Apostillas chavistas (X): La mentira


Entre los estudiosos del chavismo tal vez el más equilibrado para ofrecer una perpectiva serena es el mexicano Ernesto Krauze con su libro titulado El poder y el delirio.

Krauze es liberal, conservador, o neoliberal y de la ultraderecha, dirán los más fanáticos del chavismo latinoamericano y de la izquierda radical y pro cubana europea; pero su análisis sobre el proceso venezolano es a todas luces justo y bastante objetivo, ya que lo complementa con elementos básicos de la historia de Venezuela y pone a hablar tanto a chavistas como a opositores, escogiéndolos no por su rol político, sino por ese bagaje intelectual que le permite a cada uno de ellos superar las miserias del activismo diario.

Por supuesto que lo de bagaje puede ser objeto de discusión, porque a la vista de estos 17 años de régimen pues cualquiera tiene derecho a dudar de si realmente hubo alguna vez algo de solidez intelectual en los principales jerarcas del chavismo –incluyendo su fundador, obviamente-, y derecho a horrorizarse; porque si ése es el nivel de la élite chavista a la que Krauze entrevista, entonces es comprensible y explicable que el resto de quienes han dirigido al país lo hayan destruido de manera caótica, desde Guri hasta PDVSA, desde la CVG hasta las pocetas de las oficinas de los ministros, desde carreteras y puentes hasta las empresas expropiadas, pasando por la destrucción de la economía, la disolución de la soberanía nacional y de la esperanza de recuperar algo al menos durante las próximas dos generaciones.

En todo caso, aun siendo muy conscientes de que el chavismo no se ha ido, de que el régimen sigue allí y de que no será nada fácil sacarlos del poder –mucho menos juzgarlos por todos sus delitos-, ello no exime a ningún venezolano decente para aprehender la devastación material generada por el chavismo -un asunto básico para al menos comprender la tarea de reconstrucción que tocará iniciar algún día-, como tampoco para indagar sobre la naturaleza espiritual de sus protagonistas, y así comprender cómo lograron engañar a tanta gente, para que el país intente reaccionar si otra camada similar llegara a aparecer de nuevo en el futuro.

Entre las voces del régimen de las que Krauze se ocupa está Aristóbulo, un personaje de alcance político relativamente menor mientras el barinés estaba vivo, y ahora reflotado por Maduro como Vicepresidente; pero también están otros tres que sí han sido muy importantes para el chavismo, tanto con Chávez vivo como luego de su muerte.

En primer lugar Krauze nos presenta a Jorge Rodríguez, de quien –afirma el mexicano- «autores respetables me han dicho que es un cuentista de mérito», y a quien se le atribuyen lecturas «de la novela policial estadounidense y de los clásicos rusos e ingleses», así como del argentino Borges –a quien el mismo Rodríguez define como «mi Dios tutelar».

Entre las perlas que suelta Rodríguez leemos: «… Aquí no había libertad de expresión tampoco, es mentira. Había un control férreo sobre los medios de comunicación, sobre los poderes públicos, completamente controlados por el bipartidismo… un sistema electoral (que) estaba completamente podrido. Era un sistema electoral basado en la corrupción permanente, en el fraude continuado. »…

Se lee además: «… El chavismo ha dado ejemplo de democracia y responsabilidad social. Hay un sistema electoral confiable»…«Yo tengo la certeza de que éste es el gobierno menos corrupto de la historia política de Venezuela»…«… los medios de comunicación en este país, en más de 90%, pertenecen a sectores opositores a Chávez». Y remata: «… La obra social de Chávez le parece evidente, solo negada por la mezquindad de la oposición.»

Es por tanto muy dificil asociar a alguien que supuestamente tiene esa sensibilidad espiritual tanto de los amantes de la buena literatura como de quienes la generan, con esa fiera que cada vez que se dirige a sus adversarios políticos babea bilis y rencor. Y más difícil aun es identificar esa alma literaria con las falsedades declaradas. Porque es falso que no hubiera libertad de expresión en la democracia prechavista, o que el sistema electoral estuviera podrido; como es falso lo de la democracia y responsabilidad social del chavismo y lo del sistema electoral confiable, como causa risa lo de que el 90% del sector mediático sea opositor, y más aun de que éste es el gobierno menos corrupto de nuestra historia.

Y lo de la obra social está a la vista: el PIB venezolano está a los niveles de 1965 –http://goo.gl/Z4uL7a-, o sea que hemos retrocedido medio siglo. Impresentable, pues.

Luego le toca a Alí Rodríguez, un personaje mayor del régimen, quien olímpicamente afirmó que el asunto era «crear una cultura del trabajo», mientras alababa «… el nuevo papel que ha venido a tener Venezuela en el concierto mundial, la llamada Alternativa Bolivariana para las Américas», y afirmaba que «… Era una verdadera vergüenza nacional que en pleno siglo XXI tuviésemos más de millón y medio de analfabetos.»

Por otra parte presumía de haber establecido «… una escuela de gerencia pública que va creciendo progresivamente. Es un problema parecido al que tuvo Francia y que resolvió creando la Escuela de Administración».

Hay que tener la cara de cemento para hablar de cultura del trabajo cuando de lo que se ha tratado es de hacer un país de millones de cobrantes sin trabajar, mendigos de las migajas que le dejan los corruptos del chavismo, y a cuenta de haber arruinado a PDVSA –el ariete venezolano del ALBA-, mentir sobre lo del millón y medio de analfabetos que había antes –sin mencionar los analfabetos reales y funcionales que nos deja el chavismo como carga para el futuro-, y encima para comparar al ejército de ineptos –civiles y militares- que ha invadido la administración pública con la burocracia francesa.

La guinda del pastel de voceros chavistas es José Vicente Rangel, de quien todos conocemos su cara de poker para mentir: «… Aquí en Venezuela ni los abogados leían la Constitución, la gente salía de las escuelas de derecho y no conocía la Constitución. Hoy en día, cualquier ciudadano en la calle te agarra un librito…»; cargándose así a todas las escuelas de Derecho de nuestras universidades, y a quienes sí supieron redactar leyes y la Constitución de 1961, en contraste con las chapuzas de los leguleyos chavistas.

Rangel además afirma que «Fidel se ha caracterizado por darle buenos consejos a Chávez. Con Cuba hay una relación de mucho afecto, muy humana.», una reflexión que no merece comentarios, al igual que la referida al cambio de espíritu de las Fuerzas Armadas «que ha pasado de ser una corporación educada en la escuela americana a ser un ejército que entiende el cambio social»

Ya en el campo del surrealismo, José Vicente nos cuenta: «Yo siempre me he definido como un antipoder. Yo ingresé al gobierno, más que para ser gobierno, para escudriñar la interioridad de quienes llevan el poder»… menos mal que se define como antipoder quien ha sido 3 veces candidato a la Presidencia…

Al final se corre el riesgo de no saber qué pensar de esta gente, porque ellos no padecen de transtorno bipolar -a diferencia de Chávez, quien con su hablar muy rápido de muchas cosas distintas sí evidenciaba una tendencia hacia ello, http://goo.gl/hyN4pT-, como tampoco parece que sufran algún trastorno de identidad disociativo -asociado con un grado importante de pérdida de memoria, lo cual no es el caso…-

De lo que se trata entonces es que son unos farsantes, todos ellos, actores consumados para mentir para robarle lo más preciado del alma de la gente buena, como es la confianza y la esperanza. Como los nazis, como Trump, como Lula, como Fidel, como Kim, como Chávez.

Si el chavismo pudiese resumirse en una palabra entonces, ésta sería: mentira.

Hermann Alvino

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