Todo llega…aunque a veces no.


El mundo está lleno de argentinos; están en todas partes, desde Finlandia hasta el Punjab, desde Bengasi a Suráfrica, y en todos los países de Latinoamérica, coronando esa diáspora con miles de sureños tanto en Canadá como EEUU.

De muchos de ellos el mundo ha conocido su inmenso talento profesional y académico, de otros la viveza de quien debe buscarse la vida en el día a día de la supervivencia azarosa, sin mencionar las hazañas en todos los campos del arte, de la ciencia, y las de sus deportistas en casi todas las disciplinas, confirmando así la riqueza de esa mezcla cultural de disciplina e inventiva que durante siglos fue arribando a aquellas tierras para conformar el espíritu mismo de todo argentino, esto es, el talento y una natural aversión al concepto de autoridad.

Ahora que está más vigente que nunca el drama de las migraciones de millones de personas que huyen de guerras y penurias, hay que recordar que los argentinos están entre los pueblos que más se movilizaron durante el siglo pasado –en proporción a su poblacion, claro está-, y lo hicieron desde el primer gobierno de Perón en 1946 hasta el final de la última dictadura en 1983. Durante casi cuarenta años aquel país -que es tres veces más grande que Venezuela, y cuya agroindustria sería capaz de alimentar a casi todo el planeta- vivió tantos acontecimientos que casi hacen parecer aburrida a la historia venezolana de esa misma época.

Porque Perón no solo sentó las bases de la ruina material argentina, sino que durante sus años de exilio -luego de que los militares lo tumbaran en 1955 y hasta su regreso triunfal en 1973- él se dedicó a dividir espiritualmente a sus paisanos, manipulando maquiavélicamente a todas las fuerzas políticas que creían en él, incitándolas a una violencia extrema que culminaría en una guerra civil encubierta entre montoneros, la AAA –Alianza Anticomunista Argentina-, y un montón de grupos violentos que practicaron durante mucho tiempo el terrorismo urbano con un sustrato ideológico que incluso se basaba en simples venganzas personales.

Más aun, no solo durante aquel primer gobierno de Perón se abrieron las puertas para refugiar a miles de nazis, sino que además se creó y consolidó el mito de su esposa Eva, glorificado por la frivolidad hollywoodianano llores por mí, Argentina…-, y que ayudó a esconder la verdadera naturaleza de hiena de aquella putilla de provincia, bailarina y actriz de necesidad en la capital federal. Para que un venezolano pensante pueda entender a plenitud el daño material que aquella mujer le propinó al país, bien puede imaginar un escenario en el cual Chávez se hubiera casado con Lina Ron, para luego darle mano suelta y todo el poder que potenciaría y glorificaría las locuras de gente tan inepta, resentida, corrupta, y mentalmente desequilibrada.

El mito Evita incluso evolucionó desde un fetichismo y sincretismo religioso -muy similar al que acá existe con relación al Comandante barinés- hasta el límite de la necrofilia de los cuidadores de su momia, en una historia real que sobrepasa con mucho a cualquier fantasía literaria, y que magistralmente la contó el periodista Tomás Eloy Martínez en varios de sus libros, y que se parece en algo al Cuartel de la Montaña.

Pero es que los argentinos que pudieron irse no lo hicieron solamente por esa incipiente ruina nacional peronista –similar a la que el chavismo sembró en Venezuela y que ahora también ha inducido a miles de venezolanos a buscarse la vida en otras partes -, sino por la represión insentata y errática que siguió a aquel golpe de estado de 1955 –irónicamente llamado Revolución Libertadora-, a la que siguió la elección de Arturo Frondizzi, quien sería tumbado por otro golpe en 1962, a partir del cual militares Azules y Colorados dirimían sus diferencias a plomo limpio hasta que se impuso el Azul Onganía, luego de lo cual se eligió al Illía, quien será a su vez tumbado en 1966 para llevar al poder a Onganía de nuevo –proceso llamado Revolución Argentina…-,  durante cuyo mandato, que duró hasta 1973, creció la violencia hasta límites increíbles, comenzando por la represión desatada por el régimen con su “Ley de Represión del Comunismo”; todo ello alimentado por una creciente rebelión popular derivada de los recortes de derechos sociales –muchos de ellos absurdos e insostenibles, que años antes había consagrado el peronismo-, y que condujo a un clímax de guerra civil con el Cordobazo, el cual marcó la caída de esa dictadura para darle entrada -¡de nuevo!- al peronismo con la elección, por mampuesto, de Cámpora, quien a su vez renunció al poco tiempo para que se pudiese elegir a Perón por segunda vez, quien volvió en 1973 a recoger lo sembrado, comenzando por la matazón entre grupos peronistas rivales justo durante la multitudinaria recepción de su ídolo en el aeropuerto de Ezeiza.

Por otra parte, hay que resaltar que en 1970 comenzó la actividad de los Montoneros, un grupo armado que secuestró y asesinó al viejo exdictador pre peronista Aramburu, además de exigir la devolución de la momia del cadáver de Eva Perón -¡a su vez secuestrada por la dictadura militar!.

Montoneros era una mezcla de grupos violentos tales como las FAP -Fuerzas Armadas Peronistas- y las FAR -Fuerzas Armadas Revolucionarias- más decenas de derivados de la violencia urbana sindical y estudiantil cuya suerte comenzó a cambiar para peor durante el breve gobierno de Cámpora, cuando se nombra a López Rega Ministro de Bienestar Social, quien agrupa toda la fuerza parapolicial dispuesta a acabar con esa izquierda peronista montonera. Había nacido así la mencionada AAA.

El lector puede valorar que los motivos de esa diáspora se basaron legítimamente en una violencia absurda…al igual que a su manera la emigración venezolana se justifica a partir de los casi 200 mil muertos por la criminalidad sin control derivada del chavismo.

Pero el desorden argentino de esos años entre enemigos extremos que se identificaban con el peronismo –¡Lopez Rega actuó como su secretario privado durante dos décadas!-, se agudizó por la manía de Perón de casarse con bailarinas, en este caso con María Estela Martínez, quien como vicepresidenta del país asumió el poder al morirse su marido a las pocas semanas, y quien fue rebautizada como Isabel por su consejero y brujo personal -el consabido López Rega.

A nosotros no nos tocó una bailarina como heredera de Chávez, pero sí un cucuteño inepto designado fraudulentamente a dedo, cuyo cerebro, al igual que el del barinés, no fue lavado por un brujo argentino, sino por un cruel vivaracho cubano llamado Fidel, que de López Rega tiene mucho: vivianes amorales ambos y sicópatas.

El masón y ocultista argentino adquirirá un poder inmenso cuando Isabel asuma la presidencia, para así hundir más al país, y tanto sus enredos internos como los derivados por sus relaciones con mafiosos y masones italianos, represores franceses de las rebeliones argelinas, y con nazis de medio pelo, aun están por comprenderse a plenitud.

No se puede por nuestra parte dejar pasar la analogía del poder de la brujería en la cima misma del poder argentino con el de los orishas endógenos del círculo más íntimo y poderoso de Chávez.

La historia argentina siguió con más violencia, muertos y ruina material luego del golpe a Isabel en 1976; la entrada de una junta militar –a cuya actuación en ese caso se le denominó Proceso de Reorganización Nacional– desató así la cacería abierta a todo el izquierdismo vigente para entonces, mediante un premeditado y eficaz terrorismo de Estado, puesto que eran los tiempos de la alianza de dictadores militares en Chile, Brasil, Uruguay, la CIA, la Escuela de la Américas en Panamá, Nixon, etc. Esos militares a su vez dejarán el poder formal en 1983, luego del colapso de su régimen, acelerado por el fracasado intento de retomar militarmente las islas Malvinas/Falkland.

Con la elección de Alfonsín se retoma la democracia en Argentina, luego vendría Memem; y entre las leyes de impunidad a los dictadores de éste último, y los elementos neoliberales en la economía impuestos por el presidente De la Rúa, se le abre la puerta en el 2003 a otro fenómeno tan nefasto como el peronismo: el kirschnerismo.

En efecto, con Nelson Kirchner, y luego su esposa Cristina, cual heredera electa de la presidencia, continua la ruina del país, adobada con alianzas disparatadas como la chavista y la iraní, completando así un ciclo de sufrimiento humano y económico de 60 años. Los problemas económicos son enormes, y la división espiritual es la misma que había hace medio siglo. La historia ha girado en redondo para comenzar de nuevo, al estilo de la familia Buendía de los Cien años de soledad de García Márquez, una historia que al igual que dicha saga requiere de papel y lápiz para medio comprender la absurda secuencia de eventos y personajes, y que al final recuerda los sentimientos que generaba en la gente el film La naranja mecánica, basado en el libro de Anthony Burgess,  del director Stanley Kubrick, y con un incomparable Malcolm McDowell de protagonista, frente a quien al final no se sabe si sentir pena, desprecio o deseos de venganza por todo el sufrimiento que causó, y que a la postre pagaría bien caro.

Los argentinos pues, se repartieron por el mundo, y su lección de supervivencia bien puede servirle a la recién nacida diáspora venezolana; pero ellos -no importa cómo esté su país en determinado momento- siempre vuelven a su terruño, y esa es otra lección que algún día será de gran sabiduría para los miles de compatriotas que ahora están en lugares lejanos. Esos sureños también han dejado en esos otros países una inmensa herencia cultural de casi tres generaciones que se ha mezclado con esa manera de ver la vida en esos destinos; y también éste es otro reto de nuestra diáspora: equilibrar sus valores con aquellos que nuestros descendientes irán internalizando en esa vivencia con lenguas y costumbres nada afines a sus orígenes.

Demasiado sufrimiento y sacudidas pues para tante gente, como lo que ahora se vive en Siria e Irak, lo que vivieron los refugiados colombianos por las luchas entre las guerrilas castristas y los paramilitares, los gualtemaltecos con el genocidio de las dictaduras del siglo pasado, los salvadoreños, los africanos de Ruanda, Burundi, Biafra, Sudán, Camboya, Vietnam, Láos, las huídas de judíos durante el nazismo y el estalinismo, etc.

…Y todo por la terquedad del poder, porque parece ser que parte de la humanidad desde siempre se ha propuesto hacer sufrir al resto, incluso con formalismos que rozan lo surrealista, como la fila de vehículos de color verde, marca Ford, modelo Falcón, que se veían por las avenidas porteñas, y que eran conducidos por los represores argentinos de la dictadura militar post Perón II cuando salían a cazar disidentes.

Ésta larga historia perfectamente puede servirnos de espejo post chavista, si las cosas llegaran a torcerse más aun y no llegara a aparecer, o no se pudiera aprovechar, una circunstancia potencialmente favorable para empezar la reconstrucción.

En el caso venezolano esa oportunidad está en las elecciones a la Asamblea Nacional; amanecerá y veremos.

En el caso argentino esa ventana a futuro está en las urnas de votación del próximo domingo 15; allí se verá si el país querrá seguir viviendo dentro de esa asfixiante mansión kirschneriana peronista.

Pero si esa ventana se llegara a abrir y gana el candidato del cambio, la oposición venezolana, especialmente quienes aspiren a gobernar al máximo nivel, deberán estar muy atentos a ese gobierno, porque su reto será exactamente el mismo que tendremos cuando caiga el chavismo y sus herederos, esto es, contener la venganza neoliberal, gobernando con  un equilibrio entre esa indispensable e inevitable severidad financiera y un gasto social imprescindible dedicado a ayudar inteligentemente a revertir la pobreza, para que la gente vea resultados y tengamos una barrera que impida revertir este cambio para que no vuelvan estos bárbaros a gobernar estos dos grandes pueblos, que en esa otra dimensión seguramente serán aliados afectiva y políticamente cercanos.

Hemann Alvino

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