Avisados estamos…


Los síntomas de que en Venezuela ya hay una dictadura formal son más que claros, y contrastan con la informalidad dictatorial propia de los tiempos de Chávez, que le permitía salir al mundo con la cara bien lavada. Dos ejemplos de libro son los siguientes:

El primero es el TSJ, cuyas decisiones complacen todos los caprichitos del régimen -porque después de todo, sus integrantes son el régimen mismo-, aunque si alguno de ellos se descuida y yerra el rumbo, será apartado sin contemplaciones de dicha institución, y probablemente si a alguno de estos malandrines leguleyos les pueda parecer algo subida de tono sus mismas decisiones, el régimen se encarga de chantajearlo debidamente para mantenerlo a raya. Porque todos ellos tienen su rabo de paja.

Un ejemplo de la podredumbre del TSJ lo tenemos en su decisión de nulidad de la inmunidad de los integrantes de la AN, recurriendo al argumento de que dicha inmunidad se limita a “ los actos desplegados por los diputados en ejercicio de sus atribuciones constitucionales”. Por supuesto que ello es así, pero el detalle es que el TSJ interpreta cuáles son y deben ser dichos actos.

Está claro que si un parlamentario tiene una disputa violenta con algún comensal en una arepera y le parte la cabeza de un botellazo –hay parlamentarios capaces de eso, y más…-, pues no dispone de esa inmunidad –o no debería, pero sabiendo como han sido siempre las cosas en este país, la probabilidad de un arreglo extramuros siempre ha sido alta-; como también es evidente que cualquier decisión política tomada por la AN como institución, con los votos de sus integrantes, está protegida por la inmunidad. Lo que pasa es que el TSJ invade un territorio que constitucionalmente no le corresponde, para poner contra la pared a los diputados opositores.

Por otra parte, las actuaciones del TSJ no solamente responden a solicitud de algún parlamentario chavista, o algún jerarca del régimen, o incluso un chavista de a pie, sino que el TSJ actúa por iniciativa propia para salvaguardar los intereses de la dictadura, una iniciativa impensable en las instituciones equivalentes que existen en países normales, y el ejemplo más reciente es la orden que esta gentuza imparte a Maduro para que “tome las medidas civiles, económicas, militares, penales, administrativas, políticas, jurídicas y sociales” que garanticen la gobernabilidad del país”, y eviten  un “estado de conmoción”, un texto que si no fuese por el sufrimiento que vive el país, su contenido podría ser tomado como una manifestación de humor negro.

Para cerrar la pinza sobre cualquier intento de sacudirse de encima estos malandros, al terror que supone la represión típica de cualquier dictadura por parte de su respectiva policía política -que conlleva arrestos arbitrarios, desinformación sobre el paradero de los infortunados, golpizas y torturas, y encierros en ambientes diseñados para quebrar espíritus y liquidar cuerpos-, ahora tenemos el terror que genera la posibilidad de ser juzgados por tribunales militares; es obvio que a partir del desdén de muchos miembros de las fuerzas armadas chavistas por el mundo civil, y a su misma lealtad al chavismo y al castrismo declarada por su ministro, cuando un disidente cae en esas redes nunca saldrá ileso de la experiencia.

Padrino López es de la tesis de someter a cualquier civil a juicio militar cuando se agrede a un militar en funciones de vigilancia y orden público, algo insólito, puesto que el civil eventualmente violento no tendría por qué enfrentarse a ningún militar en manifestación alguna, ya que allí son las fuerzas policiales las encargadas de mantener el orden público.

Volviendo al ejemplo de la arepera, si un civil –sea o no diputado…-, tiene un altercado violento con un militar, lo más probable es que el mismo Padrino salga a declarar que dicho militar estaba en ejercicio de sus funciones, lo que pasa es que se había tomado un descanso para comer, y por tanto el civil pasará a la orden de algún tribunal militar… porque su interpretación a capricho de la Ley, este ministro de defensa que deshonra la memoria histórica edificada sobre más de 200 años de comportamiento ejemplar de muchos militares venezolanos, se pone al mismo nivel del TSJ.

La pinza civil y militar entonces está ya ensamblada, para darle una formalidad innegable a la dictadura chavocubana.

Se sabe que toda dictadura busca esa legalidad que blinde su abuso sobre el ciudadano, como también se sabe que en sus inicios toda dictadura parece más ilegal que lo que parecerá algunos años después, luego del maquillaje constitucional y de todas las leyes necesarias para ello, más el adecuado lavado de cerebro a gran parte de la población, y el apoyo de las fuerzas vivas de la economía – o sea los empresarios que se enriquecen con cualquier dictadura-, sin mencionar el apoyo de la Iglesia, cuyos episodios vergonzosos son más que conocidos.

El caso del chavismo responde a este esquema, especialmente en un país que desde siempre se ha caracterizado por una memoria a muy corto plazo; así, las medidas aplicadas por el régimen en las elecciones presidenciales con Chávez vivo, luego con Maduro, o con aquel referendo sobre la reelección eterna del barinés, fueron episodios de abierta violencia institucional chavista, simplemente porque aún no disponían  de leyes adecuadas que les aseguraran su permanencia en el poder.

El perfeccionamiento –si cabe el término…- en materia de abuso institucional por parte del CNE, la Fiscalía –cuya líder era la misma que ahora se hace la disimulada- y la Contraloría, fueron una simple práctica en la busqueda de la fórmula más eficaz para asegurar la legalidad de la dictadura. Descubrir que el TSJ y las fuerzas armadas con su entramado legal eran las dos componentes más importantes de dicha fórmula, es lo que le ha permitido al chavismo disponer de una legalidad que antes no tenía.

Entendámonos, lo de legalidad es relativo, porque para cualquier demócrata venezolano la legalidad dejó de existir desde el mismo primer día cuando Chávez tomó posesión presidencial, pero la realidad es la que es, y nuestro sistema legal chavista es el que se ha impuesto, y de paso, es el que reconocen el resto de países –puesto que si no lo reconocieran pues no seguirían manteniendo relaciones diplomáticas con Venezuela…

Sin embargo al chavismo le falta ese envoltorio decisivo para perpetuarse en el poder, y luego de años turnando instituciones en contra de la gente –Defensoría, CNE, Fiscalía, Contraloría, Ministerio Público, TSJ y Fuerzas Armadas-, la fórmula que ha escogido para prevenir el agotamiento de esa rotación de abusos ha sido la constituyente popular.

Allí seguramente se cerrará cualquier iniciativa ciudadana por la libertad, sea personal o económica; y seguramente en su exposición de motivos estará el término socialismo, así como se nombrará a Chávez, y probablemente aparecerá el término marxismo, o marxista, así como alguna mención a Cuba y a Castro; y cuando se entre en materia constitucional propiamente dicha veremos como su articulado será el cierre definitivo a la libertad. Un repaso de la constitución cubana, o la china –traducida, obviamente…- ofrece una pista de lo que viene.

Avisados estamos.

Hermann Alvino

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