¿Cuál diálogo?… ¿Y cuál unidad?


En el blog de Iñaki Anasagasti, político nacionalista vasco –pero nacido en Cumaná-, se hace referencia a aquella tajante afirmación del novelista y diplomático asturiano Ramón Pérez de Ayala con la que se estigmatizaba a la dinastía borbónica: “… Los Borbones, como se sabe, son una familia francesa. Los propios franceses, después de una larga experiencia a su costa, han definido esta familia diciendo que los Borbones nunca aprenden ni nunca olvidan.”; y más aún: “Parafraseando la definición francesa, pudiéramos decir que los Borbones son incorregibles (improgresivos) y resentidos (vengativos). Puestas en juego estas cualidades dentro del curso histórico, resultará que una monarquía borbónica será siempre incompatible y se opondrá por todos los medios a cualquier movimiento de progreso político y a la evolución liberal de los tiempos…” –https://goo.gl/Gt1ogU

La verdad es que si sustituimos lo de “Borbones” –con mayúscula- por “chavistas” –con minúscula-, la coincidencia es aterradora, aunque también es cierto que aquellas travesuras que se permitían hasta bien entrado el siglo XX –y que harían palidecer a nuestra gentuza endógena– ya no son posibles en la monarquía parlamentaria española contemporánea. Ahora la familia real es un símbolo de la unidad española –es un decir, tanto lo del símbolo como lo de la unidad…- cuyas imperfecciones tienen un alcance algo limitado, en contraste con el impacto real y masivo de las locuras del chavismo sobre millones de venezolanos.

Claramente, si nos atenemos a la comparación expuesta, el chavismo se corresponde a un retroceso político y social de más de un siglo, y si realmente nos ponemos estrictos, a dos centurias, para compararse con las manías centralizadoras y absolutistas de Fernando VII, justamente llamado…el rey felón: “llano en el trato personal, pero destaca por su astucia y con humor cruel”…a quien “Le gustaba rodearse de gente ordinaria y vulgar.” -ver https://goo.gl/rp9QiU-. Un humor tan cruel, y una ordinariez tan sonora, dignos de Diosdado Cabello, Mario Silva, o Cilia.

La mención de esa dinastía europea es la que entonces nos da la entrada para insistir en lo incorreglibles y resentidos que son los chavistas, obviamente no tanto el pueblo llano –que también tiene algunas mañas y resentimientos algo difíciles de erradicar-, sino la jerarquía que protagoniza la barbarie en la que se ha hundido a Venezuela. Una jerarquía con la cual la oposición insiste en dialogar, aunque no se percate de que ya llevamos tres Papas en ese intento, de los cuales uno ya es santo, el otro es tal vez sea uno de los tres teólogos más influyentes del último medio siglo, y Francisco, quien…bueno, recién empieza a mover sus piezas.

Tres papas pues, para concretar algún resultado en materia de libertades, al igual que varios más lo intentaron con el régimen cubano durante cinco décadas…y allí siguen los Castro.

Suponemos que el próximo mediador será Dios mismo, y cual testigos, sobre la mesa del diálogo, las estatuas de las vírgenes más relevantes de nuestras regiones, como la Divina Pastora, el Pilar, La Chinita, la del Valle…y cuando ello fracase, entonces a alguien se le ocurrirá llamar a los orishas para lograr lo que Rodríguez Zapatero et all no pudieron, o a Maria Lionza, al espíritu de Negro Primero, y a José Gregorio Hernández, sin que nada cambie.

Porque con el chavismo, el diálogo no es posible. En escritos anteriores esta afirmación se sustenta objetivamente en el dominio de los militares, en la naturaleza totalitaria del régimen, en la necesidad de mantenerse a como dé lugar, para no ir preso dentro de Venezuela, o a manos de la DEA en caso de cambio de sistema, y porque aún queda mucho por esquilmar.

Para el chavismo, como se ha afirmado tantas veces, el poder es una adicción a la cual no está dispuesto a renunciar. y que para mantenerla se es capaz de cualquier cosa, incluyendo gasear y balear a su propio pueblo.

Como se ha afirmado en el post anterior, al chavismo no se le puede ir desarmando por piezas, sino que éste debe caer, o ser inertizado, de una vez y en su totalidad. Está probado que los espacios de libertad que se puedan ir conquistando no constituyen esa grieta cuyo crecimiento gradual sería irreversible. Al contrario, grieta que aparezca será cerrada o aislada con el entramado legal autosostenible con el que el régimen se ha blindado. El caso de la AN es simplemente patético, cuando ni siquiera puede obligar a un ministro a rendir cuentas, porque se supone que esa institución no está para rastrear ni arrastrar amarrado a nadie hasta la sesión interpelatoria -para ello están los órganos auxiliares de los otros poderes, hoy en rebeldía contra las leyes que ellos mismos apoyaron.

La incapacidad chavista para dialogar se volvió a confirmar en la sesión dominguera de la Asamblea –cuya resolución a favor de la reconquista de la libertad, dentro de lo poco realista a corto plazo, es impecable-; allí vimos y oímos a los diputados del régimen ladrar y mostrar unos argumentos de lo más dispares, infantiles algunos, y sin sentido otros, pero todos cargados de un odio inextinguible. Un odio que en otro contexto, como el estalinista, el castrista, o el franquista, solo podría silenciarse mediante el fusilamiento inmediato.

El otro elemento que aparece con intensidad en los medios de comunicación es el de la unidad opositora, un valor del que todos hablan, pero que muy pocos conocen de verdad. Tal vez el que más sepa de ello es Ramos Allup, por toda una vivencia de décadas en un partido que se ha dividido muchas veces, al tiempo que las diversas carambolas históricas le iban permitiendo reabsorber parte de esa gente. Porque en AD, al final de cuentas, todos podían convivir.

El resto de la dirigencia de esta MUD poco puede hablar de unidad, pues una parte importante de ella proviene de aquellos partidos de la democracia prechavista en los cuales la unidad estaba pegada con alfileres, y de los cuales salieron en tromba cuando se percataron que la Historia ya les había dado la espalda. Poco puede esperarse de quienes nunca practicaron a plenitud ni la unidad ni la democracia interna, y mucho menos de sus herederos, quienes por su relativa juventud ni siquiera estaban en la periferia de aquella democracia imperfecta.

Capriles puede ser un gran trabajador y pregonero de base, pero él no une, sino que separa –sus acciones durante estos últimos diez años así lo prueban-, Torrealba mucho menos –aunque él no es dirigente de nada, sino que la suerte hizo que se montara en esa coordinación, de la cual, si hay cambio de régimen, a lo mejor espera que se le premie con ser canciller, o quien sabe.

De Primero Justicia es poco lo que puede esperarse, dada su cerrazón a la hora de compartir los pocos espacios de libertad que aún quedan. Manuel Rosales siempre hizo lo que le dio la gana, comenzando por reconocer sin pestañear el triunfo presidencial de su adversario, entregándolo todo, sin siquiera luchar por salvar a su gente. María Corina tiene su agenda propia –y tal vez no le falte razón, vistos los topetazos a la que el resto de la unidad la ha sometido sin pausa-, y Leopoldo López ya lleva preso el tiempo suficiente, no tanto como para que nos olvidemos de él y su sufrimiento –junto al de toda su familia-, sino para que esa ausencia ya se traduzca en una influencia política más limitada…al menos dentro de esta MUD, y mientras recobre la libertad.

Si un observador que desconoce a priori la realidad venezolana analiza la retórica desplegada de la mencionada sesión de la AN, coincidirá con todos nosotros en valorar las palabras de los diputados(as) chavistas como necias y cargadas de odio. Pero también nos llamará la atención en las de los diputados demócratas, muy bien fundamentadas, pero igualmente cargadas de rabia; una rabia legítima, pero rabia, al fin y al cabo, lo suficientemente intensa como para que a nuestro observador ni se le ocurra intentar dialogar con ellos.

En la AN todos gritan, pensando que están en un mitin sin micrófono; por ello es que es difícil presenciar una intervención ponderada y serena. Pero resulta que si uno le quiere ganar la partida a esa banda de delincuentes que gobierna Venezuela, pues debe abordar esta misión con una frialdad que sin apartar lo cortés, sea suficiente para vencer cualquier tentación empática con ellos, mientras se planifican formas de resistencia efectivas y realistas.

Una frialdad como la que tienen los cubanos que mueven los hilos de los títeres endógenos, y que hasta ahora les ha permitido imponerse; una frialdad capaz de comprender que la mediación papal es solo un rito aceptado por el régimen para seguir en el poder.

Demasiados gritos pues, demasiada confusión y contradicciones, demasiados deseos de dialogar, y así tener una excusa adicional para autoflagelarse.

Mientras tanto, los mismos de siempre a lo de siempre, o sea, a la toma de Caracas…es un decir.

Hermann Alvino

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