Será legal, y constitucional. Guste o no.


– Es ocioso y propiciador de la banalidad el seguir insistiendo en todos los foros nacionales e internacionales sobre la inconstitucionalidad de la nueva constituyente que impondrá el chavismo en Venezuela. Es ocioso porque en Venezuela, lo que es legal y constitucional no es lo que correspondería de acuerdo a los textos vigentes –en gran parte reescritos por el mismo chavismo-, sino lo que el Tribunal Supremo de Justicia considera como tal. El resto es ruido; y ganas de desahogarse.

– Tal vez lo que no sería tan ocioso es volverse a preguntar las razones por las que ciertas y oportunas ausencias parlamentarias no le permitieron a la Asamblea Nacional abordar a plenitud el procedimiento de remoción de parte del TSJ. Pero se sabe: dentro de la laxitud endógena, los ausentes siguen tan campantes ocupando su tribuna dentro de la oposición, al igual que aquel dirigente opositor cazado in fraganti recibiendo unos reales de un empresario chavista. Y luego nos quejamos.

– Toda dictadura requiere de un andamiaje legal, no tanto para salvar las apariencias, ni para presentarse con la cara bien lavada en los foros internacionales, sino para minimizar las posibilidades de ocurrencia de eventos que pongan en peligro su dominio. En este sentido, las “democracias populares” soviéticas, la china, la cubana o la de Corea del Norte, son ejemplos de libro a los que habrá que recurrir para comprender a fondo la decisión del chavismo de lanzarse con una nueva constituyente.

– Entendámonos, la jugada es brillante, aunque presente un alto nivel de riesgo. Y digámoslo una vez más, ni a Maduro ni a estos pobres ladronzuelos que se han apoderado de nuestras instituciones se le ocurriría nada parecido, lo cual confirma que este régimen no es más que una colonia mental y material de la dictadura cubana, donde sí saben gestar opciones para mantenerse en el poder.

– La jugada es brillante porque patea el tablero político dentro del cual cabía la posibilidad de elecciones estatales, e incluso la presidencial del 2019, cuyos lapsos obviamente serán reformulados totalmente cuando se aprueben los pasos que conducirán al nuevo texto constitucional. De paso inertizará a la Asamblea Nacional y a todo proyecto político opositor.

– Por supuesto que dentro de la interpretación que oportunamente realizará el TSJ sobre todo este tinglado, estará lo relativo al filtro de los actores políticos que podrán intrervenir en este proceso, esto es, el filtro para los electores, para los candidatos, y para las organizaciones, lo cual se corresponderá perfectamente con la estructura institucional de las mencionadas “democracias populares”, y lo cual, dicho sea de paso, nos recuerda la rigidez institucional de la fenecida CTV, donde era imposible que el poder establecido fuera defenestrado, en virtud del blindaje matemático y político que le aseguraba los delegados necesarios para el triunfo, como también nos recuerda a AD y COPEI, cuando sus cúpulas de revestían de dicho blindaje para nunca dejarse arrebatar limpiamente sus cargos directivos.

– En aquellos entornos, al igual que en China, Cuba, Corea del Norte, la fenecida Yugoeslavia, la URSS, Bulgaria, Rumania, etc., quienes detentaban el poder siempre eran reelectos con el 95% o más de votos, siendo motivo de curiosidad por parte de los analistas extranjeros, y de preocupación por los involucrados dentro de cada uno de esos países, el conocer a fondo las causas por las que no se alcanzó el 100%…

– La jugaba cubana de imponernos una nueva constituyente ciertamente es brillante, más no conducirá a un texto de mejor calidad, al menos en términos de estructura institucional, puesto que si la bicha chavista vigente actualmente es una porquería de documento, imaginemos lo que podrá salir de la visión de Estado que pueda tener Jaua y afines. El mismo Escarrá, quien dentro de su chavismo al menos se expresa correctamente, no será suficiente para remendar el roto conceptual que se avecina.

– En cualquier caso, dado que el TSJ será el árbitro que apartará cualquier esfuerzo y grito opositor que reclama sobre este abuso de autoridad chavista, el proceso tiene altas probabilidades de llegar hasta el final, porque esto nos recuerda cuando Jorge Olavarría, reconvertido a la sensatez luego de su paso por el chavismo, en su discurso ante las dos cámaras del Congreso de entonces, profetizaba lo que iba a venir, al tiempo que los demócratas que aún representaban una enorme fuerza institucional en todo el país, escuchaban pasivamente cómo los iban a degollar políticamente, algo que ocurrió justamente por su irresponsable pasividad.

– Si para entonces esos demócratas no fueron capaces de frenar lo que iba a venir, pues mucho menos podrán hacerlo ahora, descompuestos, sin proyecto de país, desunidos, reprimidos, presos, inhabilitados. Solo les queda la gritadera estéril, algo que practican diariamente.

– Esta patada al tablero político deja entonces en un limbo a las manifestaciones, tanto a las pacíficas con muertos por el camino, como las violentas incapaces de tumbar a la dictadura, y abre el camino para venderle al resto del mundo la intención chavista de someterse a la voluntad popular, algo que los venezolanos más o menos pensantes saben muy bien que es una farsa, pero que en otras latitudes, donde se respetan las máximas instancias legales homónimas y homólogas al nuestro TSJ, no lo tienen tan claro, porque son incapaces de imaginar el extremo de abuso al que esta gentuza es capaz de llegar.

– Una incapacidad imperdonable, especialmente en la Europa que aún recuerda cómo el comunismo fue imponiendo las mencionadas democracias populares, mediante métodos a veces graduales y a veces con saltos de una violencia institucional que ahora practican los gobiernos autoritarios de Polonia y Hungría, desde una ultraderecha que al circunavegar todo el espectro político, termina tocándose con aquella cultura comunista de dominio sobre sus semejantes.

– Visto así, la Venezuela opositora seguirá sola, ningún país le dará un palo a la lámpara alzando su voz contra esta dictadura -tampoco lo hicieron con Cuba, aunque sí con el régimen racista surafricano, con Fujimori, con Pinochet y afines, simplemente porque ellos no se cobijaron con el manto izquierdista-, y el TSJ criollo será la referencia por la que los gobiernos del globo se guiarán en materia de legalidad del régimen.

– Frente a esta realidad constituyente, a la oposición solo le queda meterse a chavista, apoderarse del proceso ligando que sus actores pasen el filtro que establecerá el régimen en materia de protagonistas del proceso, tener una voz en las asambleas, comenzar nuevamente desde cero para con los años ir comiendo a la bestia, pero por dentro. Más pacífico imposible ¿o no es esto lo que los pacifistas –Capriles et all– han pregonado durante más de una década?

– Como se mencionó anteriormente, la jugada tiene su riesgo, el cual no es el aislamiento internacional, y ni siquiera el que todo esto pueda servir de catalizador para una real unión política y espiritual opositora; más bien el riesgo real será que las fuerzas armadas perciban que con el nuevo cuadro nacional su poder se vea disminuido, un motivo suficiente para abortar el asunto, a menos que desde los cuarteles se decida actuar desde la primera línea constituyente y apoderarse del proceso en sí. El efecto será el mismo: los militares profundizarán más aún el poder que tienen sobre el país –algo que se dice fácil, visto que ellos están en todos los guisos.

– De llegar culminar este proceso constituyente, el chavismo habrá completado su misión de legalizar un narcoestado y una distopia del siglo XXI que nada tendrá que envidiarle a los estados criminales nacidos dentro de la URSS, y esparcidos por el mundo luego de su disolución.

– Así que más vale recordar que en esta clase de regímenes, la legalidad no se logra gritando, puesto que ésta es impuesta por quien tiene el poder de hacerlo.

– Comprender esta realidad contribuye a apartar el autoengaño y la siembra de ilusiones que se sabe no podrán ser satisfechas. Y tal vez sirva para cambiar de paradigma estratégico, para intentar tumbar a la dictadura, y de paso patear a los cubanos de vuelta a su país.

Hermann Alvino

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