Por qué se fueron (2/2)


Vista la perspectiva de los millones de votantes que le dieron la victoria al Brexit -ver https://vivalapolitica.wordpress.com/2016/06/24/por-que-se-fueron -, sera también útil conocer algunos detalles desde los frentes partidistas que dirigieron las respectivas campañas.

La historia puede comenzar el 7 de Mayo del 2015, cuando David Cameron fue reelecto Primer Ministro del Reino Unido por mayoría absoluta, obteniendo 302 parlamentarios sobre un total de 650; debieron pasar 23 años antes de que un líder conservador volviese a tener esa mayoría en la House of Commons británica.

El mensaje básico, o la línea maestra para ese arrase electoral, fue la estabilidad económica que los conservadores podrían consolidar si salían electos. Ese mismo mensaje también fue utilizado menos de un año antes durante la campaña previa al referendo escocés -realizado el 18 de Septiembre del 2014-, en el cual -en una proporción 55.3% a 44.7%- los escoceses decidieron no independizarse del Reino Unido.

Sin embargo, esa misma línea maestra con la que se pretendió convencer al electorado británico para votar afirmativamente sobre su adherencia a la Unión Europea, se encontró con algunos obstáculos imprevistos, y otros muy mal gestionados, que resultaron decisivos para su fracaso.

En primer lugar estuvo la creciente ola migratoria por las guerras en Medio Oriente; un torrente de personas, que humanamente hablando es muy significativo -puesto que huyen de la muerte-, pero que demográficamente solo son un porcentaje bajísimo con relación a la población europea y británica. Pero como en estas cosas lo que cuenta es la percepción sobre la realidad objetiva, los oportunistas de turno lograron imponer la idea del migrante y refugiado que le arrebata el empleo al nativo, al tiempo que esquilma las riquezas del país que lo acoge, un mensaje que caló dentro de los modelos de austeridad británico y europeo, que han acortado la manta del Estado de Bienestar, y que por tanto hacen más difícil abonar sentimientos de solidaridad, tanto entre paisanos como hacia cualquier extranjero que venga a habitar a estos países.

En este sentido, en materia de percepción ciudadana, la ola de refugiados fue el remate luego de un largo período de creciente presencia de trabajadores extranjeros en el Reino Unido. Obviamente que Europa, con sus tasas de crecimiento casi nulas, no tendrá futuro sin otras gentes que vayan repoblándola -para eventualmente seguir creando riqueza y crecimiento económico-, pero este argumento, a la hora de compararlo con la anterior percepción, se vuelve humo, llevándose por delante todo el andamiaje de marketing cuyo sustrato electoral era la susodicha estabilidad económica.

Se votó entonces con el estómago, con el bolsillo, y con una racionalidad unidimensional. Los estrategas del Brexit lograron colar sus argumentos.

A esta realidad relativamente puntual –y cada opción de marketing electoral lo es, para un proceso específico que se desarrolla en un contexto determinado-, se unió un error estratégico mucho más significativo, como fue una promesa electoral de Cameron durante su campaña para reelegirse Primer Ministro, que consistió en negociar con la Unión Europea un statu quo más ventajoso del que ya tenía –aunque los británicos no lo entendiesen así: por ejemplo, Gales, Irlanda del Norte, o Escocia, perciben un ingreso neto de la UE. Pero esa promesa no pudo concretarse, porque al entrar al capote, la UE tuvo una actitud muy frontal para reforzar la solicitada excepcionalidad británica.

Aparentemente ese fracaso no iba a tener mayor impacto, tanto sobre el liderazgo de Cameron como sobre la vinculación espiritual de millones de británicos con la Unión Europea, pero ello fue una señal que activó  los rivales del Primer Ministro, tanto conservadores como laboristas, los unos para debilitarlo internamente, desplazarlo y aprovechar el dominio conservador sobre el país -para que alguno de ellos eventualmente pudiera convertirse en Primer Ministro-, y los otros para reforzar su trabajo de sacar al partido conservador del poder en la próxima elección general del 2020.

Como en cualquier familia política, no todo era de rositas en materia de unidad interna conservadora, y justamente por eso,  para intentar unirlos a todos bajo su liderazgo es que la mencionada oferta electoral de Cameron fue empaquetada dentro de otra más trascendente, como fue la de realizar el consabido referendo que acá nos ocupa con la finalidad de tranquilizar los movimientos internos más radicales y obviamente atraer a los votantes de opinión igualmente extrema. Una oferta por lo demás basada en el convencimiento que del referendo iría a salir una negativa neta a separarse de la Unión Europea.

Con todo, y aunque uno de sus principales rivales para tomar el comando del partido afirmaba que sus probabilidades para lograrlo eran equivalentes a encontrar a Elvis Presley en la Luna, o de reencarnarse en una aceituna –My chances of being PM are about as good as the chances of finding Elvis on Mars, or my being reincarnated as an olive-, el hecho está que Boris Johnson, -quien para para ese año electoral 2015 aún era alcalde de Londres-, continuó estando al acecho de su rival generacional Cameron (una historia que en Venezuela tanto los adecos como los copeyanos conocen muy bien, puesto que fue una componente importante en la pérdida de nuestra democracia…).

La opción de Johnson para aupar el Brexit, entonces, no solo respondió a un convencimiento personal sobre este asunto, sino a una notable astucia para aprovechar toda esa sinergia de factores mencionados, lo cual nos recuerda a la labor de zapa al sistema que realizó Caldera, para lograr su reelección presidencial.

En ese contexto, los estudios iniciales de opinión electoral indicaban que la ventaja porcentual de los partidarios de quedarse en la UE era del 10%, un margen que comenzó a disminuir hasta un 5%, frontera a partir de la cual comenzaron los mensajes de librito de los gobernantes europeos, tranquilizando a los mercados, y dando la victoria por descontada.

Sin embargo, a la actitud algo guabinosa de algunos líderes conservadores -junto a la actitud abierta de otros como Johnson-, se le sumó la negativa del líder laborista Jeremy Corbyn en trabajar junto a Cameron a favor de la tesis europea, delatando así esa intención de debilitar al Primer Ministro. El problema es que esa opción también contribuyó a la victoria del Brexit.

Aunque nadie dudaba de la intención del líder laborista sobre la permanencia dentro de la UE -prueba de ello es la purga que ahora se está efectuando dentro de las filas de dicho partido, apartando a quienes, también allí, se hicieron los disimulados, o más que menos hicieron campaña por el Brexit-, por otra parte pocos dudan que si esta derrota le ha costado el puesto al líder conservador, también le pasará factura al laborista.

Visto todo esto desde esta perspectiva, se puede concluir que independientemente de las intenciones de cada protagonista de esta esperpéntica historia –que pueden haber sido nobles o electoralistas-, cuando los pilares de un sistema político no coordinan su agenda  en función de un Bien Común que los trasciende a todos ellos, el sistema se viene abajo (nuevamente, en Venezuela esa historia la conocemos demasiado bien).

Hermann Alvino

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