Silogismos fallidos contra la oposición.


(Como complemento al post Silogismos fallidos contra el chavismo)

Para aportar valor al debate hay que mojarse, hay que arriesgar hipótesis, y apartar el cuide, cual deporte muy extendido entre políticos y analistas. Puede que uno se equivoque, pero al menos se toma el trabajo de pensar y superar las declaraciones políticamente correctas, pero banales, de los escritos de analistas altamente valorados y difundidos por sus acólitos; análisis éstos que no aportan nada nuevo, ni presentan escenario alguno, y por tanto hacen imposible concretar una estrategia efectiva para defenestrar a la dictadura.

Hablar de unidad opositora ya es una quimera, puesto que todos sabemos que la MUD es un cadáver político a raíz de sus reiterados errores de lectura, tanto del chavismo como de los venezolanos opuestos al régimen. Seguir con esa consigna es promover nuevos desengaños en los venezolanos de a pie.

Por otra parte, con López preso y Capriles inhabilitado, con María Corina debilitada por la propia MUD, y con Ramos Allup sin asidero electoral real, es tangible que en esas organizaciones están surgiendo líderes que aspiran a llenar el vacío, dificultando más aún la unidad colectiva.

Además, la calle ahora tiene personajes muy diferentes a los millones de venezolanos decentes que durante todos estos años se tomaron las manifestaciones como una gigantesca terapia de grupo, puesto que lo quieran o no, la violencia por parte de los manifestantes ya ha hecho acto de presencia, por tanto, y como Corolario a los silogismos que a continuación se presentan, de no ocurrir algún cambio radical en la relación chavismo-oposición organizada, la evolución actual de los acontecimientos propicia un aumento de la probabilidad de una dictadura militar.

Silogismo 1:

Premisas:

– Al igual que Hitler, los comunistas soviéticos, y los tiranos cubanos, el chavismo cree que durará eternamente, y en la medida que pase más tiempo en el poder, ese autoengaño inevitablemente se irá consolidando con más fuerza entre sus jerarcas, esto es: que dicho poder les pertenece por derecho propio, o divino.

– Creer que se estará en el poder para siempre permite gestionar la radicalización opositora y las crisis sociales con más serenidad, puesto que se está convencido que a la postre todo dará una vuelta completa y se volverá a estabilizar el statu quo del régimen, algo que ya ha sucedido al menos tres veces durante el ciclo de poder de esta dictadura –no lo olvidemos.

Conclusión:

– El chavismo cree que puede hacer lo que le venga en gana con el país, con sus riquezas, y con los venezolanos –y en efecto, lo hace.

En qué falla el silogismo:

– En que en todas las sociedades en que ha habido dictaduras, férreas o light, de larga o de corta duración, allí al menos producían el mínimo de alimentos y bienes para su supervivencia básica. Así, durante la dictadura militar –cualquiera de las varias que ha tenido- Argentina los producía, al igual que Paraguay, Uruguay, Brasil e incluso los países de la Unión Soviética, cuya escasez era enfermiza y crónica, pero que jamás llegó a los límites venezolanos. De manera que la lucha más bien era por la libertad en sí misma, asociada obviamente, aunque no en todos los casos, con un mejor nivel de vida en general.

– Esas dictaduras cayeron solamente cuando se superó cierto límite mental y físico de penurias diarias. El caso de Rumania es el mejor ejemplo, porque allí la revolución solo pudo llegar luego de que el tirano impusiera inmensos sacrificios para pagar la deuda externa del país.

– Si esos regímenes hubieran tenido más sentido común –si es que cabe el término para estos casos-, muchos de ellos habrían durado más años, y de igual manera seguirían dominando si hubieran optado por una represión extrema, combinada con el típico lavado de cerebro generacional; así ha sido en Corea del Norte, y en Cuba, siendo esta última un caso excepcional, considerando el carácter de un pueblo con ese especial mestizaje taíno, europeo y africano, muy distinto al asiático.

– En este sentido, el problema del chavismo es triple: por un lado la escasez general ha sobrepasado un umbral de tolerancia que puede catalizar una rebelión generalizada –incluso en un pueblo tan laxo como el venezolano-; por otra parte, la ineptitud y dejadez del chavismo, a pesar de la permanente e intensa asesoría cubana, ha impedido concretar a plenitud ese lavado de cerebro que asegura una continuidad generacional de apoyo al régimen. Y en tercer lugar –y aún pensando lo peor de nuestras fuerzas armadas, cual corruptas, necias y traidoras, al entregar la soberanía a Cuba sin disparar un tiro-, es difícil que se animen a una represión extrema y de larga duración como las comentadas, sea porque aún les queda un mínimo de sensibilidad humana, o simplemente porque ellas también se han vuelto ineficaces a la hora de reprimir.

 

Silogismo 2:

Premisas:

– El chavismo piensa que dentro de las inevitables divisiones que existen en cualquier proyecto de poder –concretado o no-, las prebendas derivadas de la venta de crudo diluyen cualquier disidencia que ponga en peligro su hegemonía.

– El chavismo cree que cualquier disidencia, por ser eventual, relativamente aislada y estar protagonizada por alguien perfectamente chantajeable en lo personal y administrativo –todo chavista que ha estado en el gobierno lo es-, dicha disidencia podrá ser apagada y alejada del poder con relativa rapidez y facilidad.

Conclusión:

– El reparto de poder entre las diversas facciones, con los militares en primera línea encabezando la mesa del dinero mal habido, permitirá seguir forjando alianzas entre dichas facciones, frente a cualquier proyecto alterno crítico que surja dentro del mismo chavismo.

En qué falla el silogismo:

– En que justamente por ese autoengaño de creer que el poder les pertenece por derecho divino –cuando en el fondo éste se deriva de un golpe de suerte y de la irresponsabilidad del adversario demócrata-, la misma disidencia interna que vaya surgiendo también creerá en ese poder concedido por derecho divino y talento propio, convirtiéndose en un rival poderoso, especialmente luego de haber robado y acumulado riquezas durante casi dos décadas. Esta obviedad se delató con la inevitable decisión de Maduro de darle la Vicepresidencia a El-Aissami, quien luego de años acumulando riquezas y poder, ya estaba en condiciones de disputarle el liderazgo al mismo Maduro y Cabello. Dicho tridente constituye un pacto contra natura, que solo será capaz de durar en la medida en que haya prebendas para todos.

– Por otra parte, los gobernadores chavistas constituyen una disidencia que aún no se ha expresado, ya que su ejecicio ha sido alargado por la dictadura justamente para mantenerlos a todos contentos. Si por algún motivo el régimen llegara a realizar elecciones regionales y locales, y dada la certeza de que perderán en casi todo el territorio, esos chavistas ahora en el poder estatal y local optarán por un sálvese quien pueda, deteriorando en gran medida la aparente unidad del régimen, y generándole una crisis más profunda de lo que pueda creerse, puesto que al ser esos gobernadores en su gran mayoría militares, la brecha entre chavistas civiles y militares se alargaría hasta un punto sin retorno.

 

Silogismo 3:

Premisas:

– El chavismo piensa que dada la debilidad estructural de las organizaciones opositoras, éstas no serán capaces ni de asumir un liderazgo creíble frente a las cada vez más frecuentes crisis sociales, ni de compactar la masa crítica necesaria para que una vez iniciada la violencia social, ésta crezca exponencialmente hasta el colapso de la dictadura –siempre que la MUD llegara a optar por esa vía, claro está.

– El chavismo piensa que utilizando las tres instituciones que tiene a la mano para obstaculizar el desarrollo del liderazgo opositor formal, –el TSJ, el CNE y la Contraloría-, utilizándolas como baraja de acuerdo a la coyuntura existente o eventual, podrá seguir laminando la influencia de los líderes opositores con más arraigo en el país.

Conclusión:

– El chavismo piensa que tiene a la oposición controlada.

En qué falla el silogismo:

– En que si bien la dictadura ha tenido un indiscutible éxito en dicho objetivo, con lo que no cuenta es que ese liderazgo opositor que ha pulverizado es el que le podría garantizarle una cesión de poder relativamente pacífica, y que al eliminarlo están promoviendo un liderazgo alterno mucho más joven, que por el mero hecho de solo haber conocido al chavismo como sistema de vida, no solo desconoce las formas de convivencia política que aseguren ese tránsito pacífico, sino que su fragmentación es un factor clave en la anarquización del inconformismo, una vez superado el umbral de tolerancia.

– Si bien esa anarquización puede sugerirle al régimen que le será más fácil inertizarla, con lo que no cuenta es que los focos de rebelión serán demasiado numerosos para lograr dicho objetivo. Llama la atención que la calle opositora esté ocupada cada vez más por jóvenes, alejados de cualquier vivencia política y partidista tradicional, cuya acción con el tiempo será incontrolable, tanto por el régimen como por los partidos que actualmente intentan canalizar sin éxito dicha fuerza. Dada su pérdida de credibilidad a partir del llamado diálogo con al chavismo.

– Con López detenido por muchos años, con Ledezma que va por el mismo camino, con Capriles inhabilitado prácticamente durante un ciclo de vida político, con la misma María Corina, ya no acosada por el régimen, sino objetivamente apartada por la misma MUD, y con un Henry Ramos con evidentes debilidades políticas a partir de su larga trayectoria como dirigente adeco –cual firme defensor de CAP y Lusinchi-, el liderazgo opositor organizado y formal está en grave peligro, especialmente si consideramos que sus organizaciones han sido tan personalistas como lo fueron todos los partidos durante la democracia, y por tanto el ascenso de nuevas figuras tomará un tiempo del que, dadas las circunstancias, parece que no podrán disponer.

 

Conclusiones generales:

– El chavismo está sometido a tres factores potencialmente desestabilizadores de su poder:

El primero es el interno, por vía de las disidencias, algo eventualmente gestionable mediante la riqueza petrolera, mientras la haya.

El segundo es el factor militar, porque aún habiendo depurado a fondo la institución, en el caso de haber elecciones estatales, la inevitable pérdida de poder de los gobernadores militares abriría un frente interno muy agresivo.

El tercer factor es la diversificación del frente opositor, jóvenes sin liderazgo reconocido, cuya proliferación de focos anárquicos serán una causa motivante para poner orden, algo de lo que el régimen por sí mismo no será capaz, por lo que la posibilidad de un cambio de régimen, esta vez una dictadura militar sin tapujos, será cada vez más alta.

Hermann Alvino

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