Con un país dominado…¿para qué dialogar?


Quién sabe cómo terminará el teatrillo del diálogo: si con una sentada que abra caminos o con un portazo del chavismo –y el consiguiente ridículo de los exógenos expresidentes-. Probablemente esto último.

Porque sabiendo ya que el régimen ni acepta liberar los presos políticos ni realizar referendum alguno, entonces la sentada solo dependería de si la oposición acepta conversar dentro de ese inmovilismo chavista. Probablemente no acepte, siempre y cuando no quiera terminar de agotar sus posibilidades políticas –ya algo mermadas luego de que millones de venezolanos hayan comprobado que haber ganado las elecciones legislativas del Diciembre 2015 no ha servido para nada-. De manera que todo seguirá igual, pero solo por un corto tiempo, porque el régimen también tiene la popularidad en barrena, y ello sí lo obligará a realizar cambios, que podrían ser peores para todos los venezolanos. Veamos:

Que una dictadura dialogue con la disidencia no es realista, a menos que esté obligada a hacerlo, sea por determinada presión internacional -que conllevaría serios inconvenientes personales a los protagonistas del régimen de turno-, o por los problemas que esa presión pueda causarle a todo un país, mermando así la base política de quienes mandan.

Pero eso es en teoría, puesto que en la realidad, el negarle visas para viajar al imperio, o congelarle los bienes en el exterior a la élite que atribula a millones de personas, ni se cumple a cabalidad –si acaso existiera un mínimo de voluntad política para concretar dichas medidas-, ni importa mucho a los afectados, porque siempre habrá lugares para viajar y solazarse con el dinero mal habido, y si a éste lo congelan en algún banco dispuesto a ello, pues también siempre habrá más que extraer del pozo del que se han apoderado.

Por otra parte, los embargos a un país tampoco sirven para nada, porque de igual manera nunca faltará un país dispuesto a servir de puente para el rutinario intercambio internacional; e incluso si eso fallara, y el sufrimiento de todo un pueblo llegara a límites intolerables, pues para ello estará la represión.

El caso cubano con el “período especial” de hambruna, cuando ya no le llegaban los reales de la URSS, así como el de Corea del Norte e Irán, indican que no hay nada que hacer cuando una dictadura está dispuesta a todo. Allí siguen dominando entonces las dinastías de los Castro y Kim, y la teocracia en Irán, dispuesta a reprimir cualquier intento de apertura, incluso si éste es sugerido por alguno de sus miembros más prominentes.

Visto así, está claro que el chavismo es una dictadura distinta al resto de las que ha vivido Latinoamérica, porque se corresponde con el mismo proyecto castrista que se aplicó en Cuba, con la diferencia de que el régimen venezolano sí dispone de riquezas objetivas –como petróleo y minerales- que no dependen del clima –como la zafra de caña de azúcar cubana-. Y por más que las industrias petrolera y minera estén en barrena, siempre habrá algo dentro de la olla que le permita al régimen mantener los privilegios de las fuerzas fácticas que lo mantienen -léase, militares.

Por tanto, si en Cuba –para no irnos fuera de la región- no ha habido cambio durante 56 años, a pesar de las presiones de todo tipo, en una Venezuela con muchos más recursos naturales esas presiones tampoco serán capaces de nada.

Por otra parte, hay que recordar que no es que la dictadura venezolana haya clonado las técnicas de dominio castrista, sino que esos mecanismos de control total del Estado y de la consabida represión fueron directamente aplicados por los mismos cubanos dentro de nuestro país, luego de que Chávez cediera mansamente al castrismo la soberanía de Venezuela.

Como consecuencia de aquella traición, no solamente los cubanos se apoderaron de instituciones clave dentro de la agenda nacional, sino que terminaron siendo el factor que pone y quita a los actores de esta dictadura criolla, comenzando por Maduro, quien fue designado sucesor de Chávez cuando éste ya estaba moribundo y fuera de sus cabales y por tanto sujeto a un control emocional extremo por parte de Fidel.

Porque Maduro es una ficha de Fidel, un producto del lavado de cerebro castrista a tres generaciones de latinoamericanos. Por supuesto que con Maduro hubo algo más, porque esos cubanos le dieron de comer y de vestir, en una suerte de faena que remató la dependencia mental y emocional del colombiano para con sus mentores, y de allí que Nicolás no mueva un dedo sin antes consultar con ellos; es más casi nunca mueve nada por iniciativa propia, sino que actúa rutinariamente siguiendo las órdenes de los isleños.

Y éstos, en su momento sí comprendieron lo que María Corina Machado recordaba recientemente –http://goo.gl/af5DdH-, o sea que a veces hay que dar un paso pá’trás para luego dar dos pasos hacia adelante -aunque estrictamente hablando, Lenin lo escribió al revés, incluso como título de su libro “Un paso adelante, dos pasos atrás”-, y que acá se resume en que el lapso de discusión sobre la posibilidad de un diálogo es un simple retroceso táctico para ganar tiempo –si es que les hace falta-, para luego actuar decididamente y terminar de barrer el piso con la oposición.

Pero, si el chavismo –o sea el castrismo-, no están obligados a dialogar por ninguna fuerza objetivamente capaz de defenestrarlos del poder –sea gradual o súbitamente-, ello no exime al régimen del desgaste que produce tanta locura, corrupción e ineptitud.

Porque a diferencia de Cuba, cuando se iniciaba ese mismo ciclo de degradación humana, la imagen de Fidel ya era la de un héroe invulnerable al catalogarlo como inepto o corrupto, y por tanto capaz de colar el cuento de que eran los gringos los culpables de tanto sufrimiento –y en última instancia, siempre estaba el recurso de la represión que invisibilizaba cualquier brote de verdad y realidad-, en el caso de Maduro la historia es muy diferente, puesto que él ni es héroe revolucionario –valga el término-, ni ha llegado al poder por fuerza o méritos propios.

Y ésta es la limitación de Maduro que impide aplicar el mismo tratamiento cubano, combinando la exhaltación al líder con la culpa al imperio de nuestras tribulaciones; esto es, que esa culpa imperial, que en Venezuela se ha rebautizado como guerra económica no ha servido para mantener la popularidad de la dictadura, puesto que la otra componente falla, y mucho.

Y es por eso es que los cubanos deciden proyectar en primer plano a Padrino López, una ficha castrista que por tres razones es de naturaleza diferente a la de Nicolás: porque es estudiado, dado que su generalato, por más que se haya alcanzado con favoritismos, de alguna forma es la acumulación de muchas horas de estudio y trabajo de una carrera militar en una institución que durante el ciclo de Padrino aún no había tocado fondo; porque Padrino, por ser militar, es capaz de capitalizar a todos los militarejos chavistas para hacerle frente a eventuales brotes de dignidad en las fuerzas armadas; y porque su imagen no tiene -aún- desgaste alguno.

Impedir cualquier entendimiento, entonces, e imponer a Padrino, sí hace creíble la tesis de Ibsen Martínez –ver “El santo Padrino y sus devotos” en  http://goo.gl/CzCQ0c- de que este asomo de “hombre fuerte” del régimen no es precisamente un paso hacia la normalización política, sino hacia una descarada dictadura militar. Amanecerá y veremos.

Como último elemento relativo a un diálogo imposible –por no haber fuerza capaz de obligar al régimen a ello, como se ha comentado anteriormente-, solo falta desilusionar a quienes ven en los acuerdos de paz de Colombia una posibilidad de copiar esas reuniones en la Habana, pero con chavistas y MUD, estando en el medio los Castro como mediadores.

Eso no es realista, porque al contrario de Venezuela, donde el castrismo sí está en el poder, en Colombia, la guerrilla –y el castrismo- perdieron esa guerra -aun aceptando el hecho de que el Estado colombiano no es lo suficientemente fuerte como para ganarla nítidamente-, y por tanto, a Cuba y a sus mandaderos colombianos, solo les quedaba salvar los muebles, como se hizo en Venezuela en los años 60 al aceptar ser pacificados por Caldera…ya habrá oportunidades de conquistar el poder colombiano por la vía de los votos…como pasó en Venezuela.

Para quienes no lo tengan presente, Fidel ya estaba tejiendo lazos de dominio en Colombia desde 1947(!), puesto que él incluso se encotraba en Bogotá cuando el 3 de Abril de ese año asesinaban a Gaitán –ver http://goo.gl/sL5kuf, http://goo.gl/bPzjrD, y http://goo.gl/3XBvzm-, comenzando la tragedia colombiana y abriéndole posibilidades al mismo Fidel.

Lo que pasó es que luego de miles y miles de muertos inocentes, y desplazados condenados a la miseria, su proyecto naufragó en dicho país, mientras que el destino le regaló a un Chávez para lograr en Venezuela lo que no pudo concretar en Colombia.

Y con un país dentro del bolsillo…¿para qué dialogar?

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s