Vargas Llosa (aunque tampoco le guste)


Cuando los artistas e intelectuales pisan otro terreno que no es el de su grandeza, someten a gran inquietud a todo aquel que es sensible a sus obras, puesto que a partir de entonces el juicio sobre éstas ya no se corresponde solo con los cánones de su belleza, grandeza y universalidad, sino que inevitablemente comienza a ser permeable a la natural debilidad e imperfección humana de sus creadores, quienes al fin y al cabo son tan humanos como el resto de las personas.

Tenemos así a decenas de escritores, pintores, escultores, filósofos, directores de cine, cantantes de ópera y demás genios que confirman la infinita capacidad creativa del ser humano, cuya marca de las etapas en la historia de las artes y del pensamiento ha ido paralela al de pegarle a sus parejas, al maltrato de sus hijos, a un comportamiento irresponsable con sus semejantes, a la complicidad con las tiranías más crueles, a impensables grados de alcoholismo y drogadicción, a fechorías de diversas tonalidades  y a la rienda suelta de impulsos y perversiones repugnantes para cualquier persona.

Por supuesto, hay de todo, porque junto a esos casos extremos están las inevitables debilidades y tentaciones rutinarias a las que todos estamos expuestos, que causan poco o ningún daño a nuestros semejantes -y a nosotros mismos- mientras no abarquen más de lo debido. Entre esas debilidades podemos incluir las opiniones políticas de quienes son ahora una referencia cultural universal, que al manifestar sus respectivas visiones de lo que debe ser la sociedad y el buen gobierno de facto legitiman la crítica a quienes no comparten esas opiniones; una crítica no a su obra artística entonces, sino a las ideas de su creador.

Es el caso de Mario Vargas Llosa, cuya obra literaria es inmensa, cual abordaje a la psiquis humana que enseña caminos cuando se lee, y más cuando se relee una que otra vez. Él siempre ha querido arrimarse el fenómeno político como protagonista de primer orden, incluso como candidato presidencial en 1990 en su país natal –Perú–, y desde siempre como opinionista de primera magnitud en la prensa planetaria, defendiendo los principios de la democracia liberal mediante argumentos que cualquier demócrata con un mínimo sentido y cultura política asumiría de inmediato, y que hasta son capaces de arrinconar conceptualmente a cualquier marxista culto y de buena fe.

Pero a Vargas Llosa a veces se le va la mano en su defensa liberal, cosa que durante los últimos años ha estado pasando con creciente frecuencia, lo cual es triste dado que él siendo ya ciudadano español y profundo conocedor de Latinoamérica, y por tanto muy informado sobre la realidad ibérica e hispanoamericana -por tener un pie existencial en cada lado del Atlántico-, tiene una posición privilegiada que no solo le permite reflexionar con fundamento sobre las locuras de nuestra izquierda regional, sino también sobre los abusos del capitalismo europeo, y por tanto del español. Y de los del latinoamericano, claro está.

La debilidad de este intelectual ha consistido justamente en magnificar los desmanes izquierdistas latinoamericanos y callar los de los (neo)liberales que gobiernan Europa y España. Un dato pues, que quienes no comparten sus ideas políticas, deberán tomar en cuenta al leer sus novelas, para no caer en la tentación de valorarlas a través de ese filtro.

En su más reciente reflexión –http://goo.gl/irjsBU– Vargas Llosa toca algunos aspectos importantes de la visita de Felipe González a Venezuela –alabando algo más de la cuenta, si se quiere, su papel como crítico internacional del chavismo–, además de dar una buena síntesis de la complicidad internacional para con la dictadura venezolana; pero luego no puede evitar la tentación de barrer hacia el lado (neo)liberal cuando alaba a José María Aznar, quien según al autor impulsó a democratizarse y a modernizarse a la derecha española, mientras cataloga a  las nacionalizaciones y el dirigismo económico como incompatibles con el desarrollo y el progreso.

Vargas Llosa siempre omite el lado oscuro del Partido Popular español, que de moderno no tiene nada, como no lo tiene Aznar ni quienes ahora dirigen esa organización, porque con él prevaleció el dedo que designaba candidatos al parlamento -sin democracia interna alguna-, mientras imponía sus amigotes para dirigir las empresas que su gobierno iba privatizando. Con Aznar además se impuso la corrupción a todos los niveles del Estado, comenzando por la del mismo PP, culpable de financiamiento ilegal desde hace al menos 25 años, cosa que a un venezolano puede causarle risa, más no a un europeo decente.

Aznar no modernizó a España, sino que se limitó a darle rienda suelta a todo el potencial abusivo de aquel capital que se dedicó a inflar una burbuja inmobiliaria cuya explosión afectará al menos a una generación de españoles, puso a gente muy corrupta en el poder, y designó a sucesores mediocres, envió a España a la guerra ilegal de Iraq, se enemistó con casi toda Latinoamérica, y creó un sistema autosustentable de corrupción en los ayuntamientos y comunidades autónomas que es dificilísimo de erradicar. Sus sucesores, por ser tan anodinos, solo se han limitado a administrar esa realidad, mientras que el capital –el de verdad, de los bancos y empresas de telecomunicaciones y de energía- se encargaba de ir conformando un tejido legislativo a través de esos gobernantes y legisladores cómplices, quienes al cesar en sus cargos de gobierno de inmediato eran contratados para la alta dirección de dichas empresas y bancos.

Al margen de las innegables virtudes del capitalismo y la democracia liberal, éste y no otro es el verdadero rostro de la derecha española y el del capitalismo deformado, abusador, impune y todopoderoso, que además de destrozar el ambiente –arrasando bosques protegidos para campos de golf, incluso contra órdenes judiciales, edificando hoteles de playa en zonas prohibidas, contaminando ríos, junto al actual fracking, entre otras cosas-, logró imponerse en una España y una Europa dirigidas por burócratas mediocres y por vivarachos cuya pomposidad y corbatas elegantes disimulan su ignorancia y avidez por el dinero (mal habido).

La España y el PP que describe Vargas Llosa solo existen en la imaginación de un picaro y talentoso político-escritor, y recuerda mucho a la Venezuela saudita cuya riqueza petrolera escondía la ignorancia e ineptitud de aquellos gobernantes, porque la bastedad cultural y metidas de pata de los dirigentes de la derecha española liderada por Aznar solo ha podido pasar desapercibida por el torrente de dinero de banqueros europeos ávidos de hacer rápidas ganancias a cuenta de leyes laxas y gobernantes complacientes; un dinero cuya calderilla permeó a toda la sociedad –como las migajas petroleras que sostuvieron nuestra fallecida democracia, que son las mismas con las que sobrevive el chavismo-, para hacer felices a un montón de ciudadanos incautos, mal informados e irresponsables, especialmente los de la clase media, que en Venezuela insistió en reelegir a Carlos Andrés Pérez, y en España a esta banda de mangantes.

¿Lo sabe Vargas Llosa? Tal vez sí, y si fuere el caso solo él sabrá los motivos para no ser siempre tan objetivo hacia el extremismo marxista y tan blando y adulador para con los que han llevado al mundo a dos recesiones en veinte años, y que dejarán dentro de pocos meses una España con el 31,9% de sus niños en riesgo de pobreza y exclusión – http://goo.gl/YeGbBv. Lo que tal vez nuestro personaje no comprenda a plenitud es que su constantes alabanzas a esa derecha podrida y corrupta son un elemento adicional que impide purgarla y reconstruirla sobre esa base de decencia, preparación y compromiso con el Bien Común que reclama más de la mitad de España.

Y mientras esa derecha no se regenere, pues el campo para que Podemos y afines se vayan apoderando paulatinamente del poder y de todos los niveles de gobierno estára siempre bien abonado.

Mientras tanto solo queda apartar esas legítimas sospechas sobre el desequilibrio de las opiniones de este escritor de infinito talento y concentrarse solo en su obra literaria. Que es lo que realmente quedará en el tiempo.

Hermann Alvino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s