose estático frente a una realidad que se le va periodicamente de las manos, para luego volver a ellas, por esos azares de una España cuyos políticos tienen un inquietante parecido con aquellos gobernantes venezolanos, capaces por ello de cometer errores impensables.

Es la diferencia entonces entre políticos exitosos y fracasados, aunque uno u otro término no sea sinónimo ni de ética ni de buena gobernanza, un éxito que hasta ahora le ha correspondido al chavismo y a los cubanos tutores de la dictadura venezolana, al saber que efectivamente llueve pero escampa, pensando que la agitación social que llena las calles de la patria es como la sal de fruta antiácida, convertida en líquido plácido una vez liberada de todas las burbujas que inicialmente la hacen aparecer más viva y rebosante del vaso que la contiene.

Sin embargo, hay que tener bien presente que han sido muy pocas las veces en la historia contemporánea que a esa lluvia que hace que el poder resbale de las manos de quien lo detenta, no le haya seguido un tiempo sereno, donde todo vuelve a ser igual que antes de la tormenta. Es la apuesta del chavismo pues, adobada con su proyecto de constituyente, justamente para evitar cualquier otra tormenta futura.

En síntesis: de pasar este bache –valga el término-, el chavismo confía en que el inmediato futuro le ofrecerá otra oportunidad para atornillarse al poder por muchos años más, porque además, el problema de las manifestaciones opositoras es triple:

En primer lugar, toda esa movilización le importa bien poco a la dictadura, de manera que mientras no se trastoquen los resortes fundamentales del poder –o sea la fuerza armada-, todo seguirá igual -sumando asesinatos y destrucción material, pero sin cambios fundamentales-. Una lluvia que para el chavismo es casi ligera, porque moja, pero no empapa.

En segundo lugar, aun suponiendo que esta rebelión tan evidente a los ojos de todo el mundo sea capaz de cambiar las cosas sin el apoyo del sector disidente de las fuerzas armadas, ello no será posible si no afecta la esencia de la economía nacional, que es la industria petrolera, algo que ameritaría un sacrificio adicional al enorme sufrimiento derivado de la escasez alimentaria, esto es, que mientras haya prebendas para repartir a partir de la escuálida renta petrolera, para el chavismo esa lluvia seguirá siendo garúa.

Y en tercer lugar, el problema de la movilización social es que ésta no es lo suficientemente pacífica como para no generar muchos muertos, ni tampoco tan violenta como para tumbar a la dictadura. En otras palabras, es una movilización ni-ni que corre el riesgo de terminar por colocarse en ese limbo donde se acumulan los sacrificios espúreos.

Ahora bien, que escampe para que el chavismo mantenga su dominio dictatorial sobre Venezuela no impide que el país pueda convertirse en una copia tropical de Siria, dentro de la cual se disputarían el poder el político y el territorio bandos disímiles como el cubano, paramilitares endógenos, guerrilla colombiana, narcos, fuerzas armadas anarquizadas, narco ejército venezolano, y eventualmente fuerzas militares guyanesas, colombianas y brasileñas –algo que suena impensable, como sonaba impensable que dentro el territorio Sirio pudieran actuar fuerzas del régimen de Assad, ISIS, kurdos, rusos, turcos, iraquíes, iraníes, o norteamericanos.

Visto en retrospectiva, ahora se podría ver con perspectiva algo diferente aquella frase de Chávez definiendo al carnicero sirio como “el hermano Assad”. Tal vez ya desde entonces el barinés tenía pensado hacer lo que hiciera falta para mantenerse en el poder, aun a costa de muchas vidas y destrucción nacional, como lo ha hecho su “hermano” sirio, lo cual nos indica que para el chavismo –con o sin su fundador- el que escampe no es sinónimo de paz, sino de poseer el poder, y que para esta gentuza la lluvia no es equivale a transitar por circunstancias que pongan en peligro su dominio, sino que se corresponde con la catarata de bombas lagrimógenas que vierten sobre venezolanos indefensos y decentes.

Lo cual trae a la memoria otra frase muy sobrevalorada por la sabiduría popular, cual es que “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”: porque es obvio que hay males como el chavismo que pueden durar varias décadas, aunque Venezuela como cuerpo social muera, porque con que haya unas gotitas de petróleo para alimentar a estas bestias, esa sarna continuará.

Visto desde la oposición decente entonces, la falsedad de la frase de CAP es dolorosa, porque llueve y mucho, sin dar síntomas de que escampe pronto.

Hermann Alvino

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