El diálogo como rito diabólico


¡Pero qué simpático resultó ser Fidel!, han afirmado muchos emisarios que a lo largo de medio siglo iban a la isla a dialogar sobre la apertura política castrista…¡Qué agradable es, y conversa sobre todos los temas con mucho fundamento!, dicen, al tiempo que el dictador le soltaba uno que otro preso político, delgado, enfermo, y en parte desdentado, cual hueso a quienes él siempre ha tenido por gusanos, o perros, para que lo remitan a España sin billete de vuelta.

¡Y hasta Raúl es ameno! dicen otros, mientras el régimen los entretiene en un sarao, y simultáneamente en otro lugar de la capital apalea a algunas damas de blanco; porque así ha sido cada diálogo entre los Castro y decenas de políticos de todo el mundo, algunos algo tontos –sus nombres los conocemos todos-, otros ingenuos, y muchos otros muy vivarachos que solo buscan hacer negocios inmobiliarios y hoteleros, ya que quienes allá sufren les importan un rábano.

En esos diálogos –perdonen el término- también ha habido muchos curas y purpurados, que nunca dejaron de comer completo ni se percataron del sufrimiento real del cubano de a pie. Papas y Obama incluidos, si vamos a los detalles, porque el hecho es que en Cuba, ni apertura ni nada; solo una rendija de negocios, que como en la Rusia post URSS, y en la China post Mao, solo termina beneficiando a los jerarcas del régimen, de antemano muy bien posicionados –y ricos- para apoderarse de esas iniciativas…para que, de paso, algo permee hacia los de abajo.

El problema del diálogo cubano actual no solo es Castro, sino las generaciones de pequeños dictadorzuelos que allí se han ido enquistando durante medio siglo, quienes no están en absoluto dispuestos a renunciar a sus provilegios, a cuenta de que venga un papa o un gringo potente a hablarles de libertad; después de todo, ellos nunca la conocieron, y si encima con la tiranía pueden mandar, pues ¿para qué cambiar?. Además tienen a Venezuela como vaca petrolera…

Por supuesto que Maduro dialogando no es tan ameno como Fidel, o incluso el seco Raúl, puesto que esa generación de isleños estudió en una Cuba que era un faro de cultura continental, en la que había un sistema escolar de primera categoría. Y si por añadidura se es un encantador de serpientes, pues muchos caen por su embrujo.

En cambio al pobre Maduro, por razones dispares de cada país, le tocó un sistema educativo –no sabemos si el cucuteño y/o en parte el venezolano- que vivió un indudable ciclo de decadencia…que además no completó; y ya vemos el resultado: un inepto ignorantón que tampoco tiene la astucia básica para ser dictador, y que solo se mantiene guiado por la mano de los expertos cubanos heredados de Chávez.

Eso sí, Nicolás se esfuerza…”Chuo me cae bien”, dijo en la primera ronda de este revival de dialogo.

En escritos anteriores hemos desarrollado a plenitud las razones por las que el tanto el chavismo civil como el militar –que es el que realmente manda- deben dialogar, o sea ninguna, salvo ganar tiempo para intentar pasar este bache de baja petrolera y de embasuramiento de la imagen de Maduro. Porque todos sabemos que con el tiempo siempre puede pasar cualquier cosa, a favor o en contra. Y como el chavismo no podría estar peor, pues el paso de las semanas y meses podría abrirles oportunidades para recupararse en la opinión de la gente. Al fin y al cabo ya sucedió en el pasado y no hay razones para suponer que no podría volver a pasar.

De allí la urgencia opositora, aun dentro de todas sus contradicciones, para salir de Maduro; una urgencia amortiguada por el CNE y el TSJ, pero urgencia después de todo, que pudo derivar en una rebelión monumental…hasta que volvieron a reinventar el diálogo.

Un diálogo, cual rito diabólico, por su similitud con aquél cuando ni Maduro estaba contra la pared en el corazón de la mayoría de los venezolanos, ni los precios de petróleo habían iniciado su ciclo a la baja. Aquellas sesiones -¿las recuerdan?- se están repitiendo hasta bien entrada la madrugada y con el mismo guion…como los comentados ciclos de visitas a los Castro…tan similares como que el chavismo soltó unos cuantos presos políticos, para darle guaral a sus adversarios…

Nos alegramos sin duda por los liberados, pero el resultado de estas iniciativas, al menos en las actuales condiciones, siempre será el mismo. O sea nada.

Es políticamente incorrecto decirlo, y aunque no dialogar no implica violencia, apuntar la inutilidad de esas reuniones es arriesgarse a ser considerado un violento inconsciente y sin alma, que azuza a los más incautos para que sean carne de cañón, y para que los esbirros del régimen los aniquilen en nuestras calles y cárceles.

En cualquier caso, para quienes aún creen que es posible algún logro, sentados en una mesa escuchando soñolientos el monólogo de Maduro y las banalidades de Rodríguez Zapatero, acá se presentan las condiciones de borde de lo que debería ser, y lo que no es, esa iniciativa, desarrolladas de manera inmejorable por Luis Barragán en el post Ladra o muerde, muerde o ladra de su blog Apuntística –ver https://goo.gl/AnufGs :

“…Imposible que haya un diálogo serio y convincente, como todo que se repute de tal, si las partes no se reconocen en pie de igualdad, no aceptan de mutuo acuerdo a mediadores de incuestionable credibilidad, no admiten las realidades que los fuerza a sentarse y no honran los compromisos adquiridos, por modestos que fuesen…”

“…la liberación de los presos políticos, cesando la persecución y represión de la dirigencia democrática; detener inmediatamente las agresiones contra la Asamblea Nacional, acatada en y por toda su legitimidad; la apertura de un canal humanitario…rechazar la interlocución de Jorge Rodríguez, responsable de los hechos de violencia contra la ciudadanía disidente e inconforme…”

Un análisis que también toca a la oposición organizada:

“…Por supuesto, no es difícil colegir que un compromiso básico de diálogo con el gobierno, obliga política y moralmente a hacer lo propio en el seno de una oposición que, por fortuna, diversa y compleja, corre una misma suerte…”

Y por tanto la iniciativa se transforma en algo de poca utilidad práctica:

“…Incumplidas las premisas, luce inevitable calificar cualquier simulación o simulacro de diálogo, como una divertida peña tanguera que, a contracorriente, aspira a la continuidad de una situación francamente inatajable, con una insólita evasión de responsabilidades…”

Barragán concluye con un eventual e inesperado escenario:

“…Acotemos, en el fondo, quienes integran el poder establecido se saben vencidos y, en consecuencia, aspiran a una salida – digamos – honorable, pues, de lo contrario, vaciarían sus cacerinas, llevándose por el medio a peñeros y tangueros: morderían, en lugar de ladrar…”, esto es, que sería la oposición –ya en el poder, y por tanto dejando de ser tal-, la que en la mente chavista deberá contribuir para abrirles el camino de la immunidad y la supervivencia política. Un pensamiento que eventualmente los anime a que cedan el poder, con la posibilidad de que lo reconquisten más temprano que tarde, al tiempo que esos dirigentes opositores deberán enfrentarse con su propia gente, para explicarles cómo es posible que esos bárbaros se hayan salido con la suya…

El novelista brasileño Paulo Coelho escribió una vez que “Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla.”, una frase muy bonita, aunque irreal, puesto que la ley de la oferta y demanda indica que esa ayudita cósmica no implica que sea gratis. Y ése es el problema de la oposición: seguir pensando que salir del chavismo será sin un rasguño, o sea gratis. Parece que nunca han dialogado con los presos políticos torturados física y psicológicamente, mientras esperan durante meses que siquiera comience el juicio.

Pues bien, la oposición, de tanto pedirlo por los rincones del mundo, ha tenido otra tanda de diálogo; todos han conspirado para que ello fuera posible, desde el Papa hasta expresidentes –algo menos que el Universo de Coelho, pero igualmente significativo…

El problema de esta MUD ahora consiste en que si rompe la baraja, quedará con la imagen que el chavismo les ha tatuado en todo el mundo, esto es, como una derecha golpista y conspiradora; por otra parte, si sigue en esta farsa, pues solo repetirá un capítulo como los que se han ido repitiendo en la historia cubana.

Henry Kissinger, quien ha estudiado algo en materia de acuerdos, nos recuerda en su libro La Diplomacia:

“Los derrotados en una confrontación -en este caso la oposición-, pueden retar al ganador -el régimen-, en la esperanza de que mantener la paz les sea muy costoso; o pueden cooperar con éste mientras retoman fuerzas para un enfrentamiento a futuro.

Ambas opciones son arriesgadas, porque confrontarse en plena debilidad es muy peligroso, mientras que cooperar confunde y desmoraliza a los propios partidarios”

Por su parte, los vencedores deben lidiar con el dilema entre “…la intransigencia fundamental para la victoria y la conciliación que asegura una paz duradera”.

Estos dilemas son universales para todo tipo de conflicto, puesto que son inherentes a nuestra misma condición humana, pero la variante que se introdujo con regímenes como el chavismo –o con los fundamentalistas religiosos- es que además de considerar –al menos inicialmente- que tienen una misión divina que conllevaría la aparición de un hombre nuevo, los muchos años atornillados al poder les han hecho cometer tantos abusos que su única opción es huir hacia adelante, esto es, radicalizarse más aún, si cabe, apartando de su mapa estratégico toda posibilidad de conciliación con el adversario, a quién por lo demás sigue subyugando.

Visto así, esta MUD, además del problema de no comprender que el régimen solo se le derrotará con un costo enorme, tampoco ha aprehendido el concepto que los chavistas tienen del poder.

Volviendo a Barragán, quien inicia su análisis con algo que bien podría ser el epilogo:

“Nadie, en su sano juicio, ignora la importancia y necesidad de un diálogo. Únicamente, quienes  tienen las armas y hasta apetitos para un nefasto negocio, pueden apostar por una guerra civil creyéndola un día de feria.”

Infortunadamente, podríamos añadir que (casi) nadie en su sano juicio (tampoco) piensa que esto se va a resolver por las buenas.

Hermann Alvino

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