Grecia es Venezuela


Si Usted le debe al banco unos reales, digamos el préstamo para un vehículo, para una remodelación de su vivienda, o el monto de una hipoteca, y no le puede o no le quiere pagar lo debido, pues entonces Usted tendrá un problema gordo, puesto que su acreedor procedería legalmente a incautarle el bien asociado a dicha deuda.

Ahora bien, si Usted en vez de deberle un monto normal –por llamarlo de alguna manera-, su deuda asciende a decenas, centenares o miles de millones de dólares, entonces el problema de la deuda no es solo suyo, sino también del banco, o mejor dicho, fundamentalmente de éste último, porque entonces sí que éste tiene mucho que perder si Usted no le paga.

Eso mismo sucedió con la crisis global hipotecaria de hace unos años, cuando los bancos prestaron dinero a mansalva para hipotecas cuyos deudores de antemano ya eran de riesgo financiero, y donde todos se basaban que después de todo los inmuebles seguirían subiendo eternamente de precio, y que su venta se podría concretar en pocas horas o días para compensar cualquier problema, sea del propietario moroso o del banco mismo.

La cadena de productos financieros derivados de esa monstruosa deuda –que era la suma de millones de deudas hipotecarias de alto riesgo- comenzaba con quienes a causa de una crisis económica de origen múltiple no pudieron seguir pagando para su vivienda, continuaba con el banco emisor de la hipoteca y seguía hacia otros bancos y sociedades financieras en forma de paquetes de deuda. Al reventar el primer eslabón un gentío se quedó sin vivienda, pero también los bancos quedaron en la ruina. Fue en ese momento en que los gobiernos de Occidente tomaron la decisión de inyectarles miles de millones de dólares, a cuenta de un salvamento que estas instituciones irían devolviendo poco a poco…luego de que sus directivos se comiesen y bebiesen parte de ese rescate en célebres francachelas, e incluso lo utilizaran para jubilarse a lo grande.

Por supuesto que ese dinero fue un préstamo estatal que contribuyó a añadir tensión en los presupuestos de esos países que ya estaban ellos mismos endeudados hasta la coronilla, y por tanto hubo que apretar más en materia de austeridad, subida de impuestos, del IVA, rebaja de pensiones, cortes en el gasto social de salud y educación, rebaja en las inversiones de infraestructura, y sobre todo privatización de muchas funciones que antes cumplía a cabalidad el Estado.

La decisión financiera de reflotar a los bancos se basó a su vez en una decisión política, cual era de que si los bancos –a pesar de haber sido irresponsables en su expansión crediticia- se hundían, ello causaría una enorme conmoción social. Lo que ya parece un poco forzado es que esa perspectiva política se haya complementado con medidas claramente dirigidas a que los ricos sean más ricos y los pobres a su vez se deterioren más, con decisiones enfocadas a la flexibilización del trabajo –despidos más baratos y contratos a destajo a cuenta de contratos indefinidos-, o bajadas masivas de impuestos a las grandes empresas, que además se radicaron en países como Luxemburgo donde sus políticos les aprobaron reglas impositivas muy favorables.

Dicho sea de paso, en esa Europa comandada por burócratas hace falta que los Estados aumenten sus ingresos, pero a causa de ese paraíso impositivo luxemburgués, la única forma de lograrlo es exprimiendo más a la gente, mientras gran parte de lo que podría ingresar se queda en manos de esas empresas que pactaron esos acuerdos justamente con quien ahora dirige la Unión Europea, y que obviamente lidera la consigna de la austeridad para compensar esa falta de ingresos.

Dentro de este desmadre de irracionalidad e irresponsabilidad colectiva se inserta Grecia, que entró en la Unión presentando unas cuentas falsas redactadas por el equivalente de nuestros adecos y copeyanos de la época. Los burócratas y banqueros europeos sabían de esa falsificación, pero aún así no solo aceptaron su ingreso sino que comenzaron a bombear dinero durante esos años de burbuja inmobiliaria, sabiendo también que parte de ese dinero se iba a colar en la capilaridad de la burocracia y corrupción de la clase dirigente del país.

Como ahora Grecia no puede pagar esa billonada, Europa y sus bancos pues tienen un problema gordo, porque ¿Qué le van a quitar a quien no tiene ni casa ni empleo, o cobra una miseria de jubilación? Aun así quieren apretar más la vida de un pueblo que fue tan irresponsable como el venezolano, al seguir eligiendo ineptos y tracaleros para gobernarlos, con la suerte –si cabe el término- de no haber elegido como alternativa a un militarejo procaz para presidente, sino a un dirigente marxista muy curtido y preparado, que cuando se vio con el agua al cuello para aprobar condiciones durísimas recurrió al referéndum para que los griegos decidiesen qué hacer.

La derecha internacional -y la endógena- han criticado a Tsypras por haber convocado, realizado y ganado dicho referéndum; incluso lo catalogaron como un chantaje y extorsión…por parte del primer ministro griego, a quien tildan de cobarde por haberse refugiado detrás de la voluntad de su pueblo. Nuestros opositores venezolanos no quieren recordar su pasividad frente al referéndum de Chávez para reformar la Constitución, mientras que los europeos tampoco quieren recordar que en la misma España, el PSOE y el PP reformaron la constitución en tres días haciendo mayoría parlamentaria calificada, sin consultar con nadie más.

Por tanto, irresponsable es todo un pueblo griego, que como el venezolano vivió de lo prestado –de los bancos europeos y de la renta petrolera, respectivamente, y que encima de lo despilfarrado se volvieron a endeudar para pagar lo que deben en un diabólico círculo vicioso-, que pactó jubilaciones antes de los cincuenta años, que privilegió la irresponsabilidad sindical y empresarial –la lista de créditos no devueltos al Estado es infinita-, que tenían en nómina hospitalaria centenares de jardineros o soldadores, o que crearon un Estado a la medida de su bajeza moral imponiendo una corrupción que terminó arruinando a todo el mundo.

Pero también fueron irresponsables los bancos que le prestaron, pensando que algún día eso se iba a convertir en un excelente retorno, junto a los burócratas que dirigen Europa, algunos no sabemos bien si con autismo o Alzheimer político, que solo piensan en sus electores –no en su bienestar, sino en sus votos…-, y que al igual que aquella clase política venezolana no saben ni quieren ver lo que se les puede venir encima.

Porque en ambos casos, tantos años de comodidad terminaron por reblandecer su entendimiento: en el caso venezolano se hizo lo imposible para que llegara el chavismo, y se sigue haciendo lo posible para no sacarlo del poder, y bien que se ha enredado la geopolítica petrolera y del terrorismo con las conexiones del régimen criollo con países hostiles a las libertades; mientras que en Europa, esa piedrita en el zapato que representa Grecia, al igual que lo fue la Serbia antes de la Primera Guerra Mundial, más el lío entre ucranianos y rusos, y la inseguridad patológica de estos últimos por no tener un cinturón geográfico controlado que lo proteja de los países de la OTAN, va camino de complicarse hasta un punto sin retorno.

El daño que el chavismo le ha hecho a la comunidad internacional luego de tomar el poder por la ceguera de la clase dirigente venezolana, es así un recordatorio al daño que esa misma ceguera europea le puede causar a medio mundo. Para que esta Europa salte por los aires no sabemos si la espoleta será Grecia o algún país báltico, como nunca sabremos si lo que originó la descomposición venezolana fue la reelección de CAP, o la idea con la que algún gracioso convenció a aquella clase política de que había que liberar a los golpistas.

Hermann Alvino

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