Pero Capriles…


Volvemos a las andadas con Capriles. La reciente entrevista con Victor Amaya en la versión digital de Tal Cual sacudió de nuevo, y sin necesidad, a una oposición que luego del triunfo ha estado muy enfocada a su nuevo reto legislativo –http://goo.gl/qWwC8U

Capriles se podía haber ahorrado esa entrevista, y su decisión para aceptarla, porque lo que allí afirmó no agregó valor a la labor opositora y sí despertó sospechas dormidas. Y como nadie podría pensar que este político cometió un error -puesto que él mide muy bien sus pasos-, entonces solo queda concluir que con sus afirmaciones lo que quiso fue enseñar los dientes al resto de las organizaciones opositoras –algunas como AD con una fuerza un poco menor, pero no tanto- para marcar el territorio de su partido dentro de la próxima AN.

Lo que pasa es que por el camino delató –o confirmó según algunos- parte de su verdadero carácter.

Marcar territorio es válido, porque después de todo, ello no es incompatible con la unidad opositora; lo que pasa es que afirmar que “El partido que tiene la mayor representación de diputados siempre ha sido el que primero elige los puestos.”, aunque pueda parecer muy cierto, en este contexto es una media verdad, porque la correlación partidista opositora sería un poco diferente si Capriles y su organización no hubiesen secuestrado a la MUD para que no se realizaran primarias en todos los circuitos electorales.

Sabemos pues que en la AN habrá una corriente que dentro de la oposición tiene el mayor peso, al menos por los momentos. Pero también sabemos las causas, que políticamente son una realidad muy válida, pero que de cara a la ética y a la credibilidad, en su momento dejaron mucho que desear, especialmente si frente a un régimen que aniquila a la democracia sus opositores no dan ejemplo pleno de ésta dentro de sus organizaciones.

Por otra parte, Capriles insiste en el término “no excluyente” cuando se refiere a la liberación de los presos políticos: en la referida entrevista afirmó que  “La Ley de Amnistía no es excluyente.”; algo parecido le dijo a Javier Lafuente y Catalina Lobo-Guerrero en una entrevista del diario El País acerca del mismo tema: “Hay otros temas que para nada son excluyentes” – http://goo.gl/sKwHpg

O para decirlo en otras palabras: ni una palabra de cariño para nuestros presos políticos, ni un mensaje de ánimo -al menos en público, porque los gestos cuentan, y mucho, aunque por dentro se esté hirviendo.

Qué sentimientos encontrados –valga el término- invaden a Capriles que le impiden mostrar un poco de empatía con nuestros presos, y sobre todo con sus familias, en un asunto que trasciende con mucho lo meramente político para insertarse en ese mundo de afectos y solidaridad que se supone caracteriza a quienes tienen grandeza de carácter.

¿Acaso cree que puede eludir la imagen de mezquindad calificando la misión de liberar a nuestra gente como de “no excluyente” con otras labores de la AN, y encima justificar su postura suponiendo que la gente no votó por eso? –ver afirmación en entrevista de El País: ”¿cuál es la prioridad de la gente que fue a votar el domingo?”

Pero ¿qué se habrá creído él?

También se equivoca Capriles en su valoración relativa a La Salida al afirmar: “Yo no quiero llover sobre mojado, pero a La Salida hay que incluirla en los grandes fracasos nacionales”, porque si la juzgamos por el resultado final también debemos catalogar como un fracaso a todo lo realizado por la oposición para cambiar de régimen, y eso incluye a la misma candidatura de Capriles –y a su actitud post elecciones que todo el país conoció en su momento. Igualmente serían un fracaso las inmensas manifestaciones de centenares de miles de venezolanos que se dieron por nuestras calles y autopistas, puesto que tampoco lograron cambio alguno por parte del chavismo.

Porque el juicio caprilista sobre La Salida no se basa en si ésta fue o no violenta, sino si consiguió o no los objetivos que se había propuesto.

El detalle está en recordar cuáles eran esos objetivos, que no se limitaban simplemente a salir del régimen, sino a sacudir al país de ese letargo postelectoral a cuya consolidación nuestro mirandino contribuyó activamente.

Por ello, si ponemos a La Salida en un contexto más amplio veremos que a causa de aquella insurrección urbana se delató la crudeza del régimen, su total falta de escrúpulos y crueldad para reprimir, encarcelar y torturar a nuestra juventud y a tantos otros menos jóvenes. Aquel proceso sirvió además para que la atención del mundo se enfocara en nuestro país, internacionalmente solo y aislado por el palangre petrolero  con el cual se silenciaron gobernantes, comunicadores e intelectuales de muchos países, quienes con todo y tener el buche y los bolsillos llenos del dinero de los venezolanos que le regalaba el chavismo para abombar el infinito ego del extinto barinés, a partir de ese momento no pudieron callarse más, dándole alas a la presión internacional sobre el régimen para denunciar las violaciones a los derechos humanos.

Y fue a partir de La Salida que el régimen comenzó a mover sus piezas y a cometer errores, porque hasta ese momento todo estaba configurado para que hasta el mismo Capriles se saliese con la suya, esperando la elección presidencial del 2019, en ese escenario de inmovilismo político que él acotó con su “el tiempo de Dios es perfecto” que casi sonaba a blasfemia, o al menos pasaba por alto algo que la experiencia ha confirmado desde el inicio de los tiempos: “ayúdate, que Dios te ayudará”.

Ciertamente, ha habido muchos regímenes que terminaron cayéndose solos, y tal vez éste habría podido ser también el caso del chavismo; pero hay que recordar que, tanto material como políticamente, el régimen había logrado una suerte de autosustentación que hacía difícil predecir dicha caída, y por tanto el inmovilismo era una realidad que junto a la dureza de la rutina diaria de cada vida, cada vez con más desdén para todos nosotros estaba acompañado por la desesperanza.

Porque además ¿acaso alguno de los críticos de La Salida había sospechado que los precios del petróleo irían en picado para desestabilizar las prebendas del régimen a tal punto de permitir que el trabajo opositor germinase en los venezolanos y se ganaran las elecciones parlamentarias?

Nada de eso estaba en el ambiente, ¡solo inmovilismo y 2019!

La Salida pues fue un catalizador para que alguien comenzara a mover unas piezas  que estaban ancladas al tablero nacional: las piezas del régimen -cuyo pegamento hacía que los chavistas soñaran con muchos años más de poder-, las de Capriles -con su proyecto personal nada apurado mientras esperaba confiado otro chance presidencial en el 2019-, y las de los opositores adscritos al régimen -luego de años de existencia de vasos comunicantes a través de los cuales fluían intereses y dinero.

En términos del béisbol, antes de La Salida la consigna era todo el mundo quieto en base; y fue con el coraje de miles de venezolanos que arriesgaron –y perdieron- el pellejo que hubo un toque de bola para que mágicamente todo se pusiera en movimiento.

Lo peor de todo es que todo esto Capriles lo sabe. Por eso es inquietante su mezquindad.

Y como no supo ahorrarse la entrevista, pues ésta a cambio mostró tres facetas del personaje que comienzan a delinearse más nítidamente, y a preocupar a muchos que creen en él. A saber:  en primer lugar su sectarismo, puesto que en su discurso no figura ni una sola concesión para sus compañeros de camino que pertenecen a otras organizaciones, asunto que nos conduce a lo segundo,  cual es que esa cerrazón delata su obsesión candidatural, ya que todo esfuerzo de su partido o de otros opositores que no esté alineado con su discurso político –y por tanto con lo que éste va sembrando a futuro- es desechado sin mayor consideración, lo cual a su vez nos presenta el tercer problema, como sumatoria de todo lo que los dos anteriores poco a poco van conformando, esto, es una imagen salpicada de falta de credibilidad.

Este Capriles, en síntesis, en parte recuerda a algunos políticos de la democracia prechavista cuyas candidaturas fracasaron justamente por haber exacerbado esos tres factores  -sectarismo, alineación forzada hacia sus intereses y falta de credibilidad-, quienes, al igual que el actual Capriles, a pesar de las advertencias de diversa proveniencia –de buena y de mala fe- nunca dieron muestras de preocupación, para al menos considerar un cambio de discurso, o revisar su actitud y sentimientos.

Y al propio Henrique pues, ya le ha llegado la primera advertencia, en forma de peñonazo digital por parte del Coordinador Político de Voluntad Popular -Carlos Vecchio- en el que le recordó…“Acaso hay peor error histórico q haber ganado una elección y dejársela robar? Hay algo peor q eso @hcapriles? Cuando quieras damos el debate” –ver@carlosvecchio.

Mal asunto, y lo peor de todo es que no se le ven ganas de zurcir el roto.

Hermann Alvino

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s