Pastoreando nubes


En un reciente análisis a cargo de Michael Penfold, publicado en el medio digital Prodavinci y titulado 7 propuestas para salir de la crisis política en Venezuela, el autor pone sobre la mesa un conjunto de elementos que podrían ser consensuados tanto por el régimen como por la oposición para salir del pozo –el contenido de cada propuesta puede leerse en http://goo.gl/Cs8lx0

Interesante trabajo sin duda, pero errado de raíz, porque el profesor Penfold -Columbia University e IESA- cae en la trampa de muchos académicos que proponen soluciones para interactuar con dictaduras, esto es, confundir un régimen marxista, nazista, fascista, maoista, o al estilo cubano, con otro que no lo es, poniendo en el mismo tiesto esa clase de dictaduras que además de intentar imponer un modelo económico y un sistema de relaciones humanas radicalmente diferentes, junto a las otras dictaduras, que se alejan algo menos de un sistema de economía liberal, aunque secuestren las libertades políticas.

La diferencia puede resumirse también en que unos regímenes –como el chavismo- pretenden apoderarse de todo lo público y lo privado, incluyendo el espíritu de las gentes, mientras que los otros –como el de Pérez Jimenez o Pinochet- solo desean controlar las fuerzas fácticas para perpetuarse en el poder. Los medios de ambas para lograr sus objetivos solo tienen en común lo relativo a la represión, mientras que la diferencia es muy clara: en un caso no basta desentenderse de lo que ocurre alrededor, mientras que en el otro solo basta con callar, seguir trabajando en lo de uno, para que las probabilidades de tener problemas con el régimen de turno sean mucho menores.

Por supuesto que ambos tipos de regímenes son horripilantes, porque en un caso ser “rico”, tener anteojos –como sinónino de intelectual o persona que ha estudiado-, vestir de determinada manera, o dar clases en alguna disciplina humanística, implica rozar la ira de un régimen que pretende -y logra- controlarlo todo, mientras que en el otro caso, si el dictador autoriza a sus esbirros a redondearse el sueldo arrebatando lo que haya en la vivienda de cualquier vecino, o si –como el dominicano Trujillo- a éste se le ocurre desarrollar a plenitud su preferencia por las jovencitas, pues cualquier familia está sujeta a inmensos sufrimientos.

Lo que pasa es que los dictadores caribeños a los que la Historia ha acostumbrado a nuestros pueblos siempre terminan por caer, de una manera un otra –generalmente sucede justamente eso: no es que los tumben, sino que se caen solos-, para que luego, de una forma más o menos imperfecta –y a veces menos duradera- pueda abrirse un ciclo que apunta a (re)implantar el sistema democrático. Todo lo contrario de lo que sucede con dictaduras al estilo cubano –y obviamente chavista-, porque hasta ahora la única que tuvo finiquito fue la soviética, junto a sus variantes de Europa del Este, de manera más o menos pacífica ciertamente –salvo la salvajada rumana-, aunque ciertamente detrás de esa fachada de tranquilidad estaban los dientes de la clara superioridad armamentista de Occidente.

Los Castro siguen en el poder entonces, mientras el gobierno de Obama dialoga con ellos; por otra parte hay que recordar que a Allende -que fuera electo democráticamente, aunque luego él mismo se desentendiera de la democracia y de la sensatez- Pinochet jamás lo habría podido tumbar sin esa ayudita de la CIA, que supo combinar una diabólica suerte de softpower y hardpower. De igual manera, en Nicaragua hubo necesidad de una guerra proxy para derrotar al sandinismo, con los contras de Reagan operando desde Honduras.

El ejemplo chileno y nicaragüense entonces, son el vivo testimonio latinoamericano de lo persistente que son estos regímenes basados en un totalitarismo político y existencial, y que se comportan como esos muñecos que llamamos porfiados a los que uno les da golpe y golpe, y éstos se inclinan y vuelven a enderezarse hasta el fin: Ortega, luego de un retroceso táctico retroalimentado por las torpezas de la derecha de ese país ha vuelto, y allí sigue, y Castro sigue allí.

De manera que cualquier conjunto de propuestas para enrumbar al país debe tener en cuenta que esta gentuza vino para quedarse, que no desea irse, que hará lo posible para seguir en el poder sin importar si la gente pasa hambre, y que dispone de toda la ayuda y experiencia cubana para combinar a su favor cualquier intento de diálogo de la oposición. En este sentido, éste es otro error de quienes piensan como Penfold: suponer que dialogar con Maduro es hacerlo con el interlocutor adecuado, olvidando que Nicolás es un simple mandadero de Raúl y Fidel, y que si en algún momento hay que interceder por las buenas para abrir espacios en el país, es con los cubanos con quien habría que conversar.

El profesor comete además un importante error de bulto, como es el articular todas sus propuestas alrededor de la vigente constitución chavista, pasando por alto que dicho texto está mal redactado y que contiene enormes vacíos conceptuales, siendo por tanto sujeto a la manipulación de cualquier vivaracho, como lo ha probado a conciencia el TSJ.

No hay forma entonces de disponer de un terreno común si una de las partes no está dispuesta a ceder en nada, como tampoco ese terreno podrá ser firme si está apoyado sobre un texto doloso. Tal vez el mejor ejemplo de lo que se esperaría de un diálogo con estos bárbaros es lo que hizo el barinés luego de ser derrotado en aquel referendo sobre la elección indefinida, cuando catalogó al triunfo opositor como una victoria de mierda, al tiempo que siguió haciendo lo que le venía en gana. Así son, y no van a cambiar, como los mencionados muñecos porfiados, o como los drogadictos atracadores a quienes se les golpea reiteradamente y ni siquiera se percatan.

Y así pues son estos regímenes; por tanto, entrar a proponer sin quebrar la pretensión totalitaria y la de querer perpetuarse en el poder a toda costa, es enredar las cosas. Muy claro lo ha manifestado María Corina en su último comunicado, que refleja lo que piensan muchísimos demócratas que no hacen ejercicios académicos o de abstracción política, sino que patean las calles, para concluir que lo que se requiere ahora es “rebeldía ante la arbitrariedad, desobediencia ante la usurpación y coraje ante la intimidación”.

Sin duda que esos ejercicios conceptuales son de recibo y de eventual utilidad, pero para otro tipo de dictadura, porque en el caso de la venezolana, que con el paso de los años ha superado todas las líneas rojas de la sensatez y la misericordia, éstas propuestas solo sirven para reafirmar lo despistado que anda mucha gente. Solo basta con fijarse en aquellos discursos indecentes e insultantes de Chávez en los foros internacionales, como el de “huele a azufre” en la ONU – https://goo.gl/9xugjd-, en los de Maduro y su canciller(a) acusando a Almagro de ser agente de la CIA e insultando al gobierno español, o del irrespeto de las palabras del mismo embajador en la OEA durante la reciente asamblea.

Ese tono de matón de barrio, que en parte responde a que muchos de ellos realmente lo son -como por ejemplo Iris Varela- refleja que todos ellos carecen del sentido de Estado, pero lo peor de todo es que delata que tampoco tienen sentido del honor, como no lo tiene Castro, como no lo tuvo el Ché, ni Mao, ni Stalin, ni Hitler. En cambio –solo para efectos comparativos- quien sí lo tenía era Nikita Khrushchev, y sin embargo bastó un desplante diplomático suyo en la asamblea de la ONU para que toda la diplomacia internacional se organizara para desprestigiarlo, al punto que en cuatro años –un perídodo que es un simple parpadeo temporal para aquellos jerarcas en la URSS- fuera destituido por el politburó soviético –ver el zapatazo del soviético en a ONU en https://goo.gl/bqNw6Q

Solo es posible el diálogo, entonces, con quienes tienen sentido de Estado y sentido del honor, un asunto que –dicho sea de paso- hasta el mismo Rodríguez Zapatero parece haber olvidado.

El problema de ahora pues, consiste en sacar a esta gentuza del poder, y a todas luces la vía más realista podría ser el referendo, frente a lo cual solo queda decir que amanecerá y veremos; y más bien, la preocupación académica -y la política- debería ser la concepción de un plan postchavista de país, a sabiendas que por un lado que la oposición no lo tiene, y que por otro lado con la certeza de que aun fuera del poder y desposeído de privilegios e impunidad, ese chavismo que seguirá siendo apoyado por un quinto de venezolanos, será incapaz de consensuar en nada con unos demócratas cuyo único motivo para haberlos definido como sus enemigos es existir y pensar de manera diferente… al fin y al cabo, lo de escuálidos no era una burla, sino ése desprecio existencial del barinés que se derivaba de su enfermizo deseo de dividir, de envenenar, y de perseguir hasta el fin a quienes no le apoyaban en su proyecto.

Entre las lecturas de los clásicos por parte del académico que nos ocupa, seguramente estará aquella referente a aquel nudo imposible de soltar con el que el rey Gordias ató lanza y yugo a su carro, para ofrecérselo a Zeus en agradecimiento por el destino benévolo que le tocó en suerte. Ese nudo gordiano solo pudo ser resuelto por aquél que estaba destinado a conquistar toda Asia -Alejandro Magno-, quien realizó la faena sin tanta elaboración sobre el entresijo de las cuerdas, sino mediante un solo tajo de su espada, lo cual nos indica que ahora solo falta por saber si acá, ese tajo vendrá del hierro hiriente por parte de algún militar exchavista -y por ahora agazapado-, o si se producirá con los votos del pueblo decente.

Lo que sí sabemos en cambio es que ninguna de estas dos opciones se irá por las ramas, ni estará pastoreando nubes.

Hermann Alvino

Anuncios

Un comentario en “Pastoreando nubes

  1. “…solo falta por saber si acá, ese tajo vendrá del hierro hiriente por parte de algún militar exchavista -y por ahora agazapado-, o si se producirá con los votos del pueblo decente.”

    Ni o uno ni lo otro mi querido amigo. Aquí no hay militares decentes, los hubo y los que se hacen conocer como ex chavistas es porque los sacaron de donde había y entonces ya no participan de la rebatiña. Es decir, no son ex chavistas, con ex choros y por eso están arrechos y “en contra” de esto.

    Tampoco por los votos de un pueblo decente. ¿Acaso se piensa que si se llega al fulano revocatorio y es ganado por la oposición, estos carajos van a respetar esa decisión?. ¡Por favor, terminemos de madurar!. La otra opción es la que menciona MCM y que alguno de nosotros la decimos más cruda, más directa: Sangre, sudor y lágrimas, así de sencillo…

    Un gran abrazo, saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s