¿Feliz Navidad para todos? ni de v…, salvo para los venezolanos decentes.


Los detalles de la barbarie chavista que se viven diariamente desde hace más de tres lustros afloran en la piel de cada venezolano, pero como la vida es como es, cuando todo esto termine, esas tribulaciones solo podrán ser relatadas con la debida intensidad por quienes para entonces seguirán vivos, porque para quienes seguramente vivirán en un país mejor, todo esto solo será un relato periodístico, o histórico, cargado de cifras, más no de esos sentimientos y pulsiones que revuelcan el alma de los venezolanos de hoy.

La gente decente de la Venezuela de hoy está en extrema ebullición espiritual, por la humillación que el régimen le impone, por una impotencia frente al sufrimiento, por la desesperación frente a las muertes causadas por enfermedades fácilmente curables en un país normal, más las muertes tempranas, y por ello innecesarias, a partir de tanta criminalidad nacida del desgobierno chavista. A ello le podemos sumar la sensación de estar moralmente aprisionado entre el natural amor por el terruño y los deseos de irse muy lejos, a vivir y a recuperar tantos años perdidos, y a darle un futuro mejor a sus hijos; una suerte de ratón moral que afecta incluso a quienes ya se han ido –salvo a unos pocos, porque desalmados hay en todas partes y tiempos.

Ese estado anímico, que se hace permanente con los años, es similar al que imperaba en los pueblos centroeuropeos de la era soviética -aunque sin atracos ni asesinatos-, a quienes al igual que en la URSS de entonces, la abulia por la vida, y la desesperanza, solo les dejaba fuerzas para salir indemnes de cada día, idéntico al anterior, y de seguro al siguiente, luego de la respectiva fila y larga espera para adquirir algunos víveres y bienes de consumo.

La conquista del chavismo es haber impuesto parte de esa abulia a un pueblo alegre como el nuestro, muy diferente al de aquellos europeos, que aunque inventores de la cerveza moderna, desconocían –al menos durante esos años- esa atmósfera de alegría que inevitablemente surge del calor tropical y la salsa caribeña. Una abulia que dentro de pocos lustros, será imposible de aprehender para quien lea la historia del país de estas décadas.

Por eso es que a veces hay que recurrir a la poesía, en este caso, y para que le duela a algún chavista lector que pueda existir, la de dos poetas ñángaras separados por medio siglo.

Uno de ellos es el colombiano William Ospina, partidario de Chávez, quién escribió una vez que el Comandante…bien podría haber hecho algo mucho más profundo y perdurable que inventar el socialismo del siglo XXI: es posible que haya inventado la democracia del siglo XXI…sobran comentarios.

Ospina es un gran poeta y un magnífico novelista de este tiempo, aunque se equivoca en la valoración de demagogos y asesinos –como Chávez y Castro respectivamente-, a cuenta de que en ellos, pueblos enteros –y él mismo- vieron un desahogo a sus frustraciones de vida –muchas de ellas objetivas, por la ceguera y avidez de sus gobernantes- y de resentimientos que vienen de muy lejos en el tiempo; su error como intelectual ha sido justamente no haber sido capaz de detectar que ese desahogo fue un engaño, porque al final, luego de ese ciclo diabólico de poder, la gente vive mucho peor. Un error, por otra parte, que en el caso de haberlo descubierto,  al no querer reconocerlo lo tiñe de intelectual deshonesto.

Lo irónico del escrito de Ospina que a continuación se transcribe, es que cuando él lo imaginó pensaba en esos ultraconservadores que siempre han predominado en su país, ya que por su mente nunca habría pasado que pocos años más tarde, esas mismas palabras también plasmarían al espíritu chavista a la perfección. Algún filósofo maestro de la dialéctica diría que los extremos se tocan…

Ellos son poderosos

No digas que tienes sed, porque te darán un vaso con tu sangre.

No digas que tienes hambre, porque te servirán tus dedos cortados.

No digas que tienes sueño, porque te coserán con hilo los párpados.

No digas que amas a alguien, porque te traerán su corazón putrefacto.

No digas que quieres al mundo, porque multiplicarán los incendios.

No digas que buscas a Dios, porque te llenarán de brasas la boca.

No digas que está bello el rocío que dulcemente cubre los campos,

porque en cada gota celeste inocularán pestilencia.

(https://goo.gl/kXut9Z)

…Chavismo puro y duro, pues -además de un impecable resumen de la narcoguerrilla colombiana, tan cruel y asesina como sus rivales paramilitares –los paracos

El otro poeta a recordar es un español que vivió a caballo entre el Siglo XIX y el siglo pasado, un bohemio farmacéutico que a ese oficio le añadía el de cómico que ejercía por todo el país con una compañía de teatro, adobándolo con una que otra tracalería por la que fue encarcelado.

Durante la Guerra Civil Española, León Felipe fue comunista republicano –perdonen la redundancia-, por lo que tuvo que irse a vivir a México hasta el final de su vida, país en el cual desarrolló su obra poética, y desde el cual hasta le envió un libro al Ché Guevara, ya instalado en el poder luego de la Revolución Cubana -y antes de irse a Suramérica a continuar su saga de asesinatos–. La respuesta de Guevara a ese envío de Felipe se puede leer acá: https://goo.gl/unHcR6

Al igual que Ospina, León Felipe le dedicó unas líneas al odio, en su caso particular a aquel que se impuso durante aquella guerra civil; un odio cuyo origen es complicado desentrañar, puesto que también está muy escondido en la Historia –al menos la que escriben los vencedores-, y cuyos alcances aún son tangibles en la España actual –el hasta hace poco Ministro del Interior español, Fernández Díaz, en un acto público llegó a afirmar que…hay algunos que pretenden ganar la Guerra Civil 40 años o no sé cuantos años después de haber terminado en el año 39…:

El hacha, Elegía española.

…en esta tierra maldita no hay bandos.

No hay más que una hacha amarilla que ha afilado el rencor.

Un hacha que cae siempre, …

…implacable y sin descanso sobre cualquier humilde ligazón;

sobre dos plegarias que se funden,

sobre dos herramientas que se enlazan,

sobre dos manos que se estrechan.

La consigna es el corte,…

…el corte hasta llegar al polvo,

hasta llegar al átomo.

…aquí no hay bandos,

ni rojos

ni blancos

ni egregios ni

plebeyos…

Aquí no hay más que átomos,

átomos que se muerden

(https://goo.gl/mGxCf4)

¿Cómo iba a imaginar León Felipe que uno de los discípulos tardíos de la Revolución Cubana sembraría y promovería hasta el fin de sus días, como ahora emulan sus herederos, esta clase de sentimientos en Venezuela? De nuevo, la vida cobra su tributo en forma de ironía, para recordarles a estos poetas del comunismo que en el fondo también describían a su propia gente.

Los versos reseñados de estos dos poetas de izquierda –…como si el término tuviera algún sentido para un intelectual honesto…-, dan una clara idea del odio sembrado por el chavismo, no tanto por haber dominado con trampas al país durante 17 años, ni tampoco tanto por el desgobierno y el caos creado, que tomará enderezarlo por al menos una generación, sino por su permanente intención de humillar a quienes le adversan, burlarse de ellos, tanto antes de arrestarlos, torturarlos y condenarlos sin razón alguna, como después de liberarlos.

Toda dictadura es de por sí un instrumento de humillación ciudadana, como lo es la represión y la tortura, y quienes caen en sus redes saben que sus esbirros los humillarán y se reirán de ellos. La variante chavista es que en Venezuela, esa burla no solo la explicitan esos torturadores y guardianes de cárceles, sino el mismo líder y sus ministros. Así lo hacía Chávez, como ahora lo hacen Maduro y Cabello.

Esa risita es el mayor fertilizante para ese odio ancestral que de repente vuelve a invadirnos a todos; aquel odio que se expandía antes de que cualquier religión inventase la misericodia, y que hasta impelía a cegar a los hijos del enemigo.

Ellos justamente nos han devuelto como sociedad a ese pasado donde todo valía, un tiempo muy largo durante el cual reinaba la célebre frase del libro Il gattopardo de Lampedusa, pero con una diferencia, porque en vez de decir que todo cambia para que nada cambie, con el chavismo nada cambia para que nada cambie.

Tuvieron que pasar milenios y muchas religiones para mitigar ese arquetipo muy humano, que sigue siempre allí, latente, dispuesto a salir de su nicho apenas aparece esta clase de malas personas. Y mitigar ese odio, a los venezolanos le tomará décadas.

Es así entonces que esa actitud prepotente de quienes abusaron de su suerte, y se aprovecharon de la irresponsabilidad e ingenuidad de todo un pueblo para hundirlo en la miseria, impide desearles unas fiestas felices durante estos días; y más bien invita a augurarles, sin ningún remordimiento, que se les pudra la piel en vida, a ellos y a toda su estirpe -después de todo, ese jueguito que inició Chávez con su verborrea políticamente incorrecta, es relativamente fácil de aprender, pero a diferencia del barinés, algunos lo desarrollamos de manera más elegante.

¿Feliz Navidad para todos? ni de v…, salvo para los venezolanos decentes.

Hermann Alvino

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