Back to the Future


Un post de Luis Barragán en su blog Apuntística, nos presenta la siguiente reflexión:

El chavismo – así, genéricamente entendido – está llamado a largarse del poder, pero no será la oposición del futuro, o una de ellas, en la misma medida que ahora se aferre con una terquedad suicida, violentando a las grandes mayorías, a sus abultados privilegios. Sabemos que los más estelares dirigentes de la hora, arrogantes a la vez que temerosos, no arriesgarán las comodidades prometidas por un exilio dorado, deseado y esperado, en lugar de la lucha cívica en Venezuela para la cual no tienen vocación, o que los más agresivos o violentos prontamente serán neutralizados, sincerando las flaquezas de una dirigencia que no se explica ya la vida misma fuera del poder. (post titulado “La futura oposición- Obligados a perder”, que se puede leer en:

http://lbarragan.blogspot.com.es/search?updated-max=2015-07-26T11:19:00-07:00&max-results=7&start=98&by-date=false)

Barragán cataloga a la dirigencia chavista en dos grupos, los ricos -¿recuerdan eso de que ser rico era malo?-, muchos de ellos ya buchones –comenzando por los altos oficiales de las FFAA- no solo en panza, sino en dólares y euros depositados en cuentas corrientes de importantes bancos, con inmensas propiedades y establos con equinos de alta competencia, y los que no lo son, a quienes no les quedará más remedio que ser cabezas-calientes del chavismo en extinción, sea por fanatismo o porque cuando venga esa debacle política, ellos querrán aprovecharla para tomar el mando en una ya clásica pelea de borrachos por una botella vacía que caracteriza los procesos que viven los partidos cuando ya no representan a casi nadie. Si lo dirá COPEI…por ejemplo, o URD, el MEP, y varios más de nuestra historia contemporánea.

Por supuesto que además de esos temerosos que indica Luis hay otras categorías adicionales de pusilánimes –con el futuro resuelto-, como son los contratistas rémoras y testaferros del régimen, los boliburgueses fundadores sin color ni ideología, ni principios diferentes al de amasar dinero sin que les tiemble la mano para lubricar toda la cadena de favores, ni dignidad para no bajar el cogote frente a quien los corrompe, los maltrata, le apreta los pagos y le arranca por anticipado la tajada pactada. Todo ello blindado bajo el principio de que si no lo hace uno pues siempre habrá otro que lo hará.

La reflexión de Barragán es inquietante, porque al ser ahora imposible construir un efectivo y medio decente sistema de polos, más temprano que tarde aparecerá en el horizonte la incertidumbre relativa a sobre qué partidos tendremos para reconstruir el país, y qué tipo de organización política será capaz de canalizar frustraciones y esperanzas de ese pueblo (ex)chavista.

Está cantado entonces el vacío personal y político que se producirá luego de que esta gentuza que ahora manda, huya; ello siempre ha sido así en nuestro país, donde tiranos y ladronzuelos huyen aun sabiendo que con su cara dura y nuestra corta memoria perfectamente podrían presentarse ante el país con ropaje nuevo, como lo hicieron los ex(post) franquistas españoles –muchos aún están en la esfera del poder en ese país-, los exdictadores guatemaltecos, los cavernícolas de la ultraderecha chilena y argentina, los exfascistas húngaros e italianos, los post soviéticos rumanos y de Alemania del Este, la nueva trova rusa, ramal directo de aquel poder soviético corrupto y total, y por supuesto, los sandinistas de Ortega, quienes al quedarse a resistir políticamente luego de su primera dictablanda –que para ese atribulado país fue tan nefasta como la actual- volvieron al poder por las torpezas de los demócratas que los habían desplazado.

A nuestros endógenos casi seguramente no les pasaría nada quedándose aquí; y ellos ni siquiera notarían la diferencia estética entre el desastre que dejaron y la de las ciudades más prósperas y hermosas del mundo que su riqueza malhabida les permitió patear durante sus viajes oficiales. Pero se irán, sin siquiera poder recurrir al argumento de la edad o el cansancio (!) – en la oposición democrática hay viejitos muy alertas y listos para poder prestar sus servicios para reconstruir al país cuando se presente la oportunidad-; se irán porque no vaya a ser que  a los demócratas se les ocurra someterlos a juicio –cosa nada segura por lo demás, si consideramos que varios líderes opositores siguen hablando de reconciliación sin mencionar que ésta debe acompañarse de la justicia.

Imaginemos así el escenario que plantea Barragán: si desde hace tiempo -y sin tener siquiera posibilidad de gobierno- ya los demócratas se están peleando, pues entonces no faltará oposición cuando a alguno de éstos les toque gobernar. Por otra parte, al producirse esa fuga de la crema chavista, unos y otros deberán pensar muy seriamente en qué partidos deberíamos tener para abordar al mencionado pueblo ex(post)chavista y canalizar sus esperanzas, y de paso prevenir cualquier fenómero cimarrón que radicalice el delicado desarrollo de esa nueva democracia.

Que será fragilísima, lo sabemos, porque así lo enseña el presente de muchos pueblos, tanto los que sí lo lograron como los que no pudieron resolver ese vacío de lo que alguna vez fue para ellos ese similar y muy incierto futuro.

Hermann Alvino

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