De Chávez a Trump: una buena ocasión para lanzar algunas piedras.


1- Es cierto que las reglas de juego electoral norteamericano -gusten o no a quienes tenemos otra cultura- son iguales para todos los rivales, de manera que no hay ventajismo; allí la elección presidencial, siendo universal y secreta, no es directa en virtud de que la decisión se realiza en segundo grado mediante los delegados electos en cada Estado de la Unión; en todos los estados, salvo en Maine y Nebraska donde se reparten proporcionalmente a la votación obtenida por cada candidato, el ganador se lleva todos los delegados.

Con esas reglas de juego, ganó Trump legítimamente, pues.

…Pero con una elección universal, secreta, y además directa, habría ganado Clinton con 59.923.027 votos contra los 59.692.974 votos de Trump. Una diferencia ridícula de 230.053 votos, esto es, del 0.3%.

Para efectos de comparación, en 1968 Rafael Caldera resultó electo presidente con 1,083,712  votos frente a los  1,050,806 votos de Gonzalo Barrios, o sea con el 29,13% v/s el 28.24% de su rival más inmediato. Una diferencia del 0,89%. Y para más comparación, en el año 2000, Al Gore le ganó en votos a Bush hijo –aunque éste resultara electo con los delegados de Florida, luego de una decisión muy dudosa y dividida -5 a 4- de la Corte Suprema de EEUU sobre quién había triunfado en dicho estado. Los resultados fueron: Gore 50,999,897 -47,9%- y Bush hijo 50,456,002 -48,4%-, una diferencia del 0.5%.

En otras palabras, el destino de millones de terrícolas se decide por décimas porcentuales. En el caso de Gore-Bush, ese destino entre otras cosas a la postre conllevó la guerra de Irak y su actual secuela de ISIS, y un empeoramiento del calentamiento global.

Por ahora entonces será mejor no pensar qué consecuencias para todos podrá tener el mandato de Trump…

Queda el consuelo de que en aquella Venezuela democrática –y en la actual de la dictadura chavista, apartando el tema del fraude endógeno-, al menos la elección presidencial sigue siendo directa, mientras que en EEUU se mantiene de manera indirecta.

La moraleja es que con todo y que EEUU es considerado un modelo de democracia, es evidente que sus fundadores nunca confiaron en la gente, excluyendo así la elección directa; en este sentido, EEUU poco puede presumir de democracia, en una era postmoderna donde la ciudadanía se ha ganado el espacio para decidir directamente sobre su destino; mucho menos si a ello le unimos la no proporcionalidad de los delegados que toman la decisión final.

Puede que alguien también se refiera al Reino Unido como otro modelo de democracia, en el cual los diputados tampoco son electos proporcionalmente, ya que los circuitos electorales son uninominales; allí, un partido puede ganar la votación total nacional, pero quedar reducido a un mínimo de representantes si esa ventaja en votos se limitó a pocos circuitos, perdiendo en todos los demás. Ésa es una realidad que también incide a la hora de valorar si esa representación parlamentaria es la legítima de todo el pueblo británico…pero lo que sí se puede asegurar, es que ellos, a diferencia de EEUU, delimitan los circuitos electorales sin que el poder de turno los manipule, mientras que en Norteamérica, el territorio que cubre cada circuito sí está sujeto al criterio de los gobernadores de cada estado, quienes los manipulan a discreción para asegurar que su partido obtendrá más parlamentarios. Es lo que allí se llama gerrymandering –ver detalles en: https://en.wikipedia.org/wiki/Gerrymandering

Visto así –la falta de proporcionalidad en delegados y la manipulación de circuitos electorales-, EEUU no es ejemplo de democracia para nadie –y por si acaso, el dar resultados finales a las pocas horas de cerradas las cajas con los votos no es democracia, sino tecnología.

2- El resultado de las elecciones de EEUU indica que la mayoría de la gente –si bien por muy poco margen- optó entre otras cosas por una sociedad en la cual las mujeres deberían cobrar igual que los hombres que realizan el mismo trabajo, que además no está bien andar invadiendo países a capricho, como tampoco lo es el seguir con la libertad absoluta en la compra y posesión ciudadana de armas y armamento de guerra, y que sería muy bueno para todos continuar desarrollando a plenitud un sistema de seguridad social público y universal.

Una mayoría mínima, pero mayoría al fin y al cabo que no se verá legitimada; y una realidad que delata el doble rasero y el cinismo de muchos partidos de derecha, como el PP español, que siempre anda clamando por el apoyo de sus rivales cuando obtiene el mayor número de votos, y que ahora anda calladito con esa mayoría que obtuvo Clinton.

Probablemente parte de esa gente votó con un pañuelo en la nariz por la falsedad que durante décadas percibieron de Hillary, especialmente los más jóvenes –si acaso fueron a votar-, y probablemente todos ellos en su momento estuvieron contra la invasión de Irak –apoyada por la misma Clinton-, como seguramente también estarán de acuerdo con varias propuestas de Trump, como por ejemplo, el no andar por el mundo invadiendo países, o el simplificar el sistema impositivo, aunque de seguro estarán muy contrarios a revertir el tema del aborto -un resumen del programa electoral de Trump puede leerse en: https://goo.gl/AggnS6, y como en todo, allí hay cosas sensatas y otras irrealizables, además de inconcebibles.

Seguramente esa mayoría también cree que el calentamiento global –y el cambio climático que esto conlleva- es la consecuencia de la actividad humana, al contrario de Trump que opina que eso es un mito, y que por tanto cortará todo desarrollo en energías alternas renovables, al tiempo que impulsará el desarrollo de centrales nucleares.

Como ciudadanos de otro país que por no tener ni arte ni parte en los asuntos de EEUU, puede que nos importe un rábano en qué salsa se sancochen allá, pero como ciudadanos del mundo sí tenemos la preocupación sobre un retroceso en materia de control de emisiones de gas invernadero, porque si ya los 1.7 grados de aumento del promedio de la temperatura planetaria son un hecho irreversible, pues con Trump el camino a los 2 grados será mucho más directo, con consecuencias imprevisibles, dado que la reacción del planeta no es necesariamente lineal sino que puede ser exponencial, transformando huracanes, veranos, inviernos, inundaciones, sequías, etc. en realidades incontrolables.

Y todo esto apartando el asunto del botón nuclear.

3- Por otra parte, los medios de comunicación y casi todos los analistas se preguntan por qué ganó Trump, pero esa es la pregunta equivocada, porque lo que hay que indagar son las razones por las que nadie lo vio venir… como nadie vio venir a Chávez, dejando por supuesto aparte el hecho de que tanto Hillary como Trump solo pudieron ser candidatos presidenciales a causa de la podredumbre misma de sus respectivos partidos, y que Chávez pudo serlo por el sobreseimiento otorgado por Caldera, porque de haber sido condenado en firme por rebelión habría estado inhabilitado para ser presidente…

Dentro de la ceguera norteamericana destacaron tres protagonistas, a saber: la clase política, los encuestólogos, y los medios de comunicación…casualmente los mismos que hace veinte años tampoco se percataron de lo que al poco tiempo iba a significar Chávez…

3.a- Obviamente que la clase política norteamericana vive dentro de una burbuja. Sus conflictos internos, interpartidistas, e institucionales son gravísimos para una potencia como EEUU. La oposición de los republicanos del Congreso a cualquier iniciativa del presidente Obama ha sobrepasado lo racional, para entrar en un fanatismo que también toca el tema racial. Las contradicciones dentro de los dos grandes partidos son producto de más de un siglo de estar fagocitando todos los puntos de vista posibles –algo así como el peronismo, donde había desde la extrema derecha hasta el maoismo más absurdo-; al final la Historia pasa factura, haciendo emerger esas profundas contradicciones para que, si bien no formalmente aún, ambos partidos vivan una profunda división interna en lo ideológico, en lo socioeconómico, en lo étnico y en lo democráfico.

Como ambos partidos se miran sus respectivos ombligos, y a partir de ello describen la realidad como ellos creen que es, o debería ser, pues no se percatan de lo que ocurre a su alrededor. A veces la elección les puede salir bien, como a los demócratas con Obama, y a veces mal, como a ellos mismos con Trump, lo cual constituye un fenómeno idéntico al autismo político que en su momento vivieron AD y COPEI, pensando que esa placidez política, y los privilegios derivados de moldear un sistema político a su conveniencia, le iría a durar para siempre.

3.b- Por otra parte están los encuestólogos, grupo dentro del cual también podríamos incluir a los expertos en asesoría electoral y los analistas –o pundits, en la jerga de por allá-, descartando de antemano los que simplemente actúan en función de quién les paga, porque obviamente sus productos son solo una prolongación propagandística de su cliente.

Quienes en cambio realizaron análisis y estudios de campo basados en metodologías sólidas y reconocidas por todos, si bien pueda parecer que no las aplicaron debidamente, reproduciendo sucesivamente un error de base tan garrafal como puede ser el diseño erróneo de las muestras poblacionales, tal vez el problema fue que siendo la elección tan cerrada –esto es, que el porcentaje de la diferencia de votos entre uno y otro candidato fue menor al margen de error estándar del 3%-, al no tratarse de elección directa, sino mediante esos delegados que cada candidato suma en su totalidad en cada estado donde triunfe, aunque sea por un solo voto, basta con que un estado clave se decante de un lado u otro para que la proporción nacional de esos delegados se desvíe un margen mucho mayor.

En otras palabras, en elecciones tan cerradas como ésta, cuya diferencia está dentro de ese 3% de error, la encuesta equivale a lanzar una moneda. La solución sería disminuir ese margen de error a menos del 1%, pero la muestra y el costo serían tan grandes que harían impensable el trabajo. De manera que hay un factor estructural –valga el término- que en una sociedad tan dividida como la actual en EEUU, hace inútil cualquier encuesta para predecir el ganador. Más aún, si ha habido estados con diferencias de votos menores que el mismo 1%.

3.c- En lo que respecta a los medios de comunicación, la cobertura de la campaña presidencial norteamericana confirma la muerte del periodismo honesto, tanto el de opinión como el informativo, puesto que durante meses hubo una avalancha mediática a favor de Clinton, y en contra, tanto de su rival interno Sanders, y luego hacia Trump; un fenómeno común en medios de “prestigio” como CNN y el mismo New York Times, describiendo una realidad que no era tal, sino que solo existía en la imaginación de quienes, tanto de buena fe como producto de la inevitable palangre, cubrieron el proceso durante más de un año…unos faltando a su profesionalidad, al no comprobar debidamente sus fuentes informativas –comenzando por la metodología de las encuestas-, y otros directamente faltando a la ética periodística más elemental, al querer manipular la opinión pública como lo hicieron en su oportunidad las televisoras venezolanas -RCTV y Venevisión- durante los gobiernos de Luis Herrera y de Jaime Lusinchi, destruyendo reputaciones y cavando la fosa de la credibilidad política de todo el sistema.

Como la vida es algo injusta, algunos de aquellos irresponsables propietarios de medios criollos, nunca pagaron por sus conspiraciones –como el de El Universal, que hasta públicamente optó por “autocensurar” a su periódico a la hora de informar los delitos y tropelías de Blanca Ibáñez-. Durante más de treinta años el país ha estado esperando una disculpa de alguno de ellos por sus intentos por convertirse en los factores principales para decidir los asuntos públicos; pero en el caso norteamericano, al evaluar su labor, al menos el jefe de información de CNN asomó una disculpa: “We were not having a reality-based conversation”, algo que en el New York Times se valoró en términos de que si los medios fallaron en presentar la realidad, pues entonces fallaron en la esencia misma de su función –ver https://goo.gl/va6182

Los medios en papel, audiovisuales y digitales, y no solo en esta elección, sino desde que el periodismo comenzó a transformarse como una aventura empresarial a gran escala, han ido deformando tanto su actividad informativa como el mismo periodismo de opinión. En efecto, es relativamente sencillo manipular lo informativo: basta omitirlo, relegarlo, o cambiar el orden de una declaración con respecto a otra, complementar una información con una fotografía u omitiéndola, reseñar con o sin subtítulo, etc., jugando así un papel muy flexible como intermediario entre la realidad y sus hechos, y quien recibe la información.

Peor evolución ha sufrido el periodismo de opinión, el cual, alojado en los medios se ha convertido en un apéndice propagandístico de uno que otro partido –al cual se adhieren los propietarios del medio en cuestión, por intereses de la más diversa naturaleza, comenzando por los económicos-, o en una invalorable fuente de marketing para los mismos intereses empresariales propietarios de dicho medio, que ven en éste no un instrumento de información y civismo, sino una herramienta adicional de ventas.

Con un andamiaje así, no es de extrañar que los medios inventen la realidad que más le convenga y hagan lo posible por imponerla a los ciudadanos. Lo que pasa es que a veces la realidad es tan terca que termina imponiéndoseles a ellos, evidenciando sus vergüenzas, y dejando por el camino a millones de incautos con sus  ilusiones rotas.

En este sentido, para los principales medios de comunicación venezolanos –al menos los que aún escapan al dominio de la dictadura chavista-, la lección no está aprendida ni mucho menos, puesto que desde hace décadas siempre pregonan lo “políticamente correcto” sin agregar mayor valor a realidades que todos ven y viven, menos sus enquistados columnistas.

Allí continuan los defensores a ultranza del diálogo, junto a quienes aún niegan la existencia de aquellos fraudes electorales monumentales, y en general todos aquellos que nos dicen lo que hay que hacer –por ejemplo recuperar la legalidad, o la constitucionalidad-… pero sin decirnos cómo hacerlo, si es que –como sucedió en el pasado-, este nuevo intento de diálogo fracasa.

Ninguno de ellos pues, como tampoco los famosos que dan la cara o la firma en los grandes medios norteamericanos, ha agregado valor alguno para comprender nuestras respectivas realidades; para los seguidores del Partido Demócrata norteamericano, ello implica a que pasará largo tiempo antes de que logren romper esa realidad inventada por ellos mismos, e impuesta a fuego por tanta basura mediática, para así escoger dirigentes con los pies en la tierra y algo más de credibilidad que los que los han dirigido hasta ahora, mientras que más al Sur, los endógenos deberemos dejarnos de seguir a tanto experto opinante y político que desde hace más de tres décadas pregonam en cada tribuna mediática lo políticamente correcto, y más bien dedicarnos a seguir nuestros instintos, aunque éstos sean algo desordenados.

Seguramente a los venezolanos nos irá mucho mejor.

Hermann Alvino.

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