A trumpada limpia (1/2)


1- Los norteamericanos están fritos, pues, porque quienes les gobernarán y legislarán durante algunos años serán como los mismos chavistas que dominan a Venezuela, esto es, una banda de ignorantes; o peor aún, porque ahora que un radical de derechas será presidente, su sinergia con un Congreso dominado por gente así, permitirá llenar la vacante de su Corte Suprema con alguien  de esas mismas ideas, seguramente una persona muy versada en leyes, pero cuya interpretación inevitablemente estará escorada por una ideología extrema, y creencias religiosas fundamentalistas.

Lo cual nos recuerda al TSJ venezolano, cuya ignorancia jurídica y tracalería personal de sus integrantes contrastan con la preparación y honestidad a toda prueba de los magistrados gringos, porque el efecto de sus decisiones es el mismo, por estar contaminadas por la ideología del poder al que defienden como fin único de su mandato.

2- Cualquier venezolano ciudadano del mundo que indague sobre los nombres que integrarán el equipo de gobierno de Trump, deberá inquietarse, con ese reciclaje de funcionarios que con Bush hijo al mando pusieron patas arriba a la administración norteamericana, ejecutivos de esas instituciones financieras globales públicas y privadas que catalizaron la gran crisis de inicios de siglo, fundamentalistas cristianos y seguidores literales de la Biblia, como el mismo Vicepresidente electo, quien cree en el diseño inteligente en vez de la evolución de las especies. Algunos de ellos hasta creen que la especie humana convivió con los dinosaurios, que EEUU podrá seguir dominando al mundo a punta de superioridad militar -olvidando ese capítulo de Los viajes de Gulliver en el que le inmovilizaron millones de seres pequeñitos-, y que podremos seguir ensuciando al planeta y degradando la biodiversidad sin terribles consecuencias a muy corto plazo. Y no se desea cansar al lector con la lista de fuentes que confirman cada uno de estos datos.

Cuáqueros modernos pues, para quienes sus mujeres solo deben limitarse a parir y a hornear tortas de manzana, que si ya consideraban como una afrenta personal el tener un presidente negro, la posibilidad de que a éste le siguiese una mujer en dicho cargo les era insoportable.

3- Se equivocan quienes afirman que si en vez de Clinton el candidato demócrata hubiera sido Sanders, el republicano Trump habría perdido. Seguramente habría triunfado igualmente, como  habría hecho Chávez en 1998, aún si AD y COPEI no hubieran cometido la locura de elegir candidatos a Alfaro e Irene Sáez respectivamente, para luego defenestrarlos y aliarse en un apoyo común a Salas Römer.

Porque el daño ya estaba hecho; el autismo político mostrado por AD y COPEI durante ese año electoral, confirmó que ambos vivían en una burbuja lo suficientemente transparente como para que la mayoría de los venezolanos pudieran mirar sin filtro alguno lo que allí dentro pasaba, para confirmar así la podredumbre de todo el sistema.

En el caso de EEUU el asunto también viene de atrás, al igual que con el Brexit británico; una realidad, como es el neoliberalismo, cuyo impacto a corto plazo también podría afectar la estabilidad de la Unión Europea.

4- El mismo The Economist, medio del cual nadie podría siquiera sospechar de intimidad alguna con todo lo que huela a izquierda, en uno de sus editoriales de cabecera de esta semana afirmó: está claro que el apoyo al orden occidental dependió más de un rápido crecimiento (económico) junto a la galvanización de la amenaza soviética, que del convencimiento mismo de la gente (por “orden”, The Economist se refiere a los mercados abiertos, y a la democracia liberal globalizada a partir de 1989). Más aún, The Economist afirma con toda claridad que en estos tiempos, las democracias occidentales han hecho muy poco para difundir los beneficios de la prosperidad. Los políticos y los analistas han tomado el descontento de la gente como un simple hecho sin mayor trascendencia.

En otras palabras, los gobernantes neoliberales hacía ya tiempo que vivían dentro de su propia burbuja. Y como sucedió en Venezuela, esta vez les pasaron factura.

Por supuesto, cuando la gente arrinconada por la pobreza y el desempleo reacciona, probablemente optará por un remedio peor, como pasó con Chávez, o con Perón. O con Berlusconi, si se quiere, porque la reacción popular no tiene signo ideológico, sino que es una pulsión que va en contra de lo que hay, y a favor del primer demiurgo que esté en el lugar y momento correctos…Chávez ofreció freír en aceite las cabezas de los adecos y los copeyanos, mientras que Trump, algo más modesto, ofreció hacer lo posible por meter a la cárcel a Hillary, al tiempo que deportaría a millones de ilegales. El parecido es innegable.

5- Continuando con el tema del neoliberalismo, para quienes aún no lo han aprehendido, la base de todo es que haya impuestos muy bajos que sirvan de estímulo para potenciar las inversiones, las cuales a su vez se traducirían en más empleos, y por tanto en mayor ingreso para la gente, que al multiplicar su capacidad de consumo retroalimentará todo el proceso. El efecto colateral es que al Estado le ingresará menos, y por tanto deberá recortar sus gastos, puesto que por más que se desarrolle la economía privada, el volumen de impuestos a cobrarle nunca sería suficiente como para gobernar a mano suelta. Recordemos que en el caso venezolano ni siquiera la renta petrolera fue suficiente para seguirle el ritmo a ese gasto desenfrenado de la democracia prechavista. Y cuando CAP II intentó aplicar el remedio sin anestesia, todo se vino abajo.

Reducir el gasto del Estado, en el fondo implica que todos nos busquemos la vida para pagar el  colegio privado de los hijos, el seguro privado de salud, o los planes privados de pensiones, dejando al voluntariado empresarial la misericordia para los más desposeídos –un gesto cuyos gastos también serán deducidos de los impuestos a pagar…

En teoría el plan debería funcionar; el problema es que todo ello se basa en el dinero como un fin en sí mismo, y no como un instrumento para el Bien Común, lo cual legitima cualquier medio para obtenerlo de manera más directa –y legal-. Y ese medio se llama especulación financiera –que técnicamente significa invertir en algo con la expectativa de que subirá de precio.

Este fenómeno lo explicó muy bien en el año 2013 el profesor francés Thomas Piketty en su libro El Capital del Siglo XXI: el dinero que se va generando -mediante el ciclo de crecimiento descrito- en vez de reintroducirse en éste, más bien se destina a crear otro ciclo de naturaleza exclusivamente financiera y especulativa –como la de las hipotecas basura que generaron la crisis financiera global de hace diez años-, un circuito financiero que nada tiene que ver con la creación de empleos, que por una parte enriquece más y más a quienes de antemano tienen esa riqueza para especular con ella, y por otra empobrece mucho más a aquellos que no pueden incorporarse al mercado de trabajo -porque éste ya no está sincronizado con el crecimiento demográfico-, o lo pierden, porque las empresas que aún se dedican a generar bienes y servicios, se van a otro país de mano de obra más barata.

Todo legal, entendámonos, si por “legal” comprendemos que la Ley está hecha en función de estos intereses, porque ese mismo dinero es el que ha servido para financiar las campañas para elegir a esos gobernantes que configuraron el mundo actual tal y como lo conocemos, con su capitalismo de amiguetes y sus carteles globalizados; o sea todo lo contrario de lo que siempre predican, lo cual nos enseña que al igual que para los marxistas, para los neoliberales la ideología no es más que un neón publicitario utilizado para esconder el verdadero motivo de su acción: el poder como un fin en sí mismo. Tal vez esto explique esa laxitud que ha permitido que Castro se haya mantenido tantas décadas en el poder: porque son muy parecidos entre ellos.

No hay que ser marxista ni comunista extremo para percararse de este fenómeno: Trump no lo es, al contrario él es parte de esa cadena de riqueza, pero como solo le faltaba desarrollar un poquito más su propio ego, pues se dedicó a mostrarle las cosas tal y como son a esos millones de desesperados a quienes el neoliberalismo les ha triturado la vida. Y ganó utilizando las técnicas más puras y clásicas con las que hace casi un siglo se impuso el nazifascismo en Europa, como el miedo, y el apuntar a un enemigo muy concreto, inventado o real,  que en este caso fue Wall Street, representado puntualmente por Hillary Clinton.

En todo caso, los defensores a ultranza de esta visión socioeconómica de la vida siempre responden que el problema ha consistido en que el neoliberalismo no se ha aplicado a plenitud, y que de hacerlo, los resultados tardan un poquito en evidenciarse…pero casualmente ¡ése es el mismo argumento de los marxistas con relación al Comunismo!, porque el problema en realidad consiste en no aplicar a rajatabla una determinada ideología, sino en gobernar con sentido común, y de acuerdo a la realidad, lo cual obliga a tomar elementos conceptuales de todas partes, que aún siendo dispares, si se sabe cómo dosificarlos oportunamente, hacen posible la prosperidad y la paz social.

Por otra parte, con todo y el griterío de gallera de estos libertarios, los indicadores de desigualdad económica que recogen sus mismas organizaciones de investigación social, mediante metodologías reconocidas que ya son estándar en ese campo, luego de casi treinta años de neoliberalismo formal y real -a partir de Reagan y Thatcher-,  ya muestran una consolidación de la desigualdad en Occidente que obliga a cambiar de paradigma,  a menos que no se quiera correr el riesgo de repetir las guerras trágicas del siglo pasado luego de hundir a las clases medias.

6- El discurso de Trump sistematizó así la pulsión que desde hace tres décadas molestaba a los marginados blancos de la sociedad post industrial norteamericana, ubicados en el llamado Rust Belt -una suerte de franja territorial de grandes ciudades con centenares de fábricas cerradas cuyos millones de empleos se fueron a China o a México. Un logro comunicacional que solo ha sido posible si se detalla quién es realmente Obama, esto es, alguien a quien lo único que le diferencia de un neoliberal es su color de piel; una realidad captada por esos millones de desempleados poco antes de terminar su primer período, y consolidada durante su segundo mandato –confirmado por la merma de votos que se mostrará en el siguiente post.

Porque quienes aún creen que Obama es progresista –con el perdón del término aplicado en el contexto EEUU, y no en el europeo- solo deberán recordar que desde el 2008 al 2013 –lapso durante el cual explotó aquella crisis financiera global-, su Secretario del Tesoro fue Timothy Geithner, director del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, y en parte arquitecto de la misma crisis, junto a personajes como Larry Summers, quien a su vez ocupó el mismo cargo entre 1999 hasta el 2003…casualmente a caballo entre la presidencia de Bill, esposo de Hillary, y la de Bush hijo.

A nuesto desempleado blanco del medio oeste, analfabeta funcional que no puede identificar a su propia ciudad en un mapa, el discurso de Trump en cambio sí le permitió realizar un mínimo razonamiento lógico, mediante el cual, si Geithner y Summers se relacionaban con Obama, con Bush hijo, y con Bill Clinton, entonces la misma Hillary era por tanto parte de esa élite desreguladora de la economía que les arruinó la vida, y que disfruta de lujos y privilegios autosostenibles que a los cuales él nunca podrá acceder.

Si a ello le sumamos la percepción –que en gran parte se corresponde con la realidad- de que esas élites no han gestionado debidamente el problema de la inmigración ilegal, y encima él cree que les arrebata los pocos empleos disponibles, pues…

Hermann Alvino

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