La falaz antipolítica


– Los marxistas –o comunistas- y los neoliberales, utilizan los mismos argumentos para justificar sus propios fracasos y a su vez para explicar los de su adversario ideológico; en efecto, siempre que un país dominado por comunistas rutinariamente llega a los conocidos niveles de ruina material y espiritual, éstos dicen que el problema estuvo en que no se pudieron aplicar a cabalidad ni los preceptos sociales del comunismo, ni los economicos del marxismo, porque la sociedad no estaba madura, o porque lo impidió el imperio, la conspiración de la derecha, o algo parecido…

– Así mismo, cuando por sus políticas emergen los alarmantes indicadores sociales de  costumbre, los neoliberales de turno, que impusieron su capitalismo de amiguetes –el llamado crony capitalism-, a su vez claman cínicamente que esos altos niveles de pobreza y desigualdad son consecuencia de no haber aplicado a cabalidad los principios de una economía liberal, dejando de lado el detalle de que ellos son como zamuro cuidando carne, para quienes lo de economía “liberal” o “abierta”, solo está para los libros.

– Sabido entonces es que quien se opone con fundamento a los comunistas –o marxistas-, automáticamente será acusado de oligarca, de derechista, de representante del capitalismo más abyecto, y sujeto a que se le destruya su reputación personal y profesional.

– Igualmente conocido es que los que se oponen a los abusos del neoliberalismo, son considerados cómplices –cuando no autores intelectuales- de una conspiración marxista global que ha penetrado todos los estratos, incluyendo el sexual, o la vestimenta.

– Esta clase de ataques es incluso común dentro de los partidos democráticos, en los cuales la camarilla de turno en el poder, crucifica –política y mediáticamente hablando- a quien osa cuestionar su gestión.

– Es inútil entonces considerar la posibilidad de que algún gobierno ubicado en estos extremos ideológicos, explore cuáles podrían ser son los elementos de otros pensamientos sujetos a combinarse cuando la necesidad obliga, porque para el poder de turno es la realidad la que deberá adaptarse a su pensamiento, negando que las ideologías no son la realidad misma, sino una explicación de ésta a partir de ciertos supuestos.

– Visto así, cuando en un país se imponen aquellos cuya cultura se edificó sobre un sustrato marxista, el control y centralización absoluta de la economía será un dogma imposible de laminar, siendo por tanto impensable deslastrar al Estado de tanta empresa clientelar e improductiva.

– Descartando los tontos e incultos que repiten como loritos los dogmas marxistas -sin siquiera haberlos leído, ni mucho menos comprendido-, esta actitud cerrada frente a la naturaleza real de la economía y la libertad en general, inevitablemente plantea la duda de si la élite dominante y culta realmente cree en esos dogmas, o más bien los utiliza como parabán para justificar un dominio social que pretende ser perpetuo.

– Así mismo, para aquellos gobernantes –tanto democráticos como Thatcher, como dictadores al estilo Pinochet- que pregonan los principios liberales más extremos, a partir de su concepción rígida y su deseo de que el mismo Estado desaparezca como tutor de la vida pública, es inconcebible abrir un poco el grifo de la inversión estatal, para fortalecer la red de protección social.

– Insinuar entonces que se tomen los elementos de ortodoxia liberal –léase sensatez económica- y los de solidaridad social estatal, es arriesgarse a ser como un ignorante; así, según estos dos frentes que dominan los medios de opinión del mundo, Obama –un político del statu quo de EEUU, que no se diferencia en nada de la mayoría de su casta- es un comunista disfrazado, y Macri es un derechista abyecto.

– Trasladando la misma guerra ideológica a un frente eminentemente político, ser sensible a la causa palestina es ser antisemita, cualquier norteamericano que critique la guerra de Iraq es antipatriota, quien critique a la MUD por no tener ideas para gobernar y a esos empresarios de pasado más o menos oscuro que se oponen al chavismo, pasará a ser un chavista disfrazado, y quien combate al chavismo con datos muy bien sustentados, es un agente del imperio y de la oligarquía que desea seguir oprimiendo al pueblo enriqueciéndose sin parar, y así sucesivamente.

– Cada bando pues se ha apropiado de las etiquetas adecuadas para seguir dividiendo, y por ello, tal vez, dentro de esta interminable retahíla de fanatismos ideológicos y manipulaciones mediáticas, la lección más importante es que, dada la complejidad y lo imbricado que está el mundo, a partir de una explosión demográfica insertada dentro de una sociedad que ha sido capaz de generar miles de diversos estratos subculturales con intereses diversos, la verdad ideológica como tal no existe, y solo existe el poder de turno para imponer su propia verdad, algo por lo demás inventado hace milenios -la Historia la escriben los vencedores.

– En cambio, lo que sí existe es la mentira, entendiéndose como tal el presentar hechos falsos, o medias verdades, contando solo parte de una determinada historia, un drama que ha contribuido a tener millones de personas mal informadas, o desinformadas del todo.

– Es alucinante ver, por ejemplo, cómo la élite que le impuso al mundo una globalización luego de la implosión de la URSS en 1989, ahora por el simple hecho de que su caballo ganador en las presidenciales norteamericanas haya tenido la ocurrencia de renegar los beneficios del comercio internacional, también la critiquen, olvidándose de paso que el éxito de Trump como empresario se basó justamente en dicha globalización, con la consiguiente exportación de empleos a países con mano de obra más barata.

– A su vez, es increíble como la derecha europea, que en su momento le dio la espalda al putero Berlusconi, ahora haya escogido como presidente del Parlamento Europeo a quien fuera su vocero; la misma derecha por cierto, que exige más austeridad a los países del Sur de Europa, pero que eligió como presidente de la Comisión Europea a quien durante casi dos décadas como primer ministro, hizo de Luxembourgo un paraíso fiscal para multinacionales, impidiendo así a esos países que requieren ingresos -y a quien él mismo les exige ajustarse el cinturón-, que los perciban por la vía de impuestos por las actividades de dichas multinacionales en toda la región.

– Pareciera por tanto, que esa necesidad patológica que tienen millones de personas en ser dirigidas por algo y alguien, les impulsa a apoyar sin pensar estas barbaridades, pero que a su vez, dentro de tantas contradicciones, verdades a medias, mentiras, y un debate banal del intercambio de culpas –el llamado “y tú más”-, paralelamente sufren un desenganche espiritual que les hace descubrir el término antipolítica, que utilizarán para todo, menos para lo que deberían, que sería promover dirigentes que realmente se ocupen de la política en sus términos más elementales y auténticos, esto es, orientándola hacia el bien común, y no hacia el de los bolsillos de los más vivarachos.

– Las consecuencias de concebir de esta forma la antipolítica en países democráticos, ha conllevado a los EEUU a tener a un antipolítico como presidente, mucho después de que los venezolanos votaran a Chávez como paradigma de esa falaz opción ciudadana, ignorantes del todo que el chavismo, como recientemente lo definió acertadamente Nelson Chitty, era –y es- el bastardo mismo de la antipolítica.

– La mal definida antipolítica, entonces, es producto del hastío de un debate eterno y estéril,  en el cual no se busca lo mejor para una sociedad, sino el aplastar cada argumento del adversario, todo ello adobado por la percepción ciudadana de impunidad hacia la corrupción de las élites, la  degradación generalizada de los servicios públicos e infraestructura, dentro de una creciente desigualdad social; un diagnóstico algo obvio, cuya solución pasa por esa misma ciudadanía, cuyo analfabetismo funcional se recicla de generación en generación, haciendo casi imposible superar el bache. Aunque para eso están las grandes guerras: para repetir una vez más este diabólico ciclo.

Hermann Alvino.

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