TSJ para dummies


– Se supone que un tribunal supremo de justicia, o como queramos llamarlo en cada país, está como barrera para detener cualquier abuso constitucional proveniente tanto de quienes gobiernan, como de quienes legislan –que en el fondo es lo mismo.

– Esa función de la máxima instancia en materia jurídica, es el instrumento último para proteger al ciudadano dentro del marco constitucional que ese país ha consensuado –acá habría que definir cuál sería ese mínimo de consenso necesario para catalogarlo como tal, algo que de antemano es insoluble, por ello en democracia dicho consenso se expresa en una proporción lo suficientemente alta dentro de los parlamentarios o constituyentes electos para redactar y aprobar el texto, para luego ser ratificado en referendum popular-. Esto es, en democracia –insistimos-, porque en dictaduras y autocracias el asunto es muy distinto.

– Esa protección ciudadana es indispensable en un sistema de libertades, puesto que de no existir ese tribunal, la interpretación constitucional estaría sujeta al criterio de la mayoría de turno en el poder, esto es, a su conveniencia, algo nefasto para todos, incluso cuando ese poder está convencido de buena fe que está actuando en función del bien común.

-Nótese el término “interpretación” de una constitución o ley, el cual obviamente también afecta al tribunal supremo, porque si hubiera una correlación perfecta entre la intención del legislador, o el constituyente, y las palabras con que esa intención se ha expresado, no tendría sentido intepretar, porque todo estaría clarísimo. Sin embargo, el lenguaje humano, y las lecturas que de él se derivan, es imperfecto y ambiguo –de eso se ocupó hace un siglo Ludwig Wittgenstein-, y si a ello le añadimos la eventual mala fe, conveniencia u oportunismo, entonces se hace evidente la necesidad de disponer de una instancia definitiva a la cual le confiamos la misión de interpretar, y a la cual acatamos de manera definitiva.

– En una democracia entonces, el tribunal o corte suprema defiende al sistema de libertades previniendo el caos constitucional, pero como esa institución también se compone de seres humanos, la interpretación que nos ocupa dependerá de la cosmovisión de cada uno de ellos. Por ejemplo, hay magistrados que creen en que el aborto es permisible -y hasta necesario- bajo ciertas condiciones, al tiempo que hay otros que no lo permitirían bajo ninguna circunstancia. Otros consideran que la eutanasia debe ser legal en casos de extremo sufrimiento, al igual que la desconexión de quienes llevan cierto tiempo en estado vegetativo, en contraste con quienes defienden la vida, si matices; pero…¿qué significa extremo sufrimiento?, o, ¿es vida humana un cuerpo cuyo corazón late sin ayuda en un cuerpo con muerte cerebral?

– Se comprende por ello que designar integrantes para esa misión es una responsabilidad inmensa, la cual está compartida entre quienes proponen y quienes filtran y dan la aprobación final. También es evidente que la duración del ejercicio de cada magistrado debe ser lo suficientemente larga como para permitirles vivir las diversas etapas con las que inevitablemente cambiará en parte su visión de la sociedad, al tiempo que ésta también va cambiando, en una suerte de obligada interacción que presenta una dificultad adicional a la interpretación de un texto constitucional estático, tal vez vigente desde hace bastante tiempo, y por ello sin haberse actualizado a las nuevas realidades y problemas que van surgiendo paralelos al aumento exponencial de la complejidad social.

– Dado el enorme impacto que en la sociedad tienen estas decisiones del tribunal, la selección de sus magistrados no debe tomarse a la ligera; y es aquí donde gobernantes y legisladores, y los cuerpos intermedios de la sociedad en general, deberán mostrar su madurez y sabiduría democrática, al apuntar su selección sobre candidatos cuya preparación y trayectoria profesional no solamente haya sido del más alto nivel, sino que las decisiones jurídicas derivadas de esa enorme preparación también reflejen su capacidad de combinar libros con sabiduría, y convicciones personales con realidades.

– Como al final de todo esto de lo que se trata es de definir los límites de la libertad individual dentro de una sociedad organizada como Estado, entonces también habrá que ocuparse simultáneamente de intepretar cuáles son los límites hasta donde éste puede y debe actuar para hacer posible dicha expresión de cada individuo sin perjuicio de los demás.

– Ahora bien, la misión de este supremo organismo es interpretar un texto escrito y consagrado por una voluntad popular en determinado ciclo histórico de esa sociedad, y por tanto no se trata de reescribir ni la constitución ni las leyes, ni de añadirle coletillas, ni mucho menos emanar decretos para que el poder ejecutivo los ponga en práctica.

– Dicho esto, en una suerte de resumen para dummies acerca de la naturaleza y alcances de un tribunal supremo de justicia, es obvio y triste ver el estado de este tribunal en la Venezuela actual, donde no solo se reescribe la constitución, o se le añaden apostillas a conveniencia del régimen, sino que el mismo TSJ, garante ciudadano contra el eventual abuso de los otros poderes, como instancia, se ha sumado él mismo al abuso:

– Las decisiones sobre la fecha del inicio del mandato de Maduro como prolongación del recién electo y fallecido Chávez, lo impuesto con relación al referendo revocatorio, el acorralamiento e inertización de la Asamblea Nacional, y lo de la doble nacionalidad para blindar a un colombiano por nacimiento como presidente venezolano, son ejemplos muy bien sabidos por los mediadores al estilo Rodríguez Zapatero et all –incluyendo los representantes de la Curia Romana-, y por las organizaciones internacionales que valoran el estado de las libertades en cada país.

A toda esa gente les vendría muy bien repasar estos conceptos básicos para dummies sobre la naturaleza y atribuciones de un tribunal supremo, algo que puesto en perpectiva junto a las decisiones del TSJ venezolano, debería bastar para animarlos a declarar de una vez por todas, no tanto que Venezuela no es una democracia plena, sino que es ya una dictadura. Porque las palabras cuentan, y decirlas o esconderlas delata a cada uno de nosotros. Y a ellos.

– Por otra parte, Chávez puso de moda en la Latinoamérica de inicios de siglo, los insultos a los tribunales que no le complacían, y durante esos años, Berlusconi hizo exactamente lo mismo en Italia. Era inquietante ver cómo los extremos se tocaban, cuando el barinés asociaba a jueces y magistrados inconvenientes con la oligarquía y el imperio, mientras el milanés los tildaba de comunistas, recurriendo ambos al fantasma de su respectiva conspiración internacional.

– Muerto Chávez, y con un Berlusconi políticamente aniquilado, ahora es Trump quien toma el relevo de irrespetar a jueces que -con apego a la ley, al menos desde su punto de vista- deciden de una forma que al neopresidente norteamericano no le conviene. A la decisión de un juez de Seattle paralizando el decreto presidencial sobre el veto de entrada a EEUU de ciudadanos de algunos países, Trump la llamó “ridícula”, mientras que desde la Casa Blanca la valoraban como outrageous, o sea indignante -en su traducción más benévola-. Ahora solo falta que Trump la inserte dento de una conspiración internacional musulmana.

– Son estas valoraciones de un poder a otro con las que se inicia la laminación irreversible de la democracia, algo muy inquietante, por su obvia influencia global, si ello siguiera este curso en EEUU. En Venezuela, país mucho más pequeño en influencia en el mundo, eso ocurrió hace 15 años, y los resultados están a la vista. Hay que esperar el desenlace de la Corte Suprema de EEUU para saber qué dirá Trump si ésta ratifica la sentencia en contra de su decreto. Amanecerá y veremos.

-La política es ruda como el rugby, un deporte que sin reglas claras y de estricto cumplimiento podría hacer mucho daño a sus protagonistas, y a diferencia del fútbol -deporte algo más atrasado en materia de comportamiento humano-, la regla de respeto y acatamiento al árbitro es sagrada, aunque se equivoque, algo que en la rudeza política no siempre se cumple.

– Lo que no sabremos, al menos durante un tiempo, es qué diría Maduro, Cabello y toda la banda, si nuestro TSJ, apegado aunque sea por una vez a la Ley, les llegara a mover el piso.

Hermann Alvino

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