Apostillas chavistas (XIII): Entre ateos idólatras


El arrianismo fue un episodio determinante para la historia del Cristianismo, puesto que durante casi dos siglos generó luchas internas en los varios grupos apostólicos y la incipiente jerarquía “católica”. Como en toda contradicción religiosa de fondo, se sucedieron concilios, conciámbulos, conspiraciones, venganzas personales, y bastante violencia, para que el asunto solo pudiera resolverse mediante la intervención de emperadores romanos que decidieron acogerse tanto al cristianismo como a una versión de éste, o sea el catolicismo.

Teodosio I terminó así favoreciendo a los católicos de aquellos tiempos –por llamarlos de alguna manera- luego de ser nombrado emperador romano en el año 379 -su antecesor Valente había muerto el año anterior en la batalla de Adrianópolis.

Teodosio era español –nació en Coca, provincia de Segovia-, y su opción religiosa tal vez fue inducida por su esposa Elia Flacila; por tanto nunca sabremos si el emperador se pasó al lado católico por convicción o por mantener la tranquilidad conyugal, dada la militancia activa y beligerante de Elia a favor de ese grupo religioso, que aunque ya se estaba extendiendo aun podía considerarse como una secta.

El arrianismo es –porque aún está vivo- una creencia no trinitaria que afirma que el Hijo de Dios no es desde siempre, sino que fue creado por el Dios Padre, y lo mismo pasa con relación al Espíritu Santo –las fuentes de acceso a los episodios históricos y los debates teológicos del asunto son numerosas, por lo que podemos ahorrarnos los detalles, los versículos del Evangelio que sustentan al arrianismo, los concilios, etc., y evitarnos así entrar en el laberinto filosófico de quienes en la historia del pensamiento filosófico se denominan como Padres de la Iglesia.

El hecho es que luego de separar al imperio en las franquicias de Roma y Constantinopla, entre las primeras medidas que tomó Teodosio -apenas llegado a esta última ciudad- estuvo la expulsión del obispo arriano y el someter a las iglesias del lugar a la ahora oficialista jerarquía religiosa, mientras los arrianos se devoraban entre sí imaginando nuevas sutilezas del debate inicial, porque ya no se trataba solamente de un grupo para quienes Cristo no era Dios -por ser un hijo de éste, creado a posteriori del inicio de los tiempos, y oportunamente lanzado a una misión específica de salvación-, sino que también había otro grupo que afirmaba que Cristo efectivamente siempre fue Dios, más no por lo que decían sus rivales católicos –a partir del concepto de Santísima Trinidad-, sino por un acto de gracia del mismo Dios Padre –que todo lo puede, o debería-; más aun, había una tercera tendencia, que si bien aceptaba al Cristo como Dios, no consideraba al Espíritu Santo como tal, o sea que acordaba con los católicos en 2 de los 3 pilares de la mencionada trinidad.

Vemos pues que tantos matices arrianos no desentonaban con los de sus rivales teológicos, y si vamos tirando de ese hilo a todos ellos nos los conseguiremos bastante nítidos en las actuales variantes del cristianismo; en todo caso, Arrio de Alejandría -en su misión apostólica de difundir la buena nueva cristiana- había llegado a una conclusión bastante razonable, y es que era mucho más fácil que gente sencilla y analfabeta comprendiera la existencia de un dios único a que aprehendiera la existencia de un tres en uno ello seguramente no solo era una cuestión de creencias sino de marketing, la cual al final derivó –entre milagros, apariciones, estafas con reliquias, entre otras cosas- en una lucha por el poder para decidir quien impondría la Verdad.

Las crónicas cuentan que en algún momento los arrianos se enconcharon o escaparon, y entre las rutas que se les abrieron a los fugitivos estuvo el camino hacia los lados de La Meca, donde aquella variante monoteística pudo haberse refugiado durante tres siglos para resurgir con mucha más fuerza -ahora sí, con un Dios único e indiscutido- y cuyas contradicciones iniciales –suníes y chiitas- también han seguido sueltas hasta nuestros tiempos, con los consabidos efectos…después de todo, los monoteísmos se parecen mucho, no solamente cuando de trata de intepretar su respectivas verdades, sino por nuestra legítima inconformidad de ser dominados  durante siglos por una autoridad única, que en el fondo es tan humana como cualquiera de nosotros…

Luego de recordar estas cosas, imaginemos ahora un país donde los adversarios al régimen -que ahora son mayoría en la AN- se parecen a aquellos arrianos, por no querer aceptar no digamos una trinidad, sino hasta cuatro dioses equivalentes e independientes, como son el CNE, la Contraloría, el TSJ y la Presidencia, o incluso cinco si incluimos a Padrino López al frente del poder militar. Unos arrianos endógenos que acertadamente afirman que las leyes se redactan y legitiman desde un poder único –la AN-, al tiempo que el resto de poderes acatan, o a lo sumo solicitan su revisión cuando se estima que algún articulado se sale de la ley fundamental –la Constitución.

Imaginemos las opciones que este politeísmo constitucional chavista les deja a los opositores de la AN, al tener que aguantar los caprichos de los otros poderes ciudadanos que se niegan a reconocer la existencia de esa autoridad legislativa única; una suerte de panteísmo institucional creado por la sacerdotiza presidenta del TSJ, cuyo jurado -profesores españoles y militantes del partido Podemos de aquel país, ver https://goo.gl/AX75Fe– le aprobó una tesis doctoral en la que se inventaban poderes públicos tan independientes que no ofrecen mecanismos reales para resolver conflictos, y que por tanto constituyen caldo de cultivo para la anarquía y la guerra civil; unos poderes públicos ciertamente en manos de idolitos endiosados y caprichosos, pero capaces de hacer el milagro de que Maduro se mantenga bastante más tiempo en el poder, al negar su sometimiento al dios de la Ley.

Ya todos conocemos las matanzas que se han producido a lo largo de los tiempos por la creencia de los católicos en un tres en uno –dicho con respeto-, de los arrianos en uno único, por la negación de los protestantes en acatar la jerarquía católica, por discutir si un cura es o no el legítimo intermediario en la confesión de un penitente, y bien sabidas son las carnicerías entre musulmanes de uno y otro bando; y todo por defender algo que no se puede demostrar que existe, ni que no existe.

Se puede uno imaginar entonces las consecuencias de unas discrepancias igualmente extremas y mucho más tangibles, como son los textos de las leyes que el mismo bando que ha tenido la sartén por el mango durante 17 años redactó en su momento y que ahora rechaza.

Pero ese panteón chavista que actúa profesando diversas divinidades institucionales independientes –que no es lo mismo que autónomas– es igualmente una falsedad, porque en el fondo todos ellos también adoran a un dios único, lo que pasa es que éste no es el espíritu de la Ley que debe prevalecer en una democracia liberal, sino que se trata de Fidel, un simple mortal que con todo y que sigue vivo es el dios real del chavismo, en contraposición al idolito barinés aquel, quien se quedó relegado a esa categoría inferior luego de postrarse ante el mismo cubano.

Para los más detallistas, que querrían hablar de consustanciación o transustanciación para resolver el asunto de la Trinidad, mejor quedarse por ahora en este plano material donde el hambre comienza a apretar de verdad, donde el verdadero espíritu de la democracia siempre será la voluntad popular encarnada en los parlamentarios, para que éstos redacten la Ley; pero claro, hablar de estas cosas a quienes, orishas aparte, adoran a Fidel –quien de paso nunca le ha hecho caso a la voluntad popular- es inutil.

Y si seguimos en el detalle pues entonces habrá que recordar que al final los arrianos perdieron la pelea y se impuso un Dios múltiple –o sea uno solo, porque esto es enredadísimo-, no porque la Verdad estuviese en el bando ganador, sino porque el poder así lo quiso.

Como es el caso criollo, pues.

Hermann Alvino

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