¿COPEI?


¿COPEI?

Viene la consulta interna copeyana para dirimir liderazgo. Ciertamente, mejor realizar una consulta más o menos democrática, y elegir a quienes deberán dirigir al partido, que quedarse en un limbo político y existencial, que –si vamos a ser muy estrictos- se prolonga desde hace quince años.

Pero esa imperfección, que conlleva realizar una consulta con defectos que están a la vista, no exime recordar puntos cuya resolución, si bien ya era indispensable para el futuro del partido cuando éste era fuerte, mucho más lo son ahora en estas circunstancias.

En primer lugar está el asunto de la confiabilidad de los árbitros, puesto que éstos, siendo honorables y con credenciales impecables para que todos confíen en sus actuaciones, no deberían estar en esas funciones, sino en un nivel mucho más general, orientando a las generaciones más jóvenes del partido.

Recordemos que en los tiempos de oro del partido, los árbitros electorales tenían más o menos la misma edad de la máxima dirigencia, cuando no de los candidatos contendientes; ahora nos conseguimos que hay que encargar esta misión a gente muy veterana, no tanto por esas sus credenciales que garantizan su obligatoria imparcialidad, sino porque los diversos equipos que disputan el liderazgo, ya no confían en su propia generación para ejercer este papel.

Esta desconfianza entonces genera dos problemas muy serios, el primero es el más obvio cual es que en estas condiciones, la convivencia dentro de una misma organización es casi imposible. Los precedentes de los últimos quince años así lo confirman, comenzando por la vergonzosa actitud de una parte de esta dirigencia por haber recurrido a la justicia chavista para dirimir nuestros asuntos internos; una historia pasada, pero que sigue presente en la mente de muchos.

El segundo efecto es el inicialmente comentado, esto es, que a nuestros dirigentes más veteranos -viejos, si queremos llamar las cosas por su nombre, pero activos, lúcidos, y dispuestos a seguir dando lo mejor de sus esfuerzos para recuperar al partido y a nuestra democracia-, se les está desperdiciando al asignarle el papel de árbitro electoral. Ellos deberían estar presentes en el nivel más alto del debate nacional, para enlazar los proyectos opositores de país con aquellos errores que en el pasado cometimos los demócratas y que causaron la pérdida de la República.

Ellos deberían estar también –por ejemplo- en el grupo organizado en Harvard, que se ha propuesto indagar los caminos técnicos para salir de abajo, cuando toque, como la política petrolera, económica, social, agroalimentaria, etc., y aportar justamente ese acervo que poco a poco se va extinguiendo por ley natural –la gente se muere, al parecer, sin dejar nada escrito sobre qué fue lo que realmente sucedió, para que más de medio país apoyase a ciegas a un militarejo corrupto, inepto y cruel.

Es éste entonces un error de base con el doble efecto mencionado que de antemano pone una losa en los esfuerzos colectivos para revivir al partido.

El segundo asunto a comentar no deja de ser el más importante, cual es preguntarse por qué COPEI debería seguir vivo. Este asunto lo hemos comentado muchas veces y a fondo, aunque se lo puede resumir en que este partido perdió su identidad socialcristiana hace unos 25 años, y por tanto, así como está, no puede seguir presentándose como representante de la Democracia Cristiana en Venezuela, sino como un grupo de personas que más o menos ciegas frente a lo que hay que hacer con el país, desea –legítimamente, entendámonos- meterse en la pomada.

Por supuesto que todos conocen la crisis política de la Democracia Cristiana a partir del derrumbe soviético, previo al cual Occidente requería de un buffer que mantuviese a los liberales dentro de un redil de moderación, para no migrar ni a la extrema derecha ultraliberal ni para ofrecer simpatías a una boyante Socialdemocracia, como paso previo a un eventual ver al comunismo con más benevolencia.

Para las fuerzas fácticas que siempre dominan al mundo, el triunfo del Occidente liberal sobre el comunismo hizo políticamente innecesaria a la Democracia Cristiana, y de ello se percataron de inmediato sus dirigentes en todos los países asociados a su respectiva organización internacional, cambiando de pronto su discurso y asumiendo posturas que a los pocos años se transformaron en actual neoliberalismo.

Este viraje fue letal para COPEI porque sirvió para abrir aquel anchísimo pasillo por donde una gran parte de su militancia transitó para apoyar al chavismo. Porque no se puede adoctrinar durante medio siglo a todo un partido, con un mensaje y una teoría que representa una visión integral del mundo, para luego intentar convencerlos de todo lo contrario.

En este sentido aquellos centenares de miles de copeyanos pensaron que una de dos: o que todo fue una mentira, inteligentemente montada con pensadores con pies de barro, montada para favorecer ciertos intereses –incluyendo los de la Curia romana-, o que siendo válida aquella cosmovisión entonces la misión de consagrarla estuvo en manos de farsantes. Y se fueron.

Todos ellos eran, y son, gente buena y decente: generaciones con una innegable vocación de servicio y de justicia social, ilusionadas por representar una alternativa teórica y políticamente válida frente al consabido Capitalismo -que ingenuamente se presenta con su mano invisible libertaria que todo lo equilibra- y al Comunismo real.

Y a ninguno de ellos, muchos de los cuales aún giran en esta insegura o inestable periferia que rodea a todas las organizaciones opositoras, se les está diciendo nada, esto es, qué piensan los candidatos se debe hacer con el país, o por qué COPEI sigue asociado en organizaciones neoliberales.

En síntesis, nadie les dice qué motivos hay para revivir a un partido que renegó de su doctrina y que es mudo en materia de visión del país postchavista.

Por supuesto que siempre estará la razón tribal, que hace que la militancia siga allí porque sí, sin importar el para qué, salvo el intentar meterse en algún portaaviones electoral que garantice un cargo para poder cobrar seguro a final de mes, y encima tener reporteros y fotógrafos que aupen el ego de cada cual. Un motivo que puede ser muy legítimo y válido, pero que de ninguna manera sería recurrible para actuar dentro de un partido verdaderamente social cristiano.

Para resumir, solo el tiempo dirá si COPEI revivirá luego de estos movimientos internos que podrían dirimir de una buena vez su liderazgo. Al margen de ello, o mejor, suponiendo que ello se cumplirá, todo indica que la fuerza motriz de esta intención es meramente tribal. COPEI pues, (ya) no es sinónimo de Democracia Cristiana.

Por todo ello, en Venezuela, el vacío conceptual y político demócrata cristiano –léase, una alternativa al neoliberalismo y al progresismo que se ha generado a partir del híbrido entre nacionalismo y militarismo- sigue allí.

Hermann Alvino

Anuncios

Un comentario en “¿COPEI?

  1. Un cordial saludo Hermann. Siempre te envío mis comentarios por correo electrónico, como respuesta al enlace que cordial y significativamente me haces llegar por ese medio, cada vez que presentas tus reflexiones.
    Hoy haré pública mi opinión, por tratarse de un tema que nos interesa a muchos de tus lectores.
    Como señalas, la DC fue aupada en la postguerra por la iglesia católica, como alternativa al socialismo democrático y a la socialdemocracia, por las razones que indicas. Ahora bien, tal vez por haber sido factor hiperprotagónico de la caída del muro y el desmembramiento de la URSS (¿triunfalismo?, quizás), el papa Wojtyla publicó dos encíclicas, a propósito de sendos decaniversarios de la Rerum Novarum (qué largo reinado, parecía que nunca iba a terminar), en las cuales puntualizó que la ideologización de la Doctrina Social de la Iglesia en una tesis llamada socialcristianismo, y su decantación en unos partidos políticos denominados Democracia Cristiana, simplemente no tiene razón de ser, pues, como afirmó: “Es deber de todo cristiano cuando actúa en política, ser socialcristiano, es decir, guiarse por la DSI, así milite en un partido socialista o liberal.” (aclaro que no fue así expresamente, es mi interpretación personal, aunque acertada). De tal forma que los pivotes de la DSI (dignidad de la persona humana y primacía del bien común sobre los intereses individuales) deben constituir el norte de todo cristiano que haga política, donde quiera que milite.
    Por ello, los partidos demócrata cristianos cambiaron sus nombres a “Partido Popular” (en el caso de Venezuela mantuvo el fundacional: “COPEI Partido Popular”, carente de contenido más allá de lo anecdótico, como un punto de referencia cultural-electoral). Para decirlo en términos de Derecho Marcario: el dueño de la denominación les retiró la franquicia, por lo que recurrieron a la neutra y poco original que ideó Luigi Sturzo en sus albores. Así visto, quizá sólo tendría sentido llamarse socialcristiano en un estado musulmán o judío, tal vez hindú.
    ¿Qué cosa son los partidos populares, ya que no pueden ser demócrata cristianos? Nada especial, simplemente neoliberales con un presunto contenido ético, ¿no es un buen ejemplo el PP español, digo, salvando algunos hechos conocidos, propios de toda organización humana?
    Orfandad ideológica, ése es el drama de un partido que una vez tuvo una ideología que ya no es tal. Por eso lo que queda es la amistad que formamos en nuestra vida militante (esto sólo para los “viejos”, como dices) y que no vale gran cosa, o sea, nada, para los que entraron después. Nosotros funcionamos bajo un sistema de cooptación matizada con democracia interna, mientras que ahora sólo queda la democracia interna, pues no existe Auctoritas; ésa es la gran diferencia.
    Dos versos me vienen a la mente: el primero de Buesa, aquel poeta cubano que fue ejemplo vivo del Romanticismo: “Es triste pero es cierto./ Por ser tan cierto es triste.” Y el otro de Serrat, ese filósofo de lo cotidiano cuya música escuchamos todos los de nuestra generación: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s