Por qué se fueron (1/2)


Se han ido luego de descubrir que fueron engañados por los encopetados de Londres sobre lo bueno que es el actual modelo económico ultraliberal británico-europeo, hombres de negocios y políticos representantes de una Europa dirigida por unos burócratas que nunca han pateado la calle, y que aprovecharon unos años de entusiasmo comunitario para crear una estructura autosustentable de sus puestos e intereses.

El Brexit ganó en todas partes menos en Londres, Escocia y parte de Irlanda del Norte. En Escocia por una razón clara: y es que dentro de la estrategia a mediano plazo de volver a plantear un referendo separatista de la Gran Bretaña, estaría –de triunfar dicha consulta- la subsiguiente solicitud de incorporarse a la Unión Europea, o lo que quede de ella dentro de una o dos décadas. Aparentemente los escoceses piensan que estar dentro les es más beneficioso que estar fuera.

Por su parte, el Brexit perdió en Londres porque justamente allí viven los representantes de esa burocracia desdeñosa de la UE. Londres ya no es una ciudad vivible para los ingleses de clase media, sino solo para los millonarios de todo el planeta. Vivir en Londres en durísimo, y carísimo, y al haber asociado su creciente desigualdad social con “esa” Europa que también la sufre, pues la provincia inglesa, galesa y de Irlanda del Norte optó por desconectarse de esa visión de la sociedad.

Los resultados revelan también una enorme brecha entre unos jóvenes que votaron por quedarse en la UE y otros menos jóvenes que optaron por salir. Por supuesto que muchos votantes a favor del Brexit se creyeron el mensaje nacionalista, xenófobo y ¿por qué no decirlo?, racista, de una casta de políticos que luego de fracasar en sus intentos de hacer carrera al más alto nivel de los partidos Conservador y Laborista, éstos optaron por abrir ese nicho separatista que acaba de triunfar, y que de alguna forma será su atajo para llegar a lo más alto de esos partidos. Un nicho que explota lo peor de las pasiones humanas, por ejemplo cuando se inventó la figura del plomero o fontanero polaco que migraba para quitarle el puesto de trabajo a los británicos.

Para la gente común trabajadora, la Gran Bretaña no es un lugar donde se trabaja para vivir, sino que se vive para trabajar, intentando sobrevivir en un sistema al cual el modelo Thatcher comenzó laminando su  Estado de Bienestar, para llegar a unas actuales condiciones de vida que nada tienen que ver con el glamour que los turistas suponen debe existir en todas partes de la isla, luego de visitar su capital global, y pasarse unos días acercándose a esos guardianes del palacio real que visten exóticos atuendos, o vagar por Oxford Street buscando algún lugar donde alimentarse con comida basura. Quienes no son turistas y viven allí, especialmente aquellos que laboran dentro de una economía de servicios, saben lo duro que es su rutina, y lo implacable del modelo laboral, si llegaran a enfermarse tanto como para ausentarse del trabajo.

Esa sociedad impersonal, representante de lo que una riqueza global, desbocada y sin reglas, considera que debe comportarse servilísticamente, es justamente la que le ha dado la espalda a un modelo que los ha apresado en vida hasta una jubilación paupérrima e incierta, que no tienen dinero para acudir a un dentista, que los obliga a pasar frío en invierno por no poder pagarse la calefacción, o huir a Alicante, no tanto porque en España su pensión británica en Libras le rinda más –al menos hasta hace unas horas, antes de desplomarse a niveles de hace 35 años…-, sino para tener ese servicio médico de calidad y sin costo alguno que en su país ya no existe más, aunque ahora este atajo se les va ha hacer más complicado.

El referendo es un obvio catalizador para otros procesos que se están cocinando en la Europa continental, abanderados por Le Pen en Francia, por Salvini en Italia, y por Wilders en Holanda, y el peine que le pondrán a los electores será el mismo: la emigración es la causa de todo lo malo, así como la inflación que provocó el Euro desde su implantación, la cual ha desestabilizado todos los presupuestos familiares.  Porque es más sencillo utilizar ese simplismo que apela a nuestras bajas pasiones que enseñarle a la gente a razonar, para que con sus votos pateen a esa casta que gobierna la UE y que los ha despreciado durante 16 años. Polonia y Hungría hacen roncha a su manera, blindando constitucionalmente un nacionalismo extremo, y Austria se ha salvado por los pelos en la última elección presidencial, mientras los países nórdicos, junto a Alemania, piensan seriamente en una futura subregión de los más prósperos –al menos en términos de porcentaje de déficit fiscal.

No lo vieron venir, pues, porque ellos viven en ese planeta de privilegios que les ofusca la visión; ellos siguen pensando que la democracia es un simple rito mediante el cual la gente periódicamente les reelige para reforzar esos privilegios.

Lo del Brexit no fue un rito sino una cruda y brutal lección de democracia; cruda porque los ha puesto en ridículo, luego de semanas pasandole la mano al problema con comentarios superficiales prefabricados, y brutal porque representa la desilusión y la rabia de un 52% de británicos hacia un ciclo de poder que, cuando termine, dejará a una Europa más desigual, frágil ante el terrorismo, e inerme en materia de solidaridad institucional frente a las olas de gentes que huyen de la guerra frente a la cual esos mismos burócratas solo hablan sin mojarse.

Por su parte, el Primer Ministro británico, Cameron, facilitó la realización del referendo separatista en Escocia y lo ganó, ahora impulsó el Brexit y lo perdió, para renunciar a las pocas horas. Él ha probado ser  un demócrata íntegro, con quien  se puede disentir sobre su visión ultraconservadora de la sociedad, mas nunca restarle méritos a su sustrato espiritual democrático. Para bien o para mal él ha puesto a la gente a decidir el destino de su país, algo que muchos no se atreven a hacer, como Maduro, Fidel y Raúl.

El Brexit indica entonces que los británicos tal vez hayan tomado la decisión menos conveniente para ellos, pero también confirma que ellos siguen siendo un pueblo que juega limpio, que acepta derrotas y victorias con fair play, y que cuando se les toca demasiado en las narices, pues reaccionan de la manera más enérgica.

Hermann Alvino

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3 comentarios en “Por qué se fueron (1/2)

  1. Yo solo sé que Europa no será la misma, ha cambiado total y diametralmente el espectro geopolítico, económico, político y social de todas esas sociedades. No sé si fue una mala o buena decisión, sólo sé que el populismo, llámese como se llame, está vivito y coleando. Y no sólo en Venezuela hay descerebrados que se creen el cuento.

  2. Hermann.
    Aunque el fenómeno del Brexit generará repercusiones en todas las economías del planeta, y desconozco cómo afectará a la de mi país, hubiera preferido que no te unieras al grupo de especialistas sobre este tema y tocaras el hecho de que, a pesar del ventajismo gubernamental y las oprobiosas situaciones a las que fueron sometidos los hombres y mujeres de Nueva Esparta, se pudo alcanzar en el día de hoy ese ansiado 1%, que ingenuamente parecía fácil de conseguir pero que en la práctica no lo fue.
    Hasta el punto que empezó a sentirse por el espinazo el frío y helado sentimiento de que el RR sería “hecho polvo cósmico” porque las misteriosas vestales habrían aplicado el alicate al pueblo margariteño.
    De todos modos, tu British Lecture es una buena pieza de redacción y me permitió entender el por qué de que algunas piezas que encajaban en mi “puzzle” mental.

  3. Pingback: Por qué se fueron (2/2) | vivalapolitica

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