Democracia Cristiana para Dummies (V): El problema para abrirse espacio (I)


En la actualidad, intentar siquiera sugerir una alternativa política de fondo es misión casi imposible, no tanto porque el campo esté ya ocupado por otras corrientes –que por lo demás están todas muy desprestigiadas-, sino por la idiotez generalizada de quienes hace algunas décadas cambiaron su papel social de ciudadanos por el de consumidores.

Las redes sociales son un espejo de dicha idiotez; allí vemos –leemos- cómo se malescribe y se expande la avidez de inmediatismo y escapismo tanto de quienes constituyen los nodos de la red como de quienes se anclan a éstos para difundir exponencialmente videos virales con las banalidad, vulgaridad y ordinariez que va desde la decapitación de perros hasta la voluptosidad escatológica que -suponemos- causa mucha gracia a quienes diariamente se nutren con filmados de gente tirándose pedos -ciertos o falsos- entre diversos grupos de personas en un ascensor.

Por otra parte están quienes dicen ser leídos, cuando en realidad -si acaso- se dedican a una que otra contraportada para opinar sobre asuntos más serios y con infinito desdén para darle un sablazo de pocas palabras -a título de crítica destructiva- a cualquier argumentación más o menos compleja que requiera un mínino de reflexión serena y capacidad de abstracción.

Ellos son los intelectuales de las redes, una suerte de analfabetos funcionales cuyos blogs y páginas de diversa índole se unen al grupo de frívolos anteriormente comentado para intentar colocar publicidad entre sus contenidos y ganarse unos reales sin mayor mérito -ni físico ni intelectual- como no sea su afortunada astucia en este mar de tontos que los alimenta.

Por lo demás, esta dinámica es perfectamente armónica con la de los medios tradicionales, como la radio y la televisión, ya insoportables desde hace décadas en sus canales generalistas y más recientemente en sus canales especializados -los de ciencia que ahora se dedican a los realities shows, o los de historia que basan muchos de sus contenidos en producciones al estilo Hollywood, que lejos de aclarar o al menos indagar sobre las posibilidades de hechos del pasado de inevitables incertidumbres, lo que hacen es fomentar la divulgación de mitos y falsedades.

La banalidad radiotelevisiva entonces, ha sido un elemento deformante y enterrador  de las mentes infantiles y juveniles, que solo reciben propaganda para consumir chucherías que a la postre los transformarán en obesos, diabéticos y enfermos cardiovasculares, y mensajes muy concretos sobre cómo conquistar un noviecito quitándoselo a la amiguita del corazón, cómo tirarse la comida encima en juegos de comedor escolar, y cómo irse familiarizando con una cultura plástica –y por ello falsa-, consumista, despilfarradora y de estética igualmente arbitraria, donde narices, cabello, dientes, tetas, nalgas, pantorrillas, caderas, barriga, aretes, pulseras, piercings y tatoos, y todo lo que se nos pueda ocurrir debe responder a parámetros tan rígidos que por una parte -a corto plazo- incitan a la anorexia, y por otra -a largo plazo- siembran una profunda frustración  -y por ende depresión y tendencia al escapismo, sea con alcohol o drogas- cuando cada rebaño de esas ovejitas, nada inofensivas en sus instintos depredadores de sentimientos ajenos, al final debe enfrentarse al mundo real sin papá ni mamá para pagarles los caprichos, y tener que lidiar con sus coleguitas, semejantes en avidez para quemarse mutuamente, mientras los más astutos sobreviven y se enriquecen a sus espaldas.

Hace algunos años, cuando el relajo de Berlusconi -cuyo gobierno en Italia fue un insulto a la inteligencia ciudadana, o mejor dicho, la prueba de que ésta última ya estaba en proceso de extinción- su ministro de Economía afirmó sin que nadie chistase que con la Cultura no se come; más recientemente el mismo Obama invitaba a estudiar Economía en vez de Humanidades –o lo que éstas puedan significar para él, vaya uno a saber luego de que él mismo se licenció en estudios políticos- (http://goo.gl/Jmo3hk); y ahora en España el ministerio encargado de establecer los parámetros educativos de su juventud ya tiene todo preparado para minimizar la enseñanza de la Filosofía en la educación secundaria (http://goo.gl/T48FaM)

Así va el mundo pues, cuya ley de vida lleva a generaciones de ineptos a gobernarlo; allí están Bush, Berlusconi, Aznar, Evo, Chávez, Ortega, Kitchner, y decenas de otros políticos que han tenido -o tienen- el poder de decisión para darle al mundo tiempos de serenidad y progreso autosostenibles y en cambio han confirmado su incompetencia para comprender sistemas más o menos complejos, que van desde la biodiversidad y el calentamiento global hasta el adecuado equilibrio entre trabajo y capital, o entre Estado y sector privado.

Es un mundo de iconitos, cual paraíso de los diseñadores gráficos, de caricaturistas que ponen a Shakespeare en tiras cómicas cargándose el inmenso poder del verso, y de programadores como Gates o Jobs que han sido capaces de cerar toda una cultura iconográfica de teléfonos, tabletas y ordenadores. Ellos son tan ignorantes como el resto, e incapaces de resistir la disciplina de pensamiento sistémico que se adquiere en los institutos de educación superior, pero se especializaron en un oficio, como la más reciente generación de fontaneros o el mecánicos que solo saben hablar de fútbol.

Con ellos, si uno posee un mínimo de cultura renacentista contemporánea es poco lo que se puede hablar; por su parte todos se han convertido en referencias culturales, estéticas y políticas de alcance global, por el enorme poder económico adquirido que ha cerrado un círculo virtuoso con un poder mediático orientado a potenciar cada vez más la iconografía y la muerte de la literalidad. Esto lo vemos además en la publicidad televisiva protagonizada por las estrellas del deporte, como cuando un jugador del equipo de fútbol más importante de la hispanidad, al fallecer Mandela, en su cuenta de twitter posteó su pesar por la muerte de ese gran actor, pensando obviamente en Morgan Freeman quien justamente protagonizó la película sobre la vida del político surafricano.

Con este presupuesto cultural es que se debe lidiar para darle espacio a una alternativa política, entendiéndose por ésta un orgánico de ideas cuya coherencia se basa en un pensamiento lógico, sustentado sobre la combinación de hechos y un imaginario creado al efecto, porque si ya es complicado hablar de temas complejos en 30 segundos de televisión, o tal vez en menos tiempo en persona sin que el auditorio se distraiga -debido a esa capacidad de concentración perdida-, igualmente es complicado envolverlo en un imaginario que no solo proyecte esperanza sino mucho trabajo y sacrificio para salir adelante.

Ese reto, definitivamente no aparece por ninguna parte en la oposición venezolana, como en cambio sí apareció cuando Chávez ofrecía freir en aceite la cabeza de los adecos y los copeyanos, y transmitía la sensación de que estábamos –ética aparte- a las puertas de un paraíso de becas, ayudas, misiones, y cobros a fin de mes sin tener que trabajar.

De manera que ser alternativa en Venezuela ahora tiene doble dificultad, puesto que a la comentada contracción intelectual y de civismo que afecta a todo el planeta, acá hay que sumarle la distorsión de la realidad que el chavismo ha impuesto a millones de compatriotas.

Y sobre cómo abordar este asunto con una perpectiva demócrata cristiana será el objeto de los próximos posts.

Hermann Alvino

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