Las moscas


La mejor forma de ilustrar el potencial daño que a nuestra salud puede representar una mosca es la que practican muchos trabajadores sociales en los países más pobres, poniendo al aire libre un recipiente con comida lista para ingerir, y a su lado otra bacinilla llena de excremento (de animal, o humano si fuere el caso, por el asunto del cuidado de las letrinas)

Las moscas obviamente se posarán sobre los contenidos de uno y otro plato, trasladando las bacterias entre éstos -aunque obviamente, las que realmente interesan para estos efectos- son las que son transportadas al plato con alimento, saltando de inmediato a la vista la importancia de que los alimentos no se expongan a esos insectos y la de mantener el entorno lo más limpio posible, delimitanto los espacios de presencia animal, y manteniendo en buen estado las letrinas.

Por supuesto que las moscas no tienen culpa de nada, ya que éstas solo cumplen con el papel que la evolución les ha impuesto: alimentarse, poner huevos para perpetuarse, y servir de comida a sus depredadores naturales.

En cambio los humanos que actuan como moscas de la intelectualidad sí tienen culpa, y mucha, por la confusión mental que propagan con su cinismo y oportunismo, saltando de un contenedor de ideas marchitas a otro con visiones del mundo bastante más razonables y sensatas. Ellos(as) lo hacen no por convencimiento, sino por dinero, y contaminan -a veces sutilmente, y otras con más descaro, dependiendo del grado de impunidad que tengan, y de la ingenuidad o ignorancia de los destinatarios-, todo lo que pueda articularse sobre un liberalismo moderado y socialmente sensible, con trozos oportunamente seleccionados del marxismo soviético, del militarismo latinoamericano, del nacionalismo metafascista europeo, e incluso con retazos extraidos del libertinaje económico más extremo.

A ellos hay que sumarle la contaminación religiosa de tantos predicadores de carpa -que abundan en toda Latinoamérica y en las planicies norteamericanas-, y la de quienes disponen de amplias redes mediáticas, más católicos radicales e ignorantes -como párrocos, obispos, y hasta cardenales- que difunden ideas basadas literalmente en la Biblia, cargándose así siglos de progreso y conocimiento sobre la realidad objetiva de los fenómenos, tanto astronómicos como algo más cercanos a nosotros, como la vida misma.

El caso norteamericano que mezcla, neoliberalismo –libertinaje económico total- con una oportuna interpretación religiosa, es extremo y nefasto para millones de seguidores de líderes que se presentan como guías espirituales y materiales, pero que en el fondo no son más de unos vivarachos que viven a cuerpo de rey con lo que los tontos les aportan.

Por otra parte, las moscas de la intelectualidad son muy oportunistas, porque basta con que un militarejo inepto y corrupto llegue al poder, para que de inmediato surja toda una corte de aduladores, autores de libros y artículos de opinión defendiendo la necesidad –y utilidad social– de que la sociedad sea dirigida por un único líder –al cual obviamente presentarán como benévolo-, capaz de apartar todos esos obstáculos que le impiden lograr su misión –que pintarán como de progreso y bienestar para todos-…obtáculos tales como aquellos que piensan distinto, y que desean que la gobernanza se decida en procesos democráticos…

Latinoamérica, para no irnos muy lejos, está plagada de kioscos de libros usados donde se pueden conseguir muchos de estos textos apologéticos del dictador de turno, así como de  hemerotecas con los contenidos de esa prensa que se dedicó a exaltar a su régimen. De igual manera tenemos obras de teatro, películas, y con la era digital también miles de páginas web alabando las virtudes personales, las ideas, y las obras de gobierno -es un decir…- de tanto civil de izquierda, o militarejo que oportunamente se vistió de rojo, y que durante años estuvieron amargándole la vida a sus paisanos.

Pero esas moscas no salen de la nada, porque al igual que en la naturaleza, en estos asuntos del oportunismo ideológico y académico, no existe generación expontánea: nuestros intelectuales autodenominados progresistas son igualmente producto de una capacidad de adaptación, pero en esos nichos académicos, mediáticos y culturales –es otro decir…- en los cuales van comprobando sobre la marcha que allí pueden sobrevivir sin mayor esfuerzo ni talento -los más veteranos conocedores a fondo de nuestras universidades públicas sabrán ubicar de inmediato a decenas de mediocres con quienes tuvieron que lidiar en una desigual relación estudiante-profesor.

Por otro lado, si los insectos mencionados son así porque así lo quiso la naturaleza, los humanos son así porque optaron tener una ética oportunista, con la cual pueden autojustificar su comportamiento y deshonestidad intelectual cada mañana que se miran al espejo. Algunos incluso llegan a creerse sus propias mentiras, con lo cual hasta podrán vivir tranquilos siempre.

Esas moscas de la intelectualidad, que en un salto evolutivo podríamos asociarlas con otra especie igualmente desagradable, como la hiena, son las que desde hace décadas han envenenado a millones de venezolanos –no olvidemos aquel Manifiesto de Bienvenida a Fidel cuando éste vino a la coronación de CAP II en 1989, http://goo.gl/Kkw80-; allí están centenares de profesores universitarios que deshonraron la confianza que Venezuela depositó en ellos, al darles una libertad de cátedra que utilizaron para su vulgar proselitismo desde sus respectivas tarimas, allí vemos a los comunicadores y propietarios de medios, que igualmente se cargaron su ética profesional al presentar datos manipulados sobre la realidad, junto a los articulistas que rebuscaron entre los contenedores de ideas más podridas de nuestra historia patria para justificar las tropelías del Comandante, su solidaridad con el castrismo, sus alianzas con dictadores crueles y asesinos, su mano suelta para regalar las riquezas que no eran suyas, la legitimidad de Maduro como presidente, y todas las barbaridades que el país entero sufre constantemente.

Allí están pues, quienes escriben en portales como Aporrea, quienes relatan la realidad desde Telesur y se unen a la corte de vivianes, de cineastas y artistas –tanto nativos como del imperio, al estilo como Oliver Stone, Penn o Glover-, junto a editores como Ignacio Ramonet.

Por supuesto que a este pelotón de chulos del pensamiento hay que añadirles los gobernantes y sus equipos diplomáticos que hacen bombo al chavismo en los foros internacionales, contribuyendo así a confundir más a sus propios ciudadanos, y sumar a los españoles de Podemos, financiados por el régimen -y por tanto chavistas de conveniencia, aunque castristas por vocación-, quienes promueven en su propio país, y de manera descarada los valores –otro decir pues…- del militarejo barinés, al tiempo que cuando se les encara, y perciben que pueden perder votos de algunos españoles incautos, se amparan tras declaraciones genéricas, o sea que huyen, justamente como hacen las moscas, cuando ven que les llega un manotazo.

Por eso es que, al igual que en esas aldeas paupérrimas la única forma de mantener a raya las infecciones es cuidando aspectos claves de la rutina diaria, nuestras organizaciones democráticas lo menos que podrían hacer es mantener limpios sus respectivos repositorios y contenidos ideológicos, al tiempo que los valores que de éstos últimos puedan derivarse, sean capaces de mantener a raya la suciedad conceptual que les llega de tanta mosca financiada con nuestro petróleo.

El problema es que el repositorio ideológico y programático de los demócratas venezolanos puede que esté muy limpio, pero si está vacío de contenido, pues no hay manera de que mantener a raya tanta porquería, como la chavista, junto a su antecesora castrista, y la que ahora economistas como aquel ministro madurista por un día  llamado Luis Salas, o la profesora de la USB y economista Curcio, siguen generando sin descanso -ver http://goo.gl/dbmLCl y http://goo.gl/BMcb5B

Moscas todas pues, tanto las de la intelectualidad de la ultraderecha global, que pregona la transparencia y la libertad económica, mientras desde el poder se enriquece con el amiguismo y la trácala, como las del pensamiento(?) progresista, que sigue alabando al chavismo, al tiempo que cobra a través de los mecanismos más rebuscados por sus favores.

Éstas últimas en particular, al igual que los insectos de la metáfora, que son atraídos irremediablemente por los detritos que representan la descomposición orgánica, son atraídas por el dinero que genera una sustancia igualmente maloliente, definida por el gran Perez Alfonzo como excremento del diablo, como testimonio de una descomposición moral que no solo es venezolana, sino planetaria.

Hermann Alvino.

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