De Papas y Antipapas endógenos.


Si alguien piensa que el conflicto institucional generado por el chavismo -utilizando al TSJ para el trabajo sucio– es nefasto para el país, piense que hubo uno mucho más terrible, como el protagonizado por la Iglesia Católica durante el Cisma de Occidente, con los Antipapas.

El antipapa aparece cuando no se logra consensuar un único representante de Cristo en la Tierra(!), para que cada grupo realice su propio cónclave y elección, generando un enorme enredo legal y teológico, porque en teoría ambos papas son legítimos. Cuando ésto ocurre, ninguno de ellos cederá, y las circunstancias irán derivando hacia la existencia de un tercer papa, que a la postre termina imponiéndose sobre los anteriores.

En efecto, a inicios del siglo X estaban León V y Cristóbal; el primero era el papa, y el segundo el antipapa. Para resolver el entuerto apareció Sergio III, quien los apresó para quedarse con el coroto –valga el término, en virtud de que visto lo visto, acá lo sagrado no tiene cabida.

Pero ese trío de representantes de un Cristo que bien podría haberlos azotado como hizo con los mercaderes del Templo de Jerusalén, al menos estaban en Roma, porque mucho peor fueron las cosas durante Gran Cisma de Occidente, cuando el Cónclave del año 1378 escogió papa a Urbano VI -quien deseaba limitar conductas disolutas y privilegios -, en una elección como ejemplo de libro en materia de coacción de las masas, que en este caso exigían un papa romano, o al menos italiano, amenazando con arrasar con todo en caso contrario

Fue en ese ambiente con cardenales de facto secuestrados, donde Urbano VI logró el papado; aunque éstos, con el paso de las semanas, comenzaron a temer por su pellejo, optando así por reunirse a unos 40 Km al Sur de Roma, en Fondi, para elegir a Clemente VII -previa destitución de Urbano-, en una suerte de enredo legal digno de una curia cuya sordidez es proverbial: porque Clemente VII sería un antipapa, pero si antes se depone al papa, entonces él sería papa con todas las de la ley, siendo Urbano VI simplemente un expapa.

Pero como el ser papa es para toda la vida –salvo en caso de renuncia voluntaria, cosa por la que optaron seis pontífices a lo largo de estos dos mil años de historia de la Iglesia, siendo el más reciente de éstos Benedicto XVI, o sea Ratzinger, predecesor del actual papa Francisco-, entonces de todas todas Urbano VI era el “papa”, y Clemente VII el “antipapa”.

La base legal para deponer a uno y elegir a otro fue que para la primera elección los cardenales no eran libres para ejercer su derecho al voto –la misma curia, partidaria de un Papa italiano, no garantizaba el control de las turbas en caso de una elección adversa…unos episodios que más de seis siglos adelante veríamos en Caracas, en pleno éxtasis chavista.

Clemente VII no era nada tonto, y por tanto optó por ejercer su papado algo lejos de las fuerzas fácticas romanas, dispuestas a todo con tal y mantenerse en el poder; él escogió como sede a la ciudad francesa de Avignon, o mejor dicho, volvió a rescatar dicha ciudad como sede del papado, en virtud de que allí, entre 1305 y 1378, ya habían residido nada menos que siete papas -antes de que la Revolución Francesa incorporara dicho territorio a Francia, Avignon era parte de los Estados Pontificios; o sea que toda esa gente estaba en casa, aunque no en Roma.

El último papa que residió en Avignón fue Gregorio XI, el mismo un francés quien sin embargo optó por volver a trasladar el solio a Roma; los acontecimientos que generó su muerte, justamente en 1378, hicieron renacer la expectativa avignonesa de volver a ser “la” (Santa) Sede.

El llamado Cisma de Occidente, que se inició con Clemente VII y siguió con su sucesor Benedicto XIII, duró hasta el año 1417; durante todo ese lapso, tanto Avignon como Roma iban escogiendo sus respectivos papas que se excomulgaban entre sí, creando inmensa angustia entre los fieles –recordemos la importancia espiritual que estos asuntos tenían para los comunes mortales de la época-, al tiempo que cada rey tomaba partido en un conflicto que abarcaba desde Escocia hasta Portugal, desde Dinamarca y Suecia hasta Hungría y Polonia, además del Reino de Castilla, el de Nápoles, y por supuesto Francia y los Estados Pontificios –Italia no existía como tal…-, en una suerte de alianzas fijas y cambiantes, con el Sacro Imperio Romano –la Alemania contemporánea- al frente de dicha movilidad de lealtades.

La dualidad era tragicómica: diócesis, monasterios y parroquias estaban sujetas a ello, junto a las órdenes religiosas y hasta la santidad, con cada bando con sus propios santos, pues…

Los intentos de finiquito de todo este lío continental nos muestran que todo está ya inventado, porque la solución de nombrar por consenso o por imposición a un tercer papa, generó justamente el tener a tres papas –el Concilio de Pisa de 1409 eligió a Alejandro V como integrante de pleno derecho de este trío.

Por supuesto que todo esto ya no era un solo conflicto romano, ni teológico, sino un caos político continental de primera magnitud; y fueron justamente los soberanos de facto, quienes en 1417 forzaron la realización del Concilio de Constanza para elegir a Martín V, aunque previamente había que poner al concilio por encima de la autoridad papal, y declarar herejes a los demás contendientes. Y aunque dicha fuerza política al final prevaleció, los (ex)papas –ahora herejes- nunca aceptaron la realidad; en la práctica, las cosas se fueron arreglando en la medida en que los protagonistas se iban muriendo.

Hubo papas tercos entonces, ávidos de poder, y nefastos, tanto para la salud material de su reino como para la salud espiritual de los fieles –la vida de varios de ellos fue relatada magistralmente por Chamberlin en un libro llamado Los papas malos -el cual aún podría conseguirse en los kioskos caraqueños que venden libros usados.

Pues bien, la Asamblea Nacional venezolana, por ser electa en votación libre y universal, y mientras actúe de acuerdo a la Constitución vigente, es la referencia para todo el país, como lo es Maduro –igualmente electo, aunque para ello haya que pasar por alto el fraude electoral de su elección-; sin embargo, el cónclave personificado por el TSJ dispone a capricho lo que es constitucional y lo que no lo es, en una suerte de legitimidad contaminada, no solo por la mala fe de sus integrantes, sino por lo viciado que fue el nombramiento de muchos de éstos por parte de la pasada AN.

Es más que obvio que éste conflicto constitucional, el de poderes, y la presencia fáctica militar en la agenda nacional no pueden tener solución, puesto que a la legitimidad innegable de la AN se le contrapone la innegable fuerza y avidez de poder del régimen. Sugerir que la actual AN ceda es impensable, puesto que ello sería colocar el último clavo del ataúd que contiene toda la legalidad envenedada por el chavismo; por otra parte, sugerir que el régimen ceda, realice un referendo revocatorio, libere a nuestros presos políticos, acepte ayuda humanitaria, aparte a los cubanos y a los militares del poder político, y que al menos tome decisiones sensatas en materia económica, es simplemente irrealista.

Como cuando el Cisma de Occidente, habrá que esperar que una fuerza exógena resuelva esto, esperando que el palo a la lámpara no se lo den los militares, sino el mismo pueblo…aunque ése mismo pueblo, que optó por no hacerlo hace diez años -cuando estaba fuerte y bien alimentado-, ahora sufre la debilidad física de esa hambruna que le propone el dilema entre rebelarse, y saltar hacia un futuro incierto, o medio calmar el hambre, mendigándole alimentos al papa de facto que es Padrino López, dándole así la espalda al antipapa Ramos Allup.

Quien sabe que pasará. Por lo pronto en Nicaragua el régimen de Ortega, trámite el Consejo Supremo Electoral de aquel país, se ha cargado a toda la oposición parlamentaria, despojándola de sus escaños, apoderándose así de todas las instituciones.

Y tal vez éste sea el futuro inmediato que les espera a todos los opositores de la AN; porque si nadie ha dicho nada sobre el golpe técnico cubano-sandinista –ni la OEA ni ningún otro gobierno del planeta-, pues no hay motivo para que lo hagan cuando el TSJ chavista reviente a la AN.

Hermann Alvino

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