El otro perdedor


En un interesantísimo escrito de Marcos Villasmil sobre el reciente proceso electoral venezolano, se hace una síntesis de toda una época, y una foto del 6D, simplemente refiriéndose a los ganadores y perdedores del evento (http://americanuestra.com/6-d-perdedores-ganadores/).

Dada la claridad y el calado de los ensayos de este autor, es deber referirse a este intelectual venezolano y al portal donde escribe como una indispensable referencia para quien desea tener una perspectiva más completa de la realidad global; el trabajo en cuestión nos indica –con especial amargura para quienes sabemos que ello es cierto– que entre los perdedores está COPEI, aunque para ser más rigurosos, el texto dice “Los dos grupos que se pelean por quedarse con COPEI”. Pero es lo mismo, dado que todos sabemos que en la actualidad COPEI, justamente, ya se limita a esos grupos, quedando fuera todo un mundo de gentes, de talento, compromiso y esperanzas que bien se puede definir como la verdadera esencia y la fuente de la Democracia Cristiana venezolana.

La circunstancia de ese partido es tan trágica que ésta es la primera vez desde su creación que no tendrá representación en el máximo foro político. Este hecho objetivo liquida de una vez los argumentos de quienes aún se dedican a defender la existencia y la presencia de COPEI en el país, incluso en las organizaciones internacionales que agrupan a los partidos democristianos, a pesar de haber extraviado su contenido ideológico y sus ideas para gobernar, y a sabiendas que el único objetivo de su cúpula se reducía a medrar dentro de las grietas institucionales que el chavismo aún no había logrado sellar.

La decadencia de COPEI –muy similar a la de URD, aunque más patética porque al menos nuestra DC criolla tuvo dos presidentes del país– se puede resumir en dos tiempos; el primero abarca desde el inicio de la presidencia de Lusinchi hasta las vísperas del chavismo, y el segundo durante los propios inicios de éste último, dejando bien claro que los males copeyanos durante lo que va de siglo son simple consecuencia de aquellos tiempos.

Porque aquel COPEI post Luis Herrera que debía convertirse en la oposición a Lusinchi, fue muy torpe en el manejo de la teoría del péndulo que caracterizaba a nuestro bipartidismo en virtud de que, para que dicho péndulo se mantuviese, se requerían gestionar a la perfección tres factores, a saber: hacer oposición y hacerla duramente, renovar filas internas, y asumir las fallas del pasado…pero COPEI ni renovó filas –al contrario, atornilló a su directiva nacional con miras a posicionarse favorablemente a la opción candidatural siguiente –objetivo que lograron–, ni asumió las fallas de la gestión de Luis Herrera –perdiendo credibilidad en los electores–, ni tampoco hizo oposición –aún queda en la memoria el legendario comentario de su líder afirmando que no se podía atacar al presidente Lusinchi porque éste tenía más de un 60% de popularidad, asunto que en opinión de otros era justamente la razón para ello.

Con la ruptura del péndulo, AD siguió gobernando –con CAP II–; con todo, aquella dirección copeyana no rectificó sino que persistió en encolarse más fuertemente a sus sillas para terminar igualmente perdiendo las siguientes elecciones presidenciales, en una esperpéntica dinámica aliñada por su fundador, quien en su infinita soberbia y avidez por el poder, prefirió dividir al partido para ser presidente.

La crueldad del destino no solo hizo que en la elección presidencial de 1993 el nuevo partido calderista –Convergencia– se hiciese con el poder, sino que en esta reciente elección parlamentaria del 2015 en la que COPEI se fue en blanco, ¡Convergencia hasta obtuvo un diputado!

Parecía increíble que a pesar de la vivencia concreta de calle de la dirigencia sindical copeyana de la época, así como la de sus maestros, dirigentes juveniles y profesionales y técnicos, esa alta dirigencia política, talentosa y de formación integral muy sólida, fuese capaz de blindarse a la crítica para vivir a espaldas de la realidad nacional, llegando sinceramente a creerse el cuento de que cualquier crítica, por más constructiva y cierta, debilitaba las posibilidades del proyecto candidatural –y por ello de poder– de ese equipo, unas posibilidades en las que por cierto solo ellos creían.

Más inquietante sin embargo fue el hecho de que la base popular copeyana los haya apoyado durante tanto tiempo, soñando toda ella que apoyándoles incondicionalmente durante casi tres lustros la iban a llevar en volandas a Miraflores para que a todos les tocara un cachito de bienestar petrolero –un sueño por cierto que luego también tuvo la base chavista…

De manera pues que en justicia, la responsabilidad del fracaso de COPEI para volver al poder no solo fue de aquella dirigencia sino de casi todo el electorado copeyano de base; pero hay que apuntar además que durante esa crisis post división calderista, la militancia copeyana sufrió una confusión ideológica terrible, puesto que si por un lado –y durante décadas– recibía un mensaje claro sobre su misión como alternativa al capitalismo y al marxismo –con propuestas de gobernanza muy claras–, por otra parte el mensaje de esa dirigencia se escoró sin disimulo hacia lo neoliberal, todo lo cual, dentro del pastel ideológico que emanaba del gobierno de Caldera II, desdibujó por completo a COPEI.

En otras palabras, una vez comprobada la incapacidad de COPEI para ganar unas elecciones presidenciales, esa confusión fue el sustrato para irse al chavismo, o a Primero Justicia, tanto de la militancia de base como de mucha de su dirigencia media que hoy figura como relevo parlamentario del chavismo.

Pero a esa situación de mediados de los 90, se unió un hecho insólito, como fue que el relevo de esa dirigencia talentosa –pero políticamente muy cuestionada por todos– fue una camada de dirigentes muy mediocres, tanto en preparación técnica y universitaria como en prestancia para aprehender la compleja realidad a la que se asomaba nuestra sociedad. Una camada vacía de propuestas y con una clarísima misión personal cual era meterse en los cargos de elección popular a cuenta de dirigir una alternativa de gobierno que ya no existía como tal. Lo increíble fue que ese grupo que terminó dirigiendo al partido accedió a esa responsabilidad con la explícita complacencia y apoyo de los anteriores, en un gesto de extrema irresponsabilidad al ceder a cualquiera el destino de la organización, como sinónimo de que ésta, ya incapaz de fraguar sus proyectos políticos personales, ya no les importaba en absoluto. Y eso era lo que menos necesitaba el partido, cual paciente en coma e incapaz de defenderse, a quien se le asfixia presionando una almohada en su cara.

Luego de esa gestión desastrosa, donde se aceleró la diáspora de muchos dirigentes a otras organizaciones, lo siguiente fue un alternarse entre gente honorable y bien intencionada con picarones de oficio, para intentar revivir a un partido electoralmente extinto y socialmente desechado, cosa que se iba confirmando luego de cada elección ocurrida durante el ciclo chavista. Y aquí y ahora estamos.

Entendámonos: en la actualidad lo de COPEI y la suerte de la DC venezolana ciertamente le importa y le duele a muchísima gente, pero dada su larga ausencia del escenario político nacional, su crecimiento obviamente ha sido nulo, especialmente en la juventud; por tanto, esos numerosos dolientes que ya son –somos– algo adultos debemos comprender que a la juventud venezolana este asunto le importa un pepino; y para ello solo queda recordar que la crisis de COPEI comenzó cuando no había teléfonos inteligentes, o internet estaba en sus inicios…Cosas de hace unos veinte años, que para los más chicos nacidos durante el chavismo y sin haber conocido otra cosa, parecen de hace un siglo…efectivamente, de los años 90 del siglo pasado.

Así, una vez constatada la importancia muy relativa de este asunto para quienes demográficamente constituyen el grueso de nuestra ciudadanía y electorado, solo quedaría explorar la salud de la idea misma de la Democracia Cristiana; y dado que este asunto solo toca la sensibilidad de quienes sí vivieron el ciclo democristiano comprometidos con hacer de esa visión de la vida una alternativa real al capitalismo –ya neoliberal en aquellos años– y el marxismo –en todas sus variantes latinoamericanas, europeas y asiáticas–, es ahora cuando ese importante segmento de la intelectualidad venezolana, unido a tanta gente sencilla que les creyó y les siguió hasta la aparición de Chávez, cuando deberán decidir si en Venezuela existe un espacio para el socialcristianismo, y si es realista conquistarlo y ampliarlo a las nuevas generaciones.

Si ello es así entonces habrá que asumir que esa misión nunca será posible con la actual dirigencia copeyana; además habrá que tomar nota de que esa gente, en su vana y anodina pretensión de ocupar cargos facilones sin mayor esfuerzo laboral –ni físico ni intelectual– nunca disolverá el partido, y por tanto cualquier iniciativa deberá tomar pie en tienda aparte, esto es, empezar de cero –sin recursos, aunque sea triste saber que desde hace décadas COPEI ya era un partido pobre rodeado de muchos dirigentes ricos a cuenta de las oportunidades que le brindó esa tolda para su crecimiento empresarial y enriquecimiento personal–, para enfrentarse a fuerzas hostiles, a mitos y certezas sobre las felonías de aquel bipartidismo del cual COPEI era uno de sus componentes, sobresalir dentro de una sociedad mediática que reclama esa presencia intensa y permanente de un mensaje –aun sacrificando calidad por cobertura–, superar el escollo del mercado electoral saturado por los actores políticos contemporáneos, y tal vez lo más difícil, incluso si este sueño llegara a tomar cuerpo y peso específico en la sociedad venezolana, convencer a las organizaciones internacionales que agrupan a los partidos democristianos de que si al menos no se convencen de que COPEI ya no lo es como para que lo excluyan de sus filas, permitan que otros puedan aportar su presencia como legítimos representantes alternos de esta alternativa ideológica en Venezuela.

Misión dificilísima, casi imposible, a causa de toda esa herencia mala que desde el 6D desnudó al verdadero COPEI para mostrarnos cuan enclenque ha llegado a ser, pero a su vez una misión fascinante que aportaría un gran valor al civismo y al desarrollo humano de una Venezuela que de no disponer esta tercera vía estará inevitablemente secuestrada, tanto por esas fuerzas sociademócratas que en todo el globo han perdido identidad para disimuladamente ir asumiendo posturas neoliberales, como por los mismo neoliberales que asoman sin velo en parte de la dirigencia opositora que protagonizará los próximos años, además de esos eternos restos de marxismo silvestre que caracteriza desde siempre a la autodenominada intelectualidad progresista latinoamericana.

A ver entonces quien se decide a iniciar este camino. Si acaso.

Hermann Alvino

Anuncios

Un comentario en “El otro perdedor

  1. Como colofón a tu artículo, me permito recordar una frase de una canción que popularizó el cantante mexicano José José en la década de los 80: “… Lo que una vez fue, nunca será…”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s