(In)validar o no (in)validar…ese es el dilema.


Participar o no en el proceso de renovación de la legalidad de los partidos políticos venezolanos es un asunto de opciones personales que no necesariamente tiene que ver con la consigna opositora que promueve el proceso como instrumento para salir de la dictadura chavista.

En efecto, si uno cree que de esto no se sale con elecciones, pues de nada sirve estar perdiendo horas en colas para darle estatus legal a cualquier organización política democrática, un motivo que se complementa con el hecho de que esta firmadera nunca debió ocurrir, puesto que acá no se trata de algo similar a la renovación de una concesión de un canal de televisión, sino de organizaciones políticas sujetas a una ley electoral cuya interpretación no debería oscilar de acuerdo a la conveniencia de la dictadura.

Pero hay más razones para no firmar por nadie: una es que con ello en el fondo lo que se está es legitimando un marco legal arbitrario, y con ello la dictadura misma; lo otro es que si la oposición organizada piensa que esto servirá como blindaje legal para lanzar sus respectivos candidatos presidenciales cuando toque, se está olvidando que la dictadura utiliza sus instituciones por turnos, para seguir dominando, esto es, que si ahora el CNE pone estas trabas a los partidos existentes, entonces cuando se acerquen esas elecciones –si es que el régimen las realiza algún día-, movilizará a la Contraloría para inhabilitar políticamente a cualquier candidato con posibilidades de inquietar a estos malandros. Eso lo sabemos todos.

La gota que colma el vaso es que durante las jornadas recientemente efectuadas, los encargados de la seguridad –valga el término- interrumpían el proceso para irse a almorzar, mientras la gente los esperaba pacientemente para continuar. O sea que a la herida le añaden el insulto mientras los incautos demócratas rogaban para que el tiempo se dilatara dentro de ese ridículamente corto lapso establecido por el CNE para recoger las firmas.

Y para rematar, una ilustre rectora del CNE afirma que los resultados de las diversas validaciones se sabrán en junio (!); de manera que, en todo este embrollo, la dictadura obtiene tres victorias, la primera es que no habrá elecciones estatales ni locales por lo menos hasta finales de año, la segunda es que no les deja margen de reacción a las organizaciones cuyas firmas de apoyo puedan ser objetadas parcialmente, y la tercera es que objetivamente habrá menos partidos políticos representando a la gente.

Hay más motivos para no revalidar, dependiendo de cada uno por supuesto. Por ejemplo, si Usted no es capaz de calarse a Capriles y sus periódicas declaraciones banales, y sabe que él será candidato, pues es comprensible que no apoye la legitimidad de su partido; ello vale también para quienes no gustan de Leopoldo López, y por tanto tampoco deberían firmar para dejar viva a su organización. Y si eso vale para esos dos, pues podemos imaginar las reservas de quienes saben que María Corina será candidata, al igual que Henry Ramos Allup, como para dejar que se renueven Vente y AD.

Eso para los partidos que por los momentos están más o menos estabilizados en la opinión pública, y tienen tribuna que les permite una cobertura mediática más o menos aceptable dentro de las circunstancias nacionales, porque habría que ser muy extraterrestre para apoyar la organización de Henry Falcón, un oportunista que encima no tiene nada para ofrecerle al país; y si vamos a ser algo más severos, también a COPEI, cuya organización fue destruida por unas directivas de vivarachos cuya única agenda consistía en candidatearse a cargos de elección popular en puestos que creían salidores, sin poseer ni la mínima parte del acervo intelectual ni del talento profesional de quienes dirigían esa organización hasta hace 25 años.

Por otra parte, si se estima que de esto no se saldrá ni por las buenas ni mucho menos por la vía electoral, de nada servirán los partidos en la víspera de un golpe seco o sangriento, o de una rebelión generalizada, como tampoco servirán al día siguiente, porque es esas pocas horas toda la situación nacional habrá cambiado, como generalmente ocurre en esas situaciones.

De manera que si se cree que Almagro se equivoca cuando dice que de las dictaduras se sale con elecciones –https://goo.gl/uWmni0-, y lo cree porque sabe que las dictaduras de Chile y Argentina eran muy diferentes a la venezolana, o sea a la cubana, pues mejor canalizar la energía hacia una salida diferente a la electoral.

Mientras tanto el agua potable ya no lo es, y cada vez está más contaminada, con las consecuencias para la salud de todos los venezolanos –https://goo.gl/QYEHGp-, el país se hunde cada vez más en todos los indicadores sociales –https://goo.gl/cvmCyo, y https://goo.gl/tUKW98-, la criminalidad ya no solo roba equipos a gran escala para tumbar las señales telefónicas de millones de personas –https://goo.gl/9g587K– sino que ya se permite asesinar a decenas de militares –https://goo.gl/zvsuwf-, mientras miles de venezolanos hurgan en los contenedores de basura para conseguir algo que comer, los jerarcas de la dictadura, organizados en al menos siete grupos de asociación criminal –https://goo.gl/6Bl1sg– se siguen repartiendo el país,  y Maduro liquida a PDVSA por pedacitos –https://goo.gl/UaUOX1– al tiempo que Amuay se incendia –https://goo.gl/DR5DIU-, hasta que no quede nada más por robar ni esquilmar, algo que a estos malandros les tiene sin cuidado luego de haber estado varios años bombeando dinero a sus cuentas ocultas, y a otras menos escondidas, de muchos países, algo que les permitirá vivir como pachás cuando el pueblo les pida cuentas, vanamente.

¿Validar, para que tanto el régimen como la MUD duerman felices, mientras siguen en sintonía para que todo siga igual?

¿Validar, para que a esta oposición se le conceda otra oportunidad para sembrar otro desengaño en millones de venezolanos de buena voluntad?

Mejor rumiar la rabia, y saberla canalizar cuando toque, a ver si esa noche, poco antes del amanecer de una eventual libertad, al menos podamos pillar alguno de estos chavistas con la maleta en la mano, antes de que se fugue, algo que, aunque suene medieval, sería una acción éticamente impecable.

Hermann Alvino

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