Bahorrina


Luego de ver la reciente intervención en la OEA de la canciller venezolana –valga el término- solo queda metabolizar  con el máximo de dignidad posible la vergüenza ajena que les debe haber producido a cualquier venezolano decente.

Muy pocas veces se tiene la oportunidad de escuchar a alguien tan incompetente en un foro de esa categoría, y la razón es que a lo largo de la historia de la diplomacia muy pocos gobiernos se han atrevido a designar a analfabetas funcionales para representarlos, y cuando lo han hecho casi siempre ha sido por algún error en esos entornos de la diplomacia por amiguismo, y han procedido a enderezar de inmediato el entuerto.

La incontinencia verbal de Delcy seguramente también debió causar algo de bochorno a los otros representantes de la región, acostumbrados a dialogar respetuosa y educadamente incluso en las circunstancias más duras y difíciles por las que han transitado. La primera regla que un diplomático debe saber es que no hay gritos ni salidas de tono en su comportamiento, sea tête à tête o en las asambleas de representantes, y la segunda es tener muy claro lo que se va a decir en representación de un gobierno y de todo un pueblo, respalde éste o no mayoritariamente a dicho gobierno de turno.

Si las salidas de tono fuesen permitidas, imaginemos qué se habría derivado  de los procesos de Westfalia, de Viena, de Versalles, de Yalta, o de los encuentros entre Reagan y Gorbacho, encuentros todos entre enemigos históricos directos e indirectos…hace décadas que nos habríamos extinguido como especie.

Incluso los soviéticos, tan frontales ellos en sus intervenciones en foros internacionales, se contenían, porque después de todo, y aun sin desearlo, ellos mismos eran herederos de esa diplomacia de escuela francesa del zarismo, al contrario de la rústica actitud prusiana que influenció la diplomacia nazista, y ya vimos en qué fue a parar. Y con todo a que a los japoneses les habían tirado no una, sino dos bombas atómicas, éstos dieron cátedra de respeto por los actos protocolarios al presentarse con levita y sombrero de copa para firmar la rendición del Japón imperial, en la nave donde los esperaban los generales norteamericanos, en comparación bastante mal vestidos, ciertamente.

Nuestra analfabeta funcional, caraqueña, al tiempo que delataba un rastro de acento carupanero defectuoso mientras leía atropelladamante los contenidos sobre la posición del régimen frente a la posibilidad de que al país se le aplique la Carta democrática, quebrantó esas dos reglas, porque por una parte levantó la voz, insultó a Almagro, ya no como agente del imperio, que después de todo sería un insulto copiado de la verborrea de los Castro, sino que hasta lo puso de empleado raso de cualquier venta de comida basura McDonald, y por otra parte, el contenido mismo del discurso fue una retahila mal leída de esterotipos chavistas en los que nadie cree. Tal vez ni siquiera ella misma.

Asombra igualmente el mar de contradicciones de Rodríguez, cuando entre chillido y chillido se quejaba  de la interferencia en los asuntos internos de Venezuela; en este sentido podemos limitarnos a las dos más relevantes: la primera es que ella olvida que su mentor Maduro como “canciller” –valga de nuevo el término- de Chávez, sirvió de adelantado –en términos coloniales, de acuerdo a la visión del mismo Chávez con relación a varios de los países de la región- para meter las narices en los procesos electorales bolivianos, peruanos, ecuatorianos, argentinos, paraguayos, uruguayos, nicaragüenses, hondureños, más algunos de islas del Caribe, y para ir afinando el apoyo financiero, militar y territorial a la guerrilla colombiana, o el financiamiento al partido español Podemos. No puede uno entonces venir a lamentarse que los países que legalmente se han organizado como OEA, no reflexionen y decidan sobre un comportamiento que de una manera u otra les ha venido afectando desde el año 1999. En este sentido hay que recordar que quien siembra viento recoge tempestad.

Lo irónico es que esa interferencia de la que se queja esta señora no es tal, porque no ha habido bloqueo, ni censura de ningún tipo por parte de la OEA, la cual solo se ha limitado a abrir un debate más o menos soft, y muy mediatizado, sobre la dura realidad venezolana. Por otra parte,  el argumento de la interferencia es una mala copia de lo que siempre han dicho los cubanos cuando algún mortal se ha atrevido a opinar sobre la dictadura castrista. Es el mismo argumento de China, un país que de democracia tiene muy poco, y obviamente fue el escudo de los soviéticos para no continuar hablando del tema.

Eso sí, soviéticos, chinos y cubanos siempre han podido meter la mano en los asuntos de otros países, porque ser revolucionario parece ser una patente de corso que lo permite todo, como la influencia integral que durante más de medio siglo ha tenido la  dictadura cubana para promover la guerra interna de Colombia, Chile, Argentina, Perú, Venezuela, y hasta la misma Guyana, Jamaica, Nicaragua, y pare de contar.

En segundo lugar, descontado entonces el infantilismo en utilizar el argumento de la interferencia, tenemos otra contradicción cuando justamente Delcy se puso a hablar de Ramos Allup, de su legitimidad como parlamentario, y de las cosas del TSJ. Justamente, si uno advierte de que no se metan en sus asuntos, mal se puede ir pregonándolos por allí, mucho menos en la Asamblea de la OEA. Nuevamente un infantilismo por parte de quien carece de la más mínima preparación y aptitud para representar al pueblo venezolano, a diferencia de nuestros cancilleres históricos como Consalvi, Calvani o Andrés Eloy Blanco (!), entre decenas más, a quienes el mundo respetó y apreció personalmente.

Por supuesto que ovejitas negras y raras siempre las ha habido en nuestra diplomacia y en nuestra anterior democracia, pero ninguna de la calaña y guarrería de Delcy Eloína; sin duda  que ella no desentona con sus precedesores Chaderton y Jaua, y por supuesto del mismo Maduro.

Pero tal vez lo peor haya sido que ese papelón reciente, que confirma todas las chapuzas pasadas y las que le faltan por cometer, es protagonizado por una mujer que, en condición de tal, a la deshonra diplomática como representante del país, se le une la indigna forma de representar a la mujer venezolana.

Para contrastar la diferencia entre esta mujer y las que al igual que nuestros cancilleres han sido -y son- respetadas y escuchadas en medio mundo, podemos mencionar a Maritza Izaguirre, Haydee Castillo, o a Isolda Salvatierra, dejando que el lector añada muchísimos más nombres de venezolanas de altísimo nivel que han participado en foros internacionales de primer orden para dignificar  el gentilicio.

Bochorno pues, y mucho dolor, que inevitablemente enardecen, y lo ponen a uno iracundo, porque no es una Carta Democrática la que habría que aplicar, sino un tractor, para arrasar con toda esta bahorrina.

Un tractor cuyo tanque de combustible ya está lleno, luego de la exitosa validación de firmas para el referendo revocatorio. Ahora solo falta ponerlo en marcha votando. Pero eso será otra historia.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s