Cuando el futuro nos alcance


Durante el ciclo chavista han aparecido muchos libros sobre el barinés y lo que él mismo denominaba el proceso, a los que se han sumado los numerosísimos contenidos digitales a favor y en contra; sin embargo existen contados análisis sobre los escenarios futuros, ya que todo se ha enfocado a la personalidad de Chávez y a la debilidad institucional que permitió su ascenso al poder; y ya puestos, sobre el inevitable inmediatismo electoral sobre si la MUD ganará con mayoría simple, o si hay un pacto EEUU-Cuba para permitir ese triunfo limitado y defenestrar a Cabello de la AN.

Por supuesto que pensar y prepararse para lo que viene luego de las elecciones parlamentarias es importante y urgente, pero en el fondo todo venezolano pensante sabe que la situación venezolana a futuro es complicadísima, y que cualquier triunfo opositor -por más que sea un primer paso para un eventual cambio de rumbo, y por más que se apuren los tiempos para intentar revertir el proceso– deberá lidiar durante muchos años con la poderosa inercia del daño chavista –tanto en lo interno como en lo foráneo: deuda china, desangramiento cívico, corrupción, criminalidad, guerrilla colombiana, etc.

Esa inercia inevitablemente traerá situaciones que constreñirán el margen de acción nacional para salir del pozo, y ello contando con una acción regeneradora y eficaz por parte de quienes accedan al poder, porque hasta ahora no consta en ninguna parte que el liderazgo MUD será capaz de cambiar el actual paradigma estatal, ni de neutralizar las fuerzas fácticas de la corrupción y el hamponato, y en general de pulverizar el embrutecimiento cívico de millones de venezolanos.

En este sentido ha aparecido un documento de gran valor del Strategic Studies Institutehttp://goo.gl/V6MDDR– a cargo de R. Evan Ellis titulado The Approaching Implosion of Venezuela and Strategic Implications for the United Stateshttp://goo.gl/5jKBja– el cual debería ser una referencia obligatoria para quienes pretenden gobernar este país, porque ofrece una perpectiva lo suficientemente amplia para saber cuáles políticas aplicar de acuerdo a esa inercia histórica que se nos vendrá encima.

El autor comienza por diferenciar el contexto estratégico entre aquel Panamá felón -con Noriega al mando y que a la postre terminó siendo secuestrado por los boys para meterlo en prisión- con la actual Venezuela -dirigida en parte por delincuentes y narcotraficantes, cuyo impacto regional ya es imposible ignorar incluso para los aliados latinoamericanos del chavismo-; igualmente repasa el ya conocido desmantelamiento agroindustrial, minero y petrolero, con expropiaciones e invasiones –no solo por motivos ideológicos, si cabe el término, sino por mera avidez para robar los bienes ajenos-, unido a la corrupción que se ha extendido a todos los niveles; factores todos de una nefasta sinergia que ha creado un estado de escasez imposible de superar con las limitadas divisas que genera una industria petrolera cargada con enormes gastos sociales y de corrupción.

Entre las reflexiones de dicho escrito está la llamada de atención relativa a que si bien en cualquier país -incluso muy limitado, democráticamente hablando-, la misma población habría defenestrado con el voto a este tipo de gobernantes, cosa que en última instancia habrían hecho sus Fuerzas Armadas, en Venezuela ninguno de estos mecanismos ha sido posible, por las conocidas razones de control férreo y ventajismo electoral del régimen, y porque los militares no es que sean parte del problema sino que son el problema mismo, y por tanto no existe ningún incentivo para que éstos actúen si no es para seguir manteniendo sus privilegios –negocios algunos, bachaqueo y narcotráfico otros-; una situación agravada por la criminalización de la oposición, persiguiendo y apresando a sus líderes más incómodos y por las mismas divisiones personales y estratégicas de los opositores –aunque éstos se nieguen a reconocerlas y abordarlas.

Por otra parte, según el autor y visto desde el exterior, el régimen venezolano no se ha visto en absoluto afectado gracias a la actitud brasileña y de los aliados bolivarianos en la OEA, quienes han impedido tomar medida alguna, así como los obvios aliados chavistas –léase chulos petroleros y exportadores de alimentos- que integran UNASUR.

La diaria profundización de la crisis venezolana y la inercia que ésta va generando hacen muy difícil su resolución con meros factores internos, e incluso externos; así mismo, con la creciente desesperación de la gente aumentará la frecuencia de agresiones y el desorden en general. Por otra parte, la situación estratégica –y privilegiada (!)- del país agrava situaciones muy diversas y de gran impacto para todo el mundo, como el tráfico de drogas, los santuarios de guerrillas y terroristas, y las diferencias petroleras con países vecinos como Trinidad y Guyana, problemas éstos que afectan tanto a América como Europa además por la presencia e influencia que el chavismo ha potenciado para China, Rusia e Irán, complicando los márgenes de acción de todo país que desea reaccionar frente a estas realidades.

En un escenario límite donde la violencia generalizada, la anarquía política, la escasez e incluso las epidemias tomen impulso, los países limítrofes se verán obligados a contener las olas de los miles de refugiados que huirán hacia esos territorios. A su vez, el estado venezolano felón obligará a EEUU y a Europa a mayores controles para contener el despacho de cargamentos masivos de droga y a incrementar las prohibiciones que impidan el desplazamiento de los jerarcas del régimen a dichas regiones, quedando éstos atrapados en Venezuela y arriesgando así tanto sus propiedades como el dinero amasado en el exterior, y en consecuencia su futuro personal y el de sus familias.

La eventual actitud más recia de EEUU y Europa paradójicamente obligaría a los traficantes de drogas a rebuscar otras rutas menos transitadas para seguir en el negocio, mientras que internamente las élites gobernantes comenzarían un proceso de canibalización recíproca, incrementando por tanto los niveles de violencia.

Descartando obviamente la intervención militar norteamericana, la cual entre otras cosas dispararía de inmediato la reacción china, rusa e iraní en la misma región -causándole múltiples problemas de gobernanza a todos los países latinoamericanos- es inevitable entonces que EEUU refuerce sus vínculos regionales para contener el tráfico de drogas y de armas, y colabore con los países vecinos de Venezuela para gestionar las eventuales olas de refugiados y la violencia guerrillera en esas zonas.

Tal vez un problema igualmente complejo sería cómo EEUU y la OEA podrán contribuir a despejar el escenario de posibles conflictos por la disputa petrolera con Guyana y Trinidad, y claramente, la influencia china en las finanzas venezolanas –y en la enorme deuda contraída- obligará a reforzar la colaboración entre EEUU y el gobierno y las instituciones asiáticas, lo cual no solo tendrá consecuencias positivas dentro de Venezuela –legitimando y haciendo transparente dicha influencia- sino en las  instituciones financieras internacionales en general.

Como puede apreciarse, la ineptitud para gobernar del Comandante y sus herederos, su particular tendencia al desorden, su inmensa avidez de riqueza mal habida, el odio a todo lo que la democracia creó –y malgastó, comenzando por el sentido cívico y de responsabilidad de sus ciudadanos-, su descarada traición al juramento constitucional como oficial de aquellas FFAA -decentes en general, pero con generales celestinos que cohonestaron las actividades conspirativas del barinés-, y su traición final al gentilicio y a sus compatriotas al entregarle la patria a Fidel, han llevado a Venezuela a perder las riendas de su destino.

El corolario del chavismo –cuando toque redactarlo- se resumirá así en una frase: ahora estamos en manos de otros.

Herman Alvino

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