Con el rabillo del ojo (1/2)


Para quien tiene la responsabilidad de dispensar Justicia, tomar decisiones injustas a sabiendas equivale al cirujano que sabe que con su mala praxis matará a su paciente. Casos de jueces y magistrados vendidos a un régimen los hay a decenas, por lo que nos ahorramos recordar sus actuaciones durante las diversas dictaduras a las que se plegaron; igualmente podemos hacerlo con aquellos médicos que lograron filtrarse por la educación formal, o que con el paso del tiempo fueron desactualizándose; aunque para un médico asesino, al menos casi siempre actúa el respectivo colegio profesional para expulsarlo de la profesión.

Aunque les duela que se lo digamos, muy pocas veces se sabe de la expulsión de algún abogado tracalero de su respectivo colegio. A lo mejor es porque los errores profesionales de médicos -e ingenieros- pueden causar daño a una o muchísimas personas a la vez, mientras que los de los abogados son más difíciles para valorar con esa perspectiva -la inyección letal, la silla eléctrica o la cadena perpetua por negligencia de la defensa es algo muy complicado de dimensionar-; y de allí lo dificil que resulta excluirlos de su profesión, aun cuando su aporte a la Justicia –desde cualquier responsabilidad en la que estén ubicados- no sea realizado con equidad.

El TSJ chavista sabe que la Ley de Amnistía se ajusta perfectamente a las exigencias constitucionales, y sus integrantes conocen los márgenes constitucionales dentro de los cuales la AN puede desempeñarse, y por tanto están perfectamente conscientes de lo injusto y conceptualmente errático de su reciente decisión que margina constitucionalmente a la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional. El texto de esa decisión está en la red, son 111 páginas dentro de las cuales se habla y se divaga, se emiten juicios de valor sobre asuntos que nada tienen que ver con la constitucionalidad de la mencionada ley, erigiendo así un infumable andamiaje argumental coherente con la línea política recibida. Una vergüenza que debería animar a los respectivos colegios de abogados donde están inscritos los magistrados firmantes de esa decisión a expulsarlos de cada uno de ellos, al menos como un intento honorable que contribuya a depurar la profesión.

Cuando la Justicia no es impartida con equidad, o incluso cuando lo es, pero tarda décadas -como en España o Italia-, lo más probable es que en algún momento la gente se anime a resolver lo inicuo por sus propios medios, en una suerte de ley del lejano Oeste, o de la provincia profunda de cualquier país del planeta donde aun se practica el delito de honor, el cual si se quiere podemos catalogarlo como una barbaridad, pero cuya persistencia es comprensible cuando no hay instancia imparcial estatal que en un lapso razonable imponga la Ley.

Tomarse las cosas por mano propia entonces, no es motivado a que la gente sea salvaje, o que la sociedad violenta, sino por la negligencia de quienes gobiernan las diversas instituciones del Estado responsables para satisfacer las demandas de justicia de cualquier sociedad que se precie de ser civilizada; una neglicencia que va desde la carencia de voluntad política para dotar con los recursos adecuados a toda la estructura estatal de justicia, hasta la mala voluntad derivada de los intereses particulares de abogados y jueces, que nada tienen que ver ni con el Bien Común ni con el espítitu de las leyes de su país.

La justicia venezolana ya estaba algo tocada durante la democracia prechavista, por un lado por la carencia crónica de recursos presupuestarios suficientes para que pudiera definitivamente despegar –baste solo con recordar el estado de las cárceles, o la fila de personas que rodeaba casi la cuadra entera del caraqueño edificio en la esquina de Pajaritos solo para poder tomar los ascensores-, y por supuesto que también estaba envilecida con las llamadas “tribus”; pero éstas solo se ocupaban de grandes decisiones, donde habían intereses materiales y mucho dinero de por medio, porque a nadie se le habría ocurrido ocupar un asiento en la Corte Suprema de Justicia de entonces para perseguir políticamente a persona alguna, y ésa es la diferencia con el TSJ chavista, además de las obvias diferencias entre cualquier Ministro de Justicia del pasado con los del chavismo… Tareck El Aissami, Diosdado Cabello, Jesse Chacón Escamillo, Ramón Rodríguez Chacín, entre otros…junto a Iris Varela.

Por otra parte, comparar por ejemplo a Cecilia Sosa, quien fuera la última presidenta de la Corte Suprema de Justicia prechavista, sus predecesores y directivos, así como quienes ocupaban las diversas salas, con lo que hay en el TSJ chavista es un ejercicio que ofrece la dimensión de la degradación institucional tanto del país como de las universidades de las que egresan.

Al TSJ se le está yendo la mano, sus integrantes se sienten seguros bajo el ala del régimen y bajo el tutelaje cubano, pero eso podría cambiar en el futuro, y su suerte personal -como la de sus familias- podría también estar sujeta a muchos avatares, los cuales no serían otra cosa que la cosecha de la sensación de impunidad y retrecherismo que ellos han estado sembrando mientras se burlaban del venezolano de a pie.

Ellos deben tener muy en cuenta que las sociedades que han logrado contener la tentación de la gente de hacer justicia por mano propia no fue por un gesto liberal ni por civismo, sino porque en determinado momento, habiendo superado ya todo límite de impunidad del criminal y vulnerabilidad de las víctimas, la gente comenzó a aplicar esa mano propia a los propios jueces.

El escarmiento dio resultado, y todos siguen teniendo muy claro que si se vuelven a cruzar esas líneas rojas probablemente se repita, porque ello está en relación directa al grado de desesperación de la gente.

De seguir así pues, que cada uno de los cómplices de la farsa de la justicia chavista comience a cuidar sus espaldas, y a voltearse de vez en cuando, o a entrenarse mirando con el rabillo del ojo, no vaya a ser que…

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s